Cambio “Chiringuito” por “Beach Club”

todo cambia

Qué buenos recuerdos tengo de mis vacaciones veraniegas, cuando nos metíamos seis o siete personas en el Citroen CX palas de mi padre, por supuesto, sin cinturones ni sillas para niños homologadas. Mis hermanos y yo jugábamos a encontrar el lugar más estratégico y chulo del coche donde apoyar nuestras posaderas durante las ocho horas de viaje que teníamos, aproximadamente, hasta llegar a Fuengirola, nuestro lugar de destino durante muchos años…

Allí nos pasábamos las vacaciones de verano, entre nuestro Hotel las Pirámides y nuestro Chiringuito El Copo…¡Al rico bombón helado, señora! – tarareaban los vendedores ambulantes de antes, que ahora hacen lo mismo con frutas, mojitos y conjuntos de verano.

Luego llegó la casa de la playa, las pandillas de verano y las salidas…Una iba creciendo a la vez que el mundo cambiaba a su alrededor. Y así hasta ahora, que descubro que los Chiringuitos ya no se llaman así, sino Beach Clubs. Quizá sea porque han tardado años en encontrar la traducción al inglés de la palabra chiringuito…Pero no, lo cierto es que el encanto que tenían estos lugares se ha ido transformando con el paso de los años, no para olvidarnos de ellos, sino para encontrar la manera de seguir manteniendo su glamour, moldeándose para adaptarse a las nuevas tendencias que marcan el paso de los años.

Otro ejemplo de adaptación al cambio del tiempo lo tenemos en los gimnasios, que ahora se han transformado en Gyms, Sport Centres, Fitness Centres…Y eso por no hablar de su oferta de clases, que atrás quedaron las abarrotadas salas de aerobic, step, y sevillanas para dar paso a Zumba, Body Pump, Body Jump, Body Power, otros cientos de modalidades de “Body…” y como no, mi odiado y a la vez querido Crossfit. Los gimnasios de ahora han tenido que adaptarse al cambio del tiempo, han tenido que aprender a transformarse para seguir manteniendo su esencia y seguir enganchando al público más exigente.

El caso es que todos queremos sentirnos sorprendidos cuando vamos a conocer un Beach Club, un nuevo restaurante o un Gym…queremos teléfonos con mejores aplicaciones, televisiones que sean capaces de grabarse a ellas mismas y conectarse hasta con «el más alla», aspiradores que al ritmo de “roomba” se paseen por la casa limpiando un suelo que antes nos costaba horas dejar impoluto…

Pero ¿y tú? ¿Qué haces para adaptarte al cambio? ¿Te preocupas por evolucionar?

Que conste que respeto todas las decisiones, pero a la vez me sorprende taaaaaaaanto ver cómo hay gente que pierde el interés por evolucionar…

Busco en Mr. Google el significado de la palabra evolucionar y esto es lo primero que me encuentro:

evolucionar

verbo intransitivo

  1. 1. Hacer [una persona o una cosa] una evolución o cambio gradual, especialmente de conducta, de actitud, de ideas, etc.

Todos evolucionamos en nuestra vida. Pero a medida que pasan los años, veo que para unos cuantos es fácil caer en una rutina que, poco a poco, les va introduciendo en un estado de letargo que les deja estancados mientras siguen viendo la vida pasar. Y de lo que no se dan cuenta es que no sólo pasa la vida, sino que el tiempo de “bailar” con ella también.

Otros preferimos seguir “evolucionando como los pokemon y la barbie» – que por cierto, ya no sé si los mellizos que tuvo son de Ken o finalmente decidió ser madre soltera -. Evolucionamos para  adaptarnos a ese cambio constante, para probar cosas nuevas, para enfrentarnos a un nuevo reto después de haber superado otro. No es tan importante conseguirlo como intentarlo, porque lo más probable, es que si lo intentas con todas tus ganas, lo consigas.

Los primeros, no sólo seguirán quietos, sino que incluso intentarán parar a los segundos. Y estos, que son fuertes de voluntad, harán caso omiso a las “vocecillas” de su alrededor, que intentan asustarlos con sus: estás loco, ya tienes bastante, no vas a poder sacar tiempo, eso no te va a servir de nada…

Dicen que lo único que no cambia en la vida es el cambio, que siempre es cambio. Así que está en las manos de cada uno de nosotros el decidir si intentar “bailar” con el cambio o quedarse aletargado mientras mira la vida pasar.

El caso es que si los chiringuitos evolucionan para convertirse en Beach Clubs, los gimnasios se tornan en Fitness Centres, y hasta el Corte Inglés es capaz de cambiar sus políticas de precios y devoluciones, ¿por qué hay gente que se niega en rotundo a evolucionar? Y dado el caso, vale, acepto que alguien no quiera evolucionar, pero que tampoco intente parar al que lo hace. Que el cambio es duro para todos, y más que desánimo, lo que nos viene bien a los que intentamos evolucionar es que nos animen.

Y dicho esto, me despido compartiendo con vosotros la canción «Todo cambia» de la folklórica argentina Mercedes Sosa, quien desde 1965 ya advertía con su canto que todo cambia en esta vida…Una canción que me encanta y que casualmente le viene como anillo al dedo a este post.

Ah! Eso y “guardar cambios” en mi archivo antes de salir para poder editar mi entrada 😉

todo cambia

Las patatas fritas engordan y mi «whatsapp» miente

no linea

No señores, por mucho que lo diga mi whatsapp “no estoy en línea”. Después de haber tenido la oportunidad de participar en un importante estudio científico durante mis quince días de vacaciones, puedo corroborar y corroboro, que las patatas fritas engordan – por favor, el gracioso de turno que esté pensando en decir eso de que no engordan las patatas sino el que se las come, que se ahorre la gracia, que no está el horno para bollos… quien pillara ahora un bollito con mi café en vez de esta tortita de avena…

Vamos a repasar la lista:

lista.jpeg

Tal y como temía, queda confirmado que las patatas fritas engordan…y la cerveza, el vino, el gin-tónic, la hueva con almendra, las hamburguesas, los M&Mms, los Jelly Belly…¡CONFIRMADO QUE CASI TODO LO QUE HE COMIDO ENGORDA!

Pero que no cunda el pánico. En una semana mis bichos empezarán el colegio y podré ver cómo, un año más y después del ajetreo del verano, todo vuelve a su sitio…Bueno, todo menos mi cintura, que otra vez me toca empezar a buscarla. Mira que pierdo cosas: las llaves del coche, el DNI, joyas, papeles, la paciencia…Pero nada que tarde y me cueste tanto recuperar como la cintura.

He decidido que la próxima vez que se gasten las pilas de la báscula no voy a esperar a que venga el “duendecillo de las pilas” a cambiarlas, porque esta vez no sólo ha tardado meses en venir, sino que cuando lo ha hecho, la báscula ya estaba rota…Total, que he terminado comprando una báscula de última generación que me cae inmensamente peor que la que tenía…Qué necesidad tendré yo de tanta información: que si el agua de mi cuerpo, mis huesos, mis músculos…Si al final todo se reduce a que peso 3kg más que la última vez que me pesé allá por el final del invierno…En fin, no me voy a dejar llevar por la crisis de ansiedad que me está merodeando y me lo voy a tomar con calma.

De momento, el corte de pelo parece que es favorecedor, o al menos es lo bastante radical como para que la gente, cuando me vea, me diga antes eso de “vaya corte de pelo” que lo de “te ha sentado bien el verano, ¿eh?”. Con eso ganaré alguna semanita de ventaja para perder algún kilillo antes de que alguien me venga con eso de “se te ve mejor cara así, que hace unos años te quedaste fea de flaca que estabas” – cegatos…

Ya está puesta en marcha toda la artillería pesada: nevera llena de proteínas, verduras, algo de fruta y lácteos; avena para intentar innovar con algún postre acalórico; infusiones y….y poco más, la verdad. Pero bueno, voy a ser fuerte, porque tengo dos estupendos meses, con sus días y sus noches, sus fines de semana y festivos, para llegar a los cuarenta estupenda. Sí, mi madre me dice que ya lo estoy y mi padre más, pero yo me quedo con el «ni tanto ni tan calvo«, y con que siempre se puede mejorar algo.

Alimentándome en condiciones y volviendo a mi entrenamiento de alta intensidad, mis carreritas y mi «ciclo indoor» – todo ello endulzado con altas dosis de paciencia y buen humor – seguro que puedo conseguir el reto….¡¡¡pero cuaaaaaaaanto me va a costar!!!

¡Ay! mis copitas de vino después de acostar a mis bichos…Volveremos a encontrarnos, de eso estoy segura, pero de momento, tendremos que dejar nuestra relación durante un tiempo. Necesitamos un respiro.

Y mientras me tomo ese respiro de comida supuestamente insana pero que a mí me da la vida, seguiré buscando distracciones para no caer en el capricho de “malalimentarme” durante un tiempo.

Está claro que una servidora se ceba sobre todo cuando se relaja, así que procuraré no relajarme mucho y mantenerme lo más ocupada posible: es hora de retomar el punto, los estudios y la escritura. Así sé que podré ser fuerte y evitar caer en la tentación, que aunque Oscar Wilde dijera que la mejor manera de librarse de la tentación era cayendo en ella, yo lo voy a evitar a toda costa…Y si de aquí a mis cuarenta no me queda más remedio que caer en ella algún fin de semana, lo haré de manera que parezca un accidente…

Y mientras piensas en cómo te vas a mantener tú distraído, aquí te dejo una receta milenaria para adelgazar, eso sí, en modo de rumbita, que mover las carnes también nos va a venir bien a todos…

Typic

Vuelta al tajo y una técnica para mejorar

exitoblog

Shhhh…aún está todo en silencio esperando a que, a partir de la semana que viene, la marabunta vuelva a su sitio. Poco a poco se van viendo signos de que las vacaciones se están acabando. Barrigas y mofletes hinchados; caras de saturación después de compartir tanto tiempo con nuestros seres queridos, y buscando algún momento de soledad; gente negra como tizones; y escaparates que ya intentan engatusarnos con sus propuestas para el otoño que se avecina.

Aunque por un lado estoy deseando quedarme en ese estado de letargo eterno en el que soy capaz de entrar en vacaciones, por otro espero con ganas el inicio del nuevo curso escolar y con él, la llegada del frescor que durante este verano ha decidido serme más infiel que el “rexona, que nunca te abandona”

Otra de las sensaciones que me encanta con el final de las vacaciones, es la de pensar en nuevos proyectos y objetivos para lo que queda de año. Aún tengo cuatro “mesecicos” por delante para hacer cosas este año, para cumplir objetivos nuevos con los que seguir mejorando personal y profesionalmente…Así que, como me encantan las libretas, ya estoy dándole duro a las listas…¡a ver qué se me va ocurriendo!

De momento, y sin innovar nada, ya he retomado trabajo, dieta y gimnasio…Con un poco de suerte, después de estos cuatro días de dieta cogeré un poco de colchón para el darme el homenaje con las celebraciones varias que tengo este fin de semana. Y la semana que viene, ya sí que sí, a tope con la proteína y la verdura…Fuera cervecita con su hueva y sus almendricas, fuera gin-tonics, fuera frutos secos, fuera marraneo y bienvenida vida sana…Aunque reconozco que, igual que el frescor me ha sido infiel a mí, yo también haré lo mismo con la montaña de vegetales y proteína a la plancha de vez en cuando, que este cuerpo serrano y la fuerza de voluntad que tiene una, también se merecen algún premio de vez en cuando.

El post de hoy, aparte de utilizarlo para retomar el hábito de seguir compartiendo contigo mis reflexiones, es para invitarte a que tú también cojas papel y lápiz y empieces a meditar sobre las cosas que vas a hacer de aquí a que acabe el año…Seguro que hay algo nuevo que puedas hacer y que te de vidilla. Eso sí, sé realista y comprometido. Ya sabes que somos débiles para abandonar un proyecto, un sueño o un objetivo a la primera de cambio, así que a la hora de hacer esa lista, procura no ser utópico y proponte cosas realistas. Cosas realistas, pero que desees de verdad, porque solo así serás capaz de superar los obstáculos y bajones con los que te encontrarás en el intento. Por lo tanto, dejaremos la utopía de nuestros sueños al azar de la lotería de Navidad, que también está cerca y nos centraremos en nuestra realidad. Y una vez tengamos nuestros objetivos claros, ¡a por ellos con todas nuestras ganas y entusiasmo!

Creo que el mayor enemigo de cualquier meta que uno quiera alcanzar es la excusa de la falta de tiempo. Casi siempre, cuando alguien desea conseguir y no hace nada para lograr algo, termina diciendo aquello de: «es que me encantaría, pero me es imposible porque no tengo nada de tiempo libre, e intentarlo para luego dejarlo…no. Mejor esperaré a tener más tiempo» – seguro que te suena el diálogo…

tecnica media horaPero para que la falta de tiempo no sea un problema para ti, voy a compartir contigo la “técnica de la media hora” de la que hablo en mi libro “Un poto, dos niñas y un blog”. No, no he inventado nada, ni tengo la panacea contra la falta de tiempo, pero sí es cierto que en un momento en el que necesitaba salir de mi estancamiento, se me ocurrió este método para aprovechar más y mejor el tiempo. Espero que si te sirve de algo, compartas conmigo tu éxito.

Suelo tener por costumbre terminar mis entradas con algún video relacionado con el tema que trato. Hoy, aunque me ha costado decidirme a hacerlo, termino esta entrada compartiendo contigo uno de los booktrailers que, no sé si por vergüenza o por modestia, tengo guardado en la recámara desde que me lo regalaron los de la editorial Círculo Rojo al publicar el libro. Pero lo cierto es que  me siento tan orgullosa de haber alcanzado este objetivo, que si te pido que compartas tus éxitos conmigo, no voy a hacer yo menos contigo. Así que aquí va uno de mis logros, conseguido entre otras cosas porque un día me comprometí con mi lista de objetivos, porque fui fuerte y no caí en las garras de ninguna excusa para abandonar y porque creo que uno puede conseguir cualquier cosa que se proponga.

booktrailer

Donde las dan, las toman o #truthordrink

comer gallina

Por fin tengo a mis dos Titanes bajo el mismo techo durante unos días…Qué a gusto se está con los padres cuando todo lo que recibe una son mimos, alabanzas y alegorías.

Atrás quedó aquella época adolescente en la que mis cómplices de la infancia se convirtieron en el mayor de mis tormentos…Ya lo dicen las estadísticas: las modas, la economía, el diseño, los cánones de estética, nuestra talla y casi todo en esta vida, es cíclico. De ahí que las mujeres guardemos bolsas y bolsas de ropa en nuestros armarios y trasteros, porque sabemos que lo que se deja de llevar hoy, tarde o temprano estará de moda otra vez.

Y si hay algo que tampoco se escapa de ser cíclico, es la relación que uno tiene con sus padres.

Durante la infancia los adoramos, los admiramos…los idolatramos. Esa es la época que estoy viviendo yo ahora con mis bichos. Que si mami que guapísima estas con ese pijama – cuando llevo una camiseta vieja de Daisy que ha ido creciendo conmigo con el paso de los años; que si mami que culete tan bonito tienes – cuando lo que veo yo en el espejo es algo parecido a un paisaje lunático lleno de cráteres…que ya firmaba yo por una piel de naranja; que si mami que bien cantas – aquí reconozco que tienen algo de razón. En fin, por peloteo o por lo que sea, mis bichos no hacen más que elevar mi ego a dosis tan altas de autoestima que si no es porque mi espejo no es como el de Blancanieves y se encarga de ponerle cara a mis imperfecciones, yo viviría eternamente en “Los mundos de Yupi”.

Yo también viví esa época en la que me pegaba al brazo del sofá de mi padre hecha una zalamera y en la que si oía a mi madre gritar que un día iba a coger la puerta de casa para irse donde nadie la encontrase, caía en depresión profunda.

Después, cuando llega la edad del pavo y una empieza a creerse más lista que nadie son todo molestias y estorbos…Que si todos los padres son geniales y los míos unos antiguos, que si para qué me tienen que preguntar tanto…Durante esos años, cada vez que mi madre entraba con voz dulce y buena cara en mi habitación mientras cerraba la puerta a sus espaldas, mi cara se incendiaba temiendo el tipo de conversación al que estaba a punto de enfrentarme. Y eso era cuando todo iba de buen rollo, que cuando empezábamos con los “tira y afloja”, no te quiero ni contar…

Aún me faltan unos cuantos años para revivir esos “tira y afloja” desde el otro lado de la barrera, pero ya sólo de pensarlo se me ponen los pelos como escarpias: historias para recordar…

Historia 1: niña quiere salir ir a una discoteca y madre dice que ni hablar, mientras padre dice que lo que diga madre está bien. Niña enfurece, se cabrea y se encierra en su habitación pensando en lo que molan los padres de las otras. Madre pasa del tema y dice que como encima te pongas chula te la vas a llevar…Conclusión: la niña no sale y tiene que terminar tragándose su orgullo porque el plato en la mesa siguen poniéndolo madre y padre…Total, a la semana siguiente lo volverá a intentar y algún día, aunque sea por plasta, lo conseguirá.

Historia 2: niña ya ha conseguido salir…Sale los miércoles a bailar salsa, y jueves, viernes y sábado de cañas y copas, quedándose a dormir en casa de alguna amiga en piso de estudiantes donde los padres no molestan por la mañana. Madre, que ya no le queda otra que aceptarlo, acostumbra a llamar a las cinco de la mañana para saber si todo va bien y, si duermes en casa, te pregunta si te falta mucho por llegar, para irte preparando el zumo de naranja que terminas tomándote con las pupilas dilatadas por el alcohol, mientras piensas que efectivamente no se ha dado cuenta de la moña que llevas. Conclusión: te acuestas tan a gustito después de ese desayuno que te ha sentado de lujo, duermes a pierna suelta y cuando abres los ojos y le plantas el beso de buenos días/tardes, madre te mira con buena cara al son de “ahora cuando termines de comer, cariño, hazte el armario que lo tienes muy desordenado” – para mis bichos, que como ya he dicho, dentro de unos años pasarán por todo esto, especifico que “hacerse el armario” significa que tienes que sacar toda la ropa, la colgada y la que está en cajones, vaciar zapatero y después de limpiarlo todo “con un trapo húmedo y lo secas bien con otro antes de volver a guardarlo todo” tienes que procurar dejarlo impoluto antes de que pase la ITV de madre.

Y junto a estas historias, otras cientos de ellas acompañadas de miles de coletillas del tipo “como vaya yo y lo encuentre, te vas a enterar”, “no salgas así que hace frío y te vas a resfriar”, “y si fulanita se tira por un puente, tu ¿también lo haces?”, o «si eres mayorcito para trasnochar, también lo eres para madrugar”…

Lo cierto es que, pasada esa etapa, vuelve un ciclo en el que de nuevo idolatras a tus padres. Todos vuelven a ser guapos y están “fenomenal para la edad que tienen”. Y tu admiración hacia ellos es incluso mayor, porque cuando eres consciente de lo que han tenido que sufrir para soportarte y además sabes que te va a tocar pasar por lo mismo con tus hijos, esa admiración se transforma en auténtica devoción.

Y en esas estoy yo. Ahora que llega el mes de agosto, tengo la suerte de pasar con ellos unos días. Sin ir más lejos, este fin de semana ya ha sido todo un homenaje de: “comidas favoritas de mi Natalia”…Y también me he vestido con unos trapitos que le hacía a mi madre ilusión que me probase porque, después de casi 40 años encerrados en una de esas bolsas de ropa que guarda ella y aunque sabe que cuando se pongan de nuevo de moda, no le entrarán, le gusta recordar de vez en cuando que vivió un tiempo pasado con un tipo mejor.

El domingo fue el día de los abuelos y el de mis padres, que también lo son. Y este post se lo dedico a ellos. Mis héroes, mis bastones y mis ídolos.

Y mientras el resto nos seguimos preparando para llegar a ser un día abuelos tan molones como los de nuestros hijos, aquí os dejo un divertido juego de preguntas y respuestas incómodas entre padres e hijos (mayorcitos…): #truthordrink. Acabo de encontrarlo por internet y agradezco que mis padres no lo hayan descubierto antes, porque hay cosas que mejor dejarlas para uno mismo…

truhordrinkvideo

¿Dónde está mi glamour?

autentica

Sicilia, 1929…Así comenzaba una de las frases de aquella Sophía Pettrilo de la serie ¨Las chicas de oro” con la que cada vez siento más sintonía.

Murcia, cuarta ola de calor del 2015…Y casi cuatro semanas sin escribir… No sé si lo que tengo es el “síndrome de la hoja en blanco” o que mi mente, ansiosa de vacaciones, realmente ya no da para más. En octubre habrán pasado doce primaveras y veranos desde que me trasladé a esta maravillosa provincia que tanto me ha dado. Pero si hay algo que este año me ha dado la Región y parece que no piensa quitarme, son los sofocos.

¿¡¿¡Pero de donde puede salir tanto calor?!?! Y no sólo eso, sino que ¿¡¿¡cómo es posible sudar tanto y tener la sensación de no perder ni un solo gramo!?!? Más que cuatro olas de calor, señores del tiempo, convendría decir que hace un mes entramos en bucle con la primera y que de ahí no salimos.

Nada menos que desde el mes de septiembre del año pasado, aquí una servidora – que por aquel entonces ya podía presumir de ser deportista por llevar un año corriendo – decidió, como casi siempre procura hacer, dar un pasito más y ser de las que dicen ser “deportistas de fondo y no de sprint final”. Total, que empecé a asistir religiosamente al gimnasio. Descubrí el mundo del “Spining”, el del “Interval”, y ahora, el del “Cross-fit” – lo siento por mi amiga Eva que siempre critica mis anglicismos, pero todos sabemos que suena más glamuroso dicho así que en castellano. Todo ello con la intención de llegar al verano con un cuerpo explosivo, y no para explosionar como me está pasando de repente.

En cuanto al cuerpo, me doy con un canto en los dientes por poder decir que también entré en bucle y ahí me mantengo en peso, eso sí, con las carnes más prietas. En realidad me baso en sensaciones para decir que debo pesar lo mismo, porque la señora báscula decidió acabar con la pila hace meses y aún no ha llegado “el duendecillo de las pilas” a cambiarlas.

Total, que así pensaba llegar yo al verano del 2015, toda prieta y a ser posible con algún kilo menos. Llegada la fecha, estaba convencida de que invirtiendo parte de la extra de verano en la compra de algunos trapitos, ¡¡¡este verano yo iba a ser todo un derroche de glamour!!!

Pero ahora resulta que se nos ha plantado aquí el “megacaloret” y no hago más que sudar y sudar…y venga a sudar y a sudar más…No hay máscara de pestañas que aguante semejante sopor, ni vaquero prieto que suba más allá de la rodilla sin haber superado los cien saltos comba.

Desde que nos comemos el último polvorón del año nos dejamos engatusar por el mundo de las dietas; nos invaden campañas publicitarias que nos muestran súper modelos disfrutando de la brisa marina desde un yate de tropecientos metros de eslora; y el Corte Inglés y Loreal nos saturan con sus “te lo mereces” y “porque yo lo valgo” mientras nos convencemos de que si hay una época del año en la que una debe derrochar glamour por los cuatro costados, es el verano.

Al final estoy llegando al mes de agosto y sigo sin encontrar mi glamour. Estoy planteándome dejar de beber los tres o cuatro litros de agua diarios recomendados por la OMS (Organización Murciana de la Salud) en esta época del año, porque no puedo más con la retención de líquidos. Voy a dejar de usar perfume porque la citronela y el After-bite se han convertido en mis mejores aliados contra los mosquitos – aunque claro, me da a mí que después de las cinco picaduras que me han salido de ayer a hoy, los mosquitos le han ganado la batalla a estos también. Dejaré de consultar los consejos de belleza del verano, porque el pelo, cuanto más recogido en el cogote, menos calor me dará, y claro, una ya no gana para kleenex para limpiar chorretes de maquillaje y rímel.

Así que he decidido ser de los de la tendencia que pasa por decir que el verano es para relajarse, disfrutar y desconectar. Adiós vaqueros prietos y bienvenidos a mi armario los caftanes y pantalones anchos, vestidos vaporosos y cualquier trapo que una vez puesto, casi ni me roce la piel. Adiós maquillaje para disimular ojeras y potenciar cara sana; bienvenida cara lavada, sombrero y gafas de sol. Adiós al lavar y marcar con el secador de pelo y ¡bienvenidas las canas al viento!

Visto lo visto, podría decir que me he pasado parte del otoño, el invierno y la primavera entera preparándome para el verano…y que todo para nada.

Pero no, en realidad me he preparado para darme cuenta de que el mejor glamour con el que puede ir una por ahí es con el de ser natural…¡como la vida misma! Al final la gente que me cautiva es la que es más natural, la que se rodea de menos artificios y la que menos tonterías tiene en la cabeza. No es que haya descubierto esto ahora, pero sí que es cierto que según pasan los años una se va dando cuenta de cuánta tontería hay por ahí y de lo a gusto que se está rodeada de gente auténtica.

Y bueno, de cara al verano que viene, seguiré trabajando para transformar mi tableta de chocolate fundido en algo más parecido a una de las de verdad, seguiré repasándome las uñas para no llevarlas descascarilladas y llevando tacón aunque empiece a doler el juanete, que como decía aquella eurovisiva canción, “antes muerta que sencilla”…Pero sobre todo, ¡pienso seguir trabajando para ser la versión más auténtica de mí misma!

all natural

Dentro de ti y una foto viral

Sí, podría tratarse del título de la nueva trilogía erótica que intenta aprovechar la ola de calor para calentarnos más y alcanzar el título de bestseller. Pero mientras maduro esa idea – en principio descartada – voy a quedarme con el sentido más figurativo de la expresión.

De momento, con el título es probable que haya conseguido atraer tu atención, y ahora que ya te he dicho que no pienso hablarte de erotismo, espero que te quedes conmigo compartiendo las próximas 931 palabras.

A finales del año pasado iba en el coche con mi Bicho – si has leído ya mi libro (Un poto, dos niñas y un blog) sabrás quién es y si no te aclaro que mis Bicho y Bichito son mis hijas, las que me dan y me quitan la vida, en ocasiones, incluso varias veces al día. El caso es que mientras iba cambiando de emisora, en busca de una melodía de esas con las que me gusta desgañitarme mientras mis bichos se mean de la risa y aprenden a disfrutar de lo bueno que es hacer el payaso, me quedé atónita formando parte del siguiente diálogo con una niña de seis años, mi Bicho:

Bicho (B): ¿Mami, al final La Pantoja va a ir a la cárcel?

Mami Perpleja (MP): Sí, hija. ¿Pero tú sabes quién es La Pantoja?

B: Es una señora que ha salido en la televisión, en el programa de la Tia Carmen.

(Aclararé que la Tía Carmen no es mi hermana y tía de mi Bicho, sino mi tía. Aunque ambas comparten nombre, la segunda no es seguidora de la tonadillera ni de Sálvame y responde al título de Mayca).

MP: Pues sí cariño, al final va a la cárcel.

B: ¡Pues qué pena, mami!

MSP (Mami Súper Perpleja): Bueno, es que la gente, cuando hace cosas muy malas, como robar, va a la cárcel…(tampoco era plan de entrar en detalle…)

B: Ya mami, pero ella estará muy triste, y su hija también. Porque tiene una hija, ¿sabes mamá? – como para no saberlo, pensé yo. Y si su mamá se va a la cárcel no van a poder darse besos y abrazos durante mucho tiempo. Y eso es muy triste mamá.

MSP: Tienes razón cariño, es muy triste…

Y ahí quedó la cosa. Una madre súper perpleja – y te diría que casi indignada porque mi Bicho conociese a La Pantoja y sus líos – y una niña intentando digerir el sentimiento de tristeza que estaba teniendo al pensar cómo se sentirían Chabelita y Pantoja sin los abrazos y besos de una a la otra.

Mi Bicho, desde su inocencia, pero muy inteligentemente, supo llamar mi atención utilizando un recurso, La Pantoja, que me dejó atónita para darme toda una lección de empatía.image1

Estoy casi segura de que tú también sabes lo que es empatía: la capacidad de percibir lo que el otro está sintiendo; el saber ponerse en el pellejo del otro; el meterse en los zapatos del otro…Pero una cosa es que sepamos lo que es y otra muy diferente es que la practiquemos.

Profesionalmente, son muchas las ocasiones en las que he oído hablar y he hablado de empatía, y sé que es un recurso, o mejor dicho, una virtud, que cuando es trabajada, aporta muchísimo. La empatía me aporta el saber entender las reacciones de la gente, me aporta facilidad para perdonar, me ayuda a abrirme a los demás, me ayuda a ser solidaria…me ayuda a estar, como decía en el titular, Dentro de ti. Pero no sólo me ayuda a estar dentro de ti para entender cómo te puedes sentir, sino que también me ayuda a conocer tus preferencias de comportamiento.

George Bernard Shaw, escritor irlandés y Premio Nobel de literatura en 1925 lo dijo muy clarito con una frase que me encanta y me acompaña desde hace mucho tiempo: “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti – ellos podrían tener gustos diferentes”. Así la empatía no se limita a ponerse en el lugar del otro para entender sus sentimientos y punto de vista, sino que trasciende en descubrir sus preferencias.

El caso es que leemos y releemos la palabra empatía montones de veces, somos conocedores del poder que tiene, pero no siempre la ponemos en práctica. Yo te digo que si te comprometes y te esfuerzas en trabajarla, es fácil que te enganches a ella.

No se trata de que pierdas tu personalidad para actuar como a otros les gustaría. Se trata de comprender cómo es el otro, con sus virtudes, sus defectos, sus acciones y sus reacciones.

Esta entrada me la ha inspirado una foto viral que está recorriendo el mundo a través de las redes sociales y la historia que hay detrás de ella. Se trata de la historia de un agente de policía de Colorado, Nick Struck. En la imagen, que comparto contigo en este post, puedes ver cómo el agente sostiene en brazos a una niña de dos años que sobrevivió a un accidente de tráfico en el que murió su padre. La cogió en brazos y se colocó de espaldas al siniestro mientras cantaba canciones para que no se asustara. El padre de la pequeña había muerto. El policía, en el video que acompaña a la imagen – si no entiendes inglés activa los subtítulos en youtube, eligiendo la opción de traducirlos al castellano en la rueda de herramientas – dice que sólo hizo lo que le gustaría que hicieran con su hija si la víctima fuera él; pura empatía…

No cómo La Pantoja, pero sí como Nick Struck, seamos empáticos. Empecemos por observarnos. Dedícate unos minutos a pensar cómo eres de empático, piensa en cuándo fue la última vez que fuiste consciente de que estabas poniéndote los zapatos del otro, sintiendo cómo se camina desde su perspectiva.

Es buena costumbre crearte un ritual, al acostarte, en el que pienses en tres cosas por las que estés agradecido al final del día, visionar un día positivo para cuando vuelvas a abrir los ojos y por qué no, también pensar en lo empático que has sido. Ser consciente de ello ya es un paso.

Nick Struck

Vacaciones de verano ¿para quién?

vacaciones de verano

Pues sí, como ya viene catando Fórmula V desde hace nada menos que cuarenta y tres añitos, atrás se quedan el invierno y la primavera para dar paso al veranitooooo!!!!!!

Pero ¡OMG! (Oh My God), también se acaban el colegio con su comedor tan apreciado por mi, las actividades extraescolares, la rutina de acostar a mis bichos a las nueve de la noche…¿¡¿¡¿cómo, cuándo, por qué?!?!? ¿quién decidió que la mejor manera de conciliar era la de darle a los niños tres meses de vacaciones de verano y a sus padres unas semanas? ¿por qué no decidí yo en su momento convertirme en una Srta. Rotenmeyer de primaria para coincidir con mis bichos en vacaciones?

Ahora entiendo lo que realmente querían cantar con esta letra: «Vacaciones de verano para mí, caminando por la arena junto a ti. Vacaciones de verano para mí. Hoy mi vida comienza a despertar, hoy se ha abierto la puerta sin llamar…»

¡Y tanto que mi vida comienza a despertar! Como que la paz que he conseguido después de conseguir crear una especie de rutina entre trabajo, estudios, extraescolares, gimnasio y salidas, se me acaba de desvanecer como una pompa de jabón a los segundos de salir del bote….snif, snif, snif.

¡Madre mía! Sólo de pensar en “la que se avecina” – el guión de la serie se me queda corto para lo que se me presenta este mes de julio –  estoy empezando a hiperventilar y a sentir tal ansiedad que antes de que me dé por atacar la despensa, voy a embutirme en mis mallas y a hacer algo de ejercicio para soltar (vuelvo en un rato)…

…Sí, sí, soltar he soltado un montón de gallos cantando las canciones setenteras de la clase de ciclo. En fin, tras veinte minutos en la cinta corriendo más rápido que nunca – no tanto por estar en forma como por querer huir de la situación – y después de haber sudado las 800 calorías que marcaba el pulsómetro de mi tío con la cañera Lorena, sigo teniendo ganas de paliar mi ansiedad con la comida, pero al menos cuento con esas calorías de colchón, que sin duda en un ratito empezaré a recuperar.

Lo dicho, nos pasamos el otoño, el invierno y la primavera creando una rutina mejor que la telaraña de cualquier tarántula y todos los años, cuando el mes de junio da comienzo, empezamos con las labores de investigación, en búsqueda de la opción perfecta para que nuestros renacuajos puedan tener la sensación, a partir de mañana, de estar de vacaciones asistiendo a una escuela diferente a la habitual. Campamentos, colegios convertidos en parques temáticos y semiacuáticos, deportes, escuela en el zoo…que si inglés, que si a ver si coinciden con algún amigo para que se les haga más atractiva la opción….En fin, incluso en el pueblo más remoto de nuestra península, por suerte es posible encontrar una opción que cubra nuestra necesidad en este momento, que ahora mismo se ha convertido en la primera dentro de las necesidades fisiológicas según la pirámide de Maslow.

Afortunadamente, también son cada vez más las empresas que en esta época del año se apiadan de sus empleados implantando las jornadas intensivas, que año tras año demuestran ser más productivas, aunque sea por el simple hecho de “si yo contento, yo trabajo mejor y si yo trabajo mejor, tu resultados mejor” – a simple vista, para los empresarios puede parecer una fórmula complicada, pero cuando se deciden a implantarla se dan cuenta de que es tan real como la de dos más dos igual a cuatro.

Bien, ya hemos seleccionado la escuela de verano y cuadrado nuestro horario con el de nuestros pequeñajos. Ahora, volvamos a nuestra canción: «Hoy mi vida comienza a despertar, hoy se ha abierto la puerta sin llamar, hoy te tengo a mi lado y soy feliz».

Efectivamente, sólo nos queda disfrutar todo lo que podamos de esta época. Llegaron los días largos, terracitas, playa, piscina, fiestas, salidas…y ¡la mejor época para compartir, que ríete tú de la Navidad! Compartir el tiempo con tus niños, que querrán absorber cualquier milésima de segundo de tu tiempo contigo; con tu pareja, con quien el tiempo libre también os dará la libertad de discutir todo lo que quiera uno – es importante que recordéis que dos no discuten si uno no quiere; con los suegros, que un año más estarán encantados de que disfrutes tú también de esa casa en la playa que compraron en la época del Un, Dos, Tres, aunque eso sí, bajo sus normas; con tus cuñados, que o no pegarán palo al agua en la casa o de tanto limpiar y cumplir, no harán más que crearte remordimiento mientras les observas tirado en el sofá…

Así es, todos esperamos el verano con la mayor de las ansiedades. Ansiedad por seguir conciliando; por ver cómo encararemos las discusiones de todos los años; por no deprimirnos demasiado al ver cómo los michelines que prometimos quitarnos de encima el año pasado siguen ahí…

Pero lo cierto es que el verano está asociado al “buenrollismo”, y esa es la sensación con la que tenemos que vivir estos meses. Toca dejar los malos rollos aparte y empaparnos de agua y sol, de cerveza, vino y copitas – total, lo que no hemos hecho a estas alturas con nuestros michelines, mejor dejarlo para el verano que viene, que de nuevo tendremos un año por delante para alcanzar esa talla tan ansiada, y este año, lo conseguiremos sí o sí.

Y con estas me despido amigos. Son las 21:30 del domingo, el día más largo del año y es la hora de mi vinito dominguero.

En cuanto a mi conciliación veraniega:

SEMANA 1: niñas delegadas en manos de sus abuelos en Madrid…

Tengo que reconocer que mi verano no ha arrancado nada mal. Y mientras me despido hasta la próxima, os dejo con la canción que me ha inspirado esta entrada.

¡FELIZ VERANO!

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Leer hoy que la alcaldesa de Jerez «elegirá los cargos a dedo» también me da risa…

sonría por favor

Dos semanas, un puente, dos niñas con antibiótico en casa y una crisis de migraña después, aquí estoy de vuelta. Y hoy lo hago reflexionando sobre la necesidad de sonreír y reír a diario, en casa y en el trabajo, con los amigos y los conocidos, con los dependientes del supermercado y con todo aquel que se cruce en tu camino.

Dicen que cuando nos reímos se activan 430 músculos de nuestro cuerpo y que 3 minutos de carcajadas equivalen a 20 minutos de ejercicio en bicicleta o 45 de relajación. Dicen que la risa es la distancia más corta entre dos personas. Y también dicen que una sonrisa ilumina más que la luz.

Dicen que cuando sonreímos, nuestro cerebro hace que nuestro cuerpo segregue endorfinas, hormonas capaces de aliviar el dolor y de hacer que nuestro cuerpo alcance una sensación gratificante y feliz entre otros beneficios. Dicen que cuando reímos segregamos más adrenalina, lo que potencia nuestra creatividad y nuestra imaginación. También se dice que cuando ríes a carcajadas te comunicas mejor con los demás, pierdes el sentido del ridículo y te aceptas tal y como eres, con alegría.

Dicen que sonreír nos hace parecer más accesibles y facilita la interacción entre personas.

Y esto de ahora lo digo yo: sonreír nos hace más guapos. ¿Acaso conoces alguien que vaya por la vida con una sonrisa en su cara y sea feo? Yo no – y no, no pienses en “El Cuñaaaaooooo” que sabes que no van por ahí los tiros. Cuando estaba pensando en lo que iba a escribir sobre la sonrisa, la risa y las carcajadas, he hecho un repaso mental sobre las personas sonrientes que me rodean, y todas ellas, que son muchas, tienen un brillo especial en su cara que hace imposible que las pueda ver feas.

Y además añado: conociendo todos estos beneficios que nos aporta andar por ahí con una sonrisa en nuestra cara, ¿cómo puede haber gente que todavía prefiera ir tan seria por la vida? – reconozco que mi cara por momentos puede parecer de esas, pero creo ser bastante más sonriente que seria.

Hay quien cree que a las personas se las conquista por el estómago y yo creo que se las conquista por la sonrisa. Aunque si mezclamos las dos cosas, mejor que mejor. Vamos, que pon una sonrisa en tu vida y el día a día lo llevarás mejor; pon unas risas y los problemas serán menos graves de lo que crees; y si quieres tener un día inolvidable, procura echarte unas carcajadas hasta que se te salten las lágrimas y te duela la barriga…que eso, además de ayudar a tonificar abdominales, te quita todos los males, aunque sea por un ratito – prueba de ello el hartón a reír que me di el pasado viernes viendo el espectáculo #trendingtronching de @LeoHarlem y Sergio Olalla.

¿Acaso no nos gusta lo que transmite una sonrisa? Si cuando nos acercamos a una persona sonriente sentimos que te transmite cercanía, amabilidad, alegría, un ambiente acogedor, confianza, ¿por qué no nos esforzamos un poco más por mostrarnos así?

Sin tener que ir al médico, un buen indicador de nuestro estado de ánimo puede ser el número de veces que reímos y sonreímos al cabo del día. Cuando uno no está bien, la sonrisa se borra de su cara.

De acuerdo que tiene que haber de todo en la viña del Señor, y precisamente por eso hay gente más seria que otra, pero incluso hasta los más serios saben dibujar una sonrisa cuando quieren. La diferencia entre hacerlo o no, como siempre, está las ganas que uno tenga. Es frecuente encontrarnos con gente que asocia la seriedad con formalidad, a lo correcto y a lo bien hecho. Pero es una obviedad que la gente alegre y sonriente es igual de cumplidora y responsable, con el añadido de que se muestran más cercanos y agradables.

Recuerdo un momento con un jefe que tuve, quien un día se empeñó en cambiarnos la ubicación de las mesas de trabajo a mis compañeras y a mí porque decía que nos lo pasábamos demasiado bien en el trabajo. Cuando nos lo comentó en voz alta me acerqué a él y le pregunté que si acaso el trabajo no salía adelante, cosa que él no pudo negar. Insistí en que trabajar de manera alegre no sólo es posible, sino que además es mucho más eficiente y productivo…No sé si fue porque no se esperaba que le fuese a rebatir o porque reflexionó, pero al final nos dejó seguir trabajando como estábamos.

Hay días que nos levantamos y cuando nos queremos dar cuenta ha pasado la mañana o casi el día entero y apenas nos hemos echado unas cuantas risas. Así que vamos a procurar ser más conscientes de las veces que sonreímos al día…sonríele a la gente y la gente te sonreirá a ti.

Los que venís siguiendo mi blog ya habréis podido intuir que tengo una cultura cinematográfica bastante pobre y simplona, pero sí soy conocedora de unas cuantas frases míticas y en este momento recuerdo una de Charlie Chaplin que decía “nunca te olvides de sonreír, porque el día que no sonrías, será un día perdido”  – imprímela y ponla en la nevera de tu casa o cerca de la pantalla del ordenador, que te vendrá bien tenerla presente.

Así que ya sabes, ríe, ríe y ríe, y si es en compañía mejor que mejor. Pero también recuerda, que antes de nada, hay que aprender a reírse de uno mismo…

Aquí te dejo un ejemplo de la fuerza que tiene la risa. Un experimento que ya se ha hecho en varios metros del mundo, en el que un vagón lleno de gente es capaz de terminar riendo al completo, contagiado por la risa…y tú cuando lo veas, también – vale que igual no te da la carcajada, ¡pero ya verás cómo una sonrisita sí que me echas!

ataque risa contagiosa

Artur Mas también roba energía

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Dicen que para recibir hay que dar, o también se dice que uno recoge lo que cosecha.

Hoy estaba yo reflexionando un rato sobre mi semana y la energía con la que la voy a encarar. Es frecuente vernos hablar de energía en su sentido más físico: la factura de la luz, que no baja ni aunque vivamos a oscuras; la batería del móvil, que si se muere nosotros morimos con ella…Pero creo que le prestamos poca atención a las cosas que nos dan y quitan energía a lo largo del día y mucho menos a cómo nosotros se la damos y quitamos a los demás.

Hace unos meses estuve en un taller de trabajo – son como los talleres de coches, pero en los de trabajo a menudo nos dan herramientas para poder arreglar nuestros desperfectos personales – en el que hicimos una profunda reflexión sobre qué nos da y qué nos quita la energía.

Una frase que decimos mucho en el argot de RRHH, es que duchado y motivado se viene desde casa”. Y eso es así de simple. Mucha gente cree que su motivación depende de las acciones de los demás: el jefe, la pareja, nuestras amistades, los compañeros de trabajo…Pero, desafortunadamente para ellos, los únicos responsables de sentirnos motivados somos nosotros mismos.

Si hablamos de energía, podríamos decir que cada uno de nosotros es el único encargado, todas las mañanas, de salir de casa con el chute necesario para afrontar el día.

Vamos a dar por hecho que es así y que mañana, conscientemente, cuando salgamos de casa lo vamos a hacer con el depósito de gasolina lleno. Pero claro, procura que la batería esté a tope de verdad, porque ya verás cómo, según va pasando el día, te vas encontrando con sorpresitas que chupan más gasolina de la que llevas puesta y, sin darte cuenta te verás cantando aquel hit del verano de “dame más gasoliiiiina”…Y si no, mira: sales de casa y le das al botón del ascensor, que tarda más de la cuenta en llegar; con la prisa que tienes, al ver que éste no llega, terminas por coger la opción de la escalera, que con tacones, cartera y probablemente niños agarrados a tus pantalones, ya te empieza a provocar una leve mala leche con la que no contabas al abrir el ojo. ¡Y eso que el día sólo acaba de empezar!

Una mancha sobre la ropa cuando ya creías estar listo para salir; ir a comprar pan y tener que esperar diez minutos a que se termine de cocer; una mala respuesta por parte de tu jefe o un compañero; que tu amiga con la que has ido de compras de veinte vueltas para elegir algo y terminar sin una bolsa en la mano; un pinchazo al coger el coche; que te cancelen otra reunión; que la llamada o el mensaje que esperas nunca lleguen; personas quejándose de todo a tu alrededor; una reunión justo a última hora de la tarde;…

Al final del día, muchas veces sólo alcanzas a decir: “por fin se acabó, me voy a tirar un rato en el sofá, que con el día que he tenido, sólo estoy pensando en disfrutar viendo mi serie” – claro, que lo que no sabes aún, es que tu serie favorita la han cambiado de día sin tu saberlo, así que terminas acostándote la frustración de que para una cosa buena que iba a tener el día, van y te la quitan…

Lo que no te sueles plantear al final del día es qué has hecho tú por mantener el depósito de los demás lleno. Es decir, que igual que los demás han ido chupando nuestra energía como sanguijuelas, seguramente tú hayas ido haciendo lo mismo con ellos. Porque sí, todos damos y quitamos energía a los demás. Tú también eres un ladrón de energía.

Todos andamos por la vida robando energía cuando nos quejamos, protestamos, no complacemos, exigimos, no informamos, no cuidamos, no hacemos reír o usamos nuestra sonrisita sarcástica para dar la nota, tal y como se aventuró a hacer el Sr. Mas la semana pasada en la copa del rey al son de nuestro himno nacional – cosa que a mi particularmente no me quita energía, pero sí me toca las narices.

Esta semana me gustaría plantearte que intentases ser más consciente de qué tal eres tú como fuente de energía. ¿Eres de los que se preocupa porque el día de los demás esté lleno de energía positiva o más bien eres de los que, seguramente sin darse cuenta, va quitándole la energía al resto?

Si quieres incluso ir más lejos, prueba a compartir tu reflexión con alguien de confianza. Siéntate con esa persona y deja que te diga – como se suele decir, desde el cariño y sin acritud – cómo percibe ella o él la manera en la que tú le quitas la energía a los demás.

Se trata de que asumas que tú también eres un ladrón de energía y aunque sólo sea por eso de que cada uno recoge lo que cosecha, da energía positiva y recibirás energía positiva de los demás.

Si quieres actuar y no sabes por dónde empezar tu plan de acción, te hago una propuesta: prueba a no quejarte tanto. Mi mayor ladrón de energía es el que se pasa la vida quejándose porque sí. Prueba por empezar sin quejarte en voz alta – si te quejas por dentro y solo te enteras tú, a mí me vale –durante un día. Sólo con eso estarás haciendo un gran favor a los depósitos de energía de los que te rodean.

Y si no quieres hacer nada al respecto, perfecto, pero asume que los demás huirán de ti y de tu energía negativa, porque cualquiera se puede comer una almendra amarga, pero un paquete entero, no lo quiere nadie.

¡Y ahora, un poquito de musiquita para ayudarte a mantener el depósito a full!

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Se acaban las elecciones y yo descubro que el cambio agota

Aprovecho que es domingo para no tener que empezar mi entrada hablando de nuevo de #FelizLunes, aunque apuesto que – como si del top-ten de los cuarenta principales se tratase – esta semana volverá a ser tendencia.

Ya sabemos que los de IKEA han ganado Eurovisión y que el PP se ha llevado la paliza esperada en estas elecciones. Sabemos que el Barça ha ganado la liga y que probablemente hará lo mismo con la Champions y la Copa del Rey…Y además sabemos que yo sigo cansada.

Aunque la cosa va mejor, son ya varias las semanas en las que tirar de mi cuerpo, y sobre todo de mi mente, es equiparable a subir el Everest, que aunque no he tenido el gusto de probarlo, me lo imagino como una auténtica pesadilla.

Tras pasar del invierno al verano, prácticamente saltándonos la estación de las lluvias y tirando de mi Supradyn Activo, he descartado que la astenia primaveral tenga algo que ver con mi estado de cansancio actual. En cambio, el otro día, cuando empecé a leer Cambia el Chip (si lo compras, aprovecha y coge también Un poto, dos niñas y un blog 😉 ) en busca de algunas respuestas, descubrí el porqué de mi estado apático de las últimas semanas: el cambio agota.

Si lo piensas bien, quien no es un setón, normalmente se pasa la vida cambiando, adaptándose a las circunstancias. Unas veces el cambio lo asumes porque te lo impone el entorno, ya sea en el trabajo, cuando te deja un novio, cuando te toca la lotería o cuando tienes que afrontar una enfermedad…Otras veces eres tú, con tu culo inquieto, quien se pasa la vida evolucionando y cambiando, asumiendo un reto nuevo detrás de otro, o varios a la vez.image1

El caso es que seas de los unos o de los otros, todos cambiamos. Puede que vivamos épocas más tranquilas que otras, pero cambiar, cambiamos todos. En esa rueda del cambio hay quien asume el papel de propulsor y quien adopta el papel de aceptación, pero en cualquier caso, los dos requieren de una energía importante que nos termina cansando.

Así que vale, ya sabemos que estamos agotados de tanto cambiar, ¿y ahora qué? No podemos coger vacaciones y además tenemos que seguir el ritmo que llevamos. Por eso me temo que no nos queda más remedio que seguir tirando del complejo vitamínico, aprovechar cualquier ratito para desconectar y tirar de automotivación para seguir.

Es muy fácil darnos cuenta de cuándo estamos en modo apático, y lo bueno de eso es ser conscientes para no dejarnos llevar. Está claro que hay que disfrutar, de vez en cuando, de no hacer nada, pero no debemos convertir esa desgana en un hábito. Lo más probable es que haya recetas muy profesionales para llevarlo mejor, pero una también tiene sus truquitos para compartir con vosotros.

Attachment-1Lo primero de todo, es reconocerlo. Sí, estoy mentalmente agotada. Y una vez asumido eso, no hay que agobiarse. La analítica que me hicieron en el reconocimiento médico del trabajo, según la doctora, es de foto, así que…que no cunda el pánico. Ahora, desde esa calma, sólo me queda la opción de ponerme las pilas. Toca poner en marcha la máquina de la fuerza de voluntad. Sí, esa fuerza que algunos piensan que es innata y que viene determinada por la genética – que en parte sí, pero dado el caso, tendrás que luchar contra tu ADN – y que otros pensamos que es algo que se tiene que trabajar mucho para que se vaya forjando con el paso del tiempo.

Muchas veces somos capaces de caer en un círculo vicioso del que no es fácil salir: estoy cansado, y como estoy cansado, me dejo llevar por mi desgana, así que no hago deporte, dejo de cuidarme, me esfuerzo lo justo en el trabajo, no me arreglo para salir…Pero en mi opinión, es justo en este momento cuando uno tiene que demostrarse a sí mismo que no es un setón. Hay que romper ese círculo vicioso y salir de la zona de confort, llena de excusas y justificaciones que no nos están haciendo ningún bien.

Si no lo haces y te dejas llevar por la apatía, tarde o temprano te sentirás culpable por ello, así que como decía en mi entrada anterior, píntate las uñas y coge el toro por los cuernos. Márcate metas pequeñas y realistas que te ayuden a ir dando pequeños pasitos y prémiate cuando alcances cualquiera de ellas.

Si por ejemplo tu pereza ha hecho que abandones el deporte, empieza por andar un rato cada día. ¿Quién no puede andar quince o treinta minutos al día? Seguramente cuando lleves una semana haciéndolo decidirás comenzar a correr o querrás retomar el hábito de ir al gimnasio. Es ahí, cuando te tienes que premiar porque habrás roto una barrera.

Si tu apatía te afecta en el trabajo, cuando arranques la semana, márcate un par de objetivos: terminar ese dichoso informe, resolver un conflicto que tengas, hacer ese par de llamadas pendientes…Ya verás cómo según vayas alcanzando esos pequeños objetivos, te irás sintiendo mejor y sin darte apenas cuenta estarás descubriendo que te sientes menos perezoso.

Y si la desgana está afectando a tu vida social, lo tengo claro. Arréglate un poco y sal a la calle; sal, sal y sal – en la comida, no, pero cuanta más sal le eches a la vida, mejor. Planifica una excursión o intenta marcarte una de CCCC (cine, cena, copa y cama), que con que llegues a alcanzar dos de las cuatro ces ya habrás pasado un buen rato seguro. No te quedes en casa hinchándote a comida basura, que las penas con pan son menos penas.

Así que señores y señoras, tenemos por delante una nueva semanita para vencer nuestra pereza, ponernos las pilas y seguir taconeando. Si lo hacemos, al final de la semana comprobaremos que nuestro circulo vicioso ya no tiene tanto vicio.

Yo personalmente me la voy a plantear así: en el terreno laboral me toca cerrar un par de temas pendientes; en el personal, he retomado el golf y por fin – después de llevar diez años dando bolas – he presentado la documentación para federarme y salir al campo. Además, hoy sacaré ganas de debajo de las piedras para pasar de nuevo por el calvario de agujetas al que me tocará enfrentarme si el profe de interval sigue trabajando sin piedad; y si luego tengo algo de movilidad en los brazos, jugaré con mis bichos cuando llegue a casa.

¿El premio? Ese vendrá en el fin de semana que me voy a pasar en Mallorca, preparado y merecido desde hace mucho tiempo.

¿Y tú, cómo te lo vas a montar esta semana?

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