Se acaban las elecciones y yo descubro que el cambio agota

Aprovecho que es domingo para no tener que empezar mi entrada hablando de nuevo de #FelizLunes, aunque apuesto que – como si del top-ten de los cuarenta principales se tratase – esta semana volverá a ser tendencia.

Ya sabemos que los de IKEA han ganado Eurovisión y que el PP se ha llevado la paliza esperada en estas elecciones. Sabemos que el Barça ha ganado la liga y que probablemente hará lo mismo con la Champions y la Copa del Rey…Y además sabemos que yo sigo cansada.

Aunque la cosa va mejor, son ya varias las semanas en las que tirar de mi cuerpo, y sobre todo de mi mente, es equiparable a subir el Everest, que aunque no he tenido el gusto de probarlo, me lo imagino como una auténtica pesadilla.

Tras pasar del invierno al verano, prácticamente saltándonos la estación de las lluvias y tirando de mi Supradyn Activo, he descartado que la astenia primaveral tenga algo que ver con mi estado de cansancio actual. En cambio, el otro día, cuando empecé a leer Cambia el Chip (si lo compras, aprovecha y coge también Un poto, dos niñas y un blog 😉 ) en busca de algunas respuestas, descubrí el porqué de mi estado apático de las últimas semanas: el cambio agota.

Si lo piensas bien, quien no es un setón, normalmente se pasa la vida cambiando, adaptándose a las circunstancias. Unas veces el cambio lo asumes porque te lo impone el entorno, ya sea en el trabajo, cuando te deja un novio, cuando te toca la lotería o cuando tienes que afrontar una enfermedad…Otras veces eres tú, con tu culo inquieto, quien se pasa la vida evolucionando y cambiando, asumiendo un reto nuevo detrás de otro, o varios a la vez.image1

El caso es que seas de los unos o de los otros, todos cambiamos. Puede que vivamos épocas más tranquilas que otras, pero cambiar, cambiamos todos. En esa rueda del cambio hay quien asume el papel de propulsor y quien adopta el papel de aceptación, pero en cualquier caso, los dos requieren de una energía importante que nos termina cansando.

Así que vale, ya sabemos que estamos agotados de tanto cambiar, ¿y ahora qué? No podemos coger vacaciones y además tenemos que seguir el ritmo que llevamos. Por eso me temo que no nos queda más remedio que seguir tirando del complejo vitamínico, aprovechar cualquier ratito para desconectar y tirar de automotivación para seguir.

Es muy fácil darnos cuenta de cuándo estamos en modo apático, y lo bueno de eso es ser conscientes para no dejarnos llevar. Está claro que hay que disfrutar, de vez en cuando, de no hacer nada, pero no debemos convertir esa desgana en un hábito. Lo más probable es que haya recetas muy profesionales para llevarlo mejor, pero una también tiene sus truquitos para compartir con vosotros.

Attachment-1Lo primero de todo, es reconocerlo. Sí, estoy mentalmente agotada. Y una vez asumido eso, no hay que agobiarse. La analítica que me hicieron en el reconocimiento médico del trabajo, según la doctora, es de foto, así que…que no cunda el pánico. Ahora, desde esa calma, sólo me queda la opción de ponerme las pilas. Toca poner en marcha la máquina de la fuerza de voluntad. Sí, esa fuerza que algunos piensan que es innata y que viene determinada por la genética – que en parte sí, pero dado el caso, tendrás que luchar contra tu ADN – y que otros pensamos que es algo que se tiene que trabajar mucho para que se vaya forjando con el paso del tiempo.

Muchas veces somos capaces de caer en un círculo vicioso del que no es fácil salir: estoy cansado, y como estoy cansado, me dejo llevar por mi desgana, así que no hago deporte, dejo de cuidarme, me esfuerzo lo justo en el trabajo, no me arreglo para salir…Pero en mi opinión, es justo en este momento cuando uno tiene que demostrarse a sí mismo que no es un setón. Hay que romper ese círculo vicioso y salir de la zona de confort, llena de excusas y justificaciones que no nos están haciendo ningún bien.

Si no lo haces y te dejas llevar por la apatía, tarde o temprano te sentirás culpable por ello, así que como decía en mi entrada anterior, píntate las uñas y coge el toro por los cuernos. Márcate metas pequeñas y realistas que te ayuden a ir dando pequeños pasitos y prémiate cuando alcances cualquiera de ellas.

Si por ejemplo tu pereza ha hecho que abandones el deporte, empieza por andar un rato cada día. ¿Quién no puede andar quince o treinta minutos al día? Seguramente cuando lleves una semana haciéndolo decidirás comenzar a correr o querrás retomar el hábito de ir al gimnasio. Es ahí, cuando te tienes que premiar porque habrás roto una barrera.

Si tu apatía te afecta en el trabajo, cuando arranques la semana, márcate un par de objetivos: terminar ese dichoso informe, resolver un conflicto que tengas, hacer ese par de llamadas pendientes…Ya verás cómo según vayas alcanzando esos pequeños objetivos, te irás sintiendo mejor y sin darte apenas cuenta estarás descubriendo que te sientes menos perezoso.

Y si la desgana está afectando a tu vida social, lo tengo claro. Arréglate un poco y sal a la calle; sal, sal y sal – en la comida, no, pero cuanta más sal le eches a la vida, mejor. Planifica una excursión o intenta marcarte una de CCCC (cine, cena, copa y cama), que con que llegues a alcanzar dos de las cuatro ces ya habrás pasado un buen rato seguro. No te quedes en casa hinchándote a comida basura, que las penas con pan son menos penas.

Así que señores y señoras, tenemos por delante una nueva semanita para vencer nuestra pereza, ponernos las pilas y seguir taconeando. Si lo hacemos, al final de la semana comprobaremos que nuestro circulo vicioso ya no tiene tanto vicio.

Yo personalmente me la voy a plantear así: en el terreno laboral me toca cerrar un par de temas pendientes; en el personal, he retomado el golf y por fin – después de llevar diez años dando bolas – he presentado la documentación para federarme y salir al campo. Además, hoy sacaré ganas de debajo de las piedras para pasar de nuevo por el calvario de agujetas al que me tocará enfrentarme si el profe de interval sigue trabajando sin piedad; y si luego tengo algo de movilidad en los brazos, jugaré con mis bichos cuando llegue a casa.

¿El premio? Ese vendrá en el fin de semana que me voy a pasar en Mallorca, preparado y merecido desde hace mucho tiempo.

¿Y tú, cómo te lo vas a montar esta semana?

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Con las uñas pintadas se vive mejor: seguimos con #FelizLunes

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Tras la entrada de la semana pasada y después de haber comprobado que todos los días siguieron siendo felices a través de los Trending Topics de Twitter, y que para más INRI #FelizLunes vuelve a serlo hoy, no me queda más remedio que sumarme a la tendencia y daros un truco que, sin duda, os ayudará a llevar mejor la semana. A ver si así conseguimos que, nuevamente, la semana entera siga siendo feliz tendencia para que todos comamos perdices al final – aunque yo perdonaré la perdiz por un quinto bien fresquito en cuanto salga del trabajo el viernes.

La propuesta de hoy, pasa por recomendaros que os pintéis las uñas; las de las manos también, pero sobre todo, las de los pies. Sí, ya sé que esto no es tema para machos alfa, pero estoy segura de que vosotros también seréis capaces de sacar partido a las palabras que aquí transcribo. Una opción podría ser que os hagáis los Mel Gibson al son de “En qué piensan las mujeres”, para saber lo que se siente con las uñas pintadas. Pero si no estáis por la labor, quizá un corte de pelo pueda ser suficiente para entender lo que pretendo transmitir con la entrada de hoy.

Tengo una teoría, creo que científicamente no comprobada – por si alguna Anita Obregón quiere tirarse a la piscina y hacer el estudio, ahí dejo la idea – que consiste en que con las uñas de los pies pintadas, una ve la vida con más alegría, con más garbo y más optimismo.

Sí, es así de simple, un día me di cuenta, al pintarme las uñas de los pies, de que de repente me sentía mejor…y desde entonces, llueva o haga calor, sea invierno o verano, ésta que está aquí sentada, procura que las uñas de los pies luzcan siempre un buen esmalte.

He pensado bastante en este gran teorema que, por cierto, incluyo desde hace tiempo en mi “kit de automotivación” y creo que tiene mucho que ver con el “así te dejas, así te tratan” o “así te ves, así te ven”. Algo tan sencillo como que los demás te ven tal y como tú te muestras…Si te sientes como una migaja pequeña, los demás te verán así también; pero si te muestras con gran encanto, los demás sentirán que desprendes algo especial.

El día que estás tirado en casa, en pijama haciendo nada, del sofá a la cama y de la cama al sofá, no te sientes igual que cuando te has levantado, te has arreglado un poco y has salido a taconear y pisar fuerte. Dicen que cuanto mejor es nuestro autoconcepto, mejor es nuestra autoestima, así que vamos a procurar que nuestro autoconcepto esté a tope. Y para ello, sentirse bien por fuera es un factor importante, pero por dentro lo es más, porque si antes decía que los demás nos ven como nos vemos nosotros mismos, también es cierto que la cara es el espejo del alma, así que si no estamos bien por dentro, difícilmente nos veremos bien por fuera, y más difícilmente todavía nos verán bien los demás.

Lo de las uñas es sólo una píldora – insisto en que funciona – pero seguro que tú, que te conoces mejor que nadie, sabes qué es lo que necesitas para sentirte bien y ser tu mejor versión. Igual que yo tengo mi “kit de automotivación” para mantener mi estima alta, te sugiero que pienses en cuál es el tuyo y lo revises de vez en cuando para no perderlo de vista.

Todo esto no es otra cosa que comprometernos con hacer hasta lo imposible por mantener nuestra autoestima alta. Ya están el entorno y sus circunstancias para darnos sus bofetadas a lo largo de la semana, intentando tirar nuestra moral por los suelos, así que por nosotros que no quede. Vamos a hacer todo lo posible para que cuando la estima llegue a rozar el suelo, vea lo monos que están nuestros pies y empiece a subir otra vez.

Así que ya sabes, esta semana, tanto si eres hombre como mujer, empieza por pensar qué vas a hacer para mantener tu estima lo más alta posible. Yo ya he renovado el esmalte de mis uñas de los pies, he retomado mis rutinas saludables después de otro fin de semana de “food-beer-wine&gin fussion” y he hecho el esfuerzo de volver a ponerme rímel a pesar de no tener ninguna gana y de haberme costado despegar las pestañas esta mañana…y ahora voy a seguir pasando lista a mi “kit de automotivación”, para no dejarme nada atrás, a ritmo de “Uptown funk“, mi “song of the week

¡Ah! Y un truco, si queréis mantener vuestras uñas brillantes y perfectas durante más tiempo, pasadles una capa de brillo cada dos o tres días, ¿lo pilláis?

uptown funk

Morgan Freeman y #FelizLunes: tan listos y tan tontos.

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A mediodía, ojeando los “trending topics” de Twitter, primero he pensado que Morgan Freeman había fallecido. En seguida he descubierto que la realidad de que el “Hombre Libre” – traducción literaria que, sin ser traductora jurada, me atrevo a hacer de su apellido – haya sido trending topic por unas horas, era porque ha decidido confesar que come, bebe, fuma y aspira marihuana. Fíjate tu…

Otra tendencia top que me ha llamado la atención – y en este caso mi intuición sobre de qué iba el tema no me ha fallado­ – era la de #FelizLunes. Para despejar mis sospechas he pinchado y ahí estaba, otro aluvión de mensajes “happy”. Mensajes, ya muy repetitivos, invitándome a sonreír a la vida, a aprovechar una vez más, toda una nueva semana llena de oportunidades, a perseguir mis sueños y por supuesto no permitiendo que nadie me diga que soy incapaz de hacer algo…En fin toda una simulación de psicología positiva que, con todos mis respetos, si sólo te limitas a tratarla de manera tan airosa, limitándote a la lectura de estas frases, creo que no vale para nada.

Hoy en día somos tan listos que con un teléfono en la mano interactuamos con el mundo como si las distancias desapareciesen de los mapas. Hasta hace unos años el mundo era un pañuelo y ahora el mundo es un teléfono. Con él, sobre la palma de nuestra mano, podemos organizar nuestra vida y la de los demás, sin necesitar nada más que wifi, que el 3G y el 4G a veces se quedan cortos. Y esto sólo, por poner un ejemplo.

Pero a la vez somos tan tontos, que necesitamos llenar nuestro mundo a diario con frases inspiradoras – como las que desbordaban hoy el #FelizLunes de twitter – que nos recuerden quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, o mejor dicho, a dónde tenemos que ir. Frases que nos ayuden a sacar fuerzas de donde no las hay, motivadoras a simple vista, pero destructivas cuando vemos que no somos capaces de acatarlas.

Parece que en cada una de esas frases tenemos la fórmula de la felicidad y el impulso que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos, y no, señores, la fórmula magistral de la felicidad no existe, cada uno tiene la suya, y para alcanzar nuestros objetivos, no necesitamos más que desearlos, comprometernos con ellos y echarle un par de huevos al asunto.

¿No te sientes motivado con tu trabajo? Cambia de trabajo. ¿Te sientes gordo? Ponte a dieta. ¿Te gustaría hacer más ejercicio? Hazlo y deja de poner excusas por la falta de tiempo. ¿Te gustaría sacar tiempo para estudiar más? Sácalo, que el día tiene muchas medias horas – empieza por aplicar la técnica de la media hora de la que hablo en mi libro y ya verás cómo sacas tiempo para lo que quieras. ¿Te gustaría correr una maratón? Prepáratela. ¿Te gustaría comer más sano? No compres tanta comida basura. Es tan simple como esto amigos.

Soñar, sabemos soñar todos, pero creerse lo que uno sueña y comprometerse con ese sueño sólo lo hacen unos cuantos. Y mientras los unos lo consiguen, los otros son capaces de criticarlos y de intentar hacerles ver lo difícil que es – como si esos que lo sufren en sus propias carnes no lo supieran ya.

Lo cierto es que, tal y como describen muchas de las “frases de la felicidad” que aparecen continuamente en los muros de nuestras redes y que incluso compramos a través de marcas comerciales como la famosa Mr. Wonderful, somos capaces de conseguir todo aquello que nos propongamos. Eso sí, no basta sólo con proponérselo y empaparse de estas frases, sino que hay que comprometerse, prepararse y llenarse de fuerza de voluntad, porque en el camino, habrá momentos duros y difíciles, que una vez superados, no harán más que hacernos sentir más orgullosos por alcanzar nuestro sueño.

Dicho esto, sigamos siendo tan listos e intentemos ser menos tontos. Todos tenemos algún objetivo en nuestra vida, así que no perdamos más el tiempo y hagamos todo lo posible para alcanzarlo. Dicen que soñar es gratis, pero alcanzar un sueño cuesta mucho esfuerzo, sudor y a veces lágrimas.

Mientras pensaba escribir este post, me venía a la cabeza una película que seguramente habrás visto y es un claro ejemplo de lo que cuesta conseguir un sueño, pero también es ejemplo de que podemos conseguir todo lo que nos propongamos, siempre y cuando no decidamos rendirnos en el camino. No caigas tan fácilmente en la debilidad de ampararte en cualquier excusa, sé más listo.

Te dejo un par de escenas de la película En busca de la felicidad, y si aún no la has visto, te sugiero que la veas. Un hecho real que te servirá de ejemplo de superación y logros.

en busca de la felicidad

¿Cuál es tu sueño? ¿Cómo estás de comprometido con él? ¿Cuál es tu plan para alcanzarlo? ¿A qué estás esperando?

#DiaInternacionalsinDietas y #todossomosguapos

Miércoles seis de mayo, 21:30 horas. Despierta desde las 4:30 y justo ahora me entero por Twitter de que es el #DiaInternacionalsinDietas ¡ole, ole y ole!

Obviamente mi cabeza, de inmediato, maquina el mejor de los planes para celebrarlo. Pero para estar segura antes de pecar, investigo un poco más y “voilà”, efectivamente descubro que el seis de mayo se celebra el Día Internacional sin Dietas, ¡¡¡y nada menos que desde 1992!!! ¿¡¿¡¿¡Pero cómo no me he enterado de esto yo antes?!?!?!?!? Por suerte ya he podido programar una cita periódica anual en mi calendario para poder celebrarlo religiosamente todos los años. Hoy me ha pillado tarde, pero aún estoy a tiempo de abrirme uno de esos quintos que mi padre me ha dejado a buen recaudo y bien fresquito en la nevera, un toque de congelador y….ummmmm, ¡Anda! mira tú por donde, también lo voy a acompañar con una bolsa de patatas, mientras me digo que no me la voy a comer entera y sabiendo que me estoy mintiendo a mí misma.

El caso es que estamos tan mal de la cabeza y nos dejamos llevar tanto por los cánones de belleza, revistas, modelos, etc. que parece ser que necesitamos, al menos un día al año, decir stop, para mirarnos al espejo y decirnos que tampoco estamos tan mal…Y además, por si fuera poco, cuando se ha creado este movimiento será, entre otras cosas, porque debe haber muchos como nosotros, los que vivimos con la idea de tener que cuidarnos continuamente para no engordar – pero a mal de muchos, consuelo de tontos.

La verdad es sí, yo soy de ese grupo, pero procuro ir compensando y montándomelo bien. Debemos cuidarnos, pero siempre dentro de un equilibrio, como defiendo en mi post anterior sobre “El gym y el ñam”. Pero sobre todo, dentro de una aceptación. No existe, ni mujer ni hombre perfecto – de todos es sabido que Barbie ahora tiene celulitis, granos y estrías. La rellenita quiere estar más delgada; la flaca quiere tener culo de dónde agarrar; los de la tripa cervecera quieren que con una sesión de abdominales aparezca la tableta de chocolate extrafino; la del pelo liso quiere más volumen; y la del pelo rizado se hace el alisado japonés para tenerlo tieso como una tabla. Al final, como todo en esta vida, se trata de que seamos conscientes de dónde están nuestras limitaciones, y a partir de ahí, sacarnos el mayor partido que podamos.

Si tienes tripa cervecera, seguro que no te sienta tan mal, y además es probable que vaya acompañada de unos ojos bonitos, que por cierto le vendrían bien a la del pelo rubio liso, que los quiere azules. Si tienes culo de dónde agarrar, no te queda otra que por lo menos intentar ponerlo duro, para luchar contra la fuerza de la gravedad el mayor tiempo posible. Y si lo que tienes es panza, pues seguro que tienes unas piernas preciosas que puedes lucir mientras te la vas trabajando.

dia sin dietasTodos tenemos algo, todos somos guapos, y si no, échale un vistazo a las fotos de perfil de tus contactos de Facebook…ahí sí que somos capaces de sacarnos partido ¿eh? Pues si somos capaces de salir guapos en una foto de perfil para cualquiera de las redes sociales en las que nos movemos, que no se nos vaya la cabeza tanto y vamos a intentar estar más a gusto con lo que vemos cuando nos miramos en el espejo.

Todo esto te lo cuento mientras me termino de comer mi bolsa de patatas con mi quinto, que he decidido tomarme justo después de cenar y haber caído en la tentación del chocolate, comiéndome un par de onzas del negro con naranja, que es mi perdición…Y lo he hecho así, porque yo lo valgo, porque la vida es mayormente sacrificio, pero el día que te puedes permitir un baile, te lo tienes que pasar mejor que nadie.

Así que aquí te dejo, hasta nuestra próxima cita y moviéndome a ritmo de Meghan Trainor – que defiende con mucho más arte que yo esto de lo que te estoy hablando – y contenta de haberme enterado de que hoy era el Día Internacional sin Dietas, para aprovechar y compartir contigo este ratito de reflexión. Porque tú, como yo, también tienes tu belleza. Sólo tienes que sacarte partido.

¡Y una cosa más! Digámosle a la gente más a menudo lo guapa que es, que a nadie le amarga un dulce y una subidita de ego nunca nos viene mal, que a veces nos olvidamos de decirle a la gente que nos encantaría tener su trasero, o su sonrisa, o sus ojos, o su pelo. Aunque no sé si será realmente olvido o envidia.

Recuérdalo siempre: todos somos guapos.

all about that bass

Soy madre y tengo vida propia

madre

Es domingo por la mañana, muy temprano. Por el color de la luz que empieza a asomar por las contraventanas de madera de la habitación, sé que el sol se ha despertado de buen humor. Anoche salí y no tengo resaca. Con las pestañas aún pegadas pero con ganas de abrirse, alguien me susurra al oído “ya es de día”…

Dicho así, podría parecer Bridget Jones, narrando una escena de esas películas de comedia romántica que tanto me engatusan…Chica conoce chico y chico conoce chica; los dos no se soportan hasta que un día, por capricho del destino, se dan cuenta de que no pueden vivir el uno sin el otro y terminan por decidir compartir su vida y despertarse uno junto al otro por los siglos de los siglos…¡Ay! –aquí suspiramos un poquito – ¡qué bonito es el amor!

Es domingo por la mañana, muy temprano…demasiado temprano. Entra mucha luz por las contraventanas de madera de la habitación y eso no es bueno. Ya podría haberse esperado el sol un ratito más y no brillar tanto desde tan temprano. Anoche salí a cenar, una copita en casa y a dormir, que los bichos no respetan ni los domingos. Con las pestañas aún pegadas y con ganas de permanecer cerradas un rato más, aunque sólo sea por un día, alguien me susurra al oído “ya es de día, mami”…

La diferencia entre una escena y otra, es que SOY MADRE. Atrás quedaron esos momentos que ahora tengo idealizados y que afortunadamente pude vivir y disfrutar a tope…Salir de copas y creerme la reina de la pista bailando a ritmo de lo que fuese, de miércoles a domingo y durante no sé cuántos años – por cierto, tengo que activar el autoborrado de este post para cuando mis bichos quieran empezar a salir.

Hoy, por si no aún te has enterado, es el día de la madre y aparte de celebrarlo, también he hecho recuento de lo bueno y de lo malo, de las alegrías y regalos que me da la maternidad y por supuesto de los renuncios, que la historia tiene mucho de jardín de rosas, pero que no se nos olvide que las rosas tienen espinas y que estas pinchan de narices.

Y hablando de renuncios, aprovechando que el día es nuestro, quiero animar a todas las madrazas a que recuperen los suyos poco a poco. Cuando eres madre – aparte de comer gallina, como me decía mi madre con cada una de las protestas que le hacía – de repente un día dejas de mirar tu ombligo para mirar el de tu bebé, que a ver si se seca de una vez y se cae, que vaya repelús que da eso. A partir de ahí, sin importarte en ese momento y casi sin darte cuenta, empiezas a renunciar a salir, a mimarte, a viajar, a leer, a ver la televisión, a tirarte en el sofá, tapar canas, hacer deporte…Y así van pasando los meses, viviendo por y para tus retoños, cuando un día te levantas, con las pestañas pegadas y al son de un “ya es de día, mami” deseando recuperar algo de tu espacio.

El otro día, una de mis amigas que también entra este año en el Club de las Cuarentañeras, que no cuarentonas, decía que ya estaba bien, que se iba a poner las pilas y a empezar a cuidarse y a mirar un poco por ella ¡Ole mi amiga!

Muchos de nosotros, y ya no hablo sólo de madres, porque los padres también lleváis lo vuestro, pasamos por etapas en las que nos abandonamos, en las que parece que no hay tiempo para nosotros. Y no solo eso, sino que el día que parece que sacamos tiempo para hacer algo por y para nosotros mismos, somos incapaces de hacerlo sin remordimiento.

No hace falta pecar de egoísta y egocéntrico, pero sí es necesario que te cuides, que hagas cosas que te hagan reír y sentir bien ¡Por supuesto que ver felices a los míos me hace feliz a mí! Pero también soy feliz cuando hago noche de chicas, cuando me siento a escribir, cuando me escapo con mi marido, cuando voy al gimnasio a meterme con la pizarra y la música de Ismael, cuando voy a comprar sola, cuando planifico una escapada…

Cuando nacieron mis bichos me sentía la mujer más feliz del mundo, pero hoy, que he pasado un día muy especial por muchos motivos, me siento más feliz todavía, porque por fin, entre todo este trajín, ahora sé disfrutar de la maternidad sin renunciar a mi espacio. Soy madre y tengo vida propia. Como digo en mi libro, que supongo ya habrás comprado y releído, hay tiempo para todo, lo único que hace falta son ganas y energía para aprovecharlo.

Nunca has firmado nada que te haga renunciar a tu propio espacio, a tu vida personal, así que no seas tonto y no renuncies tan fácilmente a lo que es tuyo y no depende de nadie más que de ti.

Y ahora sí, tenéis que permitirme que me ponga un poco sentimental. No quiero despedirme sin felicitar, también desde aquí, a mi santa madre, que a tantas cosas habrá renunciado por mí. Tengo claro que estaré siempre en deuda contigo, mamá. Tus abrazos siguen siendo los más reconfortantes del mundo. El día que vi este video no pude evitar emocionarme, y hoy lo he vuelto hacer. No me emociono porque yo sea madre y me sienta identificada en él, sino porque con cada frase y cada imagen, me acuerdo de ti y tu trabajo: el trabajo más difícil del mundo.

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