El chat del colegio y mi relación amor-odio con él.

 

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Primer día de cole: mis bichos y yo salimos de casa felices y contentas. Ellas porque están ansiosas y encantadas por empezar el cole y yo lo mismo, pero por empezar a recuperar un poco de mi espacio.

Primer día cole y los temblores de mi teléfono a las pocas horas de empezar, me recuerdan que toca silenciar los grupos de Whatsapp del colegio.

No sé si después de escribir estas líneas las administradoras de los grupos de mis Bichos me echarán, pero como eso es algo que me afectaría bastante poco, no voy a dejar de dedicarle unas palabritas al grupo de whatsapp de padres del colegio. Sé que a muchos le servirán de poco, pero a mi me van a ayudar a desahogarme un rato.

Querido grupo:

Te escribo estas líneas para recordarte que somos muchos los miembros que formamos parte del chat. El momento en que recibí la notificación de que formaba parte del grupo, tengo que reconocer que me reportó cierto estado de tranquilidad. Pensaba que gracias a ello iba a estar al día de cualquier novedad importante que se me pudiera escapar, por no haber leído una de las tantas notificaciones que me llegan del colegio a lo largo del año, bien vía email, rumor o a través de un papel arrugado y mezclado con todo tipo de chismes en el fondo de las mochilas de mis Bichos.

La administradora del grupo nos iba dando la bienvenida una a una, mientras las participantes del chat íbamos presentando nuevas madres para ser incluidas en el:

“Hola soy Fulanita, la mamá de Menganito.

Hola Fulanita, yo soy Menganita, la mamá de Fulanito…”

Y así, entre Fulanitas, Menganitos y Menganitas nos íbamos presentando. La creación del grupo, normalmente viene acompañada de unas palabras de recibimiento que te alertan de la funcionalidad del chat: “hemos decidido crear este grupo para que todas estemos informadas sobre las cosas importantes para la clase” (o algo así…)

Hasta ahí todo bien.

Después comienza el curso, y con él los cumpleaños, los objetos perdidos, las malas prácticas de los profesores, las críticas al método, las despedidas, las confirmaciones de cartas recibidas, las confirmaciones de las confirmaciones; que si los piojos, que si mi niño tiene tos y pasa frío o que si la mía es una fortachona…Total, que tu momento inicial de tranquilidad y sosiego con el que viviste la creación del chat, se convierte en un infierno cuando éste empieza a sonar y temblar con nuevas notificaciones como si no hubiera un mañana, porque alguna de las criaturas, por ejemplo, ha perdido una chaqueta. Una a una, y así casi todas, se apresuran a confirmar que sus Bichos no la tienen ¿no sería más fácil que sólo hablase la que la tiene?

Llegado ese punto una decide silenciar el chat, primero durante un día, después durante una semana y al final durante todo el curso, porque resulta que su utilidad ha quedado reducida a un patio de colegio – nunca mejor dicho – y muy lejos del punto de información que prometía ser.

De verdad, señoras, compañeras e incluso amigas ¿no sería más práctico establecer unas normas o un pequeño decálogo sobre el uso práctico de dicho chat? Me refiero a algo tan básico como:

  1. El chat se utilizará principalmente para hacer notificaciones útiles.
  2. Uno de los miembros será el encargado de aclarar las dudas que surjan en el grupo. De este modo nos ahorraremos 15 o 20 mensajes de “yo también lo he preguntado” o “yo tampoco lo sé”.
  3. Todos estamos implicados en la educación de nuestros hijos, no hace falta que intentemos demostrarle al resto quién lo está más.
  4. Nuestros hijos son los responsables de que se les pierdan las chaquetas, botellas y demás enseres que lleven al colegio, házselo saber y que asuma las consecuencias. No seamos detectives en el chat. Eso sí, si tu Bicho lleva a casa algo que no sea suyo, notifícalo para que su dueño pueda recuperarlo.
  5. Tus opiniones sobre el profesorado son importantes, pero para el profesorado o para el colegio. Transmíteselo a ellos, para los demás padres es sólo cotilleo.
  6. Las enfermedades leves de tu hijo también son importantes, pero salvo que creas que te podemos ayudar en algo, no es necesario que las publiques. Los mocos, las toses, los dolores de rodillas y picores de insectos pasan…Llevan su proceso, pero pasan.
  7. Los autobuses son los que son. Podrían ser mejores y también podrían ser peores, pero mientras cumplan con la normativa de transporte escolar, confórmate y no crees corrillo en torno a ello en el chat (aplíquese lo mismo para los casos de crítica de las instalaciones y material escolar).
  8. Las fotos y vídeos que de los eventos de nuestros bichos puedas compartir en el chat son bienvenidos y más que agradecidos por aquellos padres que no pueden asistir a los mismos.
  9. Antes de entrar al trapo con la crítica sobre cualquier tema dentro del grupo, cuenta hasta 10, tómate una tila, silencia el grupo, ponte a bailar o sal a pasear…Haz lo que sea pero no caigas en la trampa del hablar por hablar. Tú conseguirás no quemarte y las demás nos ahorraremos los pitidos de otros 40 o 50 mensajes.
  10. Vive y deja vivir.

Sigo pensando que el chat del colegio puede ser una herramienta útil, pero mucho me temo que ya está demasiado viciado como para pararlo, o al menos en mi caso.

Aun así, como defensora del uso de las redes sociales, y cualquier avance tecnológico que nos facilite la vida, sigo y seguiré estando presente en los grupos de whatsapp del colegio de mis Bichos. Tengo que reconocer que en más de una ocasión me han sacado de algún que otro apuro, pero eso sí, ya están de nuevo silenciados por un año más.

TOCA TIRAR Y ORDENAR

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¡Madre mía, qué saturación la mía!

Llevo días sintiéndome agotada, sin ganas de salir a correr, apática y buscando fuerza, hasta debajo de felpudo de casa, cada día cuando salgo por la puerta con los tacones para ir a trabajar.

Esta mañana, aún con mucho sueño, me he levantado con ese mismo ánimo. Aun sabiendo que hoy llegaban mis vacaciones, no he sentido la alegría y el entusiasmo con el que he vivido el último día de trabajo otras veces. Pero como hace un par de semanas decidí ponerme “en modo Zen” hasta que se me pasase la tormenta que llevo en todo lo alto, tampoco me he hecho mucho caso. Me he duchado, he desayunado y he llegado a la oficina dispuesta a cerrar cuantas más cosas, mejor.

La mañana ha transcurrido tranquila. Apenas ha sonado el teléfono y no ha habido, por increíble que parezca, ningún contratiempo de última hora – será porque ya han surgido todos de lunes a jueves…

El caso es que ahí estaba yo, dándole a la tecla y al ratón con ansias de dejar todo bien atado antes de irme, cuando he levantado la cabeza del ordenador y he visto el desastre de mesa que tenía…”Natalia, o te pones a ordenar un poco esto ahora o cuando vuelvas te van a entrar los siete males solo de verlo”.

Total, que he decidido remangarme – sí, remangarme, porque en Murcia hace mucho calor, pero yo llevo todo el verano “pajarito” disfrutando del mejor aire acondicionado del mundo.

He empezado por el montón de las cosas “on going”, y como cuando hago cambio de armario, he decidido tirar todo aquello que no he tocado en meses. Después, he puesto cada cosa en su carpeta y cada carpeta en su lugar, y ya para rematar, porque tampoco podía entrar en el bucle de la acumulación de carpetas, he bautizado a mi montoncito de “varios” en otra, que sé que será la que primero vaya a ir a la basura la próxima vez que me ponga de limpieza general.

De ahí he pasado a la cajonera…y mientras me acordaba de una de las entradas de mi blog en la que hablaba del Cajón Desastre de mi casa, he ido tirando trastos mientras alucinaba con la cantidad de recuerdos que puede acumular también mi cajón del trabajo. Al final se han quedado, lapiceros, bolis, libretas y demás utensilios de oficina, y sólo al fondo del cajón, el cepillo de dientes con un imperdible – que me ha salvado de algún apuro más de una vez – y un par de cremas de mano. Bueno, de estas tenía acumulados hasta cuatro botes…

Ahí estaba yo, venga a tirar y venga a ordenar, cuando de repente he empezado a sentirme mejor…He empezado a ser consciente de que me iba de vacaciones, me he sentido animada y relajada.

Muchas veces se me olvida lo bien que sienta tirar y ordenar la ropa, los cajones, el escritorio y los recuerdos.

Tirar y ordenar es necesario para resetearse, para poner de nuevo marcadores a cero y poder volver a coger impulso. Para sentirse aliviado y con la mochila liviana para seguir dándolo todo.

Y esa es la actitud y el compromiso con el que me voy de vacaciones. Dispuesta a seguir tirando lo que no necesito y lo que no me aporta y ordenando las cosas importantes.

Justo hoy, que me he levantado apática y sin energía en mi último día de trabajo antes de las vacaciones, he descubierto qué es lo que necesito hacer para sentirme mejor en este momento.

Si tú también tienes claro qué es lo que te hace sentir mejor cuando no estás bien, te felicito, tienes la llave de tu satisfacción en tu mano.

Y si no, no te preocupes, ponte en modo Zen, sin hacerle mucho caso a tu malestar, sólo el justito y ya verás cómo de repente un día, quizá cuando estés de limpieza, o dando un paseo o disfrutando de una buena compañía, encontrarás tu llave.

Disculpe, estoy conciliando.

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06:00am – Suena mi sigilosa alarma. Bajo mi depurado estilo Ninja, para que nadie más se despierte, salgo de la cama para ponerme las zapatillas y hacerme los primeros kilómetros del día con la intención de llegar a la oficina con algo de ejercicio hecho.

Tras una ducha y mi sagrado y litúrgico desayuno, Mis Bichos empiezan a aparecer por el salón.

07:45am – Toca arrancar, preparar leches, snacks, mochilas, poner protección solar, lavar dientes y dar tirones de pelo para atar coletas que antes de salir de casa ya estarán medio deshechas.

08:40am – Salimos de casa destino al “cole de verano”. Contamos con apenas 20 minutos para llegar, hacer un poco de compañía a los Bichos mientras llegan los monitores y salir pitando a la oficina, que por suerte está cerca.

09:04/05/07/10am… – Lo siento, pero a veces el segundo beso que me pide Bichito, seguido de “un abrazo mami” o el “mami, acuérdate de que esta tarde vamos a plantar lentejas” que me dice mi Bicho, acumulan algún minuto de retraso en mi haber del día. Eso y sobre todo que el cole no empieza hasta las 09:00am, claro está.

02:00pm – Tengo que salir pitando de la oficina porque el cole termina justo a las dos de la tarde. Por suerte cuento con los 5 minutos de cortesía para que no me pongan mala cara cuando llegue a recogerlas. Sin apenas haberme dado cuenta, a estas alturas del día ya llevo acumulados 7km en mis piernas: una carrerita tempranera, paseos por fábrica, corre con los Bichos por aquí, los Bichos por allá…

02:26pm – Hora de comer. Algo rápido, que hay que volver corriendo al trabajo.

03:08pm – Por fin me siento en mi escritorio: correos, pensar en tener alguna idea brillante para alguno de los temas que tengo encima de la mesa, informes, repaso de agenda, programación de tweets…

06:37pm – Hoy sí, hoy tengo que salir en hora, porque pese a que he tenido que posponer mi revisión ginecológica para la semana que viene, leche hay que comprar…y huevos, detergente y todo lo que mi Bicho ha ido apuntando en la lista que le iba dictando esta mañana de camino al cole en el coche, intentando sacar partido de cada minuto que pasamos juntas.

08:00pm – Estrenamos libro de actividades!!! Yujur! Los dos Bichos reciben con alegría su cuaderno de “vacaciones Santillana”. Mientras una empieza con cautela a leer desde el principio para conocer bien a los personajes del libro, la otra empieza a rellenar hojas como si no hubiera un mañana…”Otra mami!, vamos a hacer otra ficha!”. Mientras mami dirige actividades, saca unos minutos para escribir estas líneas.

08:20pm – Toca patinar. Estamos de estreno, y hay que apoyar a mi Bicho, que está enganchada a sus patines, así que Bichito y yo correteamos a su alrededor mientras ella se envalentona para ser una buena patinadora. Así también conseguiré seguir sumando pasos y seguir cumpliendo con el objetivo de superar mi meta diaria de 10.000pasos mínimo.

08:45pm – Hora de plantar lentejas. Sí, es una chorrada, pero están entusiasmadas con la idea y cómo se la voy a quitar de la cabeza…sobre todo después de habérsela dado yo!!!…A ver si con suerte en estos días vemos crecer la raíz de cada una de nuestras tres lentejas.

09:30pm – Acabo de caer en que aún no tengo organizada la comida de mañana…ni la cena de hoy, que me toca prepararla porque mi macho alfa, que siempre me ayuda en esto, está de viaje y a punto de llegar! Preparo comida de mañana, preparamos leches y lavamos dientes.

09:40pm – Llega él y ya está todo organizado, cenamos, nos abrimos un vinito, que hoy también nos lo hemos ganado y después de cenar cojo a mis Bichos para hacer nuestros “five minutes”. Benditos “five minutes” que me dan la vida cada día…5 y a veces hasta 20 minutos en los que cada una de nosotras comenta lo mejor que le ha pasado en el día, porque ellas tienen que aprender y descubrir – y yo recordar – que todos, absolutamente todos los días tienen algo bueno.

10:50pm – Ya estoy lista, cara lavada y ordenador encendido. Hoy toca estudiar. Esta semana toca examen y aunque no sea nada crucial y complicado toca ponerse al día antes de hacer el test.

11:30pm – No suena ninguna alarma, pero yo sé que si no me acuesto ya, mañana no podré cumplir objetivos.

Sí, una jornada completita, seguramente muy parecida a la tuya.

Una jornada en la que seguramente, con las prisas que he llevado, me he cruzado con alguien a quien sin querer no he saludado. He tenido que posponer una revisión y, aunque he avisado, probablemente he trastocado la agenda del médico en algo – eso sí, por otro lado, para compensar, la semana que viene ya tengo dos revisiones en la agenda, la del gine y la del coche. Una jornada en la que a primera hora le he tenido que decir a una señora que por favor quitase su coche de en medio de la calle mientras sus hijos bajaban tranquilamente porque yo tenía prisa por llegar a la oficina. Una jornada en la que he tenido que estar pendiente de terminar reuniones a punto para poder salir corriendo a por mis Bichos antes de que me pusieran mala cara por llegar tarde. También le he dado las largas al chico que acababa de echar gasolina para que se apurase en dejarme el sitio libre, que a mi suponer, estaba tardando mucho. Una jornada en la que por llegar a casa y no perder ni un minuto más esta tarde, he dejado el carro de la compra vacío, sin recuperar mis 50 céntimos, después de comprobar en 2 sitios diferentes que todas las cadenas para enganchar carros habían desaparecido…En fin, una jornada en la que aún he querido sacar unos minutos para escribir estas palabras mientras hago “deberes” con mis Bichos.

Palabras de desahogo para mi y de disculpas para ti, porque estoy conciliando, y es probable que mientras concilio algún detalle que te moleste a ti se me esté escapando a mi.

Circulan por las redes muchos artículos sobre la conciliación. Que si el gobierno no ayuda, que si la empresa y los colegios no lo ponen fácil…Todos ellos tienen algo de razón, pero mientras unos y otros se deciden a hacerme la vida más fácil, yo intentaré renunciar lo menos posible a conciliar mi familia con mi trabajo, el hogar, el deporte y mi vida social.

¿Y tú, concilias o te excusas?

Dónde están las llaves, matatile-tile-tile

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No, aunque podría volver a hablarte del mundo que existe dentro de mi bolso, como ya hice en uno de mis primeros post (No sin mi bolso), no voy a hacerlo.

Desde hace unos días tengo otro “amigo” que me hace la vida más fácil.

TILE (@TheTileApp) no es una persona, ni un perro ni cualquier otra mascota en la que puedas estar pensando, sino el objeto que ha revolucionado el caos de mi bolso. Y es que pocas cosas me dan tanta tranquilidad ahora mismo como contar con Tile dentro del pequeño manojo de llaves que me acompaña a todas partes. Sí, antes de que me lo vayas a advertir, ya te reconozco yo que llevar las llaves del coche junto con las de casa, las de la casa de la playa, las de la oficina, las de la casa de mi amiga y la de los inquilinos; un pen drive y un abridor, es una barbaridad, pero es la única forma que tengo de no perder alguna de ellas.

En uno de mis viajes a Londres me compré un super llavero que no es más que una cuerda enorme capaz de asomar por cualquier parte y me ha ahorrado horas de búsqueda de identidad dentro de mis “pequeños” bolsos. Aun así, algún susto que otro me he llevado buscando las dichosas llaves.

Por suerte, la semana pasada el localizador de llaves TILE se ha unido a mi mega llavero!!!

Hasta ahora había oído hablar de los localizadores de llaves, pero para mí eran como una leyenda de la que todo el mundo hablaba y nadie conocía…Por suerte una cuenta con un marido que otras cosas no, pero detallista es un rato largo y la semana pasada me sorprendió con este regalo . Cuando me lo dio tenía cara de, “nena, tengo algo que va a revolucionar tu vida”, y sé que cuando él daba vueltas por el aeropuerto y vio a TILE debió pensar que era lo único que faltaba en mi vida para que ésta fuera perfecta.

Y lo mejor de todo es que no sólo me localiza las llaves, sino que también, con la app que me he descargado, TILE es capaz de ayudarme a encontrar el móvil…¿no es lo más de lo más?

Sí, probablemente estés pensando que mejor sería que me dejase de trastos e intentase ser más ordenada y perder menos cosas, o lo que es lo mismo, solucionar el problema de raíz en vez de poner un parche. Pero el caso es que, dentro de que reconozco ser desordenada y trabajo para serlo cada vez menos, también te tengo que decir que encuentro cierto encanto en mi desorden y que como las cosas no son ni blancas ni negras, este nuevo juguetito me ayuda a seguirme moviendo dentro de la gran escala de grises que hay entre medias.

La verdad es que te diría que siento hasta ganas de perder las llaves o el móvil para poner a máximo rendimiento mi TILE, que de momento sólo me ha servido para jugar al escondite con mis bichos, y eso sí, echarnos unas buenas risas juntas, cosa que siempre viene bien.

Lo dicho, para mí TILE ha sido todo un descubrimiento, y para los compañeros de mi oficina que lo han visto y andan haciendo pedidos en Amazon, también!

Y ahora, como a mi también me gusta hacerte la vida más fáci, no te pierdas el video para verlo con tus propios ojos…lo vas a querer tener!

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Sing-along: Mamma Mia (cine-karaoke)

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EXPERIENCIA: CINE CON KARAOKE

VALORACIÓN: POSITIVA

RECOMENDACIÓN: TOTAL. VETE CON UN GRUPO DE AMIGOS.

O lo que es lo mismo, disfrutar de una película entretenida mientras puedes hacer lo que te de la gana en el cine y desfogar todo lo que quieras, tomándote una copa con chuches, cantando y bailando…y cómo no, celebrando el triunfo del Real Madrid.

En cuanto @tontxita me mandó el enlace a la compra de entradas, supe que tenía que ir. Una película que me gusta, con una banda sonora que me gusta aún más y que ahora me ofrecía la posibilidad de cantar a “grito pelao” en medio del cine. Sabía que si iba, me iba a desgañitar, y sobre todo a partirme de la risa con mi @La_Marimorena_

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Llegamos y fuimos directas a la barra, encantadas de que pudiésemos entrar con la copa a la sala. Tras pasar por el photocall, donde los dos actores, simpatiquísimos posaban con todos, compramos nuestro kit de actuación para ir entrando en ambiente y empezamos a mimetizarnos con la sala.

Fueron más de dos horas de disfrute, de olvidarme de los malos rollos que rondan por mi cabeza últimamente y de reír. Eso sí, si no estás dispuesto a participar, ahórrate el viaje, porque seguro que no lo pasas tan bien y acabarás harto de ver a tanta gente haciendo el ganso a la vez. Pero si piensas participar ve, ve y ve.

Mientras espero a ver si meten a Murcia dentro de su programación, aquí te dejo el enlace a su web para que puedas comprar tu entrada: PROGRAMACIÓN SING-ALONG

Te recomiendo que entres en la web además para conocer los eventos de empresa que organizan. Seguro que valen la pena a la hora de preparar una píldora de oxígeno para los compañeros, incluso una buena opción para la “cena de empresa” de este año!!!

Ruta de las Fortalezas #fromlosttotheriver

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Me duele la rodilla, la cadera y hasta un juanete que hacía años que no daba señales de vida…Llevo dos días enganchada al Aero-red para ver si se me pasa este dolor e hinchazón de panza que tengo. Agobiada a ratos y eufórica a otros…así estoy pasando la semana.

Vistos los síntomas podrías estar pensando que estoy pendiente de que me den las notas de un examen final, atenta a ver si finalmente me cogen para un trabajo, a punto de entrar en un quirófano o ¡a saber qué!…Pero no, lo que estoy es a punto de hacer la Ruta de las Fortalezas de Cartagena, un proyecto “deportivo cívico-militar” que este año presenta ya su VII edición, a la cual, Dios mediante, la menda lerenda no pretende faltar.

Así que mañana, si Dios y mi cuerpo me lo permiten, podré superar mis 51km del tirón. Sí, sí, 51 kilómetros: 1, 2, 3, 4, 5, 6,……..y 51. Hay una pregunta que no para de hacerme la gente en las últimas dos semanas ¿estás preparada? Y la verdad es que no lo sé…y hasta que no vea si cruzo el arco de meta seguiré sin saberlo.

Pero lo que sí sé es que he disfrutado mucho de la experiencia de preparar el reto. Han sido bastantes los domingos levantándome a las 6:30 de la mañana para tirar “pa´l monte, como las cabras”…Con lluvia y sin ella, con viento y sin él…y siempre cansada, eso sí. Salidas en ayunas para intentar arañar unos minutos más de sueño, lumbalgia, síndrome piramidal, dolor de rodilla, gripe…Todo ha valido la pena porque a pesar de todo he disfrutado del camino como una enana.

Con mis compañeras de batallas, Trinity, Maryhurts y Marine, he subido cuestas andando y corrido montones de llanos. Largas salidas que además nos daban tiempo, primero para hablar de nuestras niñas, después de nuestros maridos y finalmente del cacao mental que llevamos con tanto consejo que nos han dado a cada una para la prueba…

¿Habrá algo más complicado que “gestionarse” una carrera? Corre la semana de antes, no corras; come arroz, come pasta, salmón con patata asada va muy bien; lleva geles, con cafeína o sin ella, sales, protección solar, barritas, frutos secos; tómate un ibuprofeno antes y otro durante, o mejor paracetamol; zapatilla de trail o de carretera; esta malla o la otra; cuidado que no te roce la camiseta, que son muchas horas; que si una copita de vino tinto la noche anterior…”chusca” el día de antes, o no “chusques”…No os podéis imaginar el estrés que me ha causado todo esto y lo que me he podido reír a la vez compartiendo con mis compis estas historias.

Aún no sé si seré capaz de terminar la ruta, y en caso de que sí, tampoco sé si podré hacerlo en un tiempo decente. Tampoco sé en qué estado terminaré para la cena que pretendemos marcarnos después. Ni siquiera sé si el lunes tendré fuerzas suficientes para subir las escaleras de la oficina.

Pero lo que sí sé, es que una vez más me he retado a mí misma, he salido de mi zona de confort y le he puesto ganas al asunto para defenderlo lo mejor posible, y siempre tratando de disfrutar al máximo en el camino. Porque para eso están los retos – los personales y los profesionales – para demostrarse a uno mismo que con compromiso, fuerza de voluntad y empeño se puede conseguir cualquier cosa. Y si a pesar de todo eso no se consigue, no pasa nada, porque si estás abierto a ello, pronto te cruzarás con otra oportunidad que te lleve al éxito.

¡¡¡Arriésgate a vivir y a hacer cosas nuevas siempre, que vale la pena!!!

DOS VIAJES Y UN DESTINO

ESCAPADA SIN NIÑAS

Llegas a casa, comes tranquilamente y, con la música que te gusta de fondo, te preparas el equipaje.

Compruebas no dejarte nada atrás antes de salir, te metes en el coche, echas gasolina y con la música que te gusta de fondo – no es que me repita, es que no tener que estar haciendo de dj para mis bichos tiene mucho valor para mi – conversas con tu pareja, más música, silencios placenteros y finalmente llegas a destino.

ESCAPADA CON NIÑAS

Llegas a casa, revisas la maleta de las niñas y empiezas con los “por si acaso” hasta que la llenas a reventar con ropa de temporada, pretemporada y postemporada.

Te preparas algo de comer mientras empiezas a pensar en lo que tienes que echar en tu maleta. Comes mientras gritas a las niñas que se vayan duchando a la vez que escuchas la misma pelea de todos los días sobre quién tiene que ser la primera en hacerlo. Llegas al baño, te las encuentras a las dos en pelotas y metes en la ducha a la primera que pillas a mano, intentando hacer oídos sordos a sus protestas. Acabas con las duchas y le dices a las dos, que están monísimas de la muerte con sus vestimentas nuevas, que se sienten a ver los dibus mientras tú terminas de prepararlo todo. Aprovechas para meter tu ropa en el hueco que te queda en la maleta y empiezas a preparar el set de medicinas (por si acaso) y la comida con la que piensas callar sus bocas cada vez que digan que tienen hambre durante la travesía. Pero no hay tiempo, tienen hambre ya. Les das algo para que no te vuelvan loca con el soniquete y terminas de preparar las bolsas de aseo.

Por fin crees que lo tienes todo listo y te puedes sentar a tomar el café que se quedó helado en la cocina con algo de dulce para ir celebrando que es viernes, cuando de repente oyes cómo una de ellas estampa su cabeza contra el marco de la puerta: llantos, hielo para el golpe, más llantos…a la mierda el café, ya no me apetece.

Conseguimos sentarnos todos en el coche, selfie familiar con caritas super sonrientes y…¡Allá vamos! Echamos gasolina, arrancamos y oyes el siguiente “mami, tengo hambre” de la tarde. Te pasas cinco minutos intentando abrir el brik de galletas de los Simpson – señores de Arluy, por favor, intenten que sus briks se puedan abrir sin tener que dejarse los dedos rompiendo el paquete de galletas entero; eso o, por favor, pásenme el nombre del pegamento que usan para el cierre del pliegue, porque estoy segura de que me valdría para subir el bajo de de los pantalones sin tener que llevarlos a que me los cosan. Consigues abrir el paquete mientras sientes la mirada del conductor sobre tu sien en plan, ¿cómo te puede estar costando tanto, no ves que es un simple brik? Y con una uña rota y alguna que otra magulladura en los dedos, le entrego las galletas a la una mientras la otra me pide un sándwich, ¿y para qué? Pues para descubrir que la de las galletas en realidad quería un sándwich de pavo SIN queso, “please mami”.

Hago reparto de sándwiches a oscuras en el coche. Sin queso para una y con para la otra…“mami, ¿seguro que el mío no tiene queso? Seguro cariño”. Tengo que decir a mi favor que aún mantengo la sonrisa y el buen rollo a estas alturas de la película…hasta yo misma me sorprendo. Pasan otro par de minutos y…”mami, pero de verdad, dime que no lleva queso”…Empiezo a sospechar que igual me he equivocado en el reparto, enciendo la luz y efectivamente…Cambio de sándwich: “este no lleva queso cariño, te lo prometo”.

Aún no has salido de Murcia y crees que todavía es posible que puedas relajarte un rato antes de llegar a destino, cuando te piden aguas por atrás y coca cola por el lado. “¿Ha pasado ya una hora mami? No hija, han pasado apenas 20 minutos. ¿Por qué no os dormís un rato y así cuando lleguemos estáis despejadas para la cena? No mami, mejor jugamos a algo…”

Pasan los kilómetros y el tiempo. Jugamos al veo veo, las palabras encadenadas y la lista de la compra. Se nos acaban los juegos y las ganas de jugar, pero no de hablar…de hablar “tenemos muchas ganas”:

  • Mira mami, la luna sonríe esta noche, como tata y como yo.
  • Mami, las estrellas fugaces ¿son estrellas o meteroritos? ¿dónde acaban?
  • Mami, las estrellas “jujan” (fugaces para los cristiano-parlantes) ¿van a la luna y vuelven?
  • ¿Qué es esa luz roja?
  • ¡Mira cuántas estrellas!
  • ¡Hala! Por mi lado hay más.
  • ¿Cuándo llegamos?
  • ¿Ha pasado ya una hora?
  • ¿Si? ¡Qué rápido!
  • ¿A qué jugamos ahora?

Jugamos a los sustantivos, nos cansamos. Intento poner la radio pero ya estamos en una zona sin señal para ésta y sin servicio para el móvil.

Faltan 20 minutos para llegar. Una de ellas termina callando y cayendo –aunque sean 20 minutos, le vendrá bien descansar, a ella y a mi. Nos quedamos conversando con la mayor, que no saber por qué, pero no puede parar de hablar y finalmente llegamos a destino.

Así es. Existen dos maneras de viajar, con niños y sin niños.

Con niños es una locura, un no parar de nada…Ni de hablar, ni de reír, ni de jugar, ni de pelear, ni de llorar…¡ni de disfrutar! Todo es intenso y por momentos echas muy en falta los momentos de silencio y soledad, pero sus caras de felicidad, sus comentarios, sus conversaciones, sus juegos…¡son lo más!

Y viajar sin niños…¡pues qué te voy a contar!; es una pasada y se me saltan las lágrimas sólo de pensarlo…Vuelves a recuperar durante unos días tu identidad.

Pero eso sí, la clave de todo, una vez más, es abrazar lo que sucede en el ahora, disfrutar del momento y estar, donde sea y con quien sea, al 100%.

Y con estas llegamos a las vacaciones de Semana Santa, ideales para disfrutar de nuestros niños quien los tenemos y de la libertad para hacer lo que les de la gana, los que no.

¡Que ustedes lo pasen bien!

Cenas de chicas y algo más

una imagen vale mas

Hoy, buceando por mi muro de Twitter, me he encontrado con un artículo del periodista gastronómico Mikel López Iturriaga que hablaba de cualquier cosa menos de gastronomía.

Como hacemos todos a menudo en algún momento del día, se ha dispuesto a intentar hablar de algo de lo que no tiene conocimiento apenas, en este caso, “las cenas de chicas”. Comparto el enlace contigo por si te interesa y así le damos visitas a la página, que imagino será lo que más le satisfaga al autor: ‘Cena que no has de comer’, el espanta hombres de El Comidista.

Tras leerlo y como mujer solidaria que me considero, no he querido que Mikel se quedara con la incógnita de lo que son esas cenas…

La verdad, Mikel, es que el tema tiene contenido para hablar más allá de la discriminación que sufres por no asistir a dichos eventos. Te lo voy a intentar explicar – póngase por delante, eso sí que yo soy chica/mujer/cuarentona, pero no periodista, por lo que ruego disculpes mis carencias lingüísticas a la hora de expresarme y escribir.

A ver, escribir sobre las cenas de chicas en una revista femenina como Harper’s Bazaar no debe producirte retortijones ni resultarte tan peligroso como comentas. Simplemente con saber un poco del tema es suficiente. Pero tranquilo, tampoco creo que por el vacío contenido de lo que escribes nadie te vaya a tachar de machista.

Verás, esas chicas que nos juntamos de vez en cuando para cenar, no buscamos más que un hueco en nuestras apretadas o relajadas agendas para poder desahogarnos con las demás, echarnos unas risas, ¡qué digo unas risas!…para descojonarnos un rato de todo lo que nos rodea y por su puesto para disfrutar de la buena mesa.

No hay tema, por grave y duro que sea, que una mesa rodeada de chicas no sea capaz de desmitificar para tratarlo en clave de humor, y eso querido Mikel no tiene precio. Hablamos de todo: de lo bueno y de lo malo. Hablamos de nuestros maridos, para descubrir que – mitos aparte como mi marido – al final son todos iguales y que, como dice el sabio refranero español, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Hablamos de nuestros hijos, sus progresos cuando son más pequeños y sus incursiones temerosas en el mundo de la adolescencia cuando van creciendo. Hablamos de las demás chicas que no están en esa cena, porque sí, Mikel, alguna crítica que otra a las demás, siempre cae. Hablamos de sexo, de quién lo hace, quién no, del qué y del cómo, porque como en mi época escolar, más que de sexualidad, nos hablaban de religión y de lo importante que era llegar virgen al matrimonio, pues no hay nada como una cena de chicas para enriquecer tus conocimientos o para darte cuenta de que sabes lo suficiente sobre el tema. Hablamos del trabajo, nuestros jefes, compañeros, motivaciones y desmotivaciones, cremas, gimnasios y trucos de belleza…

Unas veces eres tú la que peor está y otras son las demás, pero siempre sabes que de una cena de chicas saldrás con las pilas lo suficientemente cargadas como para aguantar a tus hijos, tu marido, tu suegra y todas tus historias hasta la próxima.

Despejadas tus dudas sobre los temas de conversación, vamos con el tema de la comida. Sí, durante la semana muchas vivimos entre el Bicentury, las ensaladas y la carne y el pescado a la plancha; todo ello siempre regado con agua. Pero en las cenas de chicas, ¡nos soltamos la melena, chico! Esa noche estamos dispuestas y entregadas al HOMENAJE, así en mayúsculas. Nos lo comemos y nos lo bebemos todo, sano o insano, da igual que llenemos el cuerpo de hidratos por una noche: pan, pasta, pizza, mejicano, japonés, peruano…La verdad es que solemos variar y así aprovechar la ocasión para enriquecer nuestra cultura gastronómica, algo que tu, como buen periodista en la materia seguro que valoras.

Ya sólo me queda explicarte por qué no invitamos a los chicos. Básicamente te diré que alguien que no es capaz de entender nuestro idioma, sea chico o chica, es inútil que venga, porque sólo conseguiría aguarnos la fiesta y nuestras cenas son sagradas.

Para esas ocasiones en las que buscas la mezcolanza ya tenemos las demás cenas, a las que también vamos y de las que también sabemos disfrutar y enriquecernos.

Espero que ahora tengas una idea más clara de lo enriquecedora que puede llegar a ser una cena de chicas.

Una cosa más, que no estés disfrutando de las cenas homólogas que organizan los chicos como yo con las de chicas, me preocupa un poco. ¿O quizás exagerabas un poco con tu artículo?

Y como no podía ser de otra manera, me despido con una de las frases de una de las reinas de las cenas de chicas: “Puede que no se deba poner etiquetas a nadie, solo a la moda” Carrie Bradshow

cenas de chicas

 

 

¿Te has comprometido ya?

propositos

Dice el poema: “tres eran tres las hijas de Elena, tres eran tres, y ninguna fue buena”. Y en mi caso, tres, fueron tres, las semanas en las que me puse buena, fina y de “hincheta“…

Me despedí hace ya más de un mes del 2015 a través del blog, con la intención de desconectar y disfrutar de mis merecidas vacaciones. Y vaya si las disfruté. Las comencé con el firme propósito que me hago todos los años y todas las veces que me voy de vacaciones: cuidarme sin caer en la gula de empalmar desayunos con comidas y comidas con cenas. Y no sólo eso, sino que además, esta vez sí que iba a ser capaz de mantener mis rutinas de ejercicio…¿Te suena, verdad? Pues eso, tres semanas de hincharme a comer, beber y cero deporte. Y cuando digo cero, es CERO, “null”, ausencia total. Aunque tengo que reconocer que, para tranquilidad del ligero remordimiento que asomaba por mi mente en los escasos momentos de descanso que tuve, decidí considerar deporte el andar de un lado a otro sin parar, quedando con unos y con otros y llevando a mis bichos a cualquier evento navideño.

Total, que ahora, después de casi un mes desde mi vuelta, ya tengo claro y semiasumido que también serán tres los meses que tardaré en recuperar el tipo, cosa que tampoco está del todo mal, porque creo que cuando vuelva a disfrutar de unos días de desconexión y como manda la tradición, llegaré a tiempo de disfrutar a tope de la época de la torrija.

Este año me ha costado, o mejor dicho, me ha dado mucha pereza volver a la rutina después de pasarme tres semanas en mi tierra y dando algún saltito que otro por la península. También me ha costado sentarme a pensar en mis propósitos de año nuevo, pero ya he conseguido hacer los deberes.

Dicen que uno se compromete más a hacer algo cuando lo comparte con los demás…Aun así, podría relatarte unos cuantos propósitos que no he logrado alcanzar a pesar de haberlos gritado a los cuatro vientos. Pero como comparto esa reflexión, voy a aprovechar ahora que son las 5:30 de la mañana y tengo un hueco, para dejar unos cuantos por escrito. Los propósitos personales, los voy a dejar escritos en mi libreta, así que ahí van los que yo denomino “técnicos”:

  • En la categoría de deporte y salud me propongo conseguir hacer una dominada en barra sin goma a lo largo del año. Te reirás, pero llevo ya año y medio para conseguir hacerlas con goma y la cosa no es nada fácil. No sé si este en realidad este es propósito para mí o más bien debería serlo para mi entrenador…así que Ismael, por favor toma nota y no me dejes quedar mal a final de año. Por lo demás, sé que seguiré moviendo el cuerpo mientras pueda, porque no hay mejor medicina para el estado de ánimo que la de mover el trasero y sudar la camiseta.
  • En la categoría de estilo de vida me propongo ser consciente de, allá donde esté y con quien esté, estar al 100%.
  • En la categoría de hogar me propongo ser más ordenada. Sí, un tópico, pero un tópico que ahora que me paso los fines de semana gritando detrás de mis bichos para que ordenen todo lo que ponen por medio, es urgente acatar. Está claro que hay que predicar con el ejemplo.
  • En la categoría de hobbies me propongo aprender algo sobre cómo va esto del WordPress. Llevo ya casi un año escribiendo en este blog y mientras termino de decidir si mantenerlo o no, voy a aprovechar para nutrirme de algunos “blogconsejos” ¡Ya tengo fichado el primer taller de trabajo que quiero hacer en Madrid en unas semanas! También, después de llevar meses escuchando una vocecita en mi cabeza que me lo tararea de vez en cuando, me propongo retomar el estudio de ruso o chino.
  • En la categoría de negocios y economía he decidido no ponerme grandes retos. Me conformo con ahorrar algo a fin de mes, eso sí, empezando desde febrero.
  • En la categoría de viajes y tiempo libre me he propuesto seguir como estoy, porque creo que no se puede ser más culo de mal asiento que yo.

Y yo creo que con estos propósitos técnicos voy bien servida, que el que mucho abarca, ya sabemos que poco arrima.

Ahora que soy consciente de mis propósitos y me he comprometido con ellos después de haberlos dejado por escrito, “sólo” será cuestión de seguir tirando de fuerza de voluntad para alcanzarlos.

Y hablando de fuerza de voluntad…Aprovecho para hacer un inciso para todos aquellos perezosos y holgazanes que cuando desisten de hacer algo encuentran consuelo en decir que ellos, pobres, no tienen fuerza de voluntad. Señores, la fuerza de voluntad no se tiene por obra y magia del Espíritu Santo, se trabaja. Así que si eres de esos y a modo de sugerencia, te propondría que en tus propósitos de año nuevo incluyeses el de trabajar tu fuerza de voluntad.

El que no consigue hacer algo, es porque no le ha dado la gana, así que dejemos de disfrazar nuestra falta de ganas con falta de voluntad, venzamos a la pereza y comprometámonos de verdad con nosotros mismos.

Tampoco me vengas con el cuento de la falta de tiempo, que primero de todo, hay que saber gestionarlo, y después está el interés por aprovecharlo.

Y una cosa más, sea lo que sea lo que te propongas hacer, hazlo siempre con música de fondo!

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Feliz fin de semana, feliz fin de mes y Feliz Año Nuevo.

Me voy de baja ¿por maternidad?

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¿Por qué será que nunca creo tener derecho a estar de baja? No, no me estoy refiriendo a las bajas por enfermedad y no, tampoco he vuelto a ser madre. Hablo de las bajas que deberíamos tener de vez en cuando para respirar y resetearnos sin que ni el remordimiento ni los malos pensamientos de los demás nos torturen…

Llevo alrededor de quince días maldurmiendo. Sé que no es ninguna novedad y que para mí eso más bien debería ser minucia, sobre todo después de haber superado con matrícula de honor el master en Nocturnidad Infantil – una nueva titulación que añado a mi Cv después de haber tenido dos Bichos incapaces de dormir la noche del tirón hasta estar bien creciditas.

El caso es que ahora que Bichito está más cerca de los cuatro años que de los tres, cada vez son más largos los intervalos de sueño que hago cada noche, pero desde hace unos quince días…¡que horror! Cuando no son llantos, son vómitos, o si no, ronquidos, fiebres, más llantos…Total, que después de la racha de trabajo que lleva una, el deporte, las salidas, cocinar, escribir y un largo etcétera, una está más que para vacaciones de Navidad, para meterse en una burbuja de oxígeno y no salir de ella hasta después de Nochevieja (por cierto, ese podría ser un buen regalo de Reyes).

Y para colmo, aún tengo que aguantar que me digan que con todo lo que llevo por delante está claro que alguna de mis facetas de la vida tengo que tener desatendida…¡Manda narices!

Pero lo cierto es que sí, existe una faceta que yo, como muchas de las mujeres que conozco tengo – cada vez menos, eso sí – algo desatendida, y es la de cuidarme a mi misma. ¿Por qué será que las mujeres tendemos a interponer las necesidades de cualquier otro a las nuestras? ¿y más allá de eso, por qué cuando decidimos, dentro de todas nuestras obligaciones diarias, incluir nuestros “caprichos” tenemos que estar aguantando la jocosidad del “qué bien te lo montas, eh”?

Pues sí señores, después de pasar mucho tiempo montándomelo bastante mal, desde hace cosa de un par de años procuro montármelo lo mejor que puedo.

Aceptamos que tengamos que pasar noches en vela dando medicinas o aguantando rabietas y ronquidos; aceptamos trabajar al 100% en casa , en la oficina o en los dos sitios; aceptamos tener que estar pendientes de las compras, las cenas, los deberes de los niños y todo lo que nos pongan por delante. Pero por favor, acepten ustedes sin jocosidades ni rintintines que algunas noches durmamos con tapones – que por muy incómodos que resulten, siempre son mejores que cualquier ruido del entorno; acepten que nos demos algún masaje o nos hagamos un tratamiento de belleza para sentirnos mejor; acepten que queramos quedar con nuestras amistades a solas, sin tener que apuntarlo en el calendario para recordárnoslo cada mes; acepten que un día no nos apetezca hacer cena; pero sobre todo, acepten que de vez en cuando, sólo de vez en cuando, queramos cogernos la “baja por maternidad” para poder curarnos de un gripazo sin tener que estar atendiendo a los que nos rodean, o mejor aún, para regalarnos un” día Loreal”, lleno de “porque yo lo valgo” y estar a nuestro aire…

Y no se preocupen ustedes, que el día que estemos de “baja por maternidad”, no necesitaremos que nos llamen cada quince minutos para preguntarnos qué tal estamos, ni sabremos cuánto faltará para volver a casa. También nos dará igual lo que coman los niños ese día, y mucho menos nos importará lo conjuntados que salgan a la calle.

Hoy estoy agotada, no tanto física como mentalmente. Empiezan mis vacaciones y tengo en casa un importante cuadro vírico que me rodea desde hace quince días, el cual me ha estado dando tregua, pero eso sí,  hasta que mañana empiece a descansar cuando llegue al regazo de mis padres (y ganaría cualquier apuesta a que esto es así, porque sieeeeeempre, pero siemmmmmpre, me tengo que poner mala en vacaciones. Pero también sé que durante estos días, también disfrutaré de lo más parecido a una “baja por maternidad”.

Tengo diecinueve días por delante para hacer lo que me dé la gana, para saborear el final del año acompañada de los míos.

Y no, no será una baja por maternidad, porque aunque a veces piense que eso es lo que me gustaría, sé que lo que realmente necesito de vez en cuando es sentirme buena madre, buena mujer, buena hija, buena hermana y buena compañera…Así que durante las próximas semanas me dedicaré a ello.

Tampoco quería acabar el año sin dar las gracias a cada una de las casi 3.000 visitas que ha recibido mi blog desde que “me dio la gana” crearlo hace 8 meses. De acuerdo que cualquier bloguera de las top se reiría de mis 3.000 visitas, que para ellas se traducen en los “me gusta” que recibe cada una de sus entradas, pero para mi ya es más de lo que esperaba cuando empecé esta travesía.

Una cosa más, ahora que llega el momento estrella  del año para pensar en los propósitos de año nuevo, hazte el favor de montártelo lo mejor posible a partir del año que viene, si es que no lo haces ya. Y dicho esto, tu y yo seguiremos encontrándonos por aquí mientras nos siga dando la gana a los dos. 

Hoy creo que no podía encontrar mejor manera de despedirme que con esta canción.

Y ahora sí, hasta el año que viene, amigos.

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