Se acaban las elecciones y yo descubro que el cambio agota

Aprovecho que es domingo para no tener que empezar mi entrada hablando de nuevo de #FelizLunes, aunque apuesto que – como si del top-ten de los cuarenta principales se tratase – esta semana volverá a ser tendencia.

Ya sabemos que los de IKEA han ganado Eurovisión y que el PP se ha llevado la paliza esperada en estas elecciones. Sabemos que el Barça ha ganado la liga y que probablemente hará lo mismo con la Champions y la Copa del Rey…Y además sabemos que yo sigo cansada.

Aunque la cosa va mejor, son ya varias las semanas en las que tirar de mi cuerpo, y sobre todo de mi mente, es equiparable a subir el Everest, que aunque no he tenido el gusto de probarlo, me lo imagino como una auténtica pesadilla.

Tras pasar del invierno al verano, prácticamente saltándonos la estación de las lluvias y tirando de mi Supradyn Activo, he descartado que la astenia primaveral tenga algo que ver con mi estado de cansancio actual. En cambio, el otro día, cuando empecé a leer Cambia el Chip (si lo compras, aprovecha y coge también Un poto, dos niñas y un blog 😉 ) en busca de algunas respuestas, descubrí el porqué de mi estado apático de las últimas semanas: el cambio agota.

Si lo piensas bien, quien no es un setón, normalmente se pasa la vida cambiando, adaptándose a las circunstancias. Unas veces el cambio lo asumes porque te lo impone el entorno, ya sea en el trabajo, cuando te deja un novio, cuando te toca la lotería o cuando tienes que afrontar una enfermedad…Otras veces eres tú, con tu culo inquieto, quien se pasa la vida evolucionando y cambiando, asumiendo un reto nuevo detrás de otro, o varios a la vez.image1

El caso es que seas de los unos o de los otros, todos cambiamos. Puede que vivamos épocas más tranquilas que otras, pero cambiar, cambiamos todos. En esa rueda del cambio hay quien asume el papel de propulsor y quien adopta el papel de aceptación, pero en cualquier caso, los dos requieren de una energía importante que nos termina cansando.

Así que vale, ya sabemos que estamos agotados de tanto cambiar, ¿y ahora qué? No podemos coger vacaciones y además tenemos que seguir el ritmo que llevamos. Por eso me temo que no nos queda más remedio que seguir tirando del complejo vitamínico, aprovechar cualquier ratito para desconectar y tirar de automotivación para seguir.

Es muy fácil darnos cuenta de cuándo estamos en modo apático, y lo bueno de eso es ser conscientes para no dejarnos llevar. Está claro que hay que disfrutar, de vez en cuando, de no hacer nada, pero no debemos convertir esa desgana en un hábito. Lo más probable es que haya recetas muy profesionales para llevarlo mejor, pero una también tiene sus truquitos para compartir con vosotros.

Attachment-1Lo primero de todo, es reconocerlo. Sí, estoy mentalmente agotada. Y una vez asumido eso, no hay que agobiarse. La analítica que me hicieron en el reconocimiento médico del trabajo, según la doctora, es de foto, así que…que no cunda el pánico. Ahora, desde esa calma, sólo me queda la opción de ponerme las pilas. Toca poner en marcha la máquina de la fuerza de voluntad. Sí, esa fuerza que algunos piensan que es innata y que viene determinada por la genética – que en parte sí, pero dado el caso, tendrás que luchar contra tu ADN – y que otros pensamos que es algo que se tiene que trabajar mucho para que se vaya forjando con el paso del tiempo.

Muchas veces somos capaces de caer en un círculo vicioso del que no es fácil salir: estoy cansado, y como estoy cansado, me dejo llevar por mi desgana, así que no hago deporte, dejo de cuidarme, me esfuerzo lo justo en el trabajo, no me arreglo para salir…Pero en mi opinión, es justo en este momento cuando uno tiene que demostrarse a sí mismo que no es un setón. Hay que romper ese círculo vicioso y salir de la zona de confort, llena de excusas y justificaciones que no nos están haciendo ningún bien.

Si no lo haces y te dejas llevar por la apatía, tarde o temprano te sentirás culpable por ello, así que como decía en mi entrada anterior, píntate las uñas y coge el toro por los cuernos. Márcate metas pequeñas y realistas que te ayuden a ir dando pequeños pasitos y prémiate cuando alcances cualquiera de ellas.

Si por ejemplo tu pereza ha hecho que abandones el deporte, empieza por andar un rato cada día. ¿Quién no puede andar quince o treinta minutos al día? Seguramente cuando lleves una semana haciéndolo decidirás comenzar a correr o querrás retomar el hábito de ir al gimnasio. Es ahí, cuando te tienes que premiar porque habrás roto una barrera.

Si tu apatía te afecta en el trabajo, cuando arranques la semana, márcate un par de objetivos: terminar ese dichoso informe, resolver un conflicto que tengas, hacer ese par de llamadas pendientes…Ya verás cómo según vayas alcanzando esos pequeños objetivos, te irás sintiendo mejor y sin darte apenas cuenta estarás descubriendo que te sientes menos perezoso.

Y si la desgana está afectando a tu vida social, lo tengo claro. Arréglate un poco y sal a la calle; sal, sal y sal – en la comida, no, pero cuanta más sal le eches a la vida, mejor. Planifica una excursión o intenta marcarte una de CCCC (cine, cena, copa y cama), que con que llegues a alcanzar dos de las cuatro ces ya habrás pasado un buen rato seguro. No te quedes en casa hinchándote a comida basura, que las penas con pan son menos penas.

Así que señores y señoras, tenemos por delante una nueva semanita para vencer nuestra pereza, ponernos las pilas y seguir taconeando. Si lo hacemos, al final de la semana comprobaremos que nuestro circulo vicioso ya no tiene tanto vicio.

Yo personalmente me la voy a plantear así: en el terreno laboral me toca cerrar un par de temas pendientes; en el personal, he retomado el golf y por fin – después de llevar diez años dando bolas – he presentado la documentación para federarme y salir al campo. Además, hoy sacaré ganas de debajo de las piedras para pasar de nuevo por el calvario de agujetas al que me tocará enfrentarme si el profe de interval sigue trabajando sin piedad; y si luego tengo algo de movilidad en los brazos, jugaré con mis bichos cuando llegue a casa.

¿El premio? Ese vendrá en el fin de semana que me voy a pasar en Mallorca, preparado y merecido desde hace mucho tiempo.

¿Y tú, cómo te lo vas a montar esta semana?

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Morgan Freeman y #FelizLunes: tan listos y tan tontos.

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A mediodía, ojeando los “trending topics” de Twitter, primero he pensado que Morgan Freeman había fallecido. En seguida he descubierto que la realidad de que el “Hombre Libre” – traducción literaria que, sin ser traductora jurada, me atrevo a hacer de su apellido – haya sido trending topic por unas horas, era porque ha decidido confesar que come, bebe, fuma y aspira marihuana. Fíjate tu…

Otra tendencia top que me ha llamado la atención – y en este caso mi intuición sobre de qué iba el tema no me ha fallado­ – era la de #FelizLunes. Para despejar mis sospechas he pinchado y ahí estaba, otro aluvión de mensajes “happy”. Mensajes, ya muy repetitivos, invitándome a sonreír a la vida, a aprovechar una vez más, toda una nueva semana llena de oportunidades, a perseguir mis sueños y por supuesto no permitiendo que nadie me diga que soy incapaz de hacer algo…En fin toda una simulación de psicología positiva que, con todos mis respetos, si sólo te limitas a tratarla de manera tan airosa, limitándote a la lectura de estas frases, creo que no vale para nada.

Hoy en día somos tan listos que con un teléfono en la mano interactuamos con el mundo como si las distancias desapareciesen de los mapas. Hasta hace unos años el mundo era un pañuelo y ahora el mundo es un teléfono. Con él, sobre la palma de nuestra mano, podemos organizar nuestra vida y la de los demás, sin necesitar nada más que wifi, que el 3G y el 4G a veces se quedan cortos. Y esto sólo, por poner un ejemplo.

Pero a la vez somos tan tontos, que necesitamos llenar nuestro mundo a diario con frases inspiradoras – como las que desbordaban hoy el #FelizLunes de twitter – que nos recuerden quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, o mejor dicho, a dónde tenemos que ir. Frases que nos ayuden a sacar fuerzas de donde no las hay, motivadoras a simple vista, pero destructivas cuando vemos que no somos capaces de acatarlas.

Parece que en cada una de esas frases tenemos la fórmula de la felicidad y el impulso que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos, y no, señores, la fórmula magistral de la felicidad no existe, cada uno tiene la suya, y para alcanzar nuestros objetivos, no necesitamos más que desearlos, comprometernos con ellos y echarle un par de huevos al asunto.

¿No te sientes motivado con tu trabajo? Cambia de trabajo. ¿Te sientes gordo? Ponte a dieta. ¿Te gustaría hacer más ejercicio? Hazlo y deja de poner excusas por la falta de tiempo. ¿Te gustaría sacar tiempo para estudiar más? Sácalo, que el día tiene muchas medias horas – empieza por aplicar la técnica de la media hora de la que hablo en mi libro y ya verás cómo sacas tiempo para lo que quieras. ¿Te gustaría correr una maratón? Prepáratela. ¿Te gustaría comer más sano? No compres tanta comida basura. Es tan simple como esto amigos.

Soñar, sabemos soñar todos, pero creerse lo que uno sueña y comprometerse con ese sueño sólo lo hacen unos cuantos. Y mientras los unos lo consiguen, los otros son capaces de criticarlos y de intentar hacerles ver lo difícil que es – como si esos que lo sufren en sus propias carnes no lo supieran ya.

Lo cierto es que, tal y como describen muchas de las “frases de la felicidad” que aparecen continuamente en los muros de nuestras redes y que incluso compramos a través de marcas comerciales como la famosa Mr. Wonderful, somos capaces de conseguir todo aquello que nos propongamos. Eso sí, no basta sólo con proponérselo y empaparse de estas frases, sino que hay que comprometerse, prepararse y llenarse de fuerza de voluntad, porque en el camino, habrá momentos duros y difíciles, que una vez superados, no harán más que hacernos sentir más orgullosos por alcanzar nuestro sueño.

Dicho esto, sigamos siendo tan listos e intentemos ser menos tontos. Todos tenemos algún objetivo en nuestra vida, así que no perdamos más el tiempo y hagamos todo lo posible para alcanzarlo. Dicen que soñar es gratis, pero alcanzar un sueño cuesta mucho esfuerzo, sudor y a veces lágrimas.

Mientras pensaba escribir este post, me venía a la cabeza una película que seguramente habrás visto y es un claro ejemplo de lo que cuesta conseguir un sueño, pero también es ejemplo de que podemos conseguir todo lo que nos propongamos, siempre y cuando no decidamos rendirnos en el camino. No caigas tan fácilmente en la debilidad de ampararte en cualquier excusa, sé más listo.

Te dejo un par de escenas de la película En busca de la felicidad, y si aún no la has visto, te sugiero que la veas. Un hecho real que te servirá de ejemplo de superación y logros.

en busca de la felicidad

¿Cuál es tu sueño? ¿Cómo estás de comprometido con él? ¿Cuál es tu plan para alcanzarlo? ¿A qué estás esperando?