Con las uñas pintadas se vive mejor: seguimos con #FelizLunes

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Tras la entrada de la semana pasada y después de haber comprobado que todos los días siguieron siendo felices a través de los Trending Topics de Twitter, y que para más INRI #FelizLunes vuelve a serlo hoy, no me queda más remedio que sumarme a la tendencia y daros un truco que, sin duda, os ayudará a llevar mejor la semana. A ver si así conseguimos que, nuevamente, la semana entera siga siendo feliz tendencia para que todos comamos perdices al final – aunque yo perdonaré la perdiz por un quinto bien fresquito en cuanto salga del trabajo el viernes.

La propuesta de hoy, pasa por recomendaros que os pintéis las uñas; las de las manos también, pero sobre todo, las de los pies. Sí, ya sé que esto no es tema para machos alfa, pero estoy segura de que vosotros también seréis capaces de sacar partido a las palabras que aquí transcribo. Una opción podría ser que os hagáis los Mel Gibson al son de “En qué piensan las mujeres”, para saber lo que se siente con las uñas pintadas. Pero si no estáis por la labor, quizá un corte de pelo pueda ser suficiente para entender lo que pretendo transmitir con la entrada de hoy.

Tengo una teoría, creo que científicamente no comprobada – por si alguna Anita Obregón quiere tirarse a la piscina y hacer el estudio, ahí dejo la idea – que consiste en que con las uñas de los pies pintadas, una ve la vida con más alegría, con más garbo y más optimismo.

Sí, es así de simple, un día me di cuenta, al pintarme las uñas de los pies, de que de repente me sentía mejor…y desde entonces, llueva o haga calor, sea invierno o verano, ésta que está aquí sentada, procura que las uñas de los pies luzcan siempre un buen esmalte.

He pensado bastante en este gran teorema que, por cierto, incluyo desde hace tiempo en mi “kit de automotivación” y creo que tiene mucho que ver con el “así te dejas, así te tratan” o “así te ves, así te ven”. Algo tan sencillo como que los demás te ven tal y como tú te muestras…Si te sientes como una migaja pequeña, los demás te verán así también; pero si te muestras con gran encanto, los demás sentirán que desprendes algo especial.

El día que estás tirado en casa, en pijama haciendo nada, del sofá a la cama y de la cama al sofá, no te sientes igual que cuando te has levantado, te has arreglado un poco y has salido a taconear y pisar fuerte. Dicen que cuanto mejor es nuestro autoconcepto, mejor es nuestra autoestima, así que vamos a procurar que nuestro autoconcepto esté a tope. Y para ello, sentirse bien por fuera es un factor importante, pero por dentro lo es más, porque si antes decía que los demás nos ven como nos vemos nosotros mismos, también es cierto que la cara es el espejo del alma, así que si no estamos bien por dentro, difícilmente nos veremos bien por fuera, y más difícilmente todavía nos verán bien los demás.

Lo de las uñas es sólo una píldora – insisto en que funciona – pero seguro que tú, que te conoces mejor que nadie, sabes qué es lo que necesitas para sentirte bien y ser tu mejor versión. Igual que yo tengo mi “kit de automotivación” para mantener mi estima alta, te sugiero que pienses en cuál es el tuyo y lo revises de vez en cuando para no perderlo de vista.

Todo esto no es otra cosa que comprometernos con hacer hasta lo imposible por mantener nuestra autoestima alta. Ya están el entorno y sus circunstancias para darnos sus bofetadas a lo largo de la semana, intentando tirar nuestra moral por los suelos, así que por nosotros que no quede. Vamos a hacer todo lo posible para que cuando la estima llegue a rozar el suelo, vea lo monos que están nuestros pies y empiece a subir otra vez.

Así que ya sabes, esta semana, tanto si eres hombre como mujer, empieza por pensar qué vas a hacer para mantener tu estima lo más alta posible. Yo ya he renovado el esmalte de mis uñas de los pies, he retomado mis rutinas saludables después de otro fin de semana de “food-beer-wine&gin fussion” y he hecho el esfuerzo de volver a ponerme rímel a pesar de no tener ninguna gana y de haberme costado despegar las pestañas esta mañana…y ahora voy a seguir pasando lista a mi “kit de automotivación”, para no dejarme nada atrás, a ritmo de «Uptown funk«, mi «song of the week«

¡Ah! Y un truco, si queréis mantener vuestras uñas brillantes y perfectas durante más tiempo, pasadles una capa de brillo cada dos o tres días, ¿lo pilláis?

uptown funk

Morgan Freeman y #FelizLunes: tan listos y tan tontos.

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A mediodía, ojeando los “trending topics” de Twitter, primero he pensado que Morgan Freeman había fallecido. En seguida he descubierto que la realidad de que el “Hombre Libre” – traducción literaria que, sin ser traductora jurada, me atrevo a hacer de su apellido – haya sido trending topic por unas horas, era porque ha decidido confesar que come, bebe, fuma y aspira marihuana. Fíjate tu…

Otra tendencia top que me ha llamado la atención – y en este caso mi intuición sobre de qué iba el tema no me ha fallado­ – era la de #FelizLunes. Para despejar mis sospechas he pinchado y ahí estaba, otro aluvión de mensajes “happy”. Mensajes, ya muy repetitivos, invitándome a sonreír a la vida, a aprovechar una vez más, toda una nueva semana llena de oportunidades, a perseguir mis sueños y por supuesto no permitiendo que nadie me diga que soy incapaz de hacer algo…En fin toda una simulación de psicología positiva que, con todos mis respetos, si sólo te limitas a tratarla de manera tan airosa, limitándote a la lectura de estas frases, creo que no vale para nada.

Hoy en día somos tan listos que con un teléfono en la mano interactuamos con el mundo como si las distancias desapareciesen de los mapas. Hasta hace unos años el mundo era un pañuelo y ahora el mundo es un teléfono. Con él, sobre la palma de nuestra mano, podemos organizar nuestra vida y la de los demás, sin necesitar nada más que wifi, que el 3G y el 4G a veces se quedan cortos. Y esto sólo, por poner un ejemplo.

Pero a la vez somos tan tontos, que necesitamos llenar nuestro mundo a diario con frases inspiradoras – como las que desbordaban hoy el #FelizLunes de twitter – que nos recuerden quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, o mejor dicho, a dónde tenemos que ir. Frases que nos ayuden a sacar fuerzas de donde no las hay, motivadoras a simple vista, pero destructivas cuando vemos que no somos capaces de acatarlas.

Parece que en cada una de esas frases tenemos la fórmula de la felicidad y el impulso que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos, y no, señores, la fórmula magistral de la felicidad no existe, cada uno tiene la suya, y para alcanzar nuestros objetivos, no necesitamos más que desearlos, comprometernos con ellos y echarle un par de huevos al asunto.

¿No te sientes motivado con tu trabajo? Cambia de trabajo. ¿Te sientes gordo? Ponte a dieta. ¿Te gustaría hacer más ejercicio? Hazlo y deja de poner excusas por la falta de tiempo. ¿Te gustaría sacar tiempo para estudiar más? Sácalo, que el día tiene muchas medias horas – empieza por aplicar la técnica de la media hora de la que hablo en mi libro y ya verás cómo sacas tiempo para lo que quieras. ¿Te gustaría correr una maratón? Prepáratela. ¿Te gustaría comer más sano? No compres tanta comida basura. Es tan simple como esto amigos.

Soñar, sabemos soñar todos, pero creerse lo que uno sueña y comprometerse con ese sueño sólo lo hacen unos cuantos. Y mientras los unos lo consiguen, los otros son capaces de criticarlos y de intentar hacerles ver lo difícil que es – como si esos que lo sufren en sus propias carnes no lo supieran ya.

Lo cierto es que, tal y como describen muchas de las “frases de la felicidad” que aparecen continuamente en los muros de nuestras redes y que incluso compramos a través de marcas comerciales como la famosa Mr. Wonderful, somos capaces de conseguir todo aquello que nos propongamos. Eso sí, no basta sólo con proponérselo y empaparse de estas frases, sino que hay que comprometerse, prepararse y llenarse de fuerza de voluntad, porque en el camino, habrá momentos duros y difíciles, que una vez superados, no harán más que hacernos sentir más orgullosos por alcanzar nuestro sueño.

Dicho esto, sigamos siendo tan listos e intentemos ser menos tontos. Todos tenemos algún objetivo en nuestra vida, así que no perdamos más el tiempo y hagamos todo lo posible para alcanzarlo. Dicen que soñar es gratis, pero alcanzar un sueño cuesta mucho esfuerzo, sudor y a veces lágrimas.

Mientras pensaba escribir este post, me venía a la cabeza una película que seguramente habrás visto y es un claro ejemplo de lo que cuesta conseguir un sueño, pero también es ejemplo de que podemos conseguir todo lo que nos propongamos, siempre y cuando no decidamos rendirnos en el camino. No caigas tan fácilmente en la debilidad de ampararte en cualquier excusa, sé más listo.

Te dejo un par de escenas de la película En busca de la felicidad, y si aún no la has visto, te sugiero que la veas. Un hecho real que te servirá de ejemplo de superación y logros.

en busca de la felicidad

¿Cuál es tu sueño? ¿Cómo estás de comprometido con él? ¿Cuál es tu plan para alcanzarlo? ¿A qué estás esperando?

#DiaInternacionalsinDietas y #todossomosguapos

Miércoles seis de mayo, 21:30 horas. Despierta desde las 4:30 y justo ahora me entero por Twitter de que es el #DiaInternacionalsinDietas ¡ole, ole y ole!

Obviamente mi cabeza, de inmediato, maquina el mejor de los planes para celebrarlo. Pero para estar segura antes de pecar, investigo un poco más y “voilà”, efectivamente descubro que el seis de mayo se celebra el Día Internacional sin Dietas, ¡¡¡y nada menos que desde 1992!!! ¿¡¿¡¿¡Pero cómo no me he enterado de esto yo antes?!?!?!?!? Por suerte ya he podido programar una cita periódica anual en mi calendario para poder celebrarlo religiosamente todos los años. Hoy me ha pillado tarde, pero aún estoy a tiempo de abrirme uno de esos quintos que mi padre me ha dejado a buen recaudo y bien fresquito en la nevera, un toque de congelador y….ummmmm, ¡Anda! mira tú por donde, también lo voy a acompañar con una bolsa de patatas, mientras me digo que no me la voy a comer entera y sabiendo que me estoy mintiendo a mí misma.

El caso es que estamos tan mal de la cabeza y nos dejamos llevar tanto por los cánones de belleza, revistas, modelos, etc. que parece ser que necesitamos, al menos un día al año, decir stop, para mirarnos al espejo y decirnos que tampoco estamos tan mal…Y además, por si fuera poco, cuando se ha creado este movimiento será, entre otras cosas, porque debe haber muchos como nosotros, los que vivimos con la idea de tener que cuidarnos continuamente para no engordar – pero a mal de muchos, consuelo de tontos.

La verdad es sí, yo soy de ese grupo, pero procuro ir compensando y montándomelo bien. Debemos cuidarnos, pero siempre dentro de un equilibrio, como defiendo en mi post anterior sobre “El gym y el ñam”. Pero sobre todo, dentro de una aceptación. No existe, ni mujer ni hombre perfecto – de todos es sabido que Barbie ahora tiene celulitis, granos y estrías. La rellenita quiere estar más delgada; la flaca quiere tener culo de dónde agarrar; los de la tripa cervecera quieren que con una sesión de abdominales aparezca la tableta de chocolate extrafino; la del pelo liso quiere más volumen; y la del pelo rizado se hace el alisado japonés para tenerlo tieso como una tabla. Al final, como todo en esta vida, se trata de que seamos conscientes de dónde están nuestras limitaciones, y a partir de ahí, sacarnos el mayor partido que podamos.

Si tienes tripa cervecera, seguro que no te sienta tan mal, y además es probable que vaya acompañada de unos ojos bonitos, que por cierto le vendrían bien a la del pelo rubio liso, que los quiere azules. Si tienes culo de dónde agarrar, no te queda otra que por lo menos intentar ponerlo duro, para luchar contra la fuerza de la gravedad el mayor tiempo posible. Y si lo que tienes es panza, pues seguro que tienes unas piernas preciosas que puedes lucir mientras te la vas trabajando.

dia sin dietasTodos tenemos algo, todos somos guapos, y si no, échale un vistazo a las fotos de perfil de tus contactos de Facebook…ahí sí que somos capaces de sacarnos partido ¿eh? Pues si somos capaces de salir guapos en una foto de perfil para cualquiera de las redes sociales en las que nos movemos, que no se nos vaya la cabeza tanto y vamos a intentar estar más a gusto con lo que vemos cuando nos miramos en el espejo.

Todo esto te lo cuento mientras me termino de comer mi bolsa de patatas con mi quinto, que he decidido tomarme justo después de cenar y haber caído en la tentación del chocolate, comiéndome un par de onzas del negro con naranja, que es mi perdición…Y lo he hecho así, porque yo lo valgo, porque la vida es mayormente sacrificio, pero el día que te puedes permitir un baile, te lo tienes que pasar mejor que nadie.

Así que aquí te dejo, hasta nuestra próxima cita y moviéndome a ritmo de Meghan Trainor – que defiende con mucho más arte que yo esto de lo que te estoy hablando – y contenta de haberme enterado de que hoy era el Día Internacional sin Dietas, para aprovechar y compartir contigo este ratito de reflexión. Porque tú, como yo, también tienes tu belleza. Sólo tienes que sacarte partido.

¡Y una cosa más! Digámosle a la gente más a menudo lo guapa que es, que a nadie le amarga un dulce y una subidita de ego nunca nos viene mal, que a veces nos olvidamos de decirle a la gente que nos encantaría tener su trasero, o su sonrisa, o sus ojos, o su pelo. Aunque no sé si será realmente olvido o envidia.

Recuérdalo siempre: todos somos guapos.

all about that bass

Soy madre y tengo vida propia

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Es domingo por la mañana, muy temprano. Por el color de la luz que empieza a asomar por las contraventanas de madera de la habitación, sé que el sol se ha despertado de buen humor. Anoche salí y no tengo resaca. Con las pestañas aún pegadas pero con ganas de abrirse, alguien me susurra al oído “ya es de día”…

Dicho así, podría parecer Bridget Jones, narrando una escena de esas películas de comedia romántica que tanto me engatusan…Chica conoce chico y chico conoce chica; los dos no se soportan hasta que un día, por capricho del destino, se dan cuenta de que no pueden vivir el uno sin el otro y terminan por decidir compartir su vida y despertarse uno junto al otro por los siglos de los siglos…¡Ay! –aquí suspiramos un poquito – ¡qué bonito es el amor!

Es domingo por la mañana, muy temprano…demasiado temprano. Entra mucha luz por las contraventanas de madera de la habitación y eso no es bueno. Ya podría haberse esperado el sol un ratito más y no brillar tanto desde tan temprano. Anoche salí a cenar, una copita en casa y a dormir, que los bichos no respetan ni los domingos. Con las pestañas aún pegadas y con ganas de permanecer cerradas un rato más, aunque sólo sea por un día, alguien me susurra al oído “ya es de día, mami”…

La diferencia entre una escena y otra, es que SOY MADRE. Atrás quedaron esos momentos que ahora tengo idealizados y que afortunadamente pude vivir y disfrutar a tope…Salir de copas y creerme la reina de la pista bailando a ritmo de lo que fuese, de miércoles a domingo y durante no sé cuántos años – por cierto, tengo que activar el autoborrado de este post para cuando mis bichos quieran empezar a salir.

Hoy, por si no aún te has enterado, es el día de la madre y aparte de celebrarlo, también he hecho recuento de lo bueno y de lo malo, de las alegrías y regalos que me da la maternidad y por supuesto de los renuncios, que la historia tiene mucho de jardín de rosas, pero que no se nos olvide que las rosas tienen espinas y que estas pinchan de narices.

Y hablando de renuncios, aprovechando que el día es nuestro, quiero animar a todas las madrazas a que recuperen los suyos poco a poco. Cuando eres madre – aparte de comer gallina, como me decía mi madre con cada una de las protestas que le hacía – de repente un día dejas de mirar tu ombligo para mirar el de tu bebé, que a ver si se seca de una vez y se cae, que vaya repelús que da eso. A partir de ahí, sin importarte en ese momento y casi sin darte cuenta, empiezas a renunciar a salir, a mimarte, a viajar, a leer, a ver la televisión, a tirarte en el sofá, tapar canas, hacer deporte…Y así van pasando los meses, viviendo por y para tus retoños, cuando un día te levantas, con las pestañas pegadas y al son de un “ya es de día, mami” deseando recuperar algo de tu espacio.

El otro día, una de mis amigas que también entra este año en el Club de las Cuarentañeras, que no cuarentonas, decía que ya estaba bien, que se iba a poner las pilas y a empezar a cuidarse y a mirar un poco por ella ¡Ole mi amiga!

Muchos de nosotros, y ya no hablo sólo de madres, porque los padres también lleváis lo vuestro, pasamos por etapas en las que nos abandonamos, en las que parece que no hay tiempo para nosotros. Y no solo eso, sino que el día que parece que sacamos tiempo para hacer algo por y para nosotros mismos, somos incapaces de hacerlo sin remordimiento.

No hace falta pecar de egoísta y egocéntrico, pero sí es necesario que te cuides, que hagas cosas que te hagan reír y sentir bien ¡Por supuesto que ver felices a los míos me hace feliz a mí! Pero también soy feliz cuando hago noche de chicas, cuando me siento a escribir, cuando me escapo con mi marido, cuando voy al gimnasio a meterme con la pizarra y la música de Ismael, cuando voy a comprar sola, cuando planifico una escapada…

Cuando nacieron mis bichos me sentía la mujer más feliz del mundo, pero hoy, que he pasado un día muy especial por muchos motivos, me siento más feliz todavía, porque por fin, entre todo este trajín, ahora sé disfrutar de la maternidad sin renunciar a mi espacio. Soy madre y tengo vida propia. Como digo en mi libro, que supongo ya habrás comprado y releído, hay tiempo para todo, lo único que hace falta son ganas y energía para aprovecharlo.

Nunca has firmado nada que te haga renunciar a tu propio espacio, a tu vida personal, así que no seas tonto y no renuncies tan fácilmente a lo que es tuyo y no depende de nadie más que de ti.

Y ahora sí, tenéis que permitirme que me ponga un poco sentimental. No quiero despedirme sin felicitar, también desde aquí, a mi santa madre, que a tantas cosas habrá renunciado por mí. Tengo claro que estaré siempre en deuda contigo, mamá. Tus abrazos siguen siendo los más reconfortantes del mundo. El día que vi este video no pude evitar emocionarme, y hoy lo he vuelto hacer. No me emociono porque yo sea madre y me sienta identificada en él, sino porque con cada frase y cada imagen, me acuerdo de ti y tu trabajo: el trabajo más difícil del mundo.

entrevista

Una de conversaciones pendientes

conversaciones pendientes

¡Pincha en la imagen, que regalo video!

Ni facebook, ni e-mail, ni messenger, ni whatsapp, ni “na de na”…Donde esté una buena conversación – si es con caña y cascaruja, mejor aún– que se quiten todos los mensajes escritos del mundo.

Todos hemos tenido y tenemos conversaciones pendientes, y las llamamos pendientes por no ponerle como nombre su adjetivo calificativo real, en cuyo caso estaríamos hablando de conversaciones incómodas, molestas o jodidas…Es justo por eso, por evitarnos a nosotros mismos el pasar un mal rato, que somos capaces de posponerlas días, semanas, meses, años e incluso dejarlas pendientes para toda la vida.

Muchas veces, incluso somos capaces de convencernos de que evitar esa conversación es lo mejor.

El caso es que hoy, manteniendo una de esas conversaciones –en este caso sin caña, porque me he autoprescrito dejarla, durante al menos cuarenta y ocho horas, para comprobar si después del pasado fin de semana, mi grado de dependencia todavía es controlable o no – le he dado un par de vueltas al tema, para llegar a la conclusión de que creo que dedicamos poco tiempo a trabajar este aspecto, tan importante, en nuestras relaciones personales y profesionales…Aunque a más de uno seguro que le llevo ventaja, porque siendo consciente de ello, desde hace tiempo empecé a trabajármelo, de modo que ahora, en cuanto mi subconsciente empieza con el runrún de que tengo que mantener una de estas conversaciones, me pongo manos a la obra y la planifico para quitármela de en medio cuanto antes.

Al principio cuesta, pero según las vas afrontando, te va resultando más sencillo. Para mí es como cuando vas a hacerte una analítica, incómoda porque no te gusta que te pinchen, pero una vez lo has pasado compruebas que no ha sido para tanto y además lo celebras con un desayuno especial…Llega tu turno y te sientas con una sonrisilla nerviosa mientras desnudas tu brazo. A la vez vas sintiendo cómo las mariposas del estómago, que te engatusaron un día cuando te enamoraste, revuelan para recordarte que en su momento también estarían llenas de amor, pero sobre todo eran nervios. Y entonces, mientras buscas algún cartel que leer sobre la pared para no mirar el brazo, vas notando cómo la aguja hace desaparecer las mariposas al sentir el pinchazo que te va quitando esa sangre que luego repones con un buen desayuno y…¡listo el pisto! Eso si todo ha ido bien, porque hay veces que tienes que pasar de un brazo a otro y sentir cómo la aguja va buscando la sangre mientras te hace removerte incómodamente por la presión que vas notando…

Cuando mantienes una conversación pendiente, las mariposas cumplen la misma función, aparecen de repente y no exactamente por amor. Entonces, te sientas junto a esa persona – en mi caso, y según con quién hable, intentando eliminar la sonrisa nerviosilla que les pongo a todos los ATS que me pinchan – y de repente empiezas a hablar, yendo al grano y del tirón. Y así, de manera calmada, porque ha sido una conversación meditada y preparada, consigues cerrar la puerta a un tema que sabías tenías pendiente.

Todo esto te lo cuento, obviamente, bajo mi punto de vista, y es probable que la comparativa que yo he hecho con la analítica no te encaje del todo, pero si hay algo de lo que estoy convencida, es de que después de mis conversaciones pendientes y las tuyas, los dos nos quedamos con la satisfacción de haberlas tenido y la convicción de que han valido la pena…Incluso nos habremos quedado con la intención de que cuando se vuelva a dar el caso, no dejaremos que pase tanto tiempo antes de hablar.

Así que ¡ahí va el reto! Deja de esconderte detrás del teclado del móvil, la Tablet o el ordenador y empieza a afrontar esas conversiones cara a cara, con caña o sin caña, pero con la madurez de que donde esté una buena conversación, que se quite todo lo demás. Para comprobarlo, espero aceptes el reto de tener esta semana una de esas conversaciones, y no te pido que lo hagas por mí, sino por ti y por esa otra persona. Estoy segura de que merecerá la pena.

Según estaba escribiendo este post, me venía a la mente una conferencia Ted-X que tuve la suerte de ver hace algo más de un año. En ella, Alvaro González-Alorda (quien con este tema me sirvió en su día de gran inspiración) explica mucho mejor que yo esto de lo que te estoy hablando. Me encantaría que hoy aproveches esa media hora que sé podrás sacar, si te lo propones durante el día, para verla…El video dura apenas veinte minutos, y los otros diez, te propongo que los dediques a meditar sobre ello, a preparar tu próxima conversación pendiente y sobre todo, como aconseja Alvaro en su conferencia, con la intención de convertirla en una conversación inspiradora.

Y si resulta que esa conversación, con quien la tienes pendiente es conmigo, sólo por haber hecho el esfuerzo de mantenerla, te lo pondré más que fácil. Ya te digo yo que habrá merecido la pena.

Tu clase de gimnasia y la mía

Lunes otra vez, empezamos la semana con energías renovadas, después de haber descansado y desconectado durante el fin de semana, pero OMG, de nuevo toca clase de Interval.

Para quien no lo conozca y por boca de un profesional, la clase de Interval viene a ser un entrenamiento por intervalos, un entrenamiento de alta intensidad que te permite trabajar intensamente todo el cuerpo sin tener que pasar una eternidad de horas en el gimnasio. Dicho así, suena guay, ¿verdad?…

Dicho por mí, el Interval Training viene a ser una paliza de “toma pan y moja, que cuando salgas de la clase te van a temblar hasta las pestañas, y mañana también, y al otro más”. Vamos, que si antes me quejaba de vez en cuando de tener alguna agujeta cuando corría algo más de lo normal, ahora me he convertido en una agujeta andante, cosa a la que, para más INRI me he aficionado sin remedio.interval

El caso es que cada lunes, miércoles y jueves, nuestro Ismael del alma – aquí le trataré con cariño, pero el pobre ya lleva algún insulto sobre sus espaldas, eso sí, dicho a la cara, desde el cariño y sin acritud, que él lo sabe – se lo ha montado muy bien para engancharnos. Según llegamos nos presenta una pizarra, muy glamurosa, con todas sus palabrejas en inglés, con los deberes de la clase y siempre con el mismo comentario por nuestra parte… ¿estás de coña, verdad? Aquel, con una sonrisa de oreja a oreja, te dice que sí, pero que empieces a correr….

Y allá que salimos todos corriendo, como los toros cuando les abren las puertas del chiquero…sabiendo donde estamos pero desconociendo hasta donde vamos a llegar.

– ¡Venga chicos! ¡Vamos todos juntos que así se lleva mejor!

– Puffff….con lo floja que estoy yo…

– Anda que yo, que con la panzada a comer del fin de semana…

– Bueno, vamos hasta donde lleguemos, compañeros, pero lo intentamos…

Estos son algunos de los comentarios que vamos diciendo y escuchando antes de doblar la primera esquina, porque cuando hemos terminado de calentar, ya no nos queda aliento más que para expirar con cada intervalo de ejercicio…

Mientras tanto ahí está él, nuestro a veces apreciado y a veces cariñosamente odiado monitor, con sus palabras de ánimo para que no decaigamos en el intento.

Yo siempre me evado durante el ejercicio intentando ver el espectáculo que estamos dando desde la barrera, y me explico. Particularmente, me veo, desde el ruedo, como que lo estoy dando todo para levantar 10 míseros kilogramos de peso y correr unos cuantos kilómetros durante menos de una hora. No te voy a decir que me siento cual Pamela Anderson corriendo por la orilla de la playa, pero algo parecido a una Eva Nasarre sí; y estoy en esas, cuando de repente me imagino cómo se me verá desde fuera…ahí con una barrita con dos disquitos, roja como un tomate, sudando como un pollo y echando un soplo de vida con cada expiración…51, 52, 53…70, 75….80…ah! que eran cien repeticiones?…81, 82…¡y vuelta a correr!

El caso es que al final, todos conseguimos terminar la clase, unos antes que otros, pero todos terminamos. Y es que no se trata de cómo ni cuándo llegas a la meta, sino de que una vez más, a pesar de estar flojo, de no tener ganas o de verlo como un reto casi inalcanzable, has llegado.

Quería compartir estas palabras de ánimo con todos los que, como yo, empezáis una semana llena de propósitos, personales o profesionales, para ser la mejor versión de vosotros mismos. No decaigáis en el intento, que lo que más cuesta, más gratifica. Y en especial se las dedico a mi Little Sister, quien hoy, en su ímpetu por superarse a sí misma como a mí me gusta, ha probado su primera clase de Interval y que como yo ¡es una campeona!

Mañana nos iremos de cañas para celebrarlo, que todos los éxitos y logros merecen ser celebrados.

Una de recuerdos

Hay muchos momentos, de los que he vivido con mis bichos hasta ahora que nunca olvidaré, pero hay algunos que, de sólo recordarlos, hacen que se me salten las lágrimas. Hoy pensando, especialmente he recordado tres.

El primero de ellos es cuando, de repente un día, descubres que tus criaturas son capaces de mantenerse de pie por sí mismos. Ya no es necesario sujetarlos como a un chimpancé sobre tus caderas, mientras te destrozas el cuello y los brazos para meter la compra en el coche; o al sacar la cartera en la farmacia para pagar algo, porque total, ¿para qué vas a sacar el carrito si comprar apiretal no te va a llevar más de cinco minutos? – claro, que nunca cuentas con que va a haber cola, nadie te va a ceder el paso y encima, el señor de delante, muy amable, eso sí, piensa tomarse la tensión. El día que descubrí que mis hijas se sostenían de pie por sí mismas, sentí que recuperé un poquito de esa libertad que un día cedí en usufructo para ellas.

Otro de los momentos inolvidables en la vida de cualquier padre, creo yo, es aquel en el que por fin puedes salir de casa, casi tan rápido como hacías cuando no estaban tus enanos…Atrás queda la época en la que salías con ocho tomas de biberón por lo que pudiera pasar, más las mudas de cambio para todas las regurgitaciones; y pijamas varios, por si surgían planes hasta la noche. De repente un día, te ves saliendo de casa con ese bolso de auxiliar de enfermería que siempre llevas y como mucho unas galletas por si empiezan con el “tole tole” de que tengo hambre. Ese día, vuelves a recuperar otro poquito de esa libertad, y si son capaces de abrocharse el cinturón del coche por sí solos, te crees que estás criando a los hijos más independientes del mundo entero.

Pero si hay un momento que me eriza hasta los pelos de las palmas de las manos y me produce mariposas en el estómago, es el que llega ese día en que, por fin, consigues ir al baño y sentarte SOLA en el trono. ¡Ese día, como poco, sientes que llevas puestas las alas del anuncio de Red Bull! ¿Por qué a todos los bebes les entra el síntoma de abandono justo cuando a ti te da el apretón?¿Por qué, cuando ya no son tan bebes, siguen teniendo la necesidad de estar ahí dentro contigo, aguantando un aroma que, como tú y yo sabemos, sólo lo podemos soportar nosotros mismos? ¿Por qué tengo que pasar por sentarme en el trono con un pequeño ser sobre mis rodillas? ¿Y si consigo que se queden sentadas viendo la televisión, por qué tengo que hacerlo a puerta abierta, como si estuviera en una cárcel? En fin, el día que me encontré esta foto me sentí no sólo identificada, sino que también consolada…ya la madre de Marco, mi primer amor platónico de la infancia, marcó tendencia.marco

Dicen que las cosas se valoran más cuando se pierden, y te puedo asegurar que estas tres situaciones que te acabo de contar, las tengo casi que hasta sobrevaloradas.

Es por eso que cada vez que saco un hueco para salir a comprar sola, sin tener que tirar de nadie o poder ir al baño a puerta cerrada – aunque sea escuchando al otro lado un “¿estás haciendo caca, mamá?” – soy capaz de saborear el momento con la sensación de estar viviendo el mejor momento del día. Y a esto, creo yo, es a lo que se refieren los estudiosos cuando hablan de disfrutar de las pequeñas cosas del día.

Así que esta mañana, como casi todas las mañanas, he saboreado y disfrutado mi momento de libertad, mientras conseguía desayunar y escribir estas líneas sin nadie reclamando mi atención detrás. No importa lo ajetreado que se te presente el día, porque ese momento, dentro de las 16 o 18 horas – según lo que consigas dormir – que tienes para hacer cosas, siempre termina apareciendo, y tienes que saborearlo y disfrutarlo a conciencia, porque es tuyo y solo tuyo…¡Disfrútalo!

Casi por casualidad

image1Hoy no pensaba escribir, pero hay cosas que una no puede dejar de contar y compartir.

Desde que cree el blog, que por cierto a ver si lo mejoro porque más básico no podía ser, me han preguntado en varias ocasiones que para qué lo hago…Después de darle varias vueltas a esa pregunta, creo que la respuesta es la misma que puedo dar a casi todo lo que me propongo: en primer lugar te diré que por intuición, porque había algo dentro de mí que me decía que lo tenía que hacer; en segundo lugar, porque es una manera más de ayudarme a estar cerca de ti y de todos los demás; y en tercer lugar, porque me gusta intentar dar siempre la mejor versión de mi misma. Obvio que tengo defectos, pero que sepas que lo intento…

Hoy me he llevado la grata sorpresa de encontrarme, casi por casualidad, con una caja que – sin poder evitar cotillear la etiqueta, por la ansiedad que me estaba produciendo la espera de una entrega especial – contenía las copias de mi libro: Un poto, dos niñas y un blog.

Cualquier proyecto que pongo en marcha lo vivo con entrega, compromiso y fuerza de voluntad. Entrega porque siempre intento dar lo mejor de mí misma, en todo lo que hago; compromiso, porque quien no se compromete, no consigue nada en esta vida; y fuerza de voluntad, porque como bien dice mi sabio padre, “la vida es sacrificio, hija”, y por mucha entrega y compromiso que tengas, si ante la flaqueza no tienes fuerza de voluntad para seguir adelante, nunca terminarás ese proyecto. Cuando te entregas, te comprometes y tienes fuerza de voluntad para llevar a cabo lo que te propongas, de repente un día, casi por casualidad, te encuentras diciendo, con cierto tono gangoso, aquello de “me llena de odgullo y satisfacción”, porque lo has conseguido.

Creo que mi libro pronto estará a la venta en Amazon y quién sabe si en alguna que otra librería, pero eso es lo de menos. Lo más importante es que este libro, casi por casualidad, se junta con el cierre de una etapa en mi vida. Una etapa que ha tenido sus flaquezas y a veces se ha presentado muy cuesta arriba, pero que también me ha ayudado a crecer y a convencerme, entre otras cosas, de lo que he escrito en este libro. Sin duda una etapa por la que, casi por casualidad, tenía que pasar para seguir intentando ser mi mejor versión.

Pero lo cierto es que las cosas casi nunca pasan por casualidad. La mayoría de las cosas pasan porque nosotros las provocamos. Somos los únicos responsables de cómo afrontar esta vida, que a veces se torna complicada. Pero por muchas piedras que uno se encuentre en el camino, tengo claro que solo depende de nosotros el decidir si saltarlas para seguir adelante o verlas como una barrera que nos impida avanzar.

Quienes venís siguiendo el blog ya veis que me gusta darle un tono jocoso a las entradas que publico, pero hoy es tal la emoción que siento por el momento que estoy viviendo, que antes que las risas, me brotan las lágrimas…y por eso hoy no pensaba escribir, pero hay cosas que una no puede dejar de contar y compartir.

Un Via Crucis diferente

Recomendación: si estáis pensando en hacer una ofrenda o una penitencia al Señor, no hay nada como pasaros la Semana Santa de mudanza. Ahora entiendo yo que mis “Dioses de la mudanza”, me lo pusieran todo tan fácil de primeras con su “nosotros nos encargamos de todo” cuando fueron a empaquetar mi casa el miércoles pasado…Ellos sabían lo que me esperaba después, pero yo no. Ahora entiendo que esas palabras para ellos equivalían más a “tranquila, que con lo que te espera después ya vas a tener bastante…”

La sensación fue más o menos la misma que tuve cuando sufrí los entuertos después de mi primer parto…Nadie me había hablado de ellos, y yo, que pensaba que una vez pariese a mi bicho, al menos los dolores se habrían pasado, de repente tuve que volver a recordar las dichosas contracciones cuando aquellos aparecieron para recordarme que de eso nada, monada, que lo bueno estaba por empezar.

Pues la misma cara se me quedó cuando mis dioses salieron por la puerta con sus dos camiones vacíos, abandonándome con mis cientos de miles de cajas esturreadas por todas partes y que me dispuse a abrir de inmediato, como si se acabase el mundo esa misma tarde, con la esperanza de terminar pronto…ja,ja y requetejá.

Estamos a lunes y ahora al menos las puedo contar…ya solo me quedan ocho cajas por abrir, que con un poco de suerte podré liquidar hoy, justo antes de terminar mis vacaciones con un recuento total de seis moratones, no sé cuántas mini rajas en los dedos provocadas por el dichoso cartón y no quiero ni saber cuántos kilos de más tras los atracones del “porque yo lo valgo” cada vez que desconectaba de la mudanza.

Digo con un poco de suerte, porque aún estoy pensando en volver a IKEA hoy, antes de que decida no volver a pisarlo en meses….¡escalofríos me dan de solo pensarlo! Hay que ver lo bonita que parece la “IKEA Experience” que nos venden por la tele y por catálogo y la cantidad de discusiones que presencié el sábado pasado. Vayas por el pasillo que vayas, te encuentras matrimonios discutiendo, madres dándole collejas a sus hijos, que lloran enrabietados porque están deseosos de salir de aquel laberinto, maridos que se sientan en un sofá mientras sentencian “hasta aquí he llegado, cuando acabes me llamas y bajo”…Y entre todos ellos, allí me vi yo, sola por evitar cualquiera de esas situaciones y cargada con dos carros gigantes de muebles, que tras esperar los cinco o diez minutos que me dijeron al colaborador que me iba a ayudar a cargarlos en el coche y que nunca apareció, me dispuse a cargar haciendo uso de la pobre musculatura que voy sacando del gimnasio.image1

Con semejante compra en mi salón, y sumada a lo que aún nos quedaba por ordenar, lo que empezó siendo todo ternura con el “cajón desastre” se había convertido en una casa desastre…Todo el mundo te dice que poco a poco, pero cuando eres tú el que tiene que darse la paliza, haces lo que sea por terminar cuanto antes.

Y ese ha sido mi particular Via Crucis esta Semana Santa, pero eso sí, cargado de grandes dosis de “porque yo lo valgo”, que también he ido de procesión, he pasado por chapa y pintura para que Raquel le diese “ese gesto” a mi melena y me dejase unas manos preciosas – con un esmaltado que increíblemente ha superado la jornada de montaje de muebles ayer – he salido de cenitas y comidas varias, me he hartado a reír con mis “madrazas” del cole y he podido disfrutar de mis peques ganseando alrededor del desorden.

Porque como dicen los entendidos, aunque no tengas agua caliente en una semana y no funcione la lavadora, hay que saber disfrutar el momento.

El cajón desastre

IMG_0648Martes por la mañana, 31 de marzo, 24 grados: así arranca mi agenda personal de hoy.

– felicitar a Eva otra vez,

– comprar fundas para colchones,

– intentar ir al gym y si no correr con la fresca,

– guardar ropa en maletas y seguir tirando trastos…

Mañana toca mudanza…la séptima desde que dejé Madrid. Y siempre digo lo mismo: ¿cómo se puede acumular taaaaaaaanto????? Eso sí, qué relax en esta ocasión, la primera vez que delego casi todo. Cinco minutos le bastaron a la empresa de mudanzas para tomar datos y pasarme un presupuesto. Que digo yo, que ya era consciente de que mi casa era pequeña, pero ¿tanto como para pasarle revista en solo cinco minutos?…Y eso que un par de ellos los dedicamos a saludarnos, despedirnos y al “jiji-jaja” de turno, para intentar caer en gracia y así confiar en que me iban a pasar el mejor de los presupuestos.

          – Nada, no tienes que hacer absolutamente nada. El miércoles venimos y nos encargamos nosotros de todo – me dijo Carlos.

          – ¿Pero nada de nada?, ¿no me das instrucciones para que te vaya preparando algo?

          – No, nosotros nos encargamos de todo.

Creo que no me han dicho piropo más bonito que ese en años: “nosotros nos encargamos de todo”. Sólo les faltó ofrecerme servicio de limpieza de cutis, manicura y pedicura gratuito, con la única condición de dejarles trabajar tranquilamente.

Pero en realidad hay algo de lo que realmente los “dioses de las mudanzas” no se pueden encargar: el cajón desastre. Tenemos cajones desastre por todas partes, en casa, en el trabajo, en la casa de nuestros padres, en la guantera del coche…Total, que yo ayer, aprovechando que mi santo hermano se había llevado a sus sobrinas a la playa, y tras asistir a mi religiosa clase de Interval y poderme meter en la cama media hora para evitar un ataque de migraña, me dispuse a reencontrarme con mis cajones desastre, porque en mi casa, los tengo por todas partes…vamos, que tú dame un cajón vacío y verás en qué poco tiempo soy capaz de devolvértelo al son de Karina, entonándote el “buscando en el baúl de los recuerdos, u u uuuu”.

Me quedé sin bolsas de basura: dibujos de mis niñas – hechos por sus profesoras cuando aún no sabían ni coger un lápiz- recetas de cocina que nunca he cocinado y asumí que en caso de necesidad absoluta las volvería a encontrar en internet, correo postal sin abrir – por cierto, que descubrí que en enero debía haber pasado la ITV y acabo de volverlo a recordar, ¡OMG!

La verdad es que los cajones desastre son lo mejor de lo mejor. Vale que me harté a llorar viendo la película de mi boda después de casi ocho años, pero no sabes la cantidad de sorpresas que me llevé también reviviendo tantos recuerdos y encontrando tantas cosas que tenía tan perdidas. Encontré mi tarjeta de la seguridad social y el libro de familia, mi pulsera de Tiffany, dinero para pagar la comida de hoy…

Por eso, en la casa nueva seguiré teniendo cajones desastre, pero intentaré cumplir con el propósito de abrirlos no sólo para meter cosas, sino también para pasar un buen rato cotilleando entre mis recuerdos, llevándome alguna alegría que otra y, por supuesto, para hacer limpieza sacando lo innecesario de mi vida.

Voy a seguir, que todavía tengo la esperanza de encontrar esta tarde mi DNI…