Meditar es bien


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Unas 6 o 7 lavadoras después, lentejas, brócoli, pisto, galletas, más galletas, crema de calabaza, espaguetis negros con gulas, aspiradora, más aspiradora, baños, estropajo, lejía y amoniaco…Ha llegado el domingo por la tarde y me siento delante del ordenador. Tengo ganas de invierno, pero creo que estaremos a unos 24 grados al sol.

Un café a un lado del ordenador y el ratón al otro. Estamos a punto de arrancar marzo al mismo ritmo frenético con que hemos pasado por enero y febrero. Huele a aceite de limón y lavanda, todo está en calma a mi alrededor, pero mi cabeza es incapaz de parar: terminar la presentación de mañana, prepararme la ropa para la cena de mañana por si no puedo pasar por casa, echar la lámpara de letras en el coche, trabajar en la convención del 7, trabajar en el plan de mkt, el plan de “engagement”, el plan de igualdad, el plan del plan, …

Ahora que se lleva lo de vivir en calma y “focused“, parece que lo estoy haciendo genial. ¡Ojo! que lo digo en serio. Entre tanto ritmo, parece que no, pero es posible sacar tiempo para respirar, practicar la consciencia y centrarse en seguir pasito a pasito.

Lo que hay que hacer es encontrar ese momento o actividad que te ayuda a practicar tu propia técnica de meditación. Puedes hacer prácticas de meditación guiada, o centrarte en tu respiración. Si eres un crack, podrás hasta dejar tu mente en blanco sin pensar en nada. Pero si lo que eres es un culo inquieto, quizás tu manera particular de meditar sea la de estar haciendo una actividad concreta sin pensar en nada más.

Yo no he conseguido meditar más de dos días seguidos: podcast, aplicaciones, música, sentada, tumbada…he intentado de todo unas cuantas veces, pero no puedo. Lo que sí puedo es meterme yo sola en la cocina, con buena música de fondo y disfrutar de lo que no puedo hacer entre semana: cocinar con calma y sin la ansiedad de que tengo que hacerlo en un tiempo limitado. También puedo tender la ropa mientras el sol me calienta por la espalda y disfruto del día primaveral en lo que se supone que debería ser pleno invierno. Puedo estar aspirando colchones, quicios de puertas, sofás y rincones sin pensar en nada más. Puedo pasar el rato mirando mis plantas, regándolas y buscándoles nuevas ubicaciones para que disfruten de la luz del día. También puedo estar mirando a mis bichos, sólo observando sus caras y muecas mientras comen, pintan, escriben o se hacen una tostada sin pensar en nada más, sólo absorbiendo cómo crecen.

Hay quien me mira desde fuera y me dice que si no puedo parar un rato, que qué necesidad de liarme tengo. Pero no se dan cuenta de que, en realidad, estoy parada. Estoy cocinando y solo pienso en mis recetas; estoy tendiendo y sólo pienso en cómo tender para tener que planchar lo menos posible y lo que me gusta el olor a ropa limpia; estoy aspirando y disfruto aniquilando toda pelusa que veo por mi camino; miro mis plantas y sólo pienso en qué puedo hacer por ellas.

Sí señor, no tenía ni idea, pero sé meditar. Y ya sé por qué los fines de semana me llenan de energía; resulta que gran parte del tiempo lo estoy dedicando a meditar.

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