El mejor día de mi vida

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Empecé con las contracciones el viernes por la noche. Tras pasar la noche en vela, durante todo el sábado estuve regular. Por la tarde terminé yendo al hospital, y tras comprobar que aquello aún estaba muy verde, me mandaron para casa. Ya de paso, como la cosa se calmó un poco, nos fuimos a cenar a casa de Javi y Ana. Eso sí, después, la del sábado fue otra noche toledana…El domingo, cuando el Tito y Laura pasaron a despedirse porque ya volvían a Madrid tras pasar unos días en la playa, después de pasar todo el día retorciéndome por el dolor entre el sofá, la cama y la silla, por la tarde ya no podía más y volvimos al hospital.

Resultó que sí, que aún podía aguantar mucho más dolor porque hasta bien entrada la madrugada no me pusieron la epidural, aquella bendita anestesia que me dejó tomar consciencia de que el mejor momento de mi vida estaba a punto de llegar. Llevaba meses esperándote, pero en realidad no fue hasta el momento en que aquella enfermera me dijo “pon la ropita que le vayas a poner a tu hija a los pies de la cama, que nos vamos para abajo (al paritorio)” cuando me quedé helada porque en tan sólo unos minutos más TU ibas a revolucionar mi vida…Hasta entonces, éramos “mi ombligo” y yo…Pero desde ese domingo, a las 5:45 de la mañana, momento en que llegaste a revolucionar mi vida, todo ha girado en torno a ti y unos años más tarde en torno a tu hermana también).

Hoy cumples 9 años, y no puedo dejar de observarte cuando lees, cuando ves la tele, cuando hablas con tus amigas, cuando juegas, cuando estás enfadada…Sufro con tus problemas y por el contrario, mis días más felices son aquellos en los que más te veo disfrutar. Desde que tienes uso de razón, casi a diario, tú estás ahí para recordarme lo guapa que soy y cuánto me quieres. Perdonas todos mis errores con un simple “no pasa nada mami”; alegras mis días más tristes, y siento un enorme orgullo y placer cuando juntas intentamos dar respuestas a las preguntas que te plantea esta vida a tus 9 años.

Hace poco, después de estar durante dos horas hablando de nuestras cosas, me dabas las gracias por escucharte. Y te lo dije ese día, te lo digo hoy y te lo diré las veces que haga falta: gracias a ti, siempre, por querer compartirlo conmigo.

Hoy sólo tienes 9 años, y aunque tenga grabaciones de audio en las que dices que estarás siempre conmigo y que nunca dirás que soy una madre pesada, sé que ese día llegará. Pero también sé que será igual de apasionante, agotador a veces, pero apasionante, porque no hay nada que me haga más feliz en este mundo que verte crecer junto a tu hermana.

¡Feliz cumpleaños bicho!

(P.D. Hoy me hacía ilusión despertarte con esta carta , que además he querido publicar en el blog porque al saber que te ha emocionado, quiero que se quede en algún sitio guardada para el recuerdo, y aquí sé que no se perderá. Además, también te dejo de recuerdo la canción que más me emocionaba escuchar cuando estabas dentro de mi: Respiras y yo (Kesia) https://www.youtube.com/watch?v=msEJsF91VKE)

“FIVE MINUTES” (CINCO MINUTOS)

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Me levanto y las pastillas que me voy a tomar se me caen al suelo. Agacharme recién levantada persiguiendo pastillitas que no paran de rodar por el salón no me hace ninguna gracia. Acto seguido me ducho y me preparo mi desayuno, te diría que tranquilamente, pero no, hoy no sé muy bien por qué – debo haber estado corriendo detrás de las pastillas más tiempo del que pensaba – pero ya voy con unos minutos de retraso. Así que asumo que hoy no puedo desayunar sola y tranquilamente mientras escucho la radio como a mi me gusta…Me preparo mi desayuno y a la vez voy aprovechando los tiempos del microondas para preparar las leches de las niñas, mi comida y el snack del colegio.

Silenciosamente empiezan a aparecer cabezas por el salón, así que decido ponerle el desayuno a Mis Bichos y por fin sentarme a desayunar cambiando a @HerreraenCOPE por @40Andaya, que a las niñas les gusta más y mira tú por donde suena #Issues  (en español Asuntos o Problemillas), la última canción con la que he entrado en bucle. Desayunamos, nos vestimos y a la hora de calzarnos…¡¡¡no aparecen las deportivas del Bicho!!! Ocho piernas, ocho brazos y sus respectivos ojos remueven Roma con Santiago en busca de las dichosas zapatillas, pero nada, no aparecen por ningún lado. Sin querer mirar yo los zapatos con los que salía Bicho de casa, terminamos entrando apuradas en el coche para llegar ellas a tiempo al colegio y yo casi hiperventilando al trabajo después de la mañanita que llevo, porque sí, empezar la mañana como la he empezado hoy me pone de muy mal humor (algo más pasó entre los desayunos y las zapatillas, pero mejor no contarlo…)

Afortunadamente me esperan unas cuantas horas en el trabajo para resetear mi mañana y darle la vuelta al día. Pero el caso es que el día de trabajo termina siendo psicológicamente a-go-ta-dor. Y así, cansada, me dirijo a casa escuchando de nuevo a Julia Michaels y sus #Issues, dispuesta a recoger a Mis Bichos y llevármelas a dar una vuelta para que la marcha de la abuela a Argentina, que está siendo algo dolorosa, sea más llevadera.

Tras hacer varias gestiones por el centro comercial y convencer a Bichito para que la hamburguesa que les voy comprar se la tomen en casa y así yo poder echarle algo a mi estómago que, aunque lo lleva bien, pasa por su segunda semana de dieta para llegar a la #OperaciónPareoConEstilo – porque el intento de superar la #OperaciónBikini ya falló- nos volvemos a meter en el coche. Algo más relajada y animada con la idea de por fin llegar a casa, para mi sorpresa, descubro que “alguien” metió la botella de agua mal cerrada en mi bolso, el cual ahora, más que un bolso tiene aspecto de charca contaminada…Tarjetas de visita, de crédito, dinero, gafas, chicles, chupachups y otro montón de cosas – y si no, te invito a leer mi post “No sin mi bolso” para que recuerdes todo lo que soy capaz de llevar encima – navegan por el fondo de mi bolso.

A estas horas del día y ante tal descubrimiento sólo me apetece llorar, desahogarme y sacar la mierda de día que llevo dentro…Pero ups, a la ida se me encendió la reserva de gasolina del coche, así que toca secarse rápido las lágrimas y echar gasolina.

Son casi las nueve cuando por fin, en silencio porque ya las tres tenemos miedo de hablar por no meter la pata ante tanta tensión, llegamos a casa.

Ya con la cara lavada y la ropa de casa puesta – sí, las mujeres solemos tener ropa de calle y ropa de casa – decido que esta noche me voy a la cama sin hacer los “Five Minutes” (Cinco Minutos).

Los “Five Minutes” es NUESTRO MOMENTUM del día. Antes de dormir me gusta tumbarme con los Bichos para contarnos lo mejor que nos ha pasado cada día. Es una manera de enseñarles a ellas y recordarme a mí misma, que por muy malo que haya sido nuestro día, si lo analizamos bien, siempre, siempre tendrá algo de positivo por lo que tengamos que estar agradecidas…

Pero claro, ¿justo hoy que mi día ha sido una mierda voy a dar yo el ejemplo de no hacer los “Five Minutes”? ¡De eso nada! Saco ganas de donde no las hay y me lavo los dientes al son de #Issues mientras mi Bicho aparece por el baño y se acerca a cantar conmigo…Y de repente, empieza a animarse la cosa. Las dos cantando juntas mientras Bichito intenta meterse en medio de la coreografía ya es motivo suficiente para alegrarme y arreglarme el día…

Nos metemos en la cama, y cuando nos preguntamos en voz alta quién de las tres empieza con sus “Five Minutes”, Bichito, que con sus 5 años aún tiene lengua de trapo, decide: “empieza tú Tata, podque mamá hoy ha tenido un día de mieddda la pobde, a que sí mami?”…

…Y en ese momento yo no me puedo reír más, y no puedo quererlas más, y no puedo estar más agradecida por haber creado la rutina de compartir con mis hijas nuestros “Five Minutes” diarios. Y no puedo estar más de acuerdo con Julia Michaels y su #Issues, porque deberíamos juzgarnos menos los unos a los otros y porque todos tenemos nuestros asuntos y problemillas, pero al final del día, si queremos, siempre encontraremos algo por lo que estar agradecidos y sonreir.

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Más vale prevenir…que ciento volando

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Un año más acabamos de terminar con nuestros reconocimientos, y aunque yo puedo decir que mi analítica está casi perfecta, la doctora sí que me ha hablado de la cantidad de gente que pasa por su consulta, especialmente mujeres, que están con las defensas por los suelos…La foto que en concreto me describió la doctora era la de la mujer que corriendo sale del trabajo para llegar a casa, come algo rápido (normalmente lo primero que pilla) y sale corriendo a buscar a los niños para dedicarse a ellos y a la casa en cuerpo y alma hasta el día siguiente.

Me vais a perdonar, pero sea hombre o mujer quien sale en esa foto que acabo de describirte, por favor que pare un momento y se haga un par de preguntas: ¿Cuánto tiempo dedicas a cuidar de ti al día? ¿Qué haces durante la semana pensando sólo en ti?…No lo digo yo, sino montones de psicólogos y estudios: cuidar de uno mismo es fundamental para poder cuidar de los demás. Pero nada, parece que por mucho que nos lo digan, año tras año, seguimos renunciando a mirar por nosotros mientras procuramos sacar energía de debajo de las piedras para cuidar de los demás.

Así que, dicho esto, ¿por qué no convertimos en uno de nuestros propósitos el de cuidarnos a nosotros mismos? Seguro que si lo ponemos en práctica pronto surtirá efecto y, aunque no sea la medicina que nos tenemos que tomar para garantizar una analítica de foto, probablemente el resultado se verá reflejado de alguna manera en ella.

Encuentra tu fórmula, porque todos tenemos una. Y mientras encuentras la tuya, te paso la mía por si te puede inspirar algo: come sano; haz deporte (sí o sí); intenta dormir un mínimo de 7 horas; ríete mucho y potencia tu sentido de humor; encuentra con quién desahogarte, porque cargar tu mochila con todas tus penas sólo te traerá dolores; y por último, que no menos importante, procura dedicar algo de tu tiempo a disfrutar, a darte tus caprichos. Y todos los días, cuando vayas a acostarte hazte una pregunta ¿Qué he hecho hoy para sentirme bien conmigo mismo?

No se trata de que uno se vuelva loco haciendo ahora todas las cosas que ha dejado de hacer de un tiempo a atrás, sino de pensar en qué nos hace sentir bien a cada momento y hacerlo. Quizás al principio sientas remordimiento por estar haciendo algo sólo pensando en ti, pero cuando compruebes por ti mismo lo bien que te hace sentir y cómo eso influye positivamente en cómo te muestras y comportas con los demás, te darás cuenta de que ese es el secreto para cuidar bien de los demás. Sólo así transmitirás tu mejor versión en casa, en el trabajo y por donde quiera que vayas.

 

Crecer para ser pequeña

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Cuando era pequeña todo era fácil, pero quería ser mayor para llevar tacones. Cuando conseguí ponerme los tacones quise ser más mayor para tener independencia y autonomía y poder hacer lo que yo quisiera. Cuando fui independiente quise seguir creciendo para formar una familia. Cuando me casé tuve a mis dos bichos quise volver a crecer para recuperar algo de mi independencia, para poder ponerme de nuevo los tacones que añoraba de pequeña y que todo volviera a ser fácil como entonces.

No es exactamente el círculo de la vida pero esto sí podría interpretar mi vida como la pescadilla que se muerde la cola. Así me he pasado los últimos 40 años, viviendo etapas pensando en cómo llegar a la siguiente. Ahora miro atrás y me alegro de cómo he ido cumpliendo sueños y objetivos, pero miro adelante y por una vez no quiero pensar en la siguiente etapa. Creo que es momento de pararme, de disfrutar, de escucharme y de vivir el momento sin más. Puede que sea cosa de la edad, pero lo cierto es que me quiero parar.

Unas veces nos asustamos de lo rápido que pasa el tiempo y otras deseamos que pase volando para que conseguir avanzar, dejar atrás unas cosas, olvidar las malas  y conseguir otras nuevas. Pero toda etapa tiene su parte buena, y sólo depende de uno mismo el disfrutarla o el pasarla de largo sin que nos deje huella.

Eso es lo que quiero yo ahora, huellas. Quiero disfrutar de cada día como me lo pida mi cuerpo. Quiero vivir esta etapa y disfrutar de la libertad que he ido recuperando a medida que mis bichos han ido creciendo. Disfrutar de que puedo salir a correr cuando me de la gana. Puedo dormir todo lo que me pida mi cuerpo. Puedo darme el capricho de salir, unas veces con mis bichos y otras dejándolas atrás. De pequeña también decía a veces que quería ser mayor para hacer lo que me diese la gana. Ahora que soy mayor escucho a mi bicho decir en alguna ocasión que quiere ser mayor para no tener que obedecer a los mayores y hacer lo que le de la gana y yo le digo: “todo llega cariño, y mientras llega aprende a disfrutar del camino“.blog

Qué bonito es ser madre y qué sacrificio supone. Te pasas años olvidándote de que existes, viviendo en una carrera continua para llegar a todo, viviendo con ojos de mapache, uñas sin pintar y pelo sin peinar. Pero de repente un día miras atrás y ves que tus bichos han ido creciendo y que poco  a poco has podido recuperar parte de esa libertad a la que renunciaste el día que quisiste ser madre. Todo llega, es cierto, sólo hay que tener paciencia y disfrutar del momento que estás viviendo y al que nunca podrás volver. De repente un día vuelves al cine, sales a correr o a tomar unos vinos y te ves en una etapa en la que te quieres parar porque aunque no parezca un gran sueño, has conseguido volver a ser tu, de repente todo empieza a volver a ser fácil.

 

 

Cuando pasamos de fidelizar al cliente.

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No pretendo dar ninguna master-class sobre la atención al cliente, pero sí voy hablarte de mi experiencia como cliente habitual que, como casi todo hijo de vecino, siempre ha empezado siendo cliente nuevo para después convertirse en cliente insatisfecho, satisfecho y en algunas ocasiones hasta cliente fiel.

Tengo la suerte de poder utilizar estas líneas para desahogarme y mostrar mi disconformidad con la técnica que tienen algunas compañías de incentivar sólo la entrada de nuevos clientes y dejar de lado a los que supuestamente ya casi nos hemos convertido en fieles.

Da igual el sector: compañías de teléfono, bancos, academias, gimnasios…El caso es que parece que todas se matan por ingeniárselas como sea para atraer nuevos clientes y luego no sólo dejan de lado al que ya lo es, sino que si encima le tienen que cambiar las condiciones en favor de los nuevos, lo hacen.

Quizás esto que me cuesta tanto entender a mi no es más que una estrategia de las compañías para que los clientes estemos entrando y saliendo y en definitiva deambulando de una empresa a otra como peonzas.

Vale, puede tener su parte positiva, porque por otro lado tenemos la oportunidad de salir de un sitio donde ya éramos supuestos clientes fieles, para buscar las mejores condiciones que se le ofrecen a los nuevos en otro. Pero ¿en qué sitio deja esto la fidelidad del cliente? ¿De verdad cuesta tanto trabajar en seguir motivando al cliente habitual para que sea un cliente fiel a la marca?

Yo creo que las empresas se acomodan demasiado pronto creyendo que un cliente satisfecho ya es un cliente fiel, un cliente que muy difícilmente va a dejar de estar “enamorado” de nosotros. Pero en mi opinión no es así; yo creo que un cliente se convierte en fiel cuando está satisfecho con el producto o servicio durante mucho tiempo y la mayoría de las veces que lo utiliza.

Yo puedo estar satisfecha con un servicio una vez, dos o tres, pero si a la cuarta o la quinta me doy de bruces contra la pared, no solo dejaré de estar satisfecha, sino que ya, señores, olvídense de fidelizarme.

El caso es que yo pienso que no hay mejor prescriptor de una marca que aquel cliente que la recomienda, y es por eso que yo sí estoy convencida de que vale la pena trabajar a fondo en fidelizar a cuantos más clientes mejor. Ya sé que lo que más atrae es tener más y más clientes, cuantos más mejor, pero si con tus estrategias de atracción los que ya llevan comprando tus productos o servicios durante un tiempo se van a ver perjudicados, ten cuidado, porque a lo mejor lo que estás haciendo es “pan para hoy y hambre para mañana”, y nunca olvidemos que “del amor al odio hay un paso“.

Y esto es todo amigos, voy a seguir “deambulando” a ver cuál va a ser mi próximo banco, mi próxima compañía de teléfono, mi próximo gym o el próximo método para aprender idiomas al que me apunto…

El chat del colegio y mi relación amor-odio con él.

 

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Primer día de cole: mis bichos y yo salimos de casa felices y contentas. Ellas porque están ansiosas y encantadas por empezar el cole y yo lo mismo, pero por empezar a recuperar un poco de mi espacio.

Primer día cole y los temblores de mi teléfono a las pocas horas de empezar, me recuerdan que toca silenciar los grupos de Whatsapp del colegio.

No sé si después de escribir estas líneas las administradoras de los grupos de mis Bichos me echarán, pero como eso es algo que me afectaría bastante poco, no voy a dejar de dedicarle unas palabritas al grupo de whatsapp de padres del colegio. Sé que a muchos le servirán de poco, pero a mi me van a ayudar a desahogarme un rato.

Querido grupo:

Te escribo estas líneas para recordarte que somos muchos los miembros que formamos parte del chat. El momento en que recibí la notificación de que formaba parte del grupo, tengo que reconocer que me reportó cierto estado de tranquilidad. Pensaba que gracias a ello iba a estar al día de cualquier novedad importante que se me pudiera escapar, por no haber leído una de las tantas notificaciones que me llegan del colegio a lo largo del año, bien vía email, rumor o a través de un papel arrugado y mezclado con todo tipo de chismes en el fondo de las mochilas de mis Bichos.

La administradora del grupo nos iba dando la bienvenida una a una, mientras las participantes del chat íbamos presentando nuevas madres para ser incluidas en el:

“Hola soy Fulanita, la mamá de Menganito.

Hola Fulanita, yo soy Menganita, la mamá de Fulanito…”

Y así, entre Fulanitas, Menganitos y Menganitas nos íbamos presentando. La creación del grupo, normalmente viene acompañada de unas palabras de recibimiento que te alertan de la funcionalidad del chat: “hemos decidido crear este grupo para que todas estemos informadas sobre las cosas importantes para la clase” (o algo así…)

Hasta ahí todo bien.

Después comienza el curso, y con él los cumpleaños, los objetos perdidos, las malas prácticas de los profesores, las críticas al método, las despedidas, las confirmaciones de cartas recibidas, las confirmaciones de las confirmaciones; que si los piojos, que si mi niño tiene tos y pasa frío o que si la mía es una fortachona…Total, que tu momento inicial de tranquilidad y sosiego con el que viviste la creación del chat, se convierte en un infierno cuando éste empieza a sonar y temblar con nuevas notificaciones como si no hubiera un mañana, porque alguna de las criaturas, por ejemplo, ha perdido una chaqueta. Una a una, y así casi todas, se apresuran a confirmar que sus Bichos no la tienen ¿no sería más fácil que sólo hablase la que la tiene?

Llegado ese punto una decide silenciar el chat, primero durante un día, después durante una semana y al final durante todo el curso, porque resulta que su utilidad ha quedado reducida a un patio de colegio – nunca mejor dicho – y muy lejos del punto de información que prometía ser.

De verdad, señoras, compañeras e incluso amigas ¿no sería más práctico establecer unas normas o un pequeño decálogo sobre el uso práctico de dicho chat? Me refiero a algo tan básico como:

  1. El chat se utilizará principalmente para hacer notificaciones útiles.
  2. Uno de los miembros será el encargado de aclarar las dudas que surjan en el grupo. De este modo nos ahorraremos 15 o 20 mensajes de “yo también lo he preguntado” o “yo tampoco lo sé”.
  3. Todos estamos implicados en la educación de nuestros hijos, no hace falta que intentemos demostrarle al resto quién lo está más.
  4. Nuestros hijos son los responsables de que se les pierdan las chaquetas, botellas y demás enseres que lleven al colegio, házselo saber y que asuma las consecuencias. No seamos detectives en el chat. Eso sí, si tu Bicho lleva a casa algo que no sea suyo, notifícalo para que su dueño pueda recuperarlo.
  5. Tus opiniones sobre el profesorado son importantes, pero para el profesorado o para el colegio. Transmíteselo a ellos, para los demás padres es sólo cotilleo.
  6. Las enfermedades leves de tu hijo también son importantes, pero salvo que creas que te podemos ayudar en algo, no es necesario que las publiques. Los mocos, las toses, los dolores de rodillas y picores de insectos pasan…Llevan su proceso, pero pasan.
  7. Los autobuses son los que son. Podrían ser mejores y también podrían ser peores, pero mientras cumplan con la normativa de transporte escolar, confórmate y no crees corrillo en torno a ello en el chat (aplíquese lo mismo para los casos de crítica de las instalaciones y material escolar).
  8. Las fotos y vídeos que de los eventos de nuestros bichos puedas compartir en el chat son bienvenidos y más que agradecidos por aquellos padres que no pueden asistir a los mismos.
  9. Antes de entrar al trapo con la crítica sobre cualquier tema dentro del grupo, cuenta hasta 10, tómate una tila, silencia el grupo, ponte a bailar o sal a pasear…Haz lo que sea pero no caigas en la trampa del hablar por hablar. Tú conseguirás no quemarte y las demás nos ahorraremos los pitidos de otros 40 o 50 mensajes.
  10. Vive y deja vivir.

Sigo pensando que el chat del colegio puede ser una herramienta útil, pero mucho me temo que ya está demasiado viciado como para pararlo, o al menos en mi caso.

Aun así, como defensora del uso de las redes sociales, y cualquier avance tecnológico que nos facilite la vida, sigo y seguiré estando presente en los grupos de whatsapp del colegio de mis Bichos. Tengo que reconocer que en más de una ocasión me han sacado de algún que otro apuro, pero eso sí, ya están de nuevo silenciados por un año más.

TOCA TIRAR Y ORDENAR

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¡Madre mía, qué saturación la mía!

Llevo días sintiéndome agotada, sin ganas de salir a correr, apática y buscando fuerza, hasta debajo de felpudo de casa, cada día cuando salgo por la puerta con los tacones para ir a trabajar.

Esta mañana, aún con mucho sueño, me he levantado con ese mismo ánimo. Aun sabiendo que hoy llegaban mis vacaciones, no he sentido la alegría y el entusiasmo con el que he vivido el último día de trabajo otras veces. Pero como hace un par de semanas decidí ponerme “en modo Zen” hasta que se me pasase la tormenta que llevo en todo lo alto, tampoco me he hecho mucho caso. Me he duchado, he desayunado y he llegado a la oficina dispuesta a cerrar cuantas más cosas, mejor.

La mañana ha transcurrido tranquila. Apenas ha sonado el teléfono y no ha habido, por increíble que parezca, ningún contratiempo de última hora – será porque ya han surgido todos de lunes a jueves…

El caso es que ahí estaba yo, dándole a la tecla y al ratón con ansias de dejar todo bien atado antes de irme, cuando he levantado la cabeza del ordenador y he visto el desastre de mesa que tenía…”Natalia, o te pones a ordenar un poco esto ahora o cuando vuelvas te van a entrar los siete males solo de verlo”.

Total, que he decidido remangarme – sí, remangarme, porque en Murcia hace mucho calor, pero yo llevo todo el verano “pajarito” disfrutando del mejor aire acondicionado del mundo.

He empezado por el montón de las cosas “on going”, y como cuando hago cambio de armario, he decidido tirar todo aquello que no he tocado en meses. Después, he puesto cada cosa en su carpeta y cada carpeta en su lugar, y ya para rematar, porque tampoco podía entrar en el bucle de la acumulación de carpetas, he bautizado a mi montoncito de “varios” en otra, que sé que será la que primero vaya a ir a la basura la próxima vez que me ponga de limpieza general.

De ahí he pasado a la cajonera…y mientras me acordaba de una de las entradas de mi blog en la que hablaba del Cajón Desastre de mi casa, he ido tirando trastos mientras alucinaba con la cantidad de recuerdos que puede acumular también mi cajón del trabajo. Al final se han quedado, lapiceros, bolis, libretas y demás utensilios de oficina, y sólo al fondo del cajón, el cepillo de dientes con un imperdible – que me ha salvado de algún apuro más de una vez – y un par de cremas de mano. Bueno, de estas tenía acumulados hasta cuatro botes…

Ahí estaba yo, venga a tirar y venga a ordenar, cuando de repente he empezado a sentirme mejor…He empezado a ser consciente de que me iba de vacaciones, me he sentido animada y relajada.

Muchas veces se me olvida lo bien que sienta tirar y ordenar la ropa, los cajones, el escritorio y los recuerdos.

Tirar y ordenar es necesario para resetearse, para poner de nuevo marcadores a cero y poder volver a coger impulso. Para sentirse aliviado y con la mochila liviana para seguir dándolo todo.

Y esa es la actitud y el compromiso con el que me voy de vacaciones. Dispuesta a seguir tirando lo que no necesito y lo que no me aporta y ordenando las cosas importantes.

Justo hoy, que me he levantado apática y sin energía en mi último día de trabajo antes de las vacaciones, he descubierto qué es lo que necesito hacer para sentirme mejor en este momento.

Si tú también tienes claro qué es lo que te hace sentir mejor cuando no estás bien, te felicito, tienes la llave de tu satisfacción en tu mano.

Y si no, no te preocupes, ponte en modo Zen, sin hacerle mucho caso a tu malestar, sólo el justito y ya verás cómo de repente un día, quizá cuando estés de limpieza, o dando un paseo o disfrutando de una buena compañía, encontrarás tu llave.

Disculpe, estoy conciliando.

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06:00am – Suena mi sigilosa alarma. Bajo mi depurado estilo Ninja, para que nadie más se despierte, salgo de la cama para ponerme las zapatillas y hacerme los primeros kilómetros del día con la intención de llegar a la oficina con algo de ejercicio hecho.

Tras una ducha y mi sagrado y litúrgico desayuno, Mis Bichos empiezan a aparecer por el salón.

07:45am – Toca arrancar, preparar leches, snacks, mochilas, poner protección solar, lavar dientes y dar tirones de pelo para atar coletas que antes de salir de casa ya estarán medio deshechas.

08:40am – Salimos de casa destino al “cole de verano”. Contamos con apenas 20 minutos para llegar, hacer un poco de compañía a los Bichos mientras llegan los monitores y salir pitando a la oficina, que por suerte está cerca.

09:04/05/07/10am… – Lo siento, pero a veces el segundo beso que me pide Bichito, seguido de “un abrazo mami” o el “mami, acuérdate de que esta tarde vamos a plantar lentejas” que me dice mi Bicho, acumulan algún minuto de retraso en mi haber del día. Eso y sobre todo que el cole no empieza hasta las 09:00am, claro está.

02:00pm – Tengo que salir pitando de la oficina porque el cole termina justo a las dos de la tarde. Por suerte cuento con los 5 minutos de cortesía para que no me pongan mala cara cuando llegue a recogerlas. Sin apenas haberme dado cuenta, a estas alturas del día ya llevo acumulados 7km en mis piernas: una carrerita tempranera, paseos por fábrica, corre con los Bichos por aquí, los Bichos por allá…

02:26pm – Hora de comer. Algo rápido, que hay que volver corriendo al trabajo.

03:08pm – Por fin me siento en mi escritorio: correos, pensar en tener alguna idea brillante para alguno de los temas que tengo encima de la mesa, informes, repaso de agenda, programación de tweets…

06:37pm – Hoy sí, hoy tengo que salir en hora, porque pese a que he tenido que posponer mi revisión ginecológica para la semana que viene, leche hay que comprar…y huevos, detergente y todo lo que mi Bicho ha ido apuntando en la lista que le iba dictando esta mañana de camino al cole en el coche, intentando sacar partido de cada minuto que pasamos juntas.

08:00pm – Estrenamos libro de actividades!!! Yujur! Los dos Bichos reciben con alegría su cuaderno de “vacaciones Santillana”. Mientras una empieza con cautela a leer desde el principio para conocer bien a los personajes del libro, la otra empieza a rellenar hojas como si no hubiera un mañana…”Otra mami!, vamos a hacer otra ficha!”. Mientras mami dirige actividades, saca unos minutos para escribir estas líneas.

08:20pm – Toca patinar. Estamos de estreno, y hay que apoyar a mi Bicho, que está enganchada a sus patines, así que Bichito y yo correteamos a su alrededor mientras ella se envalentona para ser una buena patinadora. Así también conseguiré seguir sumando pasos y seguir cumpliendo con el objetivo de superar mi meta diaria de 10.000pasos mínimo.

08:45pm – Hora de plantar lentejas. Sí, es una chorrada, pero están entusiasmadas con la idea y cómo se la voy a quitar de la cabeza…sobre todo después de habérsela dado yo!!!…A ver si con suerte en estos días vemos crecer la raíz de cada una de nuestras tres lentejas.

09:30pm – Acabo de caer en que aún no tengo organizada la comida de mañana…ni la cena de hoy, que me toca prepararla porque mi macho alfa, que siempre me ayuda en esto, está de viaje y a punto de llegar! Preparo comida de mañana, preparamos leches y lavamos dientes.

09:40pm – Llega él y ya está todo organizado, cenamos, nos abrimos un vinito, que hoy también nos lo hemos ganado y después de cenar cojo a mis Bichos para hacer nuestros “five minutes”. Benditos “five minutes” que me dan la vida cada día…5 y a veces hasta 20 minutos en los que cada una de nosotras comenta lo mejor que le ha pasado en el día, porque ellas tienen que aprender y descubrir – y yo recordar – que todos, absolutamente todos los días tienen algo bueno.

10:50pm – Ya estoy lista, cara lavada y ordenador encendido. Hoy toca estudiar. Esta semana toca examen y aunque no sea nada crucial y complicado toca ponerse al día antes de hacer el test.

11:30pm – No suena ninguna alarma, pero yo sé que si no me acuesto ya, mañana no podré cumplir objetivos.

Sí, una jornada completita, seguramente muy parecida a la tuya.

Una jornada en la que seguramente, con las prisas que he llevado, me he cruzado con alguien a quien sin querer no he saludado. He tenido que posponer una revisión y, aunque he avisado, probablemente he trastocado la agenda del médico en algo – eso sí, por otro lado, para compensar, la semana que viene ya tengo dos revisiones en la agenda, la del gine y la del coche. Una jornada en la que a primera hora le he tenido que decir a una señora que por favor quitase su coche de en medio de la calle mientras sus hijos bajaban tranquilamente porque yo tenía prisa por llegar a la oficina. Una jornada en la que he tenido que estar pendiente de terminar reuniones a punto para poder salir corriendo a por mis Bichos antes de que me pusieran mala cara por llegar tarde. También le he dado las largas al chico que acababa de echar gasolina para que se apurase en dejarme el sitio libre, que a mi suponer, estaba tardando mucho. Una jornada en la que por llegar a casa y no perder ni un minuto más esta tarde, he dejado el carro de la compra vacío, sin recuperar mis 50 céntimos, después de comprobar en 2 sitios diferentes que todas las cadenas para enganchar carros habían desaparecido…En fin, una jornada en la que aún he querido sacar unos minutos para escribir estas palabras mientras hago “deberes” con mis Bichos.

Palabras de desahogo para mi y de disculpas para ti, porque estoy conciliando, y es probable que mientras concilio algún detalle que te moleste a ti se me esté escapando a mi.

Circulan por las redes muchos artículos sobre la conciliación. Que si el gobierno no ayuda, que si la empresa y los colegios no lo ponen fácil…Todos ellos tienen algo de razón, pero mientras unos y otros se deciden a hacerme la vida más fácil, yo intentaré renunciar lo menos posible a conciliar mi familia con mi trabajo, el hogar, el deporte y mi vida social.

¿Y tú, concilias o te excusas?

Dónde están las llaves, matatile-tile-tile

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No, aunque podría volver a hablarte del mundo que existe dentro de mi bolso, como ya hice en uno de mis primeros post (No sin mi bolso), no voy a hacerlo.

Desde hace unos días tengo otro “amigo” que me hace la vida más fácil.

TILE (@TheTileApp) no es una persona, ni un perro ni cualquier otra mascota en la que puedas estar pensando, sino el objeto que ha revolucionado el caos de mi bolso. Y es que pocas cosas me dan tanta tranquilidad ahora mismo como contar con Tile dentro del pequeño manojo de llaves que me acompaña a todas partes. Sí, antes de que me lo vayas a advertir, ya te reconozco yo que llevar las llaves del coche junto con las de casa, las de la casa de la playa, las de la oficina, las de la casa de mi amiga y la de los inquilinos; un pen drive y un abridor, es una barbaridad, pero es la única forma que tengo de no perder alguna de ellas.

En uno de mis viajes a Londres me compré un super llavero que no es más que una cuerda enorme capaz de asomar por cualquier parte y me ha ahorrado horas de búsqueda de identidad dentro de mis “pequeños” bolsos. Aun así, algún susto que otro me he llevado buscando las dichosas llaves.

Por suerte, la semana pasada el localizador de llaves TILE se ha unido a mi mega llavero!!!

Hasta ahora había oído hablar de los localizadores de llaves, pero para mí eran como una leyenda de la que todo el mundo hablaba y nadie conocía…Por suerte una cuenta con un marido que otras cosas no, pero detallista es un rato largo y la semana pasada me sorprendió con este regalo . Cuando me lo dio tenía cara de, “nena, tengo algo que va a revolucionar tu vida”, y sé que cuando él daba vueltas por el aeropuerto y vio a TILE debió pensar que era lo único que faltaba en mi vida para que ésta fuera perfecta.

Y lo mejor de todo es que no sólo me localiza las llaves, sino que también, con la app que me he descargado, TILE es capaz de ayudarme a encontrar el móvil…¿no es lo más de lo más?

Sí, probablemente estés pensando que mejor sería que me dejase de trastos e intentase ser más ordenada y perder menos cosas, o lo que es lo mismo, solucionar el problema de raíz en vez de poner un parche. Pero el caso es que, dentro de que reconozco ser desordenada y trabajo para serlo cada vez menos, también te tengo que decir que encuentro cierto encanto en mi desorden y que como las cosas no son ni blancas ni negras, este nuevo juguetito me ayuda a seguirme moviendo dentro de la gran escala de grises que hay entre medias.

La verdad es que te diría que siento hasta ganas de perder las llaves o el móvil para poner a máximo rendimiento mi TILE, que de momento sólo me ha servido para jugar al escondite con mis bichos, y eso sí, echarnos unas buenas risas juntas, cosa que siempre viene bien.

Lo dicho, para mí TILE ha sido todo un descubrimiento, y para los compañeros de mi oficina que lo han visto y andan haciendo pedidos en Amazon, también!

Y ahora, como a mi también me gusta hacerte la vida más fáci, no te pierdas el video para verlo con tus propios ojos…lo vas a querer tener!

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Sing-along: Mamma Mia (cine-karaoke)

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EXPERIENCIA: CINE CON KARAOKE

VALORACIÓN: POSITIVA

RECOMENDACIÓN: TOTAL. VETE CON UN GRUPO DE AMIGOS.

O lo que es lo mismo, disfrutar de una película entretenida mientras puedes hacer lo que te de la gana en el cine y desfogar todo lo que quieras, tomándote una copa con chuches, cantando y bailando…y cómo no, celebrando el triunfo del Real Madrid.

En cuanto @tontxita me mandó el enlace a la compra de entradas, supe que tenía que ir. Una película que me gusta, con una banda sonora que me gusta aún más y que ahora me ofrecía la posibilidad de cantar a “grito pelao” en medio del cine. Sabía que si iba, me iba a desgañitar, y sobre todo a partirme de la risa con mi @La_Marimorena_

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Llegamos y fuimos directas a la barra, encantadas de que pudiésemos entrar con la copa a la sala. Tras pasar por el photocall, donde los dos actores, simpatiquísimos posaban con todos, compramos nuestro kit de actuación para ir entrando en ambiente y empezamos a mimetizarnos con la sala.

Fueron más de dos horas de disfrute, de olvidarme de los malos rollos que rondan por mi cabeza últimamente y de reír. Eso sí, si no estás dispuesto a participar, ahórrate el viaje, porque seguro que no lo pasas tan bien y acabarás harto de ver a tanta gente haciendo el ganso a la vez. Pero si piensas participar ve, ve y ve.

Mientras espero a ver si meten a Murcia dentro de su programación, aquí te dejo el enlace a su web para que puedas comprar tu entrada: PROGRAMACIÓN SING-ALONG

Te recomiendo que entres en la web además para conocer los eventos de empresa que organizan. Seguro que valen la pena a la hora de preparar una píldora de oxígeno para los compañeros, incluso una buena opción para la “cena de empresa” de este año!!!