¿Dónde está mi glamour?

autentica

Sicilia, 1929…Así comenzaba una de las frases de aquella Sophía Pettrilo de la serie ¨Las chicas de oro” con la que cada vez siento más sintonía.

Murcia, cuarta ola de calor del 2015…Y casi cuatro semanas sin escribir… No sé si lo que tengo es el “síndrome de la hoja en blanco” o que mi mente, ansiosa de vacaciones, realmente ya no da para más. En octubre habrán pasado doce primaveras y veranos desde que me trasladé a esta maravillosa provincia que tanto me ha dado. Pero si hay algo que este año me ha dado la Región y parece que no piensa quitarme, son los sofocos.

¿¡¿¡Pero de donde puede salir tanto calor?!?! Y no sólo eso, sino que ¿¡¿¡cómo es posible sudar tanto y tener la sensación de no perder ni un solo gramo!?!? Más que cuatro olas de calor, señores del tiempo, convendría decir que hace un mes entramos en bucle con la primera y que de ahí no salimos.

Nada menos que desde el mes de septiembre del año pasado, aquí una servidora – que por aquel entonces ya podía presumir de ser deportista por llevar un año corriendo – decidió, como casi siempre procura hacer, dar un pasito más y ser de las que dicen ser “deportistas de fondo y no de sprint final”. Total, que empecé a asistir religiosamente al gimnasio. Descubrí el mundo del “Spining”, el del “Interval”, y ahora, el del “Cross-fit” – lo siento por mi amiga Eva que siempre critica mis anglicismos, pero todos sabemos que suena más glamuroso dicho así que en castellano. Todo ello con la intención de llegar al verano con un cuerpo explosivo, y no para explosionar como me está pasando de repente.

En cuanto al cuerpo, me doy con un canto en los dientes por poder decir que también entré en bucle y ahí me mantengo en peso, eso sí, con las carnes más prietas. En realidad me baso en sensaciones para decir que debo pesar lo mismo, porque la señora báscula decidió acabar con la pila hace meses y aún no ha llegado “el duendecillo de las pilas” a cambiarlas.

Total, que así pensaba llegar yo al verano del 2015, toda prieta y a ser posible con algún kilo menos. Llegada la fecha, estaba convencida de que invirtiendo parte de la extra de verano en la compra de algunos trapitos, ¡¡¡este verano yo iba a ser todo un derroche de glamour!!!

Pero ahora resulta que se nos ha plantado aquí el “megacaloret” y no hago más que sudar y sudar…y venga a sudar y a sudar más…No hay máscara de pestañas que aguante semejante sopor, ni vaquero prieto que suba más allá de la rodilla sin haber superado los cien saltos comba.

Desde que nos comemos el último polvorón del año nos dejamos engatusar por el mundo de las dietas; nos invaden campañas publicitarias que nos muestran súper modelos disfrutando de la brisa marina desde un yate de tropecientos metros de eslora; y el Corte Inglés y Loreal nos saturan con sus “te lo mereces” y “porque yo lo valgo” mientras nos convencemos de que si hay una época del año en la que una debe derrochar glamour por los cuatro costados, es el verano.

Al final estoy llegando al mes de agosto y sigo sin encontrar mi glamour. Estoy planteándome dejar de beber los tres o cuatro litros de agua diarios recomendados por la OMS (Organización Murciana de la Salud) en esta época del año, porque no puedo más con la retención de líquidos. Voy a dejar de usar perfume porque la citronela y el After-bite se han convertido en mis mejores aliados contra los mosquitos – aunque claro, me da a mí que después de las cinco picaduras que me han salido de ayer a hoy, los mosquitos le han ganado la batalla a estos también. Dejaré de consultar los consejos de belleza del verano, porque el pelo, cuanto más recogido en el cogote, menos calor me dará, y claro, una ya no gana para kleenex para limpiar chorretes de maquillaje y rímel.

Así que he decidido ser de los de la tendencia que pasa por decir que el verano es para relajarse, disfrutar y desconectar. Adiós vaqueros prietos y bienvenidos a mi armario los caftanes y pantalones anchos, vestidos vaporosos y cualquier trapo que una vez puesto, casi ni me roce la piel. Adiós maquillaje para disimular ojeras y potenciar cara sana; bienvenida cara lavada, sombrero y gafas de sol. Adiós al lavar y marcar con el secador de pelo y ¡bienvenidas las canas al viento!

Visto lo visto, podría decir que me he pasado parte del otoño, el invierno y la primavera entera preparándome para el verano…y que todo para nada.

Pero no, en realidad me he preparado para darme cuenta de que el mejor glamour con el que puede ir una por ahí es con el de ser natural…¡como la vida misma! Al final la gente que me cautiva es la que es más natural, la que se rodea de menos artificios y la que menos tonterías tiene en la cabeza. No es que haya descubierto esto ahora, pero sí que es cierto que según pasan los años una se va dando cuenta de cuánta tontería hay por ahí y de lo a gusto que se está rodeada de gente auténtica.

Y bueno, de cara al verano que viene, seguiré trabajando para transformar mi tableta de chocolate fundido en algo más parecido a una de las de verdad, seguiré repasándome las uñas para no llevarlas descascarilladas y llevando tacón aunque empiece a doler el juanete, que como decía aquella eurovisiva canción, “antes muerta que sencilla”…Pero sobre todo, ¡pienso seguir trabajando para ser la versión más auténtica de mí misma!

all natural

Dentro de ti y una foto viral

Sí, podría tratarse del título de la nueva trilogía erótica que intenta aprovechar la ola de calor para calentarnos más y alcanzar el título de bestseller. Pero mientras maduro esa idea – en principio descartada – voy a quedarme con el sentido más figurativo de la expresión.

De momento, con el título es probable que haya conseguido atraer tu atención, y ahora que ya te he dicho que no pienso hablarte de erotismo, espero que te quedes conmigo compartiendo las próximas 931 palabras.

A finales del año pasado iba en el coche con mi Bicho – si has leído ya mi libro (Un poto, dos niñas y un blog) sabrás quién es y si no te aclaro que mis Bicho y Bichito son mis hijas, las que me dan y me quitan la vida, en ocasiones, incluso varias veces al día. El caso es que mientras iba cambiando de emisora, en busca de una melodía de esas con las que me gusta desgañitarme mientras mis bichos se mean de la risa y aprenden a disfrutar de lo bueno que es hacer el payaso, me quedé atónita formando parte del siguiente diálogo con una niña de seis años, mi Bicho:

Bicho (B): ¿Mami, al final La Pantoja va a ir a la cárcel?

Mami Perpleja (MP): Sí, hija. ¿Pero tú sabes quién es La Pantoja?

B: Es una señora que ha salido en la televisión, en el programa de la Tia Carmen.

(Aclararé que la Tía Carmen no es mi hermana y tía de mi Bicho, sino mi tía. Aunque ambas comparten nombre, la segunda no es seguidora de la tonadillera ni de Sálvame y responde al título de Mayca).

MP: Pues sí cariño, al final va a la cárcel.

B: ¡Pues qué pena, mami!

MSP (Mami Súper Perpleja): Bueno, es que la gente, cuando hace cosas muy malas, como robar, va a la cárcel…(tampoco era plan de entrar en detalle…)

B: Ya mami, pero ella estará muy triste, y su hija también. Porque tiene una hija, ¿sabes mamá? – como para no saberlo, pensé yo. Y si su mamá se va a la cárcel no van a poder darse besos y abrazos durante mucho tiempo. Y eso es muy triste mamá.

MSP: Tienes razón cariño, es muy triste…

Y ahí quedó la cosa. Una madre súper perpleja – y te diría que casi indignada porque mi Bicho conociese a La Pantoja y sus líos – y una niña intentando digerir el sentimiento de tristeza que estaba teniendo al pensar cómo se sentirían Chabelita y Pantoja sin los abrazos y besos de una a la otra.

Mi Bicho, desde su inocencia, pero muy inteligentemente, supo llamar mi atención utilizando un recurso, La Pantoja, que me dejó atónita para darme toda una lección de empatía.image1

Estoy casi segura de que tú también sabes lo que es empatía: la capacidad de percibir lo que el otro está sintiendo; el saber ponerse en el pellejo del otro; el meterse en los zapatos del otro…Pero una cosa es que sepamos lo que es y otra muy diferente es que la practiquemos.

Profesionalmente, son muchas las ocasiones en las que he oído hablar y he hablado de empatía, y sé que es un recurso, o mejor dicho, una virtud, que cuando es trabajada, aporta muchísimo. La empatía me aporta el saber entender las reacciones de la gente, me aporta facilidad para perdonar, me ayuda a abrirme a los demás, me ayuda a ser solidaria…me ayuda a estar, como decía en el titular, Dentro de ti. Pero no sólo me ayuda a estar dentro de ti para entender cómo te puedes sentir, sino que también me ayuda a conocer tus preferencias de comportamiento.

George Bernard Shaw, escritor irlandés y Premio Nobel de literatura en 1925 lo dijo muy clarito con una frase que me encanta y me acompaña desde hace mucho tiempo: “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti – ellos podrían tener gustos diferentes”. Así la empatía no se limita a ponerse en el lugar del otro para entender sus sentimientos y punto de vista, sino que trasciende en descubrir sus preferencias.

El caso es que leemos y releemos la palabra empatía montones de veces, somos conocedores del poder que tiene, pero no siempre la ponemos en práctica. Yo te digo que si te comprometes y te esfuerzas en trabajarla, es fácil que te enganches a ella.

No se trata de que pierdas tu personalidad para actuar como a otros les gustaría. Se trata de comprender cómo es el otro, con sus virtudes, sus defectos, sus acciones y sus reacciones.

Esta entrada me la ha inspirado una foto viral que está recorriendo el mundo a través de las redes sociales y la historia que hay detrás de ella. Se trata de la historia de un agente de policía de Colorado, Nick Struck. En la imagen, que comparto contigo en este post, puedes ver cómo el agente sostiene en brazos a una niña de dos años que sobrevivió a un accidente de tráfico en el que murió su padre. La cogió en brazos y se colocó de espaldas al siniestro mientras cantaba canciones para que no se asustara. El padre de la pequeña había muerto. El policía, en el video que acompaña a la imagen – si no entiendes inglés activa los subtítulos en youtube, eligiendo la opción de traducirlos al castellano en la rueda de herramientas – dice que sólo hizo lo que le gustaría que hicieran con su hija si la víctima fuera él; pura empatía…

No cómo La Pantoja, pero sí como Nick Struck, seamos empáticos. Empecemos por observarnos. Dedícate unos minutos a pensar cómo eres de empático, piensa en cuándo fue la última vez que fuiste consciente de que estabas poniéndote los zapatos del otro, sintiendo cómo se camina desde su perspectiva.

Es buena costumbre crearte un ritual, al acostarte, en el que pienses en tres cosas por las que estés agradecido al final del día, visionar un día positivo para cuando vuelvas a abrir los ojos y por qué no, también pensar en lo empático que has sido. Ser consciente de ello ya es un paso.

Nick Struck

Vacaciones de verano ¿para quién?

vacaciones de verano

Pues sí, como ya viene catando Fórmula V desde hace nada menos que cuarenta y tres añitos, atrás se quedan el invierno y la primavera para dar paso al veranitooooo!!!!!!

Pero ¡OMG! (Oh My God), también se acaban el colegio con su comedor tan apreciado por mi, las actividades extraescolares, la rutina de acostar a mis bichos a las nueve de la noche…¿¡¿¡¿cómo, cuándo, por qué?!?!? ¿quién decidió que la mejor manera de conciliar era la de darle a los niños tres meses de vacaciones de verano y a sus padres unas semanas? ¿por qué no decidí yo en su momento convertirme en una Srta. Rotenmeyer de primaria para coincidir con mis bichos en vacaciones?

Ahora entiendo lo que realmente querían cantar con esta letra: «Vacaciones de verano para mí, caminando por la arena junto a ti. Vacaciones de verano para mí. Hoy mi vida comienza a despertar, hoy se ha abierto la puerta sin llamar…»

¡Y tanto que mi vida comienza a despertar! Como que la paz que he conseguido después de conseguir crear una especie de rutina entre trabajo, estudios, extraescolares, gimnasio y salidas, se me acaba de desvanecer como una pompa de jabón a los segundos de salir del bote….snif, snif, snif.

¡Madre mía! Sólo de pensar en “la que se avecina” – el guión de la serie se me queda corto para lo que se me presenta este mes de julio –  estoy empezando a hiperventilar y a sentir tal ansiedad que antes de que me dé por atacar la despensa, voy a embutirme en mis mallas y a hacer algo de ejercicio para soltar (vuelvo en un rato)…

…Sí, sí, soltar he soltado un montón de gallos cantando las canciones setenteras de la clase de ciclo. En fin, tras veinte minutos en la cinta corriendo más rápido que nunca – no tanto por estar en forma como por querer huir de la situación – y después de haber sudado las 800 calorías que marcaba el pulsómetro de mi tío con la cañera Lorena, sigo teniendo ganas de paliar mi ansiedad con la comida, pero al menos cuento con esas calorías de colchón, que sin duda en un ratito empezaré a recuperar.

Lo dicho, nos pasamos el otoño, el invierno y la primavera creando una rutina mejor que la telaraña de cualquier tarántula y todos los años, cuando el mes de junio da comienzo, empezamos con las labores de investigación, en búsqueda de la opción perfecta para que nuestros renacuajos puedan tener la sensación, a partir de mañana, de estar de vacaciones asistiendo a una escuela diferente a la habitual. Campamentos, colegios convertidos en parques temáticos y semiacuáticos, deportes, escuela en el zoo…que si inglés, que si a ver si coinciden con algún amigo para que se les haga más atractiva la opción….En fin, incluso en el pueblo más remoto de nuestra península, por suerte es posible encontrar una opción que cubra nuestra necesidad en este momento, que ahora mismo se ha convertido en la primera dentro de las necesidades fisiológicas según la pirámide de Maslow.

Afortunadamente, también son cada vez más las empresas que en esta época del año se apiadan de sus empleados implantando las jornadas intensivas, que año tras año demuestran ser más productivas, aunque sea por el simple hecho de “si yo contento, yo trabajo mejor y si yo trabajo mejor, tu resultados mejor” – a simple vista, para los empresarios puede parecer una fórmula complicada, pero cuando se deciden a implantarla se dan cuenta de que es tan real como la de dos más dos igual a cuatro.

Bien, ya hemos seleccionado la escuela de verano y cuadrado nuestro horario con el de nuestros pequeñajos. Ahora, volvamos a nuestra canción: «Hoy mi vida comienza a despertar, hoy se ha abierto la puerta sin llamar, hoy te tengo a mi lado y soy feliz».

Efectivamente, sólo nos queda disfrutar todo lo que podamos de esta época. Llegaron los días largos, terracitas, playa, piscina, fiestas, salidas…y ¡la mejor época para compartir, que ríete tú de la Navidad! Compartir el tiempo con tus niños, que querrán absorber cualquier milésima de segundo de tu tiempo contigo; con tu pareja, con quien el tiempo libre también os dará la libertad de discutir todo lo que quiera uno – es importante que recordéis que dos no discuten si uno no quiere; con los suegros, que un año más estarán encantados de que disfrutes tú también de esa casa en la playa que compraron en la época del Un, Dos, Tres, aunque eso sí, bajo sus normas; con tus cuñados, que o no pegarán palo al agua en la casa o de tanto limpiar y cumplir, no harán más que crearte remordimiento mientras les observas tirado en el sofá…

Así es, todos esperamos el verano con la mayor de las ansiedades. Ansiedad por seguir conciliando; por ver cómo encararemos las discusiones de todos los años; por no deprimirnos demasiado al ver cómo los michelines que prometimos quitarnos de encima el año pasado siguen ahí…

Pero lo cierto es que el verano está asociado al “buenrollismo”, y esa es la sensación con la que tenemos que vivir estos meses. Toca dejar los malos rollos aparte y empaparnos de agua y sol, de cerveza, vino y copitas – total, lo que no hemos hecho a estas alturas con nuestros michelines, mejor dejarlo para el verano que viene, que de nuevo tendremos un año por delante para alcanzar esa talla tan ansiada, y este año, lo conseguiremos sí o sí.

Y con estas me despido amigos. Son las 21:30 del domingo, el día más largo del año y es la hora de mi vinito dominguero.

En cuanto a mi conciliación veraniega:

SEMANA 1: niñas delegadas en manos de sus abuelos en Madrid…

Tengo que reconocer que mi verano no ha arrancado nada mal. Y mientras me despido hasta la próxima, os dejo con la canción que me ha inspirado esta entrada.

¡FELIZ VERANO!

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Leer hoy que la alcaldesa de Jerez «elegirá los cargos a dedo» también me da risa…

sonría por favor

Dos semanas, un puente, dos niñas con antibiótico en casa y una crisis de migraña después, aquí estoy de vuelta. Y hoy lo hago reflexionando sobre la necesidad de sonreír y reír a diario, en casa y en el trabajo, con los amigos y los conocidos, con los dependientes del supermercado y con todo aquel que se cruce en tu camino.

Dicen que cuando nos reímos se activan 430 músculos de nuestro cuerpo y que 3 minutos de carcajadas equivalen a 20 minutos de ejercicio en bicicleta o 45 de relajación. Dicen que la risa es la distancia más corta entre dos personas. Y también dicen que una sonrisa ilumina más que la luz.

Dicen que cuando sonreímos, nuestro cerebro hace que nuestro cuerpo segregue endorfinas, hormonas capaces de aliviar el dolor y de hacer que nuestro cuerpo alcance una sensación gratificante y feliz entre otros beneficios. Dicen que cuando reímos segregamos más adrenalina, lo que potencia nuestra creatividad y nuestra imaginación. También se dice que cuando ríes a carcajadas te comunicas mejor con los demás, pierdes el sentido del ridículo y te aceptas tal y como eres, con alegría.

Dicen que sonreír nos hace parecer más accesibles y facilita la interacción entre personas.

Y esto de ahora lo digo yo: sonreír nos hace más guapos. ¿Acaso conoces alguien que vaya por la vida con una sonrisa en su cara y sea feo? Yo no – y no, no pienses en “El Cuñaaaaooooo” que sabes que no van por ahí los tiros. Cuando estaba pensando en lo que iba a escribir sobre la sonrisa, la risa y las carcajadas, he hecho un repaso mental sobre las personas sonrientes que me rodean, y todas ellas, que son muchas, tienen un brillo especial en su cara que hace imposible que las pueda ver feas.

Y además añado: conociendo todos estos beneficios que nos aporta andar por ahí con una sonrisa en nuestra cara, ¿cómo puede haber gente que todavía prefiera ir tan seria por la vida? – reconozco que mi cara por momentos puede parecer de esas, pero creo ser bastante más sonriente que seria.

Hay quien cree que a las personas se las conquista por el estómago y yo creo que se las conquista por la sonrisa. Aunque si mezclamos las dos cosas, mejor que mejor. Vamos, que pon una sonrisa en tu vida y el día a día lo llevarás mejor; pon unas risas y los problemas serán menos graves de lo que crees; y si quieres tener un día inolvidable, procura echarte unas carcajadas hasta que se te salten las lágrimas y te duela la barriga…que eso, además de ayudar a tonificar abdominales, te quita todos los males, aunque sea por un ratito – prueba de ello el hartón a reír que me di el pasado viernes viendo el espectáculo #trendingtronching de @LeoHarlem y Sergio Olalla.

¿Acaso no nos gusta lo que transmite una sonrisa? Si cuando nos acercamos a una persona sonriente sentimos que te transmite cercanía, amabilidad, alegría, un ambiente acogedor, confianza, ¿por qué no nos esforzamos un poco más por mostrarnos así?

Sin tener que ir al médico, un buen indicador de nuestro estado de ánimo puede ser el número de veces que reímos y sonreímos al cabo del día. Cuando uno no está bien, la sonrisa se borra de su cara.

De acuerdo que tiene que haber de todo en la viña del Señor, y precisamente por eso hay gente más seria que otra, pero incluso hasta los más serios saben dibujar una sonrisa cuando quieren. La diferencia entre hacerlo o no, como siempre, está las ganas que uno tenga. Es frecuente encontrarnos con gente que asocia la seriedad con formalidad, a lo correcto y a lo bien hecho. Pero es una obviedad que la gente alegre y sonriente es igual de cumplidora y responsable, con el añadido de que se muestran más cercanos y agradables.

Recuerdo un momento con un jefe que tuve, quien un día se empeñó en cambiarnos la ubicación de las mesas de trabajo a mis compañeras y a mí porque decía que nos lo pasábamos demasiado bien en el trabajo. Cuando nos lo comentó en voz alta me acerqué a él y le pregunté que si acaso el trabajo no salía adelante, cosa que él no pudo negar. Insistí en que trabajar de manera alegre no sólo es posible, sino que además es mucho más eficiente y productivo…No sé si fue porque no se esperaba que le fuese a rebatir o porque reflexionó, pero al final nos dejó seguir trabajando como estábamos.

Hay días que nos levantamos y cuando nos queremos dar cuenta ha pasado la mañana o casi el día entero y apenas nos hemos echado unas cuantas risas. Así que vamos a procurar ser más conscientes de las veces que sonreímos al día…sonríele a la gente y la gente te sonreirá a ti.

Los que venís siguiendo mi blog ya habréis podido intuir que tengo una cultura cinematográfica bastante pobre y simplona, pero sí soy conocedora de unas cuantas frases míticas y en este momento recuerdo una de Charlie Chaplin que decía “nunca te olvides de sonreír, porque el día que no sonrías, será un día perdido”  – imprímela y ponla en la nevera de tu casa o cerca de la pantalla del ordenador, que te vendrá bien tenerla presente.

Así que ya sabes, ríe, ríe y ríe, y si es en compañía mejor que mejor. Pero también recuerda, que antes de nada, hay que aprender a reírse de uno mismo…

Aquí te dejo un ejemplo de la fuerza que tiene la risa. Un experimento que ya se ha hecho en varios metros del mundo, en el que un vagón lleno de gente es capaz de terminar riendo al completo, contagiado por la risa…y tú cuando lo veas, también – vale que igual no te da la carcajada, ¡pero ya verás cómo una sonrisita sí que me echas!

ataque risa contagiosa

Artur Mas también roba energía

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Dicen que para recibir hay que dar, o también se dice que uno recoge lo que cosecha.

Hoy estaba yo reflexionando un rato sobre mi semana y la energía con la que la voy a encarar. Es frecuente vernos hablar de energía en su sentido más físico: la factura de la luz, que no baja ni aunque vivamos a oscuras; la batería del móvil, que si se muere nosotros morimos con ella…Pero creo que le prestamos poca atención a las cosas que nos dan y quitan energía a lo largo del día y mucho menos a cómo nosotros se la damos y quitamos a los demás.

Hace unos meses estuve en un taller de trabajo – son como los talleres de coches, pero en los de trabajo a menudo nos dan herramientas para poder arreglar nuestros desperfectos personales – en el que hicimos una profunda reflexión sobre qué nos da y qué nos quita la energía.

Una frase que decimos mucho en el argot de RRHH, es que duchado y motivado se viene desde casa”. Y eso es así de simple. Mucha gente cree que su motivación depende de las acciones de los demás: el jefe, la pareja, nuestras amistades, los compañeros de trabajo…Pero, desafortunadamente para ellos, los únicos responsables de sentirnos motivados somos nosotros mismos.

Si hablamos de energía, podríamos decir que cada uno de nosotros es el único encargado, todas las mañanas, de salir de casa con el chute necesario para afrontar el día.

Vamos a dar por hecho que es así y que mañana, conscientemente, cuando salgamos de casa lo vamos a hacer con el depósito de gasolina lleno. Pero claro, procura que la batería esté a tope de verdad, porque ya verás cómo, según va pasando el día, te vas encontrando con sorpresitas que chupan más gasolina de la que llevas puesta y, sin darte cuenta te verás cantando aquel hit del verano de “dame más gasoliiiiina”…Y si no, mira: sales de casa y le das al botón del ascensor, que tarda más de la cuenta en llegar; con la prisa que tienes, al ver que éste no llega, terminas por coger la opción de la escalera, que con tacones, cartera y probablemente niños agarrados a tus pantalones, ya te empieza a provocar una leve mala leche con la que no contabas al abrir el ojo. ¡Y eso que el día sólo acaba de empezar!

Una mancha sobre la ropa cuando ya creías estar listo para salir; ir a comprar pan y tener que esperar diez minutos a que se termine de cocer; una mala respuesta por parte de tu jefe o un compañero; que tu amiga con la que has ido de compras de veinte vueltas para elegir algo y terminar sin una bolsa en la mano; un pinchazo al coger el coche; que te cancelen otra reunión; que la llamada o el mensaje que esperas nunca lleguen; personas quejándose de todo a tu alrededor; una reunión justo a última hora de la tarde;…

Al final del día, muchas veces sólo alcanzas a decir: “por fin se acabó, me voy a tirar un rato en el sofá, que con el día que he tenido, sólo estoy pensando en disfrutar viendo mi serie” – claro, que lo que no sabes aún, es que tu serie favorita la han cambiado de día sin tu saberlo, así que terminas acostándote la frustración de que para una cosa buena que iba a tener el día, van y te la quitan…

Lo que no te sueles plantear al final del día es qué has hecho tú por mantener el depósito de los demás lleno. Es decir, que igual que los demás han ido chupando nuestra energía como sanguijuelas, seguramente tú hayas ido haciendo lo mismo con ellos. Porque sí, todos damos y quitamos energía a los demás. Tú también eres un ladrón de energía.

Todos andamos por la vida robando energía cuando nos quejamos, protestamos, no complacemos, exigimos, no informamos, no cuidamos, no hacemos reír o usamos nuestra sonrisita sarcástica para dar la nota, tal y como se aventuró a hacer el Sr. Mas la semana pasada en la copa del rey al son de nuestro himno nacional – cosa que a mi particularmente no me quita energía, pero sí me toca las narices.

Esta semana me gustaría plantearte que intentases ser más consciente de qué tal eres tú como fuente de energía. ¿Eres de los que se preocupa porque el día de los demás esté lleno de energía positiva o más bien eres de los que, seguramente sin darse cuenta, va quitándole la energía al resto?

Si quieres incluso ir más lejos, prueba a compartir tu reflexión con alguien de confianza. Siéntate con esa persona y deja que te diga – como se suele decir, desde el cariño y sin acritud – cómo percibe ella o él la manera en la que tú le quitas la energía a los demás.

Se trata de que asumas que tú también eres un ladrón de energía y aunque sólo sea por eso de que cada uno recoge lo que cosecha, da energía positiva y recibirás energía positiva de los demás.

Si quieres actuar y no sabes por dónde empezar tu plan de acción, te hago una propuesta: prueba a no quejarte tanto. Mi mayor ladrón de energía es el que se pasa la vida quejándose porque sí. Prueba por empezar sin quejarte en voz alta – si te quejas por dentro y solo te enteras tú, a mí me vale –durante un día. Sólo con eso estarás haciendo un gran favor a los depósitos de energía de los que te rodean.

Y si no quieres hacer nada al respecto, perfecto, pero asume que los demás huirán de ti y de tu energía negativa, porque cualquiera se puede comer una almendra amarga, pero un paquete entero, no lo quiere nadie.

¡Y ahora, un poquito de musiquita para ayudarte a mantener el depósito a full!

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Se acaban las elecciones y yo descubro que el cambio agota

Aprovecho que es domingo para no tener que empezar mi entrada hablando de nuevo de #FelizLunes, aunque apuesto que – como si del top-ten de los cuarenta principales se tratase – esta semana volverá a ser tendencia.

Ya sabemos que los de IKEA han ganado Eurovisión y que el PP se ha llevado la paliza esperada en estas elecciones. Sabemos que el Barça ha ganado la liga y que probablemente hará lo mismo con la Champions y la Copa del Rey…Y además sabemos que yo sigo cansada.

Aunque la cosa va mejor, son ya varias las semanas en las que tirar de mi cuerpo, y sobre todo de mi mente, es equiparable a subir el Everest, que aunque no he tenido el gusto de probarlo, me lo imagino como una auténtica pesadilla.

Tras pasar del invierno al verano, prácticamente saltándonos la estación de las lluvias y tirando de mi Supradyn Activo, he descartado que la astenia primaveral tenga algo que ver con mi estado de cansancio actual. En cambio, el otro día, cuando empecé a leer Cambia el Chip (si lo compras, aprovecha y coge también Un poto, dos niñas y un blog 😉 ) en busca de algunas respuestas, descubrí el porqué de mi estado apático de las últimas semanas: el cambio agota.

Si lo piensas bien, quien no es un setón, normalmente se pasa la vida cambiando, adaptándose a las circunstancias. Unas veces el cambio lo asumes porque te lo impone el entorno, ya sea en el trabajo, cuando te deja un novio, cuando te toca la lotería o cuando tienes que afrontar una enfermedad…Otras veces eres tú, con tu culo inquieto, quien se pasa la vida evolucionando y cambiando, asumiendo un reto nuevo detrás de otro, o varios a la vez.image1

El caso es que seas de los unos o de los otros, todos cambiamos. Puede que vivamos épocas más tranquilas que otras, pero cambiar, cambiamos todos. En esa rueda del cambio hay quien asume el papel de propulsor y quien adopta el papel de aceptación, pero en cualquier caso, los dos requieren de una energía importante que nos termina cansando.

Así que vale, ya sabemos que estamos agotados de tanto cambiar, ¿y ahora qué? No podemos coger vacaciones y además tenemos que seguir el ritmo que llevamos. Por eso me temo que no nos queda más remedio que seguir tirando del complejo vitamínico, aprovechar cualquier ratito para desconectar y tirar de automotivación para seguir.

Es muy fácil darnos cuenta de cuándo estamos en modo apático, y lo bueno de eso es ser conscientes para no dejarnos llevar. Está claro que hay que disfrutar, de vez en cuando, de no hacer nada, pero no debemos convertir esa desgana en un hábito. Lo más probable es que haya recetas muy profesionales para llevarlo mejor, pero una también tiene sus truquitos para compartir con vosotros.

Attachment-1Lo primero de todo, es reconocerlo. Sí, estoy mentalmente agotada. Y una vez asumido eso, no hay que agobiarse. La analítica que me hicieron en el reconocimiento médico del trabajo, según la doctora, es de foto, así que…que no cunda el pánico. Ahora, desde esa calma, sólo me queda la opción de ponerme las pilas. Toca poner en marcha la máquina de la fuerza de voluntad. Sí, esa fuerza que algunos piensan que es innata y que viene determinada por la genética – que en parte sí, pero dado el caso, tendrás que luchar contra tu ADN – y que otros pensamos que es algo que se tiene que trabajar mucho para que se vaya forjando con el paso del tiempo.

Muchas veces somos capaces de caer en un círculo vicioso del que no es fácil salir: estoy cansado, y como estoy cansado, me dejo llevar por mi desgana, así que no hago deporte, dejo de cuidarme, me esfuerzo lo justo en el trabajo, no me arreglo para salir…Pero en mi opinión, es justo en este momento cuando uno tiene que demostrarse a sí mismo que no es un setón. Hay que romper ese círculo vicioso y salir de la zona de confort, llena de excusas y justificaciones que no nos están haciendo ningún bien.

Si no lo haces y te dejas llevar por la apatía, tarde o temprano te sentirás culpable por ello, así que como decía en mi entrada anterior, píntate las uñas y coge el toro por los cuernos. Márcate metas pequeñas y realistas que te ayuden a ir dando pequeños pasitos y prémiate cuando alcances cualquiera de ellas.

Si por ejemplo tu pereza ha hecho que abandones el deporte, empieza por andar un rato cada día. ¿Quién no puede andar quince o treinta minutos al día? Seguramente cuando lleves una semana haciéndolo decidirás comenzar a correr o querrás retomar el hábito de ir al gimnasio. Es ahí, cuando te tienes que premiar porque habrás roto una barrera.

Si tu apatía te afecta en el trabajo, cuando arranques la semana, márcate un par de objetivos: terminar ese dichoso informe, resolver un conflicto que tengas, hacer ese par de llamadas pendientes…Ya verás cómo según vayas alcanzando esos pequeños objetivos, te irás sintiendo mejor y sin darte apenas cuenta estarás descubriendo que te sientes menos perezoso.

Y si la desgana está afectando a tu vida social, lo tengo claro. Arréglate un poco y sal a la calle; sal, sal y sal – en la comida, no, pero cuanta más sal le eches a la vida, mejor. Planifica una excursión o intenta marcarte una de CCCC (cine, cena, copa y cama), que con que llegues a alcanzar dos de las cuatro ces ya habrás pasado un buen rato seguro. No te quedes en casa hinchándote a comida basura, que las penas con pan son menos penas.

Así que señores y señoras, tenemos por delante una nueva semanita para vencer nuestra pereza, ponernos las pilas y seguir taconeando. Si lo hacemos, al final de la semana comprobaremos que nuestro circulo vicioso ya no tiene tanto vicio.

Yo personalmente me la voy a plantear así: en el terreno laboral me toca cerrar un par de temas pendientes; en el personal, he retomado el golf y por fin – después de llevar diez años dando bolas – he presentado la documentación para federarme y salir al campo. Además, hoy sacaré ganas de debajo de las piedras para pasar de nuevo por el calvario de agujetas al que me tocará enfrentarme si el profe de interval sigue trabajando sin piedad; y si luego tengo algo de movilidad en los brazos, jugaré con mis bichos cuando llegue a casa.

¿El premio? Ese vendrá en el fin de semana que me voy a pasar en Mallorca, preparado y merecido desde hace mucho tiempo.

¿Y tú, cómo te lo vas a montar esta semana?

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Con las uñas pintadas se vive mejor: seguimos con #FelizLunes

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Tras la entrada de la semana pasada y después de haber comprobado que todos los días siguieron siendo felices a través de los Trending Topics de Twitter, y que para más INRI #FelizLunes vuelve a serlo hoy, no me queda más remedio que sumarme a la tendencia y daros un truco que, sin duda, os ayudará a llevar mejor la semana. A ver si así conseguimos que, nuevamente, la semana entera siga siendo feliz tendencia para que todos comamos perdices al final – aunque yo perdonaré la perdiz por un quinto bien fresquito en cuanto salga del trabajo el viernes.

La propuesta de hoy, pasa por recomendaros que os pintéis las uñas; las de las manos también, pero sobre todo, las de los pies. Sí, ya sé que esto no es tema para machos alfa, pero estoy segura de que vosotros también seréis capaces de sacar partido a las palabras que aquí transcribo. Una opción podría ser que os hagáis los Mel Gibson al son de “En qué piensan las mujeres”, para saber lo que se siente con las uñas pintadas. Pero si no estáis por la labor, quizá un corte de pelo pueda ser suficiente para entender lo que pretendo transmitir con la entrada de hoy.

Tengo una teoría, creo que científicamente no comprobada – por si alguna Anita Obregón quiere tirarse a la piscina y hacer el estudio, ahí dejo la idea – que consiste en que con las uñas de los pies pintadas, una ve la vida con más alegría, con más garbo y más optimismo.

Sí, es así de simple, un día me di cuenta, al pintarme las uñas de los pies, de que de repente me sentía mejor…y desde entonces, llueva o haga calor, sea invierno o verano, ésta que está aquí sentada, procura que las uñas de los pies luzcan siempre un buen esmalte.

He pensado bastante en este gran teorema que, por cierto, incluyo desde hace tiempo en mi “kit de automotivación” y creo que tiene mucho que ver con el “así te dejas, así te tratan” o “así te ves, así te ven”. Algo tan sencillo como que los demás te ven tal y como tú te muestras…Si te sientes como una migaja pequeña, los demás te verán así también; pero si te muestras con gran encanto, los demás sentirán que desprendes algo especial.

El día que estás tirado en casa, en pijama haciendo nada, del sofá a la cama y de la cama al sofá, no te sientes igual que cuando te has levantado, te has arreglado un poco y has salido a taconear y pisar fuerte. Dicen que cuanto mejor es nuestro autoconcepto, mejor es nuestra autoestima, así que vamos a procurar que nuestro autoconcepto esté a tope. Y para ello, sentirse bien por fuera es un factor importante, pero por dentro lo es más, porque si antes decía que los demás nos ven como nos vemos nosotros mismos, también es cierto que la cara es el espejo del alma, así que si no estamos bien por dentro, difícilmente nos veremos bien por fuera, y más difícilmente todavía nos verán bien los demás.

Lo de las uñas es sólo una píldora – insisto en que funciona – pero seguro que tú, que te conoces mejor que nadie, sabes qué es lo que necesitas para sentirte bien y ser tu mejor versión. Igual que yo tengo mi “kit de automotivación” para mantener mi estima alta, te sugiero que pienses en cuál es el tuyo y lo revises de vez en cuando para no perderlo de vista.

Todo esto no es otra cosa que comprometernos con hacer hasta lo imposible por mantener nuestra autoestima alta. Ya están el entorno y sus circunstancias para darnos sus bofetadas a lo largo de la semana, intentando tirar nuestra moral por los suelos, así que por nosotros que no quede. Vamos a hacer todo lo posible para que cuando la estima llegue a rozar el suelo, vea lo monos que están nuestros pies y empiece a subir otra vez.

Así que ya sabes, esta semana, tanto si eres hombre como mujer, empieza por pensar qué vas a hacer para mantener tu estima lo más alta posible. Yo ya he renovado el esmalte de mis uñas de los pies, he retomado mis rutinas saludables después de otro fin de semana de “food-beer-wine&gin fussion” y he hecho el esfuerzo de volver a ponerme rímel a pesar de no tener ninguna gana y de haberme costado despegar las pestañas esta mañana…y ahora voy a seguir pasando lista a mi “kit de automotivación”, para no dejarme nada atrás, a ritmo de «Uptown funk«, mi «song of the week«

¡Ah! Y un truco, si queréis mantener vuestras uñas brillantes y perfectas durante más tiempo, pasadles una capa de brillo cada dos o tres días, ¿lo pilláis?

uptown funk

Morgan Freeman y #FelizLunes: tan listos y tan tontos.

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A mediodía, ojeando los “trending topics” de Twitter, primero he pensado que Morgan Freeman había fallecido. En seguida he descubierto que la realidad de que el “Hombre Libre” – traducción literaria que, sin ser traductora jurada, me atrevo a hacer de su apellido – haya sido trending topic por unas horas, era porque ha decidido confesar que come, bebe, fuma y aspira marihuana. Fíjate tu…

Otra tendencia top que me ha llamado la atención – y en este caso mi intuición sobre de qué iba el tema no me ha fallado­ – era la de #FelizLunes. Para despejar mis sospechas he pinchado y ahí estaba, otro aluvión de mensajes “happy”. Mensajes, ya muy repetitivos, invitándome a sonreír a la vida, a aprovechar una vez más, toda una nueva semana llena de oportunidades, a perseguir mis sueños y por supuesto no permitiendo que nadie me diga que soy incapaz de hacer algo…En fin toda una simulación de psicología positiva que, con todos mis respetos, si sólo te limitas a tratarla de manera tan airosa, limitándote a la lectura de estas frases, creo que no vale para nada.

Hoy en día somos tan listos que con un teléfono en la mano interactuamos con el mundo como si las distancias desapareciesen de los mapas. Hasta hace unos años el mundo era un pañuelo y ahora el mundo es un teléfono. Con él, sobre la palma de nuestra mano, podemos organizar nuestra vida y la de los demás, sin necesitar nada más que wifi, que el 3G y el 4G a veces se quedan cortos. Y esto sólo, por poner un ejemplo.

Pero a la vez somos tan tontos, que necesitamos llenar nuestro mundo a diario con frases inspiradoras – como las que desbordaban hoy el #FelizLunes de twitter – que nos recuerden quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, o mejor dicho, a dónde tenemos que ir. Frases que nos ayuden a sacar fuerzas de donde no las hay, motivadoras a simple vista, pero destructivas cuando vemos que no somos capaces de acatarlas.

Parece que en cada una de esas frases tenemos la fórmula de la felicidad y el impulso que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos, y no, señores, la fórmula magistral de la felicidad no existe, cada uno tiene la suya, y para alcanzar nuestros objetivos, no necesitamos más que desearlos, comprometernos con ellos y echarle un par de huevos al asunto.

¿No te sientes motivado con tu trabajo? Cambia de trabajo. ¿Te sientes gordo? Ponte a dieta. ¿Te gustaría hacer más ejercicio? Hazlo y deja de poner excusas por la falta de tiempo. ¿Te gustaría sacar tiempo para estudiar más? Sácalo, que el día tiene muchas medias horas – empieza por aplicar la técnica de la media hora de la que hablo en mi libro y ya verás cómo sacas tiempo para lo que quieras. ¿Te gustaría correr una maratón? Prepáratela. ¿Te gustaría comer más sano? No compres tanta comida basura. Es tan simple como esto amigos.

Soñar, sabemos soñar todos, pero creerse lo que uno sueña y comprometerse con ese sueño sólo lo hacen unos cuantos. Y mientras los unos lo consiguen, los otros son capaces de criticarlos y de intentar hacerles ver lo difícil que es – como si esos que lo sufren en sus propias carnes no lo supieran ya.

Lo cierto es que, tal y como describen muchas de las “frases de la felicidad” que aparecen continuamente en los muros de nuestras redes y que incluso compramos a través de marcas comerciales como la famosa Mr. Wonderful, somos capaces de conseguir todo aquello que nos propongamos. Eso sí, no basta sólo con proponérselo y empaparse de estas frases, sino que hay que comprometerse, prepararse y llenarse de fuerza de voluntad, porque en el camino, habrá momentos duros y difíciles, que una vez superados, no harán más que hacernos sentir más orgullosos por alcanzar nuestro sueño.

Dicho esto, sigamos siendo tan listos e intentemos ser menos tontos. Todos tenemos algún objetivo en nuestra vida, así que no perdamos más el tiempo y hagamos todo lo posible para alcanzarlo. Dicen que soñar es gratis, pero alcanzar un sueño cuesta mucho esfuerzo, sudor y a veces lágrimas.

Mientras pensaba escribir este post, me venía a la cabeza una película que seguramente habrás visto y es un claro ejemplo de lo que cuesta conseguir un sueño, pero también es ejemplo de que podemos conseguir todo lo que nos propongamos, siempre y cuando no decidamos rendirnos en el camino. No caigas tan fácilmente en la debilidad de ampararte en cualquier excusa, sé más listo.

Te dejo un par de escenas de la película En busca de la felicidad, y si aún no la has visto, te sugiero que la veas. Un hecho real que te servirá de ejemplo de superación y logros.

en busca de la felicidad

¿Cuál es tu sueño? ¿Cómo estás de comprometido con él? ¿Cuál es tu plan para alcanzarlo? ¿A qué estás esperando?

#DiaInternacionalsinDietas y #todossomosguapos

Miércoles seis de mayo, 21:30 horas. Despierta desde las 4:30 y justo ahora me entero por Twitter de que es el #DiaInternacionalsinDietas ¡ole, ole y ole!

Obviamente mi cabeza, de inmediato, maquina el mejor de los planes para celebrarlo. Pero para estar segura antes de pecar, investigo un poco más y “voilà”, efectivamente descubro que el seis de mayo se celebra el Día Internacional sin Dietas, ¡¡¡y nada menos que desde 1992!!! ¿¡¿¡¿¡Pero cómo no me he enterado de esto yo antes?!?!?!?!? Por suerte ya he podido programar una cita periódica anual en mi calendario para poder celebrarlo religiosamente todos los años. Hoy me ha pillado tarde, pero aún estoy a tiempo de abrirme uno de esos quintos que mi padre me ha dejado a buen recaudo y bien fresquito en la nevera, un toque de congelador y….ummmmm, ¡Anda! mira tú por donde, también lo voy a acompañar con una bolsa de patatas, mientras me digo que no me la voy a comer entera y sabiendo que me estoy mintiendo a mí misma.

El caso es que estamos tan mal de la cabeza y nos dejamos llevar tanto por los cánones de belleza, revistas, modelos, etc. que parece ser que necesitamos, al menos un día al año, decir stop, para mirarnos al espejo y decirnos que tampoco estamos tan mal…Y además, por si fuera poco, cuando se ha creado este movimiento será, entre otras cosas, porque debe haber muchos como nosotros, los que vivimos con la idea de tener que cuidarnos continuamente para no engordar – pero a mal de muchos, consuelo de tontos.

La verdad es sí, yo soy de ese grupo, pero procuro ir compensando y montándomelo bien. Debemos cuidarnos, pero siempre dentro de un equilibrio, como defiendo en mi post anterior sobre “El gym y el ñam”. Pero sobre todo, dentro de una aceptación. No existe, ni mujer ni hombre perfecto – de todos es sabido que Barbie ahora tiene celulitis, granos y estrías. La rellenita quiere estar más delgada; la flaca quiere tener culo de dónde agarrar; los de la tripa cervecera quieren que con una sesión de abdominales aparezca la tableta de chocolate extrafino; la del pelo liso quiere más volumen; y la del pelo rizado se hace el alisado japonés para tenerlo tieso como una tabla. Al final, como todo en esta vida, se trata de que seamos conscientes de dónde están nuestras limitaciones, y a partir de ahí, sacarnos el mayor partido que podamos.

Si tienes tripa cervecera, seguro que no te sienta tan mal, y además es probable que vaya acompañada de unos ojos bonitos, que por cierto le vendrían bien a la del pelo rubio liso, que los quiere azules. Si tienes culo de dónde agarrar, no te queda otra que por lo menos intentar ponerlo duro, para luchar contra la fuerza de la gravedad el mayor tiempo posible. Y si lo que tienes es panza, pues seguro que tienes unas piernas preciosas que puedes lucir mientras te la vas trabajando.

dia sin dietasTodos tenemos algo, todos somos guapos, y si no, échale un vistazo a las fotos de perfil de tus contactos de Facebook…ahí sí que somos capaces de sacarnos partido ¿eh? Pues si somos capaces de salir guapos en una foto de perfil para cualquiera de las redes sociales en las que nos movemos, que no se nos vaya la cabeza tanto y vamos a intentar estar más a gusto con lo que vemos cuando nos miramos en el espejo.

Todo esto te lo cuento mientras me termino de comer mi bolsa de patatas con mi quinto, que he decidido tomarme justo después de cenar y haber caído en la tentación del chocolate, comiéndome un par de onzas del negro con naranja, que es mi perdición…Y lo he hecho así, porque yo lo valgo, porque la vida es mayormente sacrificio, pero el día que te puedes permitir un baile, te lo tienes que pasar mejor que nadie.

Así que aquí te dejo, hasta nuestra próxima cita y moviéndome a ritmo de Meghan Trainor – que defiende con mucho más arte que yo esto de lo que te estoy hablando – y contenta de haberme enterado de que hoy era el Día Internacional sin Dietas, para aprovechar y compartir contigo este ratito de reflexión. Porque tú, como yo, también tienes tu belleza. Sólo tienes que sacarte partido.

¡Y una cosa más! Digámosle a la gente más a menudo lo guapa que es, que a nadie le amarga un dulce y una subidita de ego nunca nos viene mal, que a veces nos olvidamos de decirle a la gente que nos encantaría tener su trasero, o su sonrisa, o sus ojos, o su pelo. Aunque no sé si será realmente olvido o envidia.

Recuérdalo siempre: todos somos guapos.

all about that bass

Soy madre y tengo vida propia

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Es domingo por la mañana, muy temprano. Por el color de la luz que empieza a asomar por las contraventanas de madera de la habitación, sé que el sol se ha despertado de buen humor. Anoche salí y no tengo resaca. Con las pestañas aún pegadas pero con ganas de abrirse, alguien me susurra al oído “ya es de día”…

Dicho así, podría parecer Bridget Jones, narrando una escena de esas películas de comedia romántica que tanto me engatusan…Chica conoce chico y chico conoce chica; los dos no se soportan hasta que un día, por capricho del destino, se dan cuenta de que no pueden vivir el uno sin el otro y terminan por decidir compartir su vida y despertarse uno junto al otro por los siglos de los siglos…¡Ay! –aquí suspiramos un poquito – ¡qué bonito es el amor!

Es domingo por la mañana, muy temprano…demasiado temprano. Entra mucha luz por las contraventanas de madera de la habitación y eso no es bueno. Ya podría haberse esperado el sol un ratito más y no brillar tanto desde tan temprano. Anoche salí a cenar, una copita en casa y a dormir, que los bichos no respetan ni los domingos. Con las pestañas aún pegadas y con ganas de permanecer cerradas un rato más, aunque sólo sea por un día, alguien me susurra al oído “ya es de día, mami”…

La diferencia entre una escena y otra, es que SOY MADRE. Atrás quedaron esos momentos que ahora tengo idealizados y que afortunadamente pude vivir y disfrutar a tope…Salir de copas y creerme la reina de la pista bailando a ritmo de lo que fuese, de miércoles a domingo y durante no sé cuántos años – por cierto, tengo que activar el autoborrado de este post para cuando mis bichos quieran empezar a salir.

Hoy, por si no aún te has enterado, es el día de la madre y aparte de celebrarlo, también he hecho recuento de lo bueno y de lo malo, de las alegrías y regalos que me da la maternidad y por supuesto de los renuncios, que la historia tiene mucho de jardín de rosas, pero que no se nos olvide que las rosas tienen espinas y que estas pinchan de narices.

Y hablando de renuncios, aprovechando que el día es nuestro, quiero animar a todas las madrazas a que recuperen los suyos poco a poco. Cuando eres madre – aparte de comer gallina, como me decía mi madre con cada una de las protestas que le hacía – de repente un día dejas de mirar tu ombligo para mirar el de tu bebé, que a ver si se seca de una vez y se cae, que vaya repelús que da eso. A partir de ahí, sin importarte en ese momento y casi sin darte cuenta, empiezas a renunciar a salir, a mimarte, a viajar, a leer, a ver la televisión, a tirarte en el sofá, tapar canas, hacer deporte…Y así van pasando los meses, viviendo por y para tus retoños, cuando un día te levantas, con las pestañas pegadas y al son de un “ya es de día, mami” deseando recuperar algo de tu espacio.

El otro día, una de mis amigas que también entra este año en el Club de las Cuarentañeras, que no cuarentonas, decía que ya estaba bien, que se iba a poner las pilas y a empezar a cuidarse y a mirar un poco por ella ¡Ole mi amiga!

Muchos de nosotros, y ya no hablo sólo de madres, porque los padres también lleváis lo vuestro, pasamos por etapas en las que nos abandonamos, en las que parece que no hay tiempo para nosotros. Y no solo eso, sino que el día que parece que sacamos tiempo para hacer algo por y para nosotros mismos, somos incapaces de hacerlo sin remordimiento.

No hace falta pecar de egoísta y egocéntrico, pero sí es necesario que te cuides, que hagas cosas que te hagan reír y sentir bien ¡Por supuesto que ver felices a los míos me hace feliz a mí! Pero también soy feliz cuando hago noche de chicas, cuando me siento a escribir, cuando me escapo con mi marido, cuando voy al gimnasio a meterme con la pizarra y la música de Ismael, cuando voy a comprar sola, cuando planifico una escapada…

Cuando nacieron mis bichos me sentía la mujer más feliz del mundo, pero hoy, que he pasado un día muy especial por muchos motivos, me siento más feliz todavía, porque por fin, entre todo este trajín, ahora sé disfrutar de la maternidad sin renunciar a mi espacio. Soy madre y tengo vida propia. Como digo en mi libro, que supongo ya habrás comprado y releído, hay tiempo para todo, lo único que hace falta son ganas y energía para aprovecharlo.

Nunca has firmado nada que te haga renunciar a tu propio espacio, a tu vida personal, así que no seas tonto y no renuncies tan fácilmente a lo que es tuyo y no depende de nadie más que de ti.

Y ahora sí, tenéis que permitirme que me ponga un poco sentimental. No quiero despedirme sin felicitar, también desde aquí, a mi santa madre, que a tantas cosas habrá renunciado por mí. Tengo claro que estaré siempre en deuda contigo, mamá. Tus abrazos siguen siendo los más reconfortantes del mundo. El día que vi este video no pude evitar emocionarme, y hoy lo he vuelto hacer. No me emociono porque yo sea madre y me sienta identificada en él, sino porque con cada frase y cada imagen, me acuerdo de ti y tu trabajo: el trabajo más difícil del mundo.

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