Sing-along: Mamma Mia (cine-karaoke)

sing along

EXPERIENCIA: CINE CON KARAOKE

VALORACIÓN: POSITIVA

RECOMENDACIÓN: TOTAL. VETE CON UN GRUPO DE AMIGOS.

O lo que es lo mismo, disfrutar de una película entretenida mientras puedes hacer lo que te de la gana en el cine y desfogar todo lo que quieras, tomándote una copa con chuches, cantando y bailando…y cómo no, celebrando el triunfo del Real Madrid.

En cuanto @tontxita me mandó el enlace a la compra de entradas, supe que tenía que ir. Una película que me gusta, con una banda sonora que me gusta aún más y que ahora me ofrecía la posibilidad de cantar a “grito pelao” en medio del cine. Sabía que si iba, me iba a desgañitar, y sobre todo a partirme de la risa con mi @La_Marimorena_

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Llegamos y fuimos directas a la barra, encantadas de que pudiésemos entrar con la copa a la sala. Tras pasar por el photocall, donde los dos actores, simpatiquísimos posaban con todos, compramos nuestro kit de actuación para ir entrando en ambiente y empezamos a mimetizarnos con la sala.

Fueron más de dos horas de disfrute, de olvidarme de los malos rollos que rondan por mi cabeza últimamente y de reír. Eso sí, si no estás dispuesto a participar, ahórrate el viaje, porque seguro que no lo pasas tan bien y acabarás harto de ver a tanta gente haciendo el ganso a la vez. Pero si piensas participar ve, ve y ve.

Mientras espero a ver si meten a Murcia dentro de su programación, aquí te dejo el enlace a su web para que puedas comprar tu entrada: PROGRAMACIÓN SING-ALONG

Te recomiendo que entres en la web además para conocer los eventos de empresa que organizan. Seguro que valen la pena a la hora de preparar una píldora de oxígeno para los compañeros, incluso una buena opción para la “cena de empresa” de este año!!!

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Ruta de las Fortalezas #fromlosttotheriver

ruta camiseta

Me duele la rodilla, la cadera y hasta un juanete que hacía años que no daba señales de vida…Llevo dos días enganchada al Aero-red para ver si se me pasa este dolor e hinchazón de panza que tengo. Agobiada a ratos y eufórica a otros…así estoy pasando la semana.

Vistos los síntomas podrías estar pensando que estoy pendiente de que me den las notas de un examen final, atenta a ver si finalmente me cogen para un trabajo, a punto de entrar en un quirófano o ¡a saber qué!…Pero no, lo que estoy es a punto de hacer la Ruta de las Fortalezas de Cartagena, un proyecto “deportivo cívico-militar” que este año presenta ya su VII edición, a la cual, Dios mediante, la menda lerenda no pretende faltar.

Así que mañana, si Dios y mi cuerpo me lo permiten, podré superar mis 51km del tirón. Sí, sí, 51 kilómetros: 1, 2, 3, 4, 5, 6,……..y 51. Hay una pregunta que no para de hacerme la gente en las últimas dos semanas ¿estás preparada? Y la verdad es que no lo sé…y hasta que no vea si cruzo el arco de meta seguiré sin saberlo.

Pero lo que sí sé es que he disfrutado mucho de la experiencia de preparar el reto. Han sido bastantes los domingos levantándome a las 6:30 de la mañana para tirar “pa´l monte, como las cabras”…Con lluvia y sin ella, con viento y sin él…y siempre cansada, eso sí. Salidas en ayunas para intentar arañar unos minutos más de sueño, lumbalgia, síndrome piramidal, dolor de rodilla, gripe…Todo ha valido la pena porque a pesar de todo he disfrutado del camino como una enana.

Con mis compañeras de batallas, Trinity, Maryhurts y Marine, he subido cuestas andando y corrido montones de llanos. Largas salidas que además nos daban tiempo, primero para hablar de nuestras niñas, después de nuestros maridos y finalmente del cacao mental que llevamos con tanto consejo que nos han dado a cada una para la prueba…

¿Habrá algo más complicado que “gestionarse” una carrera? Corre la semana de antes, no corras; come arroz, come pasta, salmón con patata asada va muy bien; lleva geles, con cafeína o sin ella, sales, protección solar, barritas, frutos secos; tómate un ibuprofeno antes y otro durante, o mejor paracetamol; zapatilla de trail o de carretera; esta malla o la otra; cuidado que no te roce la camiseta, que son muchas horas; que si una copita de vino tinto la noche anterior…”chusca” el día de antes, o no “chusques”…No os podéis imaginar el estrés que me ha causado todo esto y lo que me he podido reír a la vez compartiendo con mis compis estas historias.

Aún no sé si seré capaz de terminar la ruta, y en caso de que sí, tampoco sé si podré hacerlo en un tiempo decente. Tampoco sé en qué estado terminaré para la cena que pretendemos marcarnos después. Ni siquiera sé si el lunes tendré fuerzas suficientes para subir las escaleras de la oficina.

Pero lo que sí sé, es que una vez más me he retado a mí misma, he salido de mi zona de confort y le he puesto ganas al asunto para defenderlo lo mejor posible, y siempre tratando de disfrutar al máximo en el camino. Porque para eso están los retos – los personales y los profesionales – para demostrarse a uno mismo que con compromiso, fuerza de voluntad y empeño se puede conseguir cualquier cosa. Y si a pesar de todo eso no se consigue, no pasa nada, porque si estás abierto a ello, pronto te cruzarás con otra oportunidad que te lleve al éxito.

¡¡¡Arriésgate a vivir y a hacer cosas nuevas siempre, que vale la pena!!!

DOS VIAJES Y UN DESTINO

ESCAPADA SIN NIÑAS

Llegas a casa, comes tranquilamente y, con la música que te gusta de fondo, te preparas el equipaje.

Compruebas no dejarte nada atrás antes de salir, te metes en el coche, echas gasolina y con la música que te gusta de fondo – no es que me repita, es que no tener que estar haciendo de dj para mis bichos tiene mucho valor para mi – conversas con tu pareja, más música, silencios placenteros y finalmente llegas a destino.

ESCAPADA CON NIÑAS

Llegas a casa, revisas la maleta de las niñas y empiezas con los “por si acaso” hasta que la llenas a reventar con ropa de temporada, pretemporada y postemporada.

Te preparas algo de comer mientras empiezas a pensar en lo que tienes que echar en tu maleta. Comes mientras gritas a las niñas que se vayan duchando a la vez que escuchas la misma pelea de todos los días sobre quién tiene que ser la primera en hacerlo. Llegas al baño, te las encuentras a las dos en pelotas y metes en la ducha a la primera que pillas a mano, intentando hacer oídos sordos a sus protestas. Acabas con las duchas y le dices a las dos, que están monísimas de la muerte con sus vestimentas nuevas, que se sienten a ver los dibus mientras tú terminas de prepararlo todo. Aprovechas para meter tu ropa en el hueco que te queda en la maleta y empiezas a preparar el set de medicinas (por si acaso) y la comida con la que piensas callar sus bocas cada vez que digan que tienen hambre durante la travesía. Pero no hay tiempo, tienen hambre ya. Les das algo para que no te vuelvan loca con el soniquete y terminas de preparar las bolsas de aseo.

Por fin crees que lo tienes todo listo y te puedes sentar a tomar el café que se quedó helado en la cocina con algo de dulce para ir celebrando que es viernes, cuando de repente oyes cómo una de ellas estampa su cabeza contra el marco de la puerta: llantos, hielo para el golpe, más llantos…a la mierda el café, ya no me apetece.

Conseguimos sentarnos todos en el coche, selfie familiar con caritas super sonrientes y…¡Allá vamos! Echamos gasolina, arrancamos y oyes el siguiente “mami, tengo hambre” de la tarde. Te pasas cinco minutos intentando abrir el brik de galletas de los Simpson – señores de Arluy, por favor, intenten que sus briks se puedan abrir sin tener que dejarse los dedos rompiendo el paquete de galletas entero; eso o, por favor, pásenme el nombre del pegamento que usan para el cierre del pliegue, porque estoy segura de que me valdría para subir el bajo de de los pantalones sin tener que llevarlos a que me los cosan. Consigues abrir el paquete mientras sientes la mirada del conductor sobre tu sien en plan, ¿cómo te puede estar costando tanto, no ves que es un simple brik? Y con una uña rota y alguna que otra magulladura en los dedos, le entrego las galletas a la una mientras la otra me pide un sándwich, ¿y para qué? Pues para descubrir que la de las galletas en realidad quería un sándwich de pavo SIN queso, “please mami”.

Hago reparto de sándwiches a oscuras en el coche. Sin queso para una y con para la otra…“mami, ¿seguro que el mío no tiene queso? Seguro cariño”. Tengo que decir a mi favor que aún mantengo la sonrisa y el buen rollo a estas alturas de la película…hasta yo misma me sorprendo. Pasan otro par de minutos y…”mami, pero de verdad, dime que no lleva queso”…Empiezo a sospechar que igual me he equivocado en el reparto, enciendo la luz y efectivamente…Cambio de sándwich: “este no lleva queso cariño, te lo prometo”.

Aún no has salido de Murcia y crees que todavía es posible que puedas relajarte un rato antes de llegar a destino, cuando te piden aguas por atrás y coca cola por el lado. “¿Ha pasado ya una hora mami? No hija, han pasado apenas 20 minutos. ¿Por qué no os dormís un rato y así cuando lleguemos estáis despejadas para la cena? No mami, mejor jugamos a algo…”

Pasan los kilómetros y el tiempo. Jugamos al veo veo, las palabras encadenadas y la lista de la compra. Se nos acaban los juegos y las ganas de jugar, pero no de hablar…de hablar “tenemos muchas ganas”:

  • Mira mami, la luna sonríe esta noche, como tata y como yo.
  • Mami, las estrellas fugaces ¿son estrellas o meteroritos? ¿dónde acaban?
  • Mami, las estrellas “jujan” (fugaces para los cristiano-parlantes) ¿van a la luna y vuelven?
  • ¿Qué es esa luz roja?
  • ¡Mira cuántas estrellas!
  • ¡Hala! Por mi lado hay más.
  • ¿Cuándo llegamos?
  • ¿Ha pasado ya una hora?
  • ¿Si? ¡Qué rápido!
  • ¿A qué jugamos ahora?

Jugamos a los sustantivos, nos cansamos. Intento poner la radio pero ya estamos en una zona sin señal para ésta y sin servicio para el móvil.

Faltan 20 minutos para llegar. Una de ellas termina callando y cayendo –aunque sean 20 minutos, le vendrá bien descansar, a ella y a mi. Nos quedamos conversando con la mayor, que no saber por qué, pero no puede parar de hablar y finalmente llegamos a destino.

Así es. Existen dos maneras de viajar, con niños y sin niños.

Con niños es una locura, un no parar de nada…Ni de hablar, ni de reír, ni de jugar, ni de pelear, ni de llorar…¡ni de disfrutar! Todo es intenso y por momentos echas muy en falta los momentos de silencio y soledad, pero sus caras de felicidad, sus comentarios, sus conversaciones, sus juegos…¡son lo más!

Y viajar sin niños…¡pues qué te voy a contar!; es una pasada y se me saltan las lágrimas sólo de pensarlo…Vuelves a recuperar durante unos días tu identidad.

Pero eso sí, la clave de todo, una vez más, es abrazar lo que sucede en el ahora, disfrutar del momento y estar, donde sea y con quien sea, al 100%.

Y con estas llegamos a las vacaciones de Semana Santa, ideales para disfrutar de nuestros niños quien los tenemos y de la libertad para hacer lo que les de la gana, los que no.

¡Que ustedes lo pasen bien!

Cenas de chicas y algo más

una imagen vale mas

Hoy, buceando por mi muro de Twitter, me he encontrado con un artículo del periodista gastronómico Mikel López Iturriaga que hablaba de cualquier cosa menos de gastronomía.

Como hacemos todos a menudo en algún momento del día, se ha dispuesto a intentar hablar de algo de lo que no tiene conocimiento apenas, en este caso, “las cenas de chicas”. Comparto el enlace contigo por si te interesa y así le damos visitas a la página, que imagino será lo que más le satisfaga al autor: ‘Cena que no has de comer’, el espanta hombres de El Comidista.

Tras leerlo y como mujer solidaria que me considero, no he querido que Mikel se quedara con la incógnita de lo que son esas cenas…

La verdad, Mikel, es que el tema tiene contenido para hablar más allá de la discriminación que sufres por no asistir a dichos eventos. Te lo voy a intentar explicar – póngase por delante, eso sí que yo soy chica/mujer/cuarentona, pero no periodista, por lo que ruego disculpes mis carencias lingüísticas a la hora de expresarme y escribir.

A ver, escribir sobre las cenas de chicas en una revista femenina como Harper’s Bazaar no debe producirte retortijones ni resultarte tan peligroso como comentas. Simplemente con saber un poco del tema es suficiente. Pero tranquilo, tampoco creo que por el vacío contenido de lo que escribes nadie te vaya a tachar de machista.

Verás, esas chicas que nos juntamos de vez en cuando para cenar, no buscamos más que un hueco en nuestras apretadas o relajadas agendas para poder desahogarnos con las demás, echarnos unas risas, ¡qué digo unas risas!…para descojonarnos un rato de todo lo que nos rodea y por su puesto para disfrutar de la buena mesa.

No hay tema, por grave y duro que sea, que una mesa rodeada de chicas no sea capaz de desmitificar para tratarlo en clave de humor, y eso querido Mikel no tiene precio. Hablamos de todo: de lo bueno y de lo malo. Hablamos de nuestros maridos, para descubrir que – mitos aparte como mi marido – al final son todos iguales y que, como dice el sabio refranero español, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Hablamos de nuestros hijos, sus progresos cuando son más pequeños y sus incursiones temerosas en el mundo de la adolescencia cuando van creciendo. Hablamos de las demás chicas que no están en esa cena, porque sí, Mikel, alguna crítica que otra a las demás, siempre cae. Hablamos de sexo, de quién lo hace, quién no, del qué y del cómo, porque como en mi época escolar, más que de sexualidad, nos hablaban de religión y de lo importante que era llegar virgen al matrimonio, pues no hay nada como una cena de chicas para enriquecer tus conocimientos o para darte cuenta de que sabes lo suficiente sobre el tema. Hablamos del trabajo, nuestros jefes, compañeros, motivaciones y desmotivaciones, cremas, gimnasios y trucos de belleza…

Unas veces eres tú la que peor está y otras son las demás, pero siempre sabes que de una cena de chicas saldrás con las pilas lo suficientemente cargadas como para aguantar a tus hijos, tu marido, tu suegra y todas tus historias hasta la próxima.

Despejadas tus dudas sobre los temas de conversación, vamos con el tema de la comida. Sí, durante la semana muchas vivimos entre el Bicentury, las ensaladas y la carne y el pescado a la plancha; todo ello siempre regado con agua. Pero en las cenas de chicas, ¡nos soltamos la melena, chico! Esa noche estamos dispuestas y entregadas al HOMENAJE, así en mayúsculas. Nos lo comemos y nos lo bebemos todo, sano o insano, da igual que llenemos el cuerpo de hidratos por una noche: pan, pasta, pizza, mejicano, japonés, peruano…La verdad es que solemos variar y así aprovechar la ocasión para enriquecer nuestra cultura gastronómica, algo que tu, como buen periodista en la materia seguro que valoras.

Ya sólo me queda explicarte por qué no invitamos a los chicos. Básicamente te diré que alguien que no es capaz de entender nuestro idioma, sea chico o chica, es inútil que venga, porque sólo conseguiría aguarnos la fiesta y nuestras cenas son sagradas.

Para esas ocasiones en las que buscas la mezcolanza ya tenemos las demás cenas, a las que también vamos y de las que también sabemos disfrutar y enriquecernos.

Espero que ahora tengas una idea más clara de lo enriquecedora que puede llegar a ser una cena de chicas.

Una cosa más, que no estés disfrutando de las cenas homólogas que organizan los chicos como yo con las de chicas, me preocupa un poco. ¿O quizás exagerabas un poco con tu artículo?

Y como no podía ser de otra manera, me despido con una de las frases de una de las reinas de las cenas de chicas: “Puede que no se deba poner etiquetas a nadie, solo a la moda” Carrie Bradshow

cenas de chicas

 

 

¿Te has comprometido ya?

propositos

Dice el poema: “tres eran tres las hijas de Elena, tres eran tres, y ninguna fue buena”. Y en mi caso, tres, fueron tres, las semanas en las que me puse buena, fina y de “hincheta“…

Me despedí hace ya más de un mes del 2015 a través del blog, con la intención de desconectar y disfrutar de mis merecidas vacaciones. Y vaya si las disfruté. Las comencé con el firme propósito que me hago todos los años y todas las veces que me voy de vacaciones: cuidarme sin caer en la gula de empalmar desayunos con comidas y comidas con cenas. Y no sólo eso, sino que además, esta vez sí que iba a ser capaz de mantener mis rutinas de ejercicio…¿Te suena, verdad? Pues eso, tres semanas de hincharme a comer, beber y cero deporte. Y cuando digo cero, es CERO, “null”, ausencia total. Aunque tengo que reconocer que, para tranquilidad del ligero remordimiento que asomaba por mi mente en los escasos momentos de descanso que tuve, decidí considerar deporte el andar de un lado a otro sin parar, quedando con unos y con otros y llevando a mis bichos a cualquier evento navideño.

Total, que ahora, después de casi un mes desde mi vuelta, ya tengo claro y semiasumido que también serán tres los meses que tardaré en recuperar el tipo, cosa que tampoco está del todo mal, porque creo que cuando vuelva a disfrutar de unos días de desconexión y como manda la tradición, llegaré a tiempo de disfrutar a tope de la época de la torrija.

Este año me ha costado, o mejor dicho, me ha dado mucha pereza volver a la rutina después de pasarme tres semanas en mi tierra y dando algún saltito que otro por la península. También me ha costado sentarme a pensar en mis propósitos de año nuevo, pero ya he conseguido hacer los deberes.

Dicen que uno se compromete más a hacer algo cuando lo comparte con los demás…Aun así, podría relatarte unos cuantos propósitos que no he logrado alcanzar a pesar de haberlos gritado a los cuatro vientos. Pero como comparto esa reflexión, voy a aprovechar ahora que son las 5:30 de la mañana y tengo un hueco, para dejar unos cuantos por escrito. Los propósitos personales, los voy a dejar escritos en mi libreta, así que ahí van los que yo denomino “técnicos”:

  • En la categoría de deporte y salud me propongo conseguir hacer una dominada en barra sin goma a lo largo del año. Te reirás, pero llevo ya año y medio para conseguir hacerlas con goma y la cosa no es nada fácil. No sé si este en realidad este es propósito para mí o más bien debería serlo para mi entrenador…así que Ismael, por favor toma nota y no me dejes quedar mal a final de año. Por lo demás, sé que seguiré moviendo el cuerpo mientras pueda, porque no hay mejor medicina para el estado de ánimo que la de mover el trasero y sudar la camiseta.
  • En la categoría de estilo de vida me propongo ser consciente de, allá donde esté y con quien esté, estar al 100%.
  • En la categoría de hogar me propongo ser más ordenada. Sí, un tópico, pero un tópico que ahora que me paso los fines de semana gritando detrás de mis bichos para que ordenen todo lo que ponen por medio, es urgente acatar. Está claro que hay que predicar con el ejemplo.
  • En la categoría de hobbies me propongo aprender algo sobre cómo va esto del WordPress. Llevo ya casi un año escribiendo en este blog y mientras termino de decidir si mantenerlo o no, voy a aprovechar para nutrirme de algunos “blogconsejos” ¡Ya tengo fichado el primer taller de trabajo que quiero hacer en Madrid en unas semanas! También, después de llevar meses escuchando una vocecita en mi cabeza que me lo tararea de vez en cuando, me propongo retomar el estudio de ruso o chino.
  • En la categoría de negocios y economía he decidido no ponerme grandes retos. Me conformo con ahorrar algo a fin de mes, eso sí, empezando desde febrero.
  • En la categoría de viajes y tiempo libre me he propuesto seguir como estoy, porque creo que no se puede ser más culo de mal asiento que yo.

Y yo creo que con estos propósitos técnicos voy bien servida, que el que mucho abarca, ya sabemos que poco arrima.

Ahora que soy consciente de mis propósitos y me he comprometido con ellos después de haberlos dejado por escrito, “sólo” será cuestión de seguir tirando de fuerza de voluntad para alcanzarlos.

Y hablando de fuerza de voluntad…Aprovecho para hacer un inciso para todos aquellos perezosos y holgazanes que cuando desisten de hacer algo encuentran consuelo en decir que ellos, pobres, no tienen fuerza de voluntad. Señores, la fuerza de voluntad no se tiene por obra y magia del Espíritu Santo, se trabaja. Así que si eres de esos y a modo de sugerencia, te propondría que en tus propósitos de año nuevo incluyeses el de trabajar tu fuerza de voluntad.

El que no consigue hacer algo, es porque no le ha dado la gana, así que dejemos de disfrazar nuestra falta de ganas con falta de voluntad, venzamos a la pereza y comprometámonos de verdad con nosotros mismos.

Tampoco me vengas con el cuento de la falta de tiempo, que primero de todo, hay que saber gestionarlo, y después está el interés por aprovecharlo.

Y una cosa más, sea lo que sea lo que te propongas hacer, hazlo siempre con música de fondo!

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Feliz fin de semana, feliz fin de mes y Feliz Año Nuevo.

Me voy de baja ¿por maternidad?

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¿Por qué será que nunca creo tener derecho a estar de baja? No, no me estoy refiriendo a las bajas por enfermedad y no, tampoco he vuelto a ser madre. Hablo de las bajas que deberíamos tener de vez en cuando para respirar y resetearnos sin que ni el remordimiento ni los malos pensamientos de los demás nos torturen…

Llevo alrededor de quince días maldurmiendo. Sé que no es ninguna novedad y que para mí eso más bien debería ser minucia, sobre todo después de haber superado con matrícula de honor el master en Nocturnidad Infantil – una nueva titulación que añado a mi Cv después de haber tenido dos Bichos incapaces de dormir la noche del tirón hasta estar bien creciditas.

El caso es que ahora que Bichito está más cerca de los cuatro años que de los tres, cada vez son más largos los intervalos de sueño que hago cada noche, pero desde hace unos quince días…¡que horror! Cuando no son llantos, son vómitos, o si no, ronquidos, fiebres, más llantos…Total, que después de la racha de trabajo que lleva una, el deporte, las salidas, cocinar, escribir y un largo etcétera, una está más que para vacaciones de Navidad, para meterse en una burbuja de oxígeno y no salir de ella hasta después de Nochevieja (por cierto, ese podría ser un buen regalo de Reyes).

Y para colmo, aún tengo que aguantar que me digan que con todo lo que llevo por delante está claro que alguna de mis facetas de la vida tengo que tener desatendida…¡Manda narices!

Pero lo cierto es que sí, existe una faceta que yo, como muchas de las mujeres que conozco tengo – cada vez menos, eso sí – algo desatendida, y es la de cuidarme a mi misma. ¿Por qué será que las mujeres tendemos a interponer las necesidades de cualquier otro a las nuestras? ¿y más allá de eso, por qué cuando decidimos, dentro de todas nuestras obligaciones diarias, incluir nuestros “caprichos” tenemos que estar aguantando la jocosidad del “qué bien te lo montas, eh”?

Pues sí señores, después de pasar mucho tiempo montándomelo bastante mal, desde hace cosa de un par de años procuro montármelo lo mejor que puedo.

Aceptamos que tengamos que pasar noches en vela dando medicinas o aguantando rabietas y ronquidos; aceptamos trabajar al 100% en casa , en la oficina o en los dos sitios; aceptamos tener que estar pendientes de las compras, las cenas, los deberes de los niños y todo lo que nos pongan por delante. Pero por favor, acepten ustedes sin jocosidades ni rintintines que algunas noches durmamos con tapones – que por muy incómodos que resulten, siempre son mejores que cualquier ruido del entorno; acepten que nos demos algún masaje o nos hagamos un tratamiento de belleza para sentirnos mejor; acepten que queramos quedar con nuestras amistades a solas, sin tener que apuntarlo en el calendario para recordárnoslo cada mes; acepten que un día no nos apetezca hacer cena; pero sobre todo, acepten que de vez en cuando, sólo de vez en cuando, queramos cogernos la “baja por maternidad” para poder curarnos de un gripazo sin tener que estar atendiendo a los que nos rodean, o mejor aún, para regalarnos un” día Loreal”, lleno de “porque yo lo valgo” y estar a nuestro aire…

Y no se preocupen ustedes, que el día que estemos de “baja por maternidad”, no necesitaremos que nos llamen cada quince minutos para preguntarnos qué tal estamos, ni sabremos cuánto faltará para volver a casa. También nos dará igual lo que coman los niños ese día, y mucho menos nos importará lo conjuntados que salgan a la calle.

Hoy estoy agotada, no tanto física como mentalmente. Empiezan mis vacaciones y tengo en casa un importante cuadro vírico que me rodea desde hace quince días, el cual me ha estado dando tregua, pero eso sí,  hasta que mañana empiece a descansar cuando llegue al regazo de mis padres (y ganaría cualquier apuesta a que esto es así, porque sieeeeeempre, pero siemmmmmpre, me tengo que poner mala en vacaciones. Pero también sé que durante estos días, también disfrutaré de lo más parecido a una “baja por maternidad”.

Tengo diecinueve días por delante para hacer lo que me dé la gana, para saborear el final del año acompañada de los míos.

Y no, no será una baja por maternidad, porque aunque a veces piense que eso es lo que me gustaría, sé que lo que realmente necesito de vez en cuando es sentirme buena madre, buena mujer, buena hija, buena hermana y buena compañera…Así que durante las próximas semanas me dedicaré a ello.

Tampoco quería acabar el año sin dar las gracias a cada una de las casi 3.000 visitas que ha recibido mi blog desde que “me dio la gana” crearlo hace 8 meses. De acuerdo que cualquier bloguera de las top se reiría de mis 3.000 visitas, que para ellas se traducen en los “me gusta” que recibe cada una de sus entradas, pero para mi ya es más de lo que esperaba cuando empecé esta travesía.

Una cosa más, ahora que llega el momento estrella  del año para pensar en los propósitos de año nuevo, hazte el favor de montártelo lo mejor posible a partir del año que viene, si es que no lo haces ya. Y dicho esto, tu y yo seguiremos encontrándonos por aquí mientras nos siga dando la gana a los dos. 

Hoy creo que no podía encontrar mejor manera de despedirme que con esta canción.

Y ahora sí, hasta el año que viene, amigos.

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Solidarizar-me/te/nos

solidarizate

¡Ole con ole! ¡Ya tenemos casi todos el arbolito de Navidad luciendo en casa!

En nuestros teléfonos no paran de sonar las notificaciones de “whatsapp” que pretenden organizar nuestra vida durante las Navidades con trillones de comidas, cenas y encuentros varios. Agendas apretadas y falta de tiempo para llegar a todo: comidas familiares; comidas con los amigos de toda la vida y los de la nueva – los padres del cole, los colegas del gym, los de las extraescolares y los del más allá – compras por aquí y compras por allá…

Sí señor, ya es Navidad en El Corte Inglés, en tu casa y en la mía.

A estas alturas de la película algunos ya deciden ser realistas para reconocer que este año tampoco han conseguido dejar de fumar, ni quitarse los kilos de más, ni instalar en sus vidas el método Kakebo para ahorrar algo…Pero seguro que algo de lo que te propusiste el año pasado lo has conseguido. Igual no vas a llegar a correr la San Silvestre, pero ya has creado la rutina de salir dos o tres veces a correr durante la semana; o puede que no hayas llegado al final del año con una talla menos pero que tampoco hayas aumentado, que llegar al 31 de diciembre estando igual que el año pasado ya tiene su mérito…

Seguro que ya has dicho o has oído a quien mencione por ahí la famosa frase de “para el año que viene voy a…”. Pero hay algo que no deberías dejar más y que todavía puedes hacer antes de que acabe el año.

Hoy me he topado en mi Instagram con esta frase de la adorable Madre Teresa que me ha incitado a compartir contigo este post:

never worry about numbers

Para los que este año tampoco os quitáis la espinita de no aprender inglés, y con el permiso de los cientos de miles de traductores que seguramente siguen mi blog, la frase viene a decir lo siguiente: “No te preocupes por la cantidad. Ayuda a una persona cada vez, y empieza siempre por quien esté más cerca de ti”.

Pues sí, amigos, algo que sí podemos hacer antes de que acabe el año es ayudar a los demás. Y como dice la Madre Teresa, no hace falta que hagas la mejor y más grande de las acciones…es suficiente que empieces con quien tienes más cerca…

Hay muchas maneras de ayudar a los demás, multitudes…millones diría yo…Y la verdad es que resulta vergonzoso lo poco que somos capaces de esforzarnos por ayudar a los demás. Es cierto que España puede presumir de ser un país solidario, pero también es verdad que o nos lo dan muy masticadito y fácil de hacer o poco esfuerzo hacemos por nuestra cuenta para arrimar el hombro.

Eso por un lado, y luego por otro, somos los reyes de las excusas. Que si para qué voy a ayudar si luego quién me garantiza a mi que la ayuda llegue; que si para qué vas a apadrinar un niño si el dinero a saber dónde se queda; si casi no tengo tiempo para mí, cómo voy a sacarlo para los demás…Todo esto hablando de solidaridad en palabras mayores, pero si bajamos a la realidad de nuestro día a día, tres cuartos de lo mismo…¡Si a veces, a la hora de echar una mano a alguien, casi que nos resulta más fácil echársela al cuello!

Pues eso queridos. Puede que mi mensaje de hoy resulte un poco moñas pero si con mi anterior post brindaba por vivir la Navidad como si fuésemos niños, con este quiero me encantaría tocar tu tecla de la solidaridad, para que vivas la experiencia de ayudar a alguien a pasar unas mejores fiestas. Cuesta encontrar tiempo para ser solidario, pero cuando empiezas y ves lo fácil que es intentar arrimar el hombro solo con tu presencia, tus manos y tus conocimientos, no te perdonas el no haber empezado antes.

No hace falta que te conviertas en la Madre Teresa, sólo tienes que convertirte en la mejor versión de ti mismo.

Navega un poco entre las diferentes opciones que tienes para colaborar con los demás y encontrarás la que mejor encaje contigo y con tu disponibilidad. Puedes elegir ser miembro de una ONG, apadrinar un niño, colaborar con campañas de recogidas; puedes decidir hacer compañía a enfermos o personas mayores; o puede que aportes tu granito de arena haciendo colaboración virtual, traduciendo las revistas de las ONG, o dando asistencia administrativa desde casa. Quizás decidas cuidar un poco más al mendigo con el que te cruzas a diario; o quizás prefieras montar tu propia ONG…¿Qué se yo?, maneras de ayudar hay tantas como cabezas pensantes.

Ya sé que tu agenda está repleta de eventos, pero sólo se necesitas unas manos, una cabeza y sacrificar un poco de tu tiempo propio para conseguir que las Navidades de los demás sean especiales.

Tengo que reconocer que llevaba tiempo queriendo escribir sobre lo bien que estaría que todos fuésemos un poquito más solidarios, pero había una parte de mi a la que tengo que reconocer que le daba vergüenza hacerlo, porque ¿quién soy yo para hablar de solidaridad a los demás? Pero también es cierto que porqué no. Yo sé que siempre puedo hacer más por los demás, llevo unos años tomado consciencia de ello y estoy decidida a comprometerme conmigo misma a hacerlo. Ahora decide tú.

Y como me gusta despedirme de mis entradas con algún buen video, aquí te dejo este que he visto multitud de veces y que refleja muy bien de lo que se trata cuando hablamos de solidaridad:

play video solidaridad

Querido Grinch

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Esta semana, después de siete años, me he hecho un tratamiento de belleza…Pero no, no ese tratamiento que te estás imaginando, en el que te meten en una cabina con velas y música suave de fondo. Se trata de algo mucho más básico y carente de glamour alguno.

Total, que me ha tocado despiojarme señores…¡Argggg! Es que es oír la palabra piojo y me entran picores hasta en las uñas de los pies…El pasado fin de semana no me quedó otra que hacerle el tratamiento a Mis Bichos porque había visto que una de ellas se rascaba la cabeza y ante mi pregunta “¿te pica la cabeza, cariño?” obtuve la gran tan temida respuesta de “sí, mami, me pica por aquí…y por aquí también”. Así que, aprovechando las horas de sol para intentar captar cualquier tipo de liendre y/u/o piojo, me pasé unas cuantas horas, liendrera en mano, bizqueando sobre las cabezas de Mis Bichos.

No sé si por mis indicios de presbicia o por mi negación absoluta a la posibilidad de convivir con piojos en casa, pero lo cierto es que no vi ninguno…Aun así, dos días después, recordando el tema mientras intentaba conciliar el sueño, decidí aplicarme el “tratamiento de belleza” a mi misma, para acabar con cualquier posibilidad de estar invadida…

Manda narices, un porrón de años sin hacerme ningún tipo de tratamiento y cuando decido retomar el tema, empiezo por despiojarme. ¿Por qué sanidad no mete una vacuna en el calendario de nuestros enanos que sea anti piojos? ¿No le ponen una antiparásitos a los perros?…igual algo similar sería suficiente, porque pase que Mis Bichos tengan varicela, gastroenteritis, diarreas, vómitos…¿¡¿¡¿¡¿pero piojos?!?!?!?

En fin, dejemos de hablar de piojos porque llevo 211 palabras rascándome la cabeza y es probable que tú también.

Typic lucesLlega la Navidad amigos, y yo que llevo con el árbol puesto desde hace tres semanas ya he empezado a hacer balance del año antes de plantearme el que viene…Año intenso este, pero ¿cuál no lo es?…Nos hemos metido en un modo de vida taaaaaan frenético que ahora no hay año en el que uno llegue agotado a tomarse las uvas. Pero si hay algo que me guste de todos los fines de año, es la Navidad…Hay que ver el buen rollo que me dan a mí un arbolito y unas lucecitas cálidas alrededor de la casa. Cierto es, que como cada año llego más cansada, cada vez pongo más luces. Creo que la proporción correcta es, a más luces, mejor estado de ánimo, así que mi casa bien podría parecerse una verbena – no, un “puti”, no – tanto, que ya quisiera la Feria de Abril tener un “alumbrao” como el mío. Aún me queda mucho por aprender de nuestros amigos los americanos, pero ahí voy, pasito a pasito.

Llega la Navidad y los “Grinches” empiezan a reivindicar su espacio, con que si ya estamos con las obligaciones de las comidas, que si qué rollo sacar del trastero la caja del árbol, que si que hartón de villancicos…Y digo yo: ¡Vive y deja vivir, querido Grinch!, que yo respeto que no te gusten estas celebraciones, pero tampoco hay porqué estar tirándolas abajo durante todas las vacaciones.

Aunque aún estamos pendientes del estreno del anuncio con el que Freixenet le felicitará las fiestas este año a Artur Mas, ya hemos descubierto el tierno anuncio de la Lotería Nacional de este año y ayer tuve la ocasión de ver el anuncio experimental de Suchard.

En el anuncio se dedican a preguntarles a padres y a hijos, por separado, cómo ven y viven la Navidad. Los primeros, con los que no me identifico para nada, son los “Grinches” del anuncio, y los segundos, te puedes imaginar…Mientras unos hablan de agobios, obligaciones, estrés y mal rollo, los otros hablan luces, unión familiar, magia, tiempo de convivir…

Es fácil que te imagines cómo acaba el anuncio, pero aun así, te invito a verlo. Recuerda que tú también fuiste niño, así que lo más probable es que durante mucho tiempo se te iluminase la cara como se le ilumina a un niño cuando habla de la Navidad.

Al final cada uno decide cómo quiere vivir su vida, y eso también incluye cómo quiere vivir la Navidad. Yo, de momento, decido seguir viviéndola como una niña, y decido seguir emocionándome cuando Mis Bichos me preguntan, mientras se rascan sus cabezas – ya no por las liendres, sino por cómo tanto producto antipiojo les va secando el cuero cabelludo – en qué libro les apuntaron los pajes de los Reyes Magos anoche cuando vinieron a preguntar qué tal se habían portado durante el día. Decido seguir pensando con ilusión en mi carta a los Reyes Magos. Decido seguir apuntándome a todas las comidas – y ya con la ayuda de Dios, el ejercicio y algún tratamiento de belleza de los de velas y música relajante que pienso retomar, perderemos los kilos de más el año que viene. Decido disfrutar encendiendo el “alumbrao” de mi casa cada noche y disfrutar haciendo galletas con forma de abeto, corazones, estrellitas y renos…porque así es mi Navidad. Y no te estoy preguntando qué tal te parece, así que ahórrate tus sermones antinavideños porque no me interesan, querido Grinch.

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“Regreso al futuro II” y cosas de niños.

reloj regreso al fut

Podría dedicar este post a comentar que esta semana empiezo con mi nueva década, la “década prodigiosa” de los 40, pero no…Lo que de verdad ha llegado esta semana, es ese famoso 21 de octubre de 2015 que, hace más de veinticinco años, visualizábamos todos a través de una de las películas más famosas de mi infancia – madre mía, ¡si es que ya cumplo cuarenta! Estoy hablando de lo mismo que comentan hoy todos los medios, de “Regreso al futuro II”.

Cuando nuestro querido Michael J.Fox se aventuró a ver el futuro a través de los ojos de Marty McFly, llegó también a mis ojos un futuro muy diferente al que vivo hoy. Coches que volaban, zapatillas que se ajustaban solas, patinetes sin ruedas…Aunque son muchas las relaciones que existen con el mundo de hoy cuando vuelves a ver la película ahora – videoconferencias, imágenes 3D, detectores de huellas dactilares…- es cierto que muchas cosas que hace casi treinta años se veían como futuristas hoy se siguen viendo igual de lejanas.

Recuerdo que de pequeña, cada vez que hacía un dibujo futurista, aparte de ser bastante mediocre porque siempre he dibujado fatal, en él aparecían coches voladores, personas con zapatillas voladoras, supermercados en el espacio…

Hoy, cuando iba con la tropa – cuatro niñas y yo – camino del colegio, les he preguntado a ellas cómo se imaginaban el futuro. El resultado ha sido que justo lo veían igualito que Marty McFly, que yo y probablemente que los hijos que tengan ellas – dentro de otra veintena de años como mínimo, espero. Una hablaba de coches voladores; otra de zapatillas con cohetes y alas; todas estaban de acuerdo en que sería un robot quien recogería los juguetes; entre la mayor y yo dotábamos a la ropa de aptitudes para hablar y decirte qué ponerte cada día…

He disfrutado mucho comprobando cómo su visión del mundo futurista era muy similar a la que tenía yo a su edad, viendo como volaba su imaginación y empezaban a soñar cosas que ellas están convencidas de que pasarán en unos años y de las que yo tengo mis dudas. No hay nada como la cabeza de un niño para soñar e imaginar cosas aparentemente inalcanzables y que de repente un día uno consigue. Mentes libres de prejuicios y pensamientos guiados pero que, poco a poco, van llenándose de barreras y bloqueos.

Quizá si nos acostumbramos a pensar más como niños para dejar volar nuestra imaginación, podemos ser capaces de llegar más lejos, de lograr cosas que aparentemente nos puedan resultar inalcanzables; capaces de llegar a un futuro que, aunque no tenga coches voladores, sea el futuro con el que sueña cada uno de nosotros.

Y para eso, dos consejos. El primero, que hables mucho con los niños; con los tuyos y con los de los demás. Pero no hables sólo para dar órdenes y organizar, “pierde el tiempo con ellos”, pídeles opinión sobre cómo harían ellos las cosas o trata de averiguar qué punto de vista te pueden aportar ante una circunstancia determinada.

El otro consejo es que dejes de lado tu sentido del ridículo y los imites; no en el sentido de cogerte una pataleta y liarla en el súper porque no te compren chocolate. Imítalos en el sentido de no ver el miedo a la hora de aprender y evolucionar.

Yo creo que escuchar e imitar a los niños cuando somos mayores nos ayuda a seguir creciendo. Tenemos la ventaja de poder ser niños pero con la sabiduría de las experiencias vividas con el paso de los años.

Quien tiene hijos, en algún momento ha dicho la famosa frase “este sabe más que Lepe”…Pues bien, si eso es cierto y tienes niños a tu alrededor, estás perdiendo una gran oportunidad de aprender si no te acercas mucho a ellos.saben mas que lepe

El mundo está lleno de futbolistas que deseaban serlo desde niños; médicos que por vocación pasaron años aferrados a un sueño hasta aprobar el MIR; cantantes que pese a fracasar con la entrega de muchas de sus maquetas, por fin llegaron a vivir el soñado día en que alguien se interesó por ellos. Mi suegra decidió estudiar inglés con sesenta años; mi madre maneja su Tablet y su Smartphone perfectamente porque cuando vio que sus hijos compartían un chat de Whatsapp, ella también quiso formar parte de eso; mi marido no tuvo miedo cuando hace dieciséis años decidió abandonar un país donde su futuro era incierto, para aventurarse a probar suerte cruzando el charco; Toñi decidió un día que trabajar en la televisión no era lo suyo y buscó otra salida laboral volviendo a estudiar; Paco empezó a correr para retomar el deporte hace tres años y ya ha superado su tercer Ironman; Angélica decidió un día reinventarse para volver al mercado laboral y se sacó su carrera mientras criaba a sus dos gemelos para poder volver a formar parte de una empresa, que además la contrató (después de volver a ser becaria a los treinta y tantos); mi amiga Alicia, a sus cuarenta años, acaba de cumplir su sueño de ser madre…Y así podría seguir contando los logros de todas las personas que conozco, amigos y familiares hasta llegar a escribir mi segundo libro…

Tú, que estás leyendo esto, sé que también te has sentido orgulloso u orgullosa en algún momento, porque un día pensaste romper las barreras y bloqueos mentales que tenías para conseguir hacer algo que hasta ese momento creías imposible: coser, correr, pintar, estudiar, emprender tu propio negocio…

Todos en algún momento de nuestra vida – y espero que sea muy a menudo – hemos soñado con algo como si fuéramos niños; hemos sido capaces de vencer nuestro miedo, olvidar nuestra vergüenza y superar las cuestas del camino hasta conseguir disfrutar del sabor del éxito cuando alcanzamos ese sueño.

Como “Regreso al futuro 2”, ha habido y habrá multitud de películas futuristas, pero sólo tú, escuchando a tu niño y sabio interiores, tienes la suerte de escribir sobre el futuro que formará parte de tu película.

Y ahora sí, te dejo disfrutar de nuevo de la película completa, pero con un video de sólo trece minutos de duración…¡cosas del futuro!

video regreso al futuro

Hoy me ha vuelto a pasar…

meme julio

Hoy me he vuelto a sentir “súpermegamalamadre”.

Ya estamos en Year3 en el cole – no es por hacerme la pija, es que realmente no sé a qué curso de primaria (o quizás es infantil) corresponde el Year3 al que va mi Bicho, y mira que me lo dijo Eva cuando fui a apuntarla a catequesis el otro día.

Year3 y poco a poco las matemáticas van cogiendo su nivel. Sí, puede que te suene triste, pero teniendo en cuenta mi habilidad para cálculo, lo de los niños de siete años para mí ya es nivel. Si yo – que soy de las que se valen de las manos para sumar y restar – soy negada para los números, que tenga que empezar ahora a utilizar la lógica para adaptarme a los métodos que le enseñan a mi Bicho en el cole, ya me parece la repera. Y con estas hemos empezado el curso, desempolvando las “guías para padres poco avispados” que afortunadamente nos ha preparado el colegio para que seamos capaces de aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir con ellos. Siendo positiva, en la recta final para llegar a mis 40, ¡este puede ser un buen reto!

El caso es que el domingo perdí la paciencia con mi Bicho…Eso sí, tengo que decir a mi favor que estaba en esos días del mes en los que perder la paciencia es cosa fácil para mí. Aun así sé que no tengo excusa para la bronca que le eché a la pobre mía, porque no era capaz de explicarme el método que utilizaba para restar…Y ahí estábamos los tres, padre, madre y “el Espíritu Santo de mi Bicho”, que a veces creo que tiene el cielo ganado conmigo: que si tú no pones la raya, que si el de al lado le presta un número al otro, que si no disgregas las cifras entre centenas, decenas y unidades…Y nada, que la niña no era capaz de decirnos cómo lo hacía en el cole – y claro, cómo lo iba a hacer si para ella el razonamiento que hace ya es tan lógico que no necesita ni explicación. Y ahí estaba yo, vociferando a lo Mélody – manos arriba y manos abajo – lo mal que íbamos.

Toda digna, el lunes pedí tutoría con la profesora, quien muy amablemente me ha recibido esta mañana para decirme que la niña es un encanto, que va bien en matemáticas y que de hecho está en el grupo de los avanzados…¡¡¡De los avanzados y yo regañándola en casa hace tres días!!! De repente me he sentido llena de “orgullo y…remordimiento,”. Orgullosa de oír lo buena que es mi Bicho y con el remordimiento de haberle echado una bronca monumental que la pobre no se merecía…En fin, gajes del oficio. Agradecida quedo a la profesora por sus palabras, a mi hija por su sonrisa y a mi marido por no haberme echado la mirada de “te pasaste veinte pueblos…y lo sabes”.

El caso es que no es la primera vez que “la cago” – siento la expresión, pero no encuentro término más apropiado para la ocasión – ni será la última.

Hay quien piensa que me creo perfecta, cuando yo sé que estoy llena de defectos, imperfecciones y limitaciones. Pero si hay alguien a quien no le importa eso es a mis Bichos…”No importa mami”, “eres la mejor madre del mundo”, “de mayor quiero ser como tú”, “no sé si yo sabría vivir sin ti”, “qué buena eres y qué guapa estás hoy”…Estas y otras muchas expresiones, de las que no me creo merecedora en ocasiones, son las flores que mi Bicho de siete añitos no se cansa de echarme. Lo sé, llegará un día, en unos años en los que seré un estorbo para ella y no me pasará ni una, pero también sé que cuando se le pase ese “pavazo” volverá a perdonármelo todo…

No importa que hayamos tenido que salir a comprar leche en pijama alguna noche; ni que me haya olvidado de ella un día cuando a las 16:30, saliendo de una reunión, recibí una llamada del colegio para recordarme que mi hija seguía allí esperándome; no importa que confundiese el día de Halloween y la vistiese un día antes de “Catwoman”; no importa que le haya echado unas broncas inmerecidas; no importa que ayer no me apeteciese bailar con ella y que yo fuera sólo la espectadora de su show…Haga lo que haga, ahí está ella resaltando siempre lo bueno que tengo. ¡Si es que no me la merezco!

Seguro que si eres madre, padre o las dos cosas a la vez, te sientes bastante identificado con todo esto…O eso espero, porque mal de muchos, consuelo de tontos.

Hace unos años bautizaron el Club de las #Malasmadres en defensa a esa madre defectuosa que muere de amor por sus hijos y que no renuncia a seguir manteniendo su propio espacio. Yo creo que el auge y la gran divulgación que ha tenido dicho club obedecen, entre otras cosas, a que todas, de una u otra manera, nos sentimos identificadas con los defectos de las demás. Somos madres, pero también somos personas con vida propia y seres humanos que se equivocan con sus maridos, sus amistades, sus compañeros de trabajo y cómo no, con sus hijos.

Y además, te diré que no importa cuántas veces nos equivoquemos en nuestro papel de madres o padres, porque si nos equivocamos, eso también significa que al menos lo estamos intentando y sólo por eso, porque estamos haciendo todo lo posible por estar presentes en sus vidas, nuestros #buenoshijos siempre nos estarán agradecidos…o al menos hasta que llegue la edad del pavo.

Así que equivócate las veces que haga falta, aprende de tus errores y no sólo crecerás tú como persona, sino que además estarás ayudando a crecer a tus hijos.

Hoy le he pedido perdón a mi Bicho y ella me ha dicho: “no te preocupes mami, no pasa nada”…Así sin más, sin rencor ni enfado, sólo con una sonrisa y un abrazo que me han emocionado y me han hecho sentir, una vez más, que la faceta de madre es la que más me enriquece, la que más me pone los pies en la tierra y a la que más miedo al fracaso tengo…

Después hemos bailado juntas mientras Bichito “aporreaba” el piano, y con mi beso de buenas noches, mi Bicho me ha regalado otro “eres la mejor madre del mundo” mientras mi Bichito me susurraba un “eres la mejor madre y te voy a comprar muchas chuches”.

Igual no lo estamos haciendo tan mal…Mira este anuncio de Coca Cola.

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