A QUIEN CORRESPONDA

a quien corresponda

“He intentado entenderte, pero ni poniendo todo mi esfuerzo en ello lo consigo. Podría intentar rebatirte, intentar convencerte de mis argumentos o de que veas las cosas de otro color, pero la verdad es que ya prefiero focalizar mi energía en mejorar mis dominadas y conseguir hacer el pino de una puñetera vez. Teniendo en cuenta que estas, no son mis principales prioridades en la vida, adivina tú en qué lugar se quedan mis ganas por esforzarme en entenderte”.

Está claro que, como decía Dua Lipa en esa canción que escuchaba yo en bucle hace un par de primaveras (Be the One), mientras yo veo las cosas en azul tú las ves en rojo ¡Y así tiene que ser!

A veces nos empeñamos en querer cambiar las actitudes o la forma de ser de alguien, cuando sólo uno mismo es quien puede impulsar su cambio. Hay personas que se esfuerzan por mejorar y corregir sus defectos, pero también las hay que se quieren tanto tal y como son, que no sólo no sienten la necesidad de cambiar, sino que con el paso del tiempo incluso se endiosan más dentro de sí mismos.

A mí me vais a perdonar, pero yo con quien no tiene la humildad de reconocer sus errores y defectos (y mira que yo soy orgullosa, pero creo que a la par que honesta) y que incluso miran a la cara pensando que una es gilipollas, pffff….¡pasopalabra! Cada vez me dan más pereza.

A esos, cuanto más lejos, mejor. Ya me enteraré a través del Karma, contactos o redes sociales de hasta dónde han sido capaces de llegar.

La verdad es que por mi deformación profesional o por lo que sea, suelo poner bastante empeño en empatizar con la gente e intentar llegar a entenderme con todo el mundo, pero a veces hay que dar por perdida la batalla, porque sabiendo que cualquier relación es de dos, está claro que si uno no quiere….

Por suerte, esta lección la tengo interiorizada desde hace mucho tiempo.

La gente cambia, ya lo creo que cambia, pero sólo si quiere.

Cambio “Chiringuito” por “Beach Club”

todo cambia

Qué buenos recuerdos tengo de mis vacaciones veraniegas, cuando nos metíamos seis o siete personas en el Citroen CX palas de mi padre, por supuesto, sin cinturones ni sillas para niños homologadas. Mis hermanos y yo jugábamos a encontrar el lugar más estratégico y chulo del coche donde apoyar nuestras posaderas durante las ocho horas de viaje que teníamos, aproximadamente, hasta llegar a Fuengirola, nuestro lugar de destino durante muchos años…

Allí nos pasábamos las vacaciones de verano, entre nuestro Hotel las Pirámides y nuestro Chiringuito El Copo…¡Al rico bombón helado, señora! – tarareaban los vendedores ambulantes de antes, que ahora hacen lo mismo con frutas, mojitos y conjuntos de verano.

Luego llegó la casa de la playa, las pandillas de verano y las salidas…Una iba creciendo a la vez que el mundo cambiaba a su alrededor. Y así hasta ahora, que descubro que los Chiringuitos ya no se llaman así, sino Beach Clubs. Quizá sea porque han tardado años en encontrar la traducción al inglés de la palabra chiringuito…Pero no, lo cierto es que el encanto que tenían estos lugares se ha ido transformando con el paso de los años, no para olvidarnos de ellos, sino para encontrar la manera de seguir manteniendo su glamour, moldeándose para adaptarse a las nuevas tendencias que marcan el paso de los años.

Otro ejemplo de adaptación al cambio del tiempo lo tenemos en los gimnasios, que ahora se han transformado en Gyms, Sport Centres, Fitness Centres…Y eso por no hablar de su oferta de clases, que atrás quedaron las abarrotadas salas de aerobic, step, y sevillanas para dar paso a Zumba, Body Pump, Body Jump, Body Power, otros cientos de modalidades de “Body…” y como no, mi odiado y a la vez querido Crossfit. Los gimnasios de ahora han tenido que adaptarse al cambio del tiempo, han tenido que aprender a transformarse para seguir manteniendo su esencia y seguir enganchando al público más exigente.

El caso es que todos queremos sentirnos sorprendidos cuando vamos a conocer un Beach Club, un nuevo restaurante o un Gym…queremos teléfonos con mejores aplicaciones, televisiones que sean capaces de grabarse a ellas mismas y conectarse hasta con “el más alla”, aspiradores que al ritmo de “roomba” se paseen por la casa limpiando un suelo que antes nos costaba horas dejar impoluto…

Pero ¿y tú? ¿Qué haces para adaptarte al cambio? ¿Te preocupas por evolucionar?

Que conste que respeto todas las decisiones, pero a la vez me sorprende taaaaaaaanto ver cómo hay gente que pierde el interés por evolucionar…

Busco en Mr. Google el significado de la palabra evolucionar y esto es lo primero que me encuentro:

evolucionar

verbo intransitivo

  1. 1. Hacer [una persona o una cosa] una evolución o cambio gradual, especialmente de conducta, de actitud, de ideas, etc.

Todos evolucionamos en nuestra vida. Pero a medida que pasan los años, veo que para unos cuantos es fácil caer en una rutina que, poco a poco, les va introduciendo en un estado de letargo que les deja estancados mientras siguen viendo la vida pasar. Y de lo que no se dan cuenta es que no sólo pasa la vida, sino que el tiempo de “bailar” con ella también.

Otros preferimos seguir “evolucionando como los pokemon y la barbie” – que por cierto, ya no sé si los mellizos que tuvo son de Ken o finalmente decidió ser madre soltera -. Evolucionamos para  adaptarnos a ese cambio constante, para probar cosas nuevas, para enfrentarnos a un nuevo reto después de haber superado otro. No es tan importante conseguirlo como intentarlo, porque lo más probable, es que si lo intentas con todas tus ganas, lo consigas.

Los primeros, no sólo seguirán quietos, sino que incluso intentarán parar a los segundos. Y estos, que son fuertes de voluntad, harán caso omiso a las “vocecillas” de su alrededor, que intentan asustarlos con sus: estás loco, ya tienes bastante, no vas a poder sacar tiempo, eso no te va a servir de nada…

Dicen que lo único que no cambia en la vida es el cambio, que siempre es cambio. Así que está en las manos de cada uno de nosotros el decidir si intentar “bailar” con el cambio o quedarse aletargado mientras mira la vida pasar.

El caso es que si los chiringuitos evolucionan para convertirse en Beach Clubs, los gimnasios se tornan en Fitness Centres, y hasta el Corte Inglés es capaz de cambiar sus políticas de precios y devoluciones, ¿por qué hay gente que se niega en rotundo a evolucionar? Y dado el caso, vale, acepto que alguien no quiera evolucionar, pero que tampoco intente parar al que lo hace. Que el cambio es duro para todos, y más que desánimo, lo que nos viene bien a los que intentamos evolucionar es que nos animen.

Y dicho esto, me despido compartiendo con vosotros la canción “Todo cambia” de la folklórica argentina Mercedes Sosa, quien desde 1965 ya advertía con su canto que todo cambia en esta vida…Una canción que me encanta y que casualmente le viene como anillo al dedo a este post.

Ah! Eso y “guardar cambios” en mi archivo antes de salir para poder editar mi entrada 😉

todo cambia

Se acaban las elecciones y yo descubro que el cambio agota

Aprovecho que es domingo para no tener que empezar mi entrada hablando de nuevo de #FelizLunes, aunque apuesto que – como si del top-ten de los cuarenta principales se tratase – esta semana volverá a ser tendencia.

Ya sabemos que los de IKEA han ganado Eurovisión y que el PP se ha llevado la paliza esperada en estas elecciones. Sabemos que el Barça ha ganado la liga y que probablemente hará lo mismo con la Champions y la Copa del Rey…Y además sabemos que yo sigo cansada.

Aunque la cosa va mejor, son ya varias las semanas en las que tirar de mi cuerpo, y sobre todo de mi mente, es equiparable a subir el Everest, que aunque no he tenido el gusto de probarlo, me lo imagino como una auténtica pesadilla.

Tras pasar del invierno al verano, prácticamente saltándonos la estación de las lluvias y tirando de mi Supradyn Activo, he descartado que la astenia primaveral tenga algo que ver con mi estado de cansancio actual. En cambio, el otro día, cuando empecé a leer Cambia el Chip (si lo compras, aprovecha y coge también Un poto, dos niñas y un blog 😉 ) en busca de algunas respuestas, descubrí el porqué de mi estado apático de las últimas semanas: el cambio agota.

Si lo piensas bien, quien no es un setón, normalmente se pasa la vida cambiando, adaptándose a las circunstancias. Unas veces el cambio lo asumes porque te lo impone el entorno, ya sea en el trabajo, cuando te deja un novio, cuando te toca la lotería o cuando tienes que afrontar una enfermedad…Otras veces eres tú, con tu culo inquieto, quien se pasa la vida evolucionando y cambiando, asumiendo un reto nuevo detrás de otro, o varios a la vez.image1

El caso es que seas de los unos o de los otros, todos cambiamos. Puede que vivamos épocas más tranquilas que otras, pero cambiar, cambiamos todos. En esa rueda del cambio hay quien asume el papel de propulsor y quien adopta el papel de aceptación, pero en cualquier caso, los dos requieren de una energía importante que nos termina cansando.

Así que vale, ya sabemos que estamos agotados de tanto cambiar, ¿y ahora qué? No podemos coger vacaciones y además tenemos que seguir el ritmo que llevamos. Por eso me temo que no nos queda más remedio que seguir tirando del complejo vitamínico, aprovechar cualquier ratito para desconectar y tirar de automotivación para seguir.

Es muy fácil darnos cuenta de cuándo estamos en modo apático, y lo bueno de eso es ser conscientes para no dejarnos llevar. Está claro que hay que disfrutar, de vez en cuando, de no hacer nada, pero no debemos convertir esa desgana en un hábito. Lo más probable es que haya recetas muy profesionales para llevarlo mejor, pero una también tiene sus truquitos para compartir con vosotros.

Attachment-1Lo primero de todo, es reconocerlo. Sí, estoy mentalmente agotada. Y una vez asumido eso, no hay que agobiarse. La analítica que me hicieron en el reconocimiento médico del trabajo, según la doctora, es de foto, así que…que no cunda el pánico. Ahora, desde esa calma, sólo me queda la opción de ponerme las pilas. Toca poner en marcha la máquina de la fuerza de voluntad. Sí, esa fuerza que algunos piensan que es innata y que viene determinada por la genética – que en parte sí, pero dado el caso, tendrás que luchar contra tu ADN – y que otros pensamos que es algo que se tiene que trabajar mucho para que se vaya forjando con el paso del tiempo.

Muchas veces somos capaces de caer en un círculo vicioso del que no es fácil salir: estoy cansado, y como estoy cansado, me dejo llevar por mi desgana, así que no hago deporte, dejo de cuidarme, me esfuerzo lo justo en el trabajo, no me arreglo para salir…Pero en mi opinión, es justo en este momento cuando uno tiene que demostrarse a sí mismo que no es un setón. Hay que romper ese círculo vicioso y salir de la zona de confort, llena de excusas y justificaciones que no nos están haciendo ningún bien.

Si no lo haces y te dejas llevar por la apatía, tarde o temprano te sentirás culpable por ello, así que como decía en mi entrada anterior, píntate las uñas y coge el toro por los cuernos. Márcate metas pequeñas y realistas que te ayuden a ir dando pequeños pasitos y prémiate cuando alcances cualquiera de ellas.

Si por ejemplo tu pereza ha hecho que abandones el deporte, empieza por andar un rato cada día. ¿Quién no puede andar quince o treinta minutos al día? Seguramente cuando lleves una semana haciéndolo decidirás comenzar a correr o querrás retomar el hábito de ir al gimnasio. Es ahí, cuando te tienes que premiar porque habrás roto una barrera.

Si tu apatía te afecta en el trabajo, cuando arranques la semana, márcate un par de objetivos: terminar ese dichoso informe, resolver un conflicto que tengas, hacer ese par de llamadas pendientes…Ya verás cómo según vayas alcanzando esos pequeños objetivos, te irás sintiendo mejor y sin darte apenas cuenta estarás descubriendo que te sientes menos perezoso.

Y si la desgana está afectando a tu vida social, lo tengo claro. Arréglate un poco y sal a la calle; sal, sal y sal – en la comida, no, pero cuanta más sal le eches a la vida, mejor. Planifica una excursión o intenta marcarte una de CCCC (cine, cena, copa y cama), que con que llegues a alcanzar dos de las cuatro ces ya habrás pasado un buen rato seguro. No te quedes en casa hinchándote a comida basura, que las penas con pan son menos penas.

Así que señores y señoras, tenemos por delante una nueva semanita para vencer nuestra pereza, ponernos las pilas y seguir taconeando. Si lo hacemos, al final de la semana comprobaremos que nuestro circulo vicioso ya no tiene tanto vicio.

Yo personalmente me la voy a plantear así: en el terreno laboral me toca cerrar un par de temas pendientes; en el personal, he retomado el golf y por fin – después de llevar diez años dando bolas – he presentado la documentación para federarme y salir al campo. Además, hoy sacaré ganas de debajo de las piedras para pasar de nuevo por el calvario de agujetas al que me tocará enfrentarme si el profe de interval sigue trabajando sin piedad; y si luego tengo algo de movilidad en los brazos, jugaré con mis bichos cuando llegue a casa.

¿El premio? Ese vendrá en el fin de semana que me voy a pasar en Mallorca, preparado y merecido desde hace mucho tiempo.

¿Y tú, cómo te lo vas a montar esta semana?

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