DOS VIAJES Y UN DESTINO

ESCAPADA SIN NIÑAS

Llegas a casa, comes tranquilamente y, con la música que te gusta de fondo, te preparas el equipaje.

Compruebas no dejarte nada atrás antes de salir, te metes en el coche, echas gasolina y con la música que te gusta de fondo – no es que me repita, es que no tener que estar haciendo de dj para mis bichos tiene mucho valor para mi – conversas con tu pareja, más música, silencios placenteros y finalmente llegas a destino.

ESCAPADA CON NIÑAS

Llegas a casa, revisas la maleta de las niñas y empiezas con los “por si acaso” hasta que la llenas a reventar con ropa de temporada, pretemporada y postemporada.

Te preparas algo de comer mientras empiezas a pensar en lo que tienes que echar en tu maleta. Comes mientras gritas a las niñas que se vayan duchando a la vez que escuchas la misma pelea de todos los días sobre quién tiene que ser la primera en hacerlo. Llegas al baño, te las encuentras a las dos en pelotas y metes en la ducha a la primera que pillas a mano, intentando hacer oídos sordos a sus protestas. Acabas con las duchas y le dices a las dos, que están monísimas de la muerte con sus vestimentas nuevas, que se sienten a ver los dibus mientras tú terminas de prepararlo todo. Aprovechas para meter tu ropa en el hueco que te queda en la maleta y empiezas a preparar el set de medicinas (por si acaso) y la comida con la que piensas callar sus bocas cada vez que digan que tienen hambre durante la travesía. Pero no hay tiempo, tienen hambre ya. Les das algo para que no te vuelvan loca con el soniquete y terminas de preparar las bolsas de aseo.

Por fin crees que lo tienes todo listo y te puedes sentar a tomar el café que se quedó helado en la cocina con algo de dulce para ir celebrando que es viernes, cuando de repente oyes cómo una de ellas estampa su cabeza contra el marco de la puerta: llantos, hielo para el golpe, más llantos…a la mierda el café, ya no me apetece.

Conseguimos sentarnos todos en el coche, selfie familiar con caritas super sonrientes y…¡Allá vamos! Echamos gasolina, arrancamos y oyes el siguiente “mami, tengo hambre” de la tarde. Te pasas cinco minutos intentando abrir el brik de galletas de los Simpson – señores de Arluy, por favor, intenten que sus briks se puedan abrir sin tener que dejarse los dedos rompiendo el paquete de galletas entero; eso o, por favor, pásenme el nombre del pegamento que usan para el cierre del pliegue, porque estoy segura de que me valdría para subir el bajo de de los pantalones sin tener que llevarlos a que me los cosan. Consigues abrir el paquete mientras sientes la mirada del conductor sobre tu sien en plan, ¿cómo te puede estar costando tanto, no ves que es un simple brik? Y con una uña rota y alguna que otra magulladura en los dedos, le entrego las galletas a la una mientras la otra me pide un sándwich, ¿y para qué? Pues para descubrir que la de las galletas en realidad quería un sándwich de pavo SIN queso, “please mami”.

Hago reparto de sándwiches a oscuras en el coche. Sin queso para una y con para la otra…“mami, ¿seguro que el mío no tiene queso? Seguro cariño”. Tengo que decir a mi favor que aún mantengo la sonrisa y el buen rollo a estas alturas de la película…hasta yo misma me sorprendo. Pasan otro par de minutos y…”mami, pero de verdad, dime que no lleva queso”…Empiezo a sospechar que igual me he equivocado en el reparto, enciendo la luz y efectivamente…Cambio de sándwich: “este no lleva queso cariño, te lo prometo”.

Aún no has salido de Murcia y crees que todavía es posible que puedas relajarte un rato antes de llegar a destino, cuando te piden aguas por atrás y coca cola por el lado. “¿Ha pasado ya una hora mami? No hija, han pasado apenas 20 minutos. ¿Por qué no os dormís un rato y así cuando lleguemos estáis despejadas para la cena? No mami, mejor jugamos a algo…”

Pasan los kilómetros y el tiempo. Jugamos al veo veo, las palabras encadenadas y la lista de la compra. Se nos acaban los juegos y las ganas de jugar, pero no de hablar…de hablar “tenemos muchas ganas”:

  • Mira mami, la luna sonríe esta noche, como tata y como yo.
  • Mami, las estrellas fugaces ¿son estrellas o meteroritos? ¿dónde acaban?
  • Mami, las estrellas “jujan” (fugaces para los cristiano-parlantes) ¿van a la luna y vuelven?
  • ¿Qué es esa luz roja?
  • ¡Mira cuántas estrellas!
  • ¡Hala! Por mi lado hay más.
  • ¿Cuándo llegamos?
  • ¿Ha pasado ya una hora?
  • ¿Si? ¡Qué rápido!
  • ¿A qué jugamos ahora?

Jugamos a los sustantivos, nos cansamos. Intento poner la radio pero ya estamos en una zona sin señal para ésta y sin servicio para el móvil.

Faltan 20 minutos para llegar. Una de ellas termina callando y cayendo –aunque sean 20 minutos, le vendrá bien descansar, a ella y a mi. Nos quedamos conversando con la mayor, que no saber por qué, pero no puede parar de hablar y finalmente llegamos a destino.

Así es. Existen dos maneras de viajar, con niños y sin niños.

Con niños es una locura, un no parar de nada…Ni de hablar, ni de reír, ni de jugar, ni de pelear, ni de llorar…¡ni de disfrutar! Todo es intenso y por momentos echas muy en falta los momentos de silencio y soledad, pero sus caras de felicidad, sus comentarios, sus conversaciones, sus juegos…¡son lo más!

Y viajar sin niños…¡pues qué te voy a contar!; es una pasada y se me saltan las lágrimas sólo de pensarlo…Vuelves a recuperar durante unos días tu identidad.

Pero eso sí, la clave de todo, una vez más, es abrazar lo que sucede en el ahora, disfrutar del momento y estar, donde sea y con quien sea, al 100%.

Y con estas llegamos a las vacaciones de Semana Santa, ideales para disfrutar de nuestros niños quien los tenemos y de la libertad para hacer lo que les de la gana, los que no.

¡Que ustedes lo pasen bien!

Me voy de baja ¿por maternidad?

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¿Por qué será que nunca creo tener derecho a estar de baja? No, no me estoy refiriendo a las bajas por enfermedad y no, tampoco he vuelto a ser madre. Hablo de las bajas que deberíamos tener de vez en cuando para respirar y resetearnos sin que ni el remordimiento ni los malos pensamientos de los demás nos torturen…

Llevo alrededor de quince días maldurmiendo. Sé que no es ninguna novedad y que para mí eso más bien debería ser minucia, sobre todo después de haber superado con matrícula de honor el master en Nocturnidad Infantil – una nueva titulación que añado a mi Cv después de haber tenido dos Bichos incapaces de dormir la noche del tirón hasta estar bien creciditas.

El caso es que ahora que Bichito está más cerca de los cuatro años que de los tres, cada vez son más largos los intervalos de sueño que hago cada noche, pero desde hace unos quince días…¡que horror! Cuando no son llantos, son vómitos, o si no, ronquidos, fiebres, más llantos…Total, que después de la racha de trabajo que lleva una, el deporte, las salidas, cocinar, escribir y un largo etcétera, una está más que para vacaciones de Navidad, para meterse en una burbuja de oxígeno y no salir de ella hasta después de Nochevieja (por cierto, ese podría ser un buen regalo de Reyes).

Y para colmo, aún tengo que aguantar que me digan que con todo lo que llevo por delante está claro que alguna de mis facetas de la vida tengo que tener desatendida…¡Manda narices!

Pero lo cierto es que sí, existe una faceta que yo, como muchas de las mujeres que conozco tengo – cada vez menos, eso sí – algo desatendida, y es la de cuidarme a mi misma. ¿Por qué será que las mujeres tendemos a interponer las necesidades de cualquier otro a las nuestras? ¿y más allá de eso, por qué cuando decidimos, dentro de todas nuestras obligaciones diarias, incluir nuestros “caprichos” tenemos que estar aguantando la jocosidad del “qué bien te lo montas, eh”?

Pues sí señores, después de pasar mucho tiempo montándomelo bastante mal, desde hace cosa de un par de años procuro montármelo lo mejor que puedo.

Aceptamos que tengamos que pasar noches en vela dando medicinas o aguantando rabietas y ronquidos; aceptamos trabajar al 100% en casa , en la oficina o en los dos sitios; aceptamos tener que estar pendientes de las compras, las cenas, los deberes de los niños y todo lo que nos pongan por delante. Pero por favor, acepten ustedes sin jocosidades ni rintintines que algunas noches durmamos con tapones – que por muy incómodos que resulten, siempre son mejores que cualquier ruido del entorno; acepten que nos demos algún masaje o nos hagamos un tratamiento de belleza para sentirnos mejor; acepten que queramos quedar con nuestras amistades a solas, sin tener que apuntarlo en el calendario para recordárnoslo cada mes; acepten que un día no nos apetezca hacer cena; pero sobre todo, acepten que de vez en cuando, sólo de vez en cuando, queramos cogernos la “baja por maternidad” para poder curarnos de un gripazo sin tener que estar atendiendo a los que nos rodean, o mejor aún, para regalarnos un” día Loreal”, lleno de “porque yo lo valgo” y estar a nuestro aire…

Y no se preocupen ustedes, que el día que estemos de “baja por maternidad”, no necesitaremos que nos llamen cada quince minutos para preguntarnos qué tal estamos, ni sabremos cuánto faltará para volver a casa. También nos dará igual lo que coman los niños ese día, y mucho menos nos importará lo conjuntados que salgan a la calle.

Hoy estoy agotada, no tanto física como mentalmente. Empiezan mis vacaciones y tengo en casa un importante cuadro vírico que me rodea desde hace quince días, el cual me ha estado dando tregua, pero eso sí,  hasta que mañana empiece a descansar cuando llegue al regazo de mis padres (y ganaría cualquier apuesta a que esto es así, porque sieeeeeempre, pero siemmmmmpre, me tengo que poner mala en vacaciones. Pero también sé que durante estos días, también disfrutaré de lo más parecido a una “baja por maternidad”.

Tengo diecinueve días por delante para hacer lo que me dé la gana, para saborear el final del año acompañada de los míos.

Y no, no será una baja por maternidad, porque aunque a veces piense que eso es lo que me gustaría, sé que lo que realmente necesito de vez en cuando es sentirme buena madre, buena mujer, buena hija, buena hermana y buena compañera…Así que durante las próximas semanas me dedicaré a ello.

Tampoco quería acabar el año sin dar las gracias a cada una de las casi 3.000 visitas que ha recibido mi blog desde que “me dio la gana” crearlo hace 8 meses. De acuerdo que cualquier bloguera de las top se reiría de mis 3.000 visitas, que para ellas se traducen en los “me gusta” que recibe cada una de sus entradas, pero para mi ya es más de lo que esperaba cuando empecé esta travesía.

Una cosa más, ahora que llega el momento estrella  del año para pensar en los propósitos de año nuevo, hazte el favor de montártelo lo mejor posible a partir del año que viene, si es que no lo haces ya. Y dicho esto, tu y yo seguiremos encontrándonos por aquí mientras nos siga dando la gana a los dos. 

Hoy creo que no podía encontrar mejor manera de despedirme que con esta canción.

Y ahora sí, hasta el año que viene, amigos.

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Vacaciones de verano ¿para quién?

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Pues sí, como ya viene catando Fórmula V desde hace nada menos que cuarenta y tres añitos, atrás se quedan el invierno y la primavera para dar paso al veranitooooo!!!!!!

Pero ¡OMG! (Oh My God), también se acaban el colegio con su comedor tan apreciado por mi, las actividades extraescolares, la rutina de acostar a mis bichos a las nueve de la noche…¿¡¿¡¿cómo, cuándo, por qué?!?!? ¿quién decidió que la mejor manera de conciliar era la de darle a los niños tres meses de vacaciones de verano y a sus padres unas semanas? ¿por qué no decidí yo en su momento convertirme en una Srta. Rotenmeyer de primaria para coincidir con mis bichos en vacaciones?

Ahora entiendo lo que realmente querían cantar con esta letra: “Vacaciones de verano para mí, caminando por la arena junto a ti. Vacaciones de verano para mí. Hoy mi vida comienza a despertar, hoy se ha abierto la puerta sin llamar…”

¡Y tanto que mi vida comienza a despertar! Como que la paz que he conseguido después de conseguir crear una especie de rutina entre trabajo, estudios, extraescolares, gimnasio y salidas, se me acaba de desvanecer como una pompa de jabón a los segundos de salir del bote….snif, snif, snif.

¡Madre mía! Sólo de pensar en “la que se avecina” – el guión de la serie se me queda corto para lo que se me presenta este mes de julio –  estoy empezando a hiperventilar y a sentir tal ansiedad que antes de que me dé por atacar la despensa, voy a embutirme en mis mallas y a hacer algo de ejercicio para soltar (vuelvo en un rato)…

…Sí, sí, soltar he soltado un montón de gallos cantando las canciones setenteras de la clase de ciclo. En fin, tras veinte minutos en la cinta corriendo más rápido que nunca – no tanto por estar en forma como por querer huir de la situación – y después de haber sudado las 800 calorías que marcaba el pulsómetro de mi tío con la cañera Lorena, sigo teniendo ganas de paliar mi ansiedad con la comida, pero al menos cuento con esas calorías de colchón, que sin duda en un ratito empezaré a recuperar.

Lo dicho, nos pasamos el otoño, el invierno y la primavera creando una rutina mejor que la telaraña de cualquier tarántula y todos los años, cuando el mes de junio da comienzo, empezamos con las labores de investigación, en búsqueda de la opción perfecta para que nuestros renacuajos puedan tener la sensación, a partir de mañana, de estar de vacaciones asistiendo a una escuela diferente a la habitual. Campamentos, colegios convertidos en parques temáticos y semiacuáticos, deportes, escuela en el zoo…que si inglés, que si a ver si coinciden con algún amigo para que se les haga más atractiva la opción….En fin, incluso en el pueblo más remoto de nuestra península, por suerte es posible encontrar una opción que cubra nuestra necesidad en este momento, que ahora mismo se ha convertido en la primera dentro de las necesidades fisiológicas según la pirámide de Maslow.

Afortunadamente, también son cada vez más las empresas que en esta época del año se apiadan de sus empleados implantando las jornadas intensivas, que año tras año demuestran ser más productivas, aunque sea por el simple hecho de “si yo contento, yo trabajo mejor y si yo trabajo mejor, tu resultados mejor” – a simple vista, para los empresarios puede parecer una fórmula complicada, pero cuando se deciden a implantarla se dan cuenta de que es tan real como la de dos más dos igual a cuatro.

Bien, ya hemos seleccionado la escuela de verano y cuadrado nuestro horario con el de nuestros pequeñajos. Ahora, volvamos a nuestra canción: “Hoy mi vida comienza a despertar, hoy se ha abierto la puerta sin llamar, hoy te tengo a mi lado y soy feliz”.

Efectivamente, sólo nos queda disfrutar todo lo que podamos de esta época. Llegaron los días largos, terracitas, playa, piscina, fiestas, salidas…y ¡la mejor época para compartir, que ríete tú de la Navidad! Compartir el tiempo con tus niños, que querrán absorber cualquier milésima de segundo de tu tiempo contigo; con tu pareja, con quien el tiempo libre también os dará la libertad de discutir todo lo que quiera uno – es importante que recordéis que dos no discuten si uno no quiere; con los suegros, que un año más estarán encantados de que disfrutes tú también de esa casa en la playa que compraron en la época del Un, Dos, Tres, aunque eso sí, bajo sus normas; con tus cuñados, que o no pegarán palo al agua en la casa o de tanto limpiar y cumplir, no harán más que crearte remordimiento mientras les observas tirado en el sofá…

Así es, todos esperamos el verano con la mayor de las ansiedades. Ansiedad por seguir conciliando; por ver cómo encararemos las discusiones de todos los años; por no deprimirnos demasiado al ver cómo los michelines que prometimos quitarnos de encima el año pasado siguen ahí…

Pero lo cierto es que el verano está asociado al “buenrollismo”, y esa es la sensación con la que tenemos que vivir estos meses. Toca dejar los malos rollos aparte y empaparnos de agua y sol, de cerveza, vino y copitas – total, lo que no hemos hecho a estas alturas con nuestros michelines, mejor dejarlo para el verano que viene, que de nuevo tendremos un año por delante para alcanzar esa talla tan ansiada, y este año, lo conseguiremos sí o sí.

Y con estas me despido amigos. Son las 21:30 del domingo, el día más largo del año y es la hora de mi vinito dominguero.

En cuanto a mi conciliación veraniega:

SEMANA 1: niñas delegadas en manos de sus abuelos en Madrid…

Tengo que reconocer que mi verano no ha arrancado nada mal. Y mientras me despido hasta la próxima, os dejo con la canción que me ha inspirado esta entrada.

¡FELIZ VERANO!

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“ENTRE EL GYM Y EL ÑAM”: vacaciones, ¡OMG!

Los siete males me entraron el domingo cuando mi amiga Eva me recordó que este jueves, a las dos de la tarde, empiezan las vacaciones de Semana Santa en el colegio ¡Y nada menos que hasta el jueves 9 de abril!

¿Pero esto qué es? ¿En qué momento se decidió transformar la Semana Santa en casi una Quincena Demoníaca? El caso es que ahora que hemos superado las Navidades, la cuesta de enero y hemos encajado los bolillos de manera que nuestros hijos puedan conciliar colegio con actividades extraescolares – porque más que nuestras vidas, conciliamos las suyas– resulta que mi castillo de naipes se me vuelve a caer a cachos otra vez…Oh my God (OMG)!!!

Cuando en enero fui capaz de montarme una especie de rutina, la poca forma que había empezado a coger mi músculo del salero – dicen que tras él se esconde un tal tríceps –se había quedado por el camino entre turrones, viajes y alfajores. Y ahora, que de nuevo empiezo a palpar músculo cuando aprieto mucho el brazo resulta que le dan vacaciones a mis hijas.

Señor Wert, ¿no me podría hacer usted el favor de organizar el cole de las niñas para que se hagan cargo de ellas y no trastocar la poca conciliación que he podido hacer entre mi trabajo y mis labores? Todo sea por no tener que volver a pasar por el vía crucis de agujetas al que me tengo que someter cada vez que estos incidentes interrumpen mis ejercitaciones.

Manda narices, que cuando una empieza a sobreponerse a los michelines del turrón, tenga que empalmar con los de las torrijas…Ahora que tengo comprados mis guantes para la clase de Interval, veremos a ver cuándo me voy a volver a ver capaz de levantar las ruedas de camión que Ismael nos ha metido en el gimnasio. ¿Qué voy a hacer yo sin mis cien sentadillas y cien abdominales de calentamiento? ¿Otra vez tendré que soportar a mi vuelta que me llamen chichipán?image1

Nos pasamos el día, las semanas y los meses comprometiéndonos con nuestros monitores de gimnasio y con tantas vacaciones no hacéis más que obligarnos a darles plantón una y otra vez. Menos mal que somos tan inteligentes, que les pagamos por este sufrimiento, para que no sean ellos los que nos cierren la puerta al paraíso cada vez que decidimos volver a intentar sentirnos estupendos.

En fin, mañana es jueves y las niñas salen del cole dos horas antes de lo habitual. Están locas de contentas porque tienen vacaciones y yo temblando por ver cómo lo haré para poder seguir moviendo mis carnes mientras me doy el gusto de hincharme a torrijas, cerveza y a saber qué más…Total, cuando vuelva al gimnasio, me portaré bien de verdad…Esta vez sí que sí; me lo voy a tomar “súpermegaenserio”, que se me echa el verano encima y tengo que conseguir entrar en ese pantalón que guardo en la bolsa de “la ropa de cuando estaba súper delgada”…Le dijo la sartén al cazo.