Soy madre y tengo vida propia


madre

Es domingo por la mañana, muy temprano. Por el color de la luz que empieza a asomar por las contraventanas de madera de la habitación, sé que el sol se ha despertado de buen humor. Anoche salí y no tengo resaca. Con las pestañas aún pegadas pero con ganas de abrirse, alguien me susurra al oído “ya es de día”…

Dicho así, podría parecer Bridget Jones, narrando una escena de esas películas de comedia romántica que tanto me engatusan…Chica conoce chico y chico conoce chica; los dos no se soportan hasta que un día, por capricho del destino, se dan cuenta de que no pueden vivir el uno sin el otro y terminan por decidir compartir su vida y despertarse uno junto al otro por los siglos de los siglos…¡Ay! –aquí suspiramos un poquito – ¡qué bonito es el amor!

Es domingo por la mañana, muy temprano…demasiado temprano. Entra mucha luz por las contraventanas de madera de la habitación y eso no es bueno. Ya podría haberse esperado el sol un ratito más y no brillar tanto desde tan temprano. Anoche salí a cenar, una copita en casa y a dormir, que los bichos no respetan ni los domingos. Con las pestañas aún pegadas y con ganas de permanecer cerradas un rato más, aunque sólo sea por un día, alguien me susurra al oído “ya es de día, mami”…

La diferencia entre una escena y otra, es que SOY MADRE. Atrás quedaron esos momentos que ahora tengo idealizados y que afortunadamente pude vivir y disfrutar a tope…Salir de copas y creerme la reina de la pista bailando a ritmo de lo que fuese, de miércoles a domingo y durante no sé cuántos años – por cierto, tengo que activar el autoborrado de este post para cuando mis bichos quieran empezar a salir.

Hoy, por si no aún te has enterado, es el día de la madre y aparte de celebrarlo, también he hecho recuento de lo bueno y de lo malo, de las alegrías y regalos que me da la maternidad y por supuesto de los renuncios, que la historia tiene mucho de jardín de rosas, pero que no se nos olvide que las rosas tienen espinas y que estas pinchan de narices.

Y hablando de renuncios, aprovechando que el día es nuestro, quiero animar a todas las madrazas a que recuperen los suyos poco a poco. Cuando eres madre – aparte de comer gallina, como me decía mi madre con cada una de las protestas que le hacía – de repente un día dejas de mirar tu ombligo para mirar el de tu bebé, que a ver si se seca de una vez y se cae, que vaya repelús que da eso. A partir de ahí, sin importarte en ese momento y casi sin darte cuenta, empiezas a renunciar a salir, a mimarte, a viajar, a leer, a ver la televisión, a tirarte en el sofá, tapar canas, hacer deporte…Y así van pasando los meses, viviendo por y para tus retoños, cuando un día te levantas, con las pestañas pegadas y al son de un “ya es de día, mami” deseando recuperar algo de tu espacio.

El otro día, una de mis amigas que también entra este año en el Club de las Cuarentañeras, que no cuarentonas, decía que ya estaba bien, que se iba a poner las pilas y a empezar a cuidarse y a mirar un poco por ella ¡Ole mi amiga!

Muchos de nosotros, y ya no hablo sólo de madres, porque los padres también lleváis lo vuestro, pasamos por etapas en las que nos abandonamos, en las que parece que no hay tiempo para nosotros. Y no solo eso, sino que el día que parece que sacamos tiempo para hacer algo por y para nosotros mismos, somos incapaces de hacerlo sin remordimiento.

No hace falta pecar de egoísta y egocéntrico, pero sí es necesario que te cuides, que hagas cosas que te hagan reír y sentir bien ¡Por supuesto que ver felices a los míos me hace feliz a mí! Pero también soy feliz cuando hago noche de chicas, cuando me siento a escribir, cuando me escapo con mi marido, cuando voy al gimnasio a meterme con la pizarra y la música de Ismael, cuando voy a comprar sola, cuando planifico una escapada…

Cuando nacieron mis bichos me sentía la mujer más feliz del mundo, pero hoy, que he pasado un día muy especial por muchos motivos, me siento más feliz todavía, porque por fin, entre todo este trajín, ahora sé disfrutar de la maternidad sin renunciar a mi espacio. Soy madre y tengo vida propia. Como digo en mi libro, que supongo ya habrás comprado y releído, hay tiempo para todo, lo único que hace falta son ganas y energía para aprovecharlo.

Nunca has firmado nada que te haga renunciar a tu propio espacio, a tu vida personal, así que no seas tonto y no renuncies tan fácilmente a lo que es tuyo y no depende de nadie más que de ti.

Y ahora sí, tenéis que permitirme que me ponga un poco sentimental. No quiero despedirme sin felicitar, también desde aquí, a mi santa madre, que a tantas cosas habrá renunciado por mí. Tengo claro que estaré siempre en deuda contigo, mamá. Tus abrazos siguen siendo los más reconfortantes del mundo. El día que vi este video no pude evitar emocionarme, y hoy lo he vuelto hacer. No me emociono porque yo sea madre y me sienta identificada en él, sino porque con cada frase y cada imagen, me acuerdo de ti y tu trabajo: el trabajo más difícil del mundo.

entrevista

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