Vacaciones de verano ¿para quién?

vacaciones de verano

Pues sí, como ya viene catando Fórmula V desde hace nada menos que cuarenta y tres añitos, atrás se quedan el invierno y la primavera para dar paso al veranitooooo!!!!!!

Pero ¡OMG! (Oh My God), también se acaban el colegio con su comedor tan apreciado por mi, las actividades extraescolares, la rutina de acostar a mis bichos a las nueve de la noche…¿¡¿¡¿cómo, cuándo, por qué?!?!? ¿quién decidió que la mejor manera de conciliar era la de darle a los niños tres meses de vacaciones de verano y a sus padres unas semanas? ¿por qué no decidí yo en su momento convertirme en una Srta. Rotenmeyer de primaria para coincidir con mis bichos en vacaciones?

Ahora entiendo lo que realmente querían cantar con esta letra: “Vacaciones de verano para mí, caminando por la arena junto a ti. Vacaciones de verano para mí. Hoy mi vida comienza a despertar, hoy se ha abierto la puerta sin llamar…”

¡Y tanto que mi vida comienza a despertar! Como que la paz que he conseguido después de conseguir crear una especie de rutina entre trabajo, estudios, extraescolares, gimnasio y salidas, se me acaba de desvanecer como una pompa de jabón a los segundos de salir del bote….snif, snif, snif.

¡Madre mía! Sólo de pensar en “la que se avecina” – el guión de la serie se me queda corto para lo que se me presenta este mes de julio –  estoy empezando a hiperventilar y a sentir tal ansiedad que antes de que me dé por atacar la despensa, voy a embutirme en mis mallas y a hacer algo de ejercicio para soltar (vuelvo en un rato)…

…Sí, sí, soltar he soltado un montón de gallos cantando las canciones setenteras de la clase de ciclo. En fin, tras veinte minutos en la cinta corriendo más rápido que nunca – no tanto por estar en forma como por querer huir de la situación – y después de haber sudado las 800 calorías que marcaba el pulsómetro de mi tío con la cañera Lorena, sigo teniendo ganas de paliar mi ansiedad con la comida, pero al menos cuento con esas calorías de colchón, que sin duda en un ratito empezaré a recuperar.

Lo dicho, nos pasamos el otoño, el invierno y la primavera creando una rutina mejor que la telaraña de cualquier tarántula y todos los años, cuando el mes de junio da comienzo, empezamos con las labores de investigación, en búsqueda de la opción perfecta para que nuestros renacuajos puedan tener la sensación, a partir de mañana, de estar de vacaciones asistiendo a una escuela diferente a la habitual. Campamentos, colegios convertidos en parques temáticos y semiacuáticos, deportes, escuela en el zoo…que si inglés, que si a ver si coinciden con algún amigo para que se les haga más atractiva la opción….En fin, incluso en el pueblo más remoto de nuestra península, por suerte es posible encontrar una opción que cubra nuestra necesidad en este momento, que ahora mismo se ha convertido en la primera dentro de las necesidades fisiológicas según la pirámide de Maslow.

Afortunadamente, también son cada vez más las empresas que en esta época del año se apiadan de sus empleados implantando las jornadas intensivas, que año tras año demuestran ser más productivas, aunque sea por el simple hecho de “si yo contento, yo trabajo mejor y si yo trabajo mejor, tu resultados mejor” – a simple vista, para los empresarios puede parecer una fórmula complicada, pero cuando se deciden a implantarla se dan cuenta de que es tan real como la de dos más dos igual a cuatro.

Bien, ya hemos seleccionado la escuela de verano y cuadrado nuestro horario con el de nuestros pequeñajos. Ahora, volvamos a nuestra canción: “Hoy mi vida comienza a despertar, hoy se ha abierto la puerta sin llamar, hoy te tengo a mi lado y soy feliz”.

Efectivamente, sólo nos queda disfrutar todo lo que podamos de esta época. Llegaron los días largos, terracitas, playa, piscina, fiestas, salidas…y ¡la mejor época para compartir, que ríete tú de la Navidad! Compartir el tiempo con tus niños, que querrán absorber cualquier milésima de segundo de tu tiempo contigo; con tu pareja, con quien el tiempo libre también os dará la libertad de discutir todo lo que quiera uno – es importante que recordéis que dos no discuten si uno no quiere; con los suegros, que un año más estarán encantados de que disfrutes tú también de esa casa en la playa que compraron en la época del Un, Dos, Tres, aunque eso sí, bajo sus normas; con tus cuñados, que o no pegarán palo al agua en la casa o de tanto limpiar y cumplir, no harán más que crearte remordimiento mientras les observas tirado en el sofá…

Así es, todos esperamos el verano con la mayor de las ansiedades. Ansiedad por seguir conciliando; por ver cómo encararemos las discusiones de todos los años; por no deprimirnos demasiado al ver cómo los michelines que prometimos quitarnos de encima el año pasado siguen ahí…

Pero lo cierto es que el verano está asociado al “buenrollismo”, y esa es la sensación con la que tenemos que vivir estos meses. Toca dejar los malos rollos aparte y empaparnos de agua y sol, de cerveza, vino y copitas – total, lo que no hemos hecho a estas alturas con nuestros michelines, mejor dejarlo para el verano que viene, que de nuevo tendremos un año por delante para alcanzar esa talla tan ansiada, y este año, lo conseguiremos sí o sí.

Y con estas me despido amigos. Son las 21:30 del domingo, el día más largo del año y es la hora de mi vinito dominguero.

En cuanto a mi conciliación veraniega:

SEMANA 1: niñas delegadas en manos de sus abuelos en Madrid…

Tengo que reconocer que mi verano no ha arrancado nada mal. Y mientras me despido hasta la próxima, os dejo con la canción que me ha inspirado esta entrada.

¡FELIZ VERANO!

formulaV_vacacionesdeverano

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Leer hoy que la alcaldesa de Jerez “elegirá los cargos a dedo” también me da risa…

sonría por favor

Dos semanas, un puente, dos niñas con antibiótico en casa y una crisis de migraña después, aquí estoy de vuelta. Y hoy lo hago reflexionando sobre la necesidad de sonreír y reír a diario, en casa y en el trabajo, con los amigos y los conocidos, con los dependientes del supermercado y con todo aquel que se cruce en tu camino.

Dicen que cuando nos reímos se activan 430 músculos de nuestro cuerpo y que 3 minutos de carcajadas equivalen a 20 minutos de ejercicio en bicicleta o 45 de relajación. Dicen que la risa es la distancia más corta entre dos personas. Y también dicen que una sonrisa ilumina más que la luz.

Dicen que cuando sonreímos, nuestro cerebro hace que nuestro cuerpo segregue endorfinas, hormonas capaces de aliviar el dolor y de hacer que nuestro cuerpo alcance una sensación gratificante y feliz entre otros beneficios. Dicen que cuando reímos segregamos más adrenalina, lo que potencia nuestra creatividad y nuestra imaginación. También se dice que cuando ríes a carcajadas te comunicas mejor con los demás, pierdes el sentido del ridículo y te aceptas tal y como eres, con alegría.

Dicen que sonreír nos hace parecer más accesibles y facilita la interacción entre personas.

Y esto de ahora lo digo yo: sonreír nos hace más guapos. ¿Acaso conoces alguien que vaya por la vida con una sonrisa en su cara y sea feo? Yo no – y no, no pienses en “El Cuñaaaaooooo” que sabes que no van por ahí los tiros. Cuando estaba pensando en lo que iba a escribir sobre la sonrisa, la risa y las carcajadas, he hecho un repaso mental sobre las personas sonrientes que me rodean, y todas ellas, que son muchas, tienen un brillo especial en su cara que hace imposible que las pueda ver feas.

Y además añado: conociendo todos estos beneficios que nos aporta andar por ahí con una sonrisa en nuestra cara, ¿cómo puede haber gente que todavía prefiera ir tan seria por la vida? – reconozco que mi cara por momentos puede parecer de esas, pero creo ser bastante más sonriente que seria.

Hay quien cree que a las personas se las conquista por el estómago y yo creo que se las conquista por la sonrisa. Aunque si mezclamos las dos cosas, mejor que mejor. Vamos, que pon una sonrisa en tu vida y el día a día lo llevarás mejor; pon unas risas y los problemas serán menos graves de lo que crees; y si quieres tener un día inolvidable, procura echarte unas carcajadas hasta que se te salten las lágrimas y te duela la barriga…que eso, además de ayudar a tonificar abdominales, te quita todos los males, aunque sea por un ratito – prueba de ello el hartón a reír que me di el pasado viernes viendo el espectáculo #trendingtronching de @LeoHarlem y Sergio Olalla.

¿Acaso no nos gusta lo que transmite una sonrisa? Si cuando nos acercamos a una persona sonriente sentimos que te transmite cercanía, amabilidad, alegría, un ambiente acogedor, confianza, ¿por qué no nos esforzamos un poco más por mostrarnos así?

Sin tener que ir al médico, un buen indicador de nuestro estado de ánimo puede ser el número de veces que reímos y sonreímos al cabo del día. Cuando uno no está bien, la sonrisa se borra de su cara.

De acuerdo que tiene que haber de todo en la viña del Señor, y precisamente por eso hay gente más seria que otra, pero incluso hasta los más serios saben dibujar una sonrisa cuando quieren. La diferencia entre hacerlo o no, como siempre, está las ganas que uno tenga. Es frecuente encontrarnos con gente que asocia la seriedad con formalidad, a lo correcto y a lo bien hecho. Pero es una obviedad que la gente alegre y sonriente es igual de cumplidora y responsable, con el añadido de que se muestran más cercanos y agradables.

Recuerdo un momento con un jefe que tuve, quien un día se empeñó en cambiarnos la ubicación de las mesas de trabajo a mis compañeras y a mí porque decía que nos lo pasábamos demasiado bien en el trabajo. Cuando nos lo comentó en voz alta me acerqué a él y le pregunté que si acaso el trabajo no salía adelante, cosa que él no pudo negar. Insistí en que trabajar de manera alegre no sólo es posible, sino que además es mucho más eficiente y productivo…No sé si fue porque no se esperaba que le fuese a rebatir o porque reflexionó, pero al final nos dejó seguir trabajando como estábamos.

Hay días que nos levantamos y cuando nos queremos dar cuenta ha pasado la mañana o casi el día entero y apenas nos hemos echado unas cuantas risas. Así que vamos a procurar ser más conscientes de las veces que sonreímos al día…sonríele a la gente y la gente te sonreirá a ti.

Los que venís siguiendo mi blog ya habréis podido intuir que tengo una cultura cinematográfica bastante pobre y simplona, pero sí soy conocedora de unas cuantas frases míticas y en este momento recuerdo una de Charlie Chaplin que decía “nunca te olvides de sonreír, porque el día que no sonrías, será un día perdido”  – imprímela y ponla en la nevera de tu casa o cerca de la pantalla del ordenador, que te vendrá bien tenerla presente.

Así que ya sabes, ríe, ríe y ríe, y si es en compañía mejor que mejor. Pero también recuerda, que antes de nada, hay que aprender a reírse de uno mismo…

Aquí te dejo un ejemplo de la fuerza que tiene la risa. Un experimento que ya se ha hecho en varios metros del mundo, en el que un vagón lleno de gente es capaz de terminar riendo al completo, contagiado por la risa…y tú cuando lo veas, también – vale que igual no te da la carcajada, ¡pero ya verás cómo una sonrisita sí que me echas!

ataque risa contagiosa

Artur Mas también roba energía

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Dicen que para recibir hay que dar, o también se dice que uno recoge lo que cosecha.

Hoy estaba yo reflexionando un rato sobre mi semana y la energía con la que la voy a encarar. Es frecuente vernos hablar de energía en su sentido más físico: la factura de la luz, que no baja ni aunque vivamos a oscuras; la batería del móvil, que si se muere nosotros morimos con ella…Pero creo que le prestamos poca atención a las cosas que nos dan y quitan energía a lo largo del día y mucho menos a cómo nosotros se la damos y quitamos a los demás.

Hace unos meses estuve en un taller de trabajo – son como los talleres de coches, pero en los de trabajo a menudo nos dan herramientas para poder arreglar nuestros desperfectos personales – en el que hicimos una profunda reflexión sobre qué nos da y qué nos quita la energía.

Una frase que decimos mucho en el argot de RRHH, es que duchado y motivado se viene desde casa”. Y eso es así de simple. Mucha gente cree que su motivación depende de las acciones de los demás: el jefe, la pareja, nuestras amistades, los compañeros de trabajo…Pero, desafortunadamente para ellos, los únicos responsables de sentirnos motivados somos nosotros mismos.

Si hablamos de energía, podríamos decir que cada uno de nosotros es el único encargado, todas las mañanas, de salir de casa con el chute necesario para afrontar el día.

Vamos a dar por hecho que es así y que mañana, conscientemente, cuando salgamos de casa lo vamos a hacer con el depósito de gasolina lleno. Pero claro, procura que la batería esté a tope de verdad, porque ya verás cómo, según va pasando el día, te vas encontrando con sorpresitas que chupan más gasolina de la que llevas puesta y, sin darte cuenta te verás cantando aquel hit del verano de “dame más gasoliiiiina”…Y si no, mira: sales de casa y le das al botón del ascensor, que tarda más de la cuenta en llegar; con la prisa que tienes, al ver que éste no llega, terminas por coger la opción de la escalera, que con tacones, cartera y probablemente niños agarrados a tus pantalones, ya te empieza a provocar una leve mala leche con la que no contabas al abrir el ojo. ¡Y eso que el día sólo acaba de empezar!

Una mancha sobre la ropa cuando ya creías estar listo para salir; ir a comprar pan y tener que esperar diez minutos a que se termine de cocer; una mala respuesta por parte de tu jefe o un compañero; que tu amiga con la que has ido de compras de veinte vueltas para elegir algo y terminar sin una bolsa en la mano; un pinchazo al coger el coche; que te cancelen otra reunión; que la llamada o el mensaje que esperas nunca lleguen; personas quejándose de todo a tu alrededor; una reunión justo a última hora de la tarde;…

Al final del día, muchas veces sólo alcanzas a decir: “por fin se acabó, me voy a tirar un rato en el sofá, que con el día que he tenido, sólo estoy pensando en disfrutar viendo mi serie” – claro, que lo que no sabes aún, es que tu serie favorita la han cambiado de día sin tu saberlo, así que terminas acostándote la frustración de que para una cosa buena que iba a tener el día, van y te la quitan…

Lo que no te sueles plantear al final del día es qué has hecho tú por mantener el depósito de los demás lleno. Es decir, que igual que los demás han ido chupando nuestra energía como sanguijuelas, seguramente tú hayas ido haciendo lo mismo con ellos. Porque sí, todos damos y quitamos energía a los demás. Tú también eres un ladrón de energía.

Todos andamos por la vida robando energía cuando nos quejamos, protestamos, no complacemos, exigimos, no informamos, no cuidamos, no hacemos reír o usamos nuestra sonrisita sarcástica para dar la nota, tal y como se aventuró a hacer el Sr. Mas la semana pasada en la copa del rey al son de nuestro himno nacional – cosa que a mi particularmente no me quita energía, pero sí me toca las narices.

Esta semana me gustaría plantearte que intentases ser más consciente de qué tal eres tú como fuente de energía. ¿Eres de los que se preocupa porque el día de los demás esté lleno de energía positiva o más bien eres de los que, seguramente sin darse cuenta, va quitándole la energía al resto?

Si quieres incluso ir más lejos, prueba a compartir tu reflexión con alguien de confianza. Siéntate con esa persona y deja que te diga – como se suele decir, desde el cariño y sin acritud – cómo percibe ella o él la manera en la que tú le quitas la energía a los demás.

Se trata de que asumas que tú también eres un ladrón de energía y aunque sólo sea por eso de que cada uno recoge lo que cosecha, da energía positiva y recibirás energía positiva de los demás.

Si quieres actuar y no sabes por dónde empezar tu plan de acción, te hago una propuesta: prueba a no quejarte tanto. Mi mayor ladrón de energía es el que se pasa la vida quejándose porque sí. Prueba por empezar sin quejarte en voz alta – si te quejas por dentro y solo te enteras tú, a mí me vale –durante un día. Sólo con eso estarás haciendo un gran favor a los depósitos de energía de los que te rodean.

Y si no quieres hacer nada al respecto, perfecto, pero asume que los demás huirán de ti y de tu energía negativa, porque cualquiera se puede comer una almendra amarga, pero un paquete entero, no lo quiere nadie.

¡Y ahora, un poquito de musiquita para ayudarte a mantener el depósito a full!

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