El otro día, mientras entrenaba en el gym – lo sé, no es la primera entrada del blog que empieza con esa frase, pero ¿para qué te lo voy a contar de otra manera si fue así como pasó? – estaba en la multipower empezando mi serie de “buenos días”. Y no, no me refiero a la primera serie del día, sino a ese ejercicio en el que pareces una bisagra humana intentando no partirse en dos.
Total, que ahí estaba yo, concentrada una vez más en la respiración, en el suelo pélvico y en que la espalda no hiciera cosas raras… cuando de repente mis ojos se fueron al trasero de una de las chicas que tenía delante.
¡GENSANTA!
Qué perfección. Qué redondito. Qué bien puesto.
Mientras yo sumaba repeticiones al ejercicio, mi cerebro iba sumando admiraciones hacia ese trasero.
Rep 1: buen culo.
Rep 2: qué bien puesto lo tiene.
Rep 3: qué forma más redondeada.
Rep 4: qué bien le sientan las mallas…
Y así seguí sumando halagos hasta que terminé mi serie y fui a por la siguiente, rumbo a la máquina de abductores.
Y aquí es donde llega el giro de guion que me sorprendió tanto como…bueno, como cuando ves que alguien mete 175kg en hip thrust y luego se levanta como si nada…😉
Porque justo cuando llego a la máquina, me encuentro a la misma chica ideal hablando con otra…precisamente de su trasero.
Y adivina el comentario. Venga, que te lo spoileo ya: justo estaba diciendo que su culo no le gustaba nada….
¿¿¿Perdona???
Te juro que en ese momento los ojos casi se me salían de sus órbitas.
«¿¿¿Estás diciendo que no te gusta tu culo???» – pegunté yo.
Y efectivamente, eso es justito lo que estaba comentando. Pero es que lo mejor de todo vino cuando, de repente, me mira y muy seria ella me suelta:
«A mí lo que me gustaría es tener un culo como el tuyo…»
LOL
Total, que mientras yo decía “quiero tu culo” ella decía “yo quiero el tuyo”.
Seguro que ya sabes por dónde voy con esta reflexión, ¿verdad? ¿A que te suena eso de “la que tiene el pelo liso lo quiere rizado y viceversa”?
Nos miramos al espejo y en lugar de buscar nuestras virtudes (que TODAS las tenemos), nos ponemos en modo detectives: buscamos toooodo lo que no nos gusta, lo ampliamos, lo exageramos y lo criticamos…para acto seguido machacarnos, frustrarnos y maltratarnos.
¿No crees que va siendo hora de parar?
Mírate con los mismos ojos con los que miras a tu hija. Háblate con el mismo cariño con el que le hablas a tus amigas.
Practiquemos también el entreno mental: empecemos por cambiar esa manera de hablarnos, porque esa voz interna machacona, te aseguro que pesa más que cualquier barra olímpica…por muchos discos que le hayamos puesto.
Poco a poco, verás que tu pelo liso puede ser un gran aliado si lo cuidas y le das el estilo que necesita para lucir bien. Verás cómo, potenciando las partes de tu cuerpo que mejor lucen, las que menos te gustan poco a poco dejan de ser “un drama nacional”.
Y sobre todo, te sentirás menos frustrada y más querida. Querida por ti, darling, que es lo que más necesitamos casi todas.
Así que ahora ponte frente al espejo y piensa en lo que ves. Y por cada cosa que no te guste, menciona otra que sí (receta de mi querida @anaescuderopsicologa). O si quieres fliparlo más todavía, pídele a una buena amiga (o a tu hija, si tienes) que te describa cómo te ve ella.
Te aseguro que tu cabeza va a cortocircuitar…exactamente igual que me pasó a mi el otro día al descubrir que alguien querría tener un trasero como el mío.
Porque quizá, solo quizá…el problema nunca fue mi culo, ni tu barriga, ni el pelo, ni los brazos…
Quizá el problema está en los ojos con los que nos miramos.
Y oye, igual ya va siendo hora de entrenar también nuestra mirada.










