Querido Grinch

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Esta semana, después de siete años, me he hecho un tratamiento de belleza…Pero no, no ese tratamiento que te estás imaginando, en el que te meten en una cabina con velas y música suave de fondo. Se trata de algo mucho más básico y carente de glamour alguno.

Total, que me ha tocado despiojarme señores…¡Argggg! Es que es oír la palabra piojo y me entran picores hasta en las uñas de los pies…El pasado fin de semana no me quedó otra que hacerle el tratamiento a Mis Bichos porque había visto que una de ellas se rascaba la cabeza y ante mi pregunta «¿te pica la cabeza, cariño?» obtuve la gran tan temida respuesta de “sí, mami, me pica por aquí…y por aquí también”. Así que, aprovechando las horas de sol para intentar captar cualquier tipo de liendre y/u/o piojo, me pasé unas cuantas horas, liendrera en mano, bizqueando sobre las cabezas de Mis Bichos.

No sé si por mis indicios de presbicia o por mi negación absoluta a la posibilidad de convivir con piojos en casa, pero lo cierto es que no vi ninguno…Aun así, dos días después, recordando el tema mientras intentaba conciliar el sueño, decidí aplicarme el “tratamiento de belleza” a mi misma, para acabar con cualquier posibilidad de estar invadida…

Manda narices, un porrón de años sin hacerme ningún tipo de tratamiento y cuando decido retomar el tema, empiezo por despiojarme. ¿Por qué sanidad no mete una vacuna en el calendario de nuestros enanos que sea anti piojos? ¿No le ponen una antiparásitos a los perros?…igual algo similar sería suficiente, porque pase que Mis Bichos tengan varicela, gastroenteritis, diarreas, vómitos…¿¡¿¡¿¡¿pero piojos?!?!?!?

En fin, dejemos de hablar de piojos porque llevo 211 palabras rascándome la cabeza y es probable que tú también.

Typic lucesLlega la Navidad amigos, y yo que llevo con el árbol puesto desde hace tres semanas ya he empezado a hacer balance del año antes de plantearme el que viene…Año intenso este, pero ¿cuál no lo es?…Nos hemos metido en un modo de vida taaaaaan frenético que ahora no hay año en el que uno llegue agotado a tomarse las uvas. Pero si hay algo que me guste de todos los fines de año, es la Navidad…Hay que ver el buen rollo que me dan a mí un arbolito y unas lucecitas cálidas alrededor de la casa. Cierto es, que como cada año llego más cansada, cada vez pongo más luces. Creo que la proporción correcta es, a más luces, mejor estado de ánimo, así que mi casa bien podría parecerse una verbena – no, un “puti», no – tanto, que ya quisiera la Feria de Abril tener un “alumbrao” como el mío. Aún me queda mucho por aprender de nuestros amigos los americanos, pero ahí voy, pasito a pasito.

Llega la Navidad y los “Grinches” empiezan a reivindicar su espacio, con que si ya estamos con las obligaciones de las comidas, que si qué rollo sacar del trastero la caja del árbol, que si que hartón de villancicos…Y digo yo: ¡Vive y deja vivir, querido Grinch!, que yo respeto que no te gusten estas celebraciones, pero tampoco hay porqué estar tirándolas abajo durante todas las vacaciones.

Aunque aún estamos pendientes del estreno del anuncio con el que Freixenet le felicitará las fiestas este año a Artur Mas, ya hemos descubierto el tierno anuncio de la Lotería Nacional de este año y ayer tuve la ocasión de ver el anuncio experimental de Suchard.

En el anuncio se dedican a preguntarles a padres y a hijos, por separado, cómo ven y viven la Navidad. Los primeros, con los que no me identifico para nada, son los “Grinches” del anuncio, y los segundos, te puedes imaginar…Mientras unos hablan de agobios, obligaciones, estrés y mal rollo, los otros hablan luces, unión familiar, magia, tiempo de convivir…

Es fácil que te imagines cómo acaba el anuncio, pero aun así, te invito a verlo. Recuerda que tú también fuiste niño, así que lo más probable es que durante mucho tiempo se te iluminase la cara como se le ilumina a un niño cuando habla de la Navidad.

Al final cada uno decide cómo quiere vivir su vida, y eso también incluye cómo quiere vivir la Navidad. Yo, de momento, decido seguir viviéndola como una niña, y decido seguir emocionándome cuando Mis Bichos me preguntan, mientras se rascan sus cabezas – ya no por las liendres, sino por cómo tanto producto antipiojo les va secando el cuero cabelludo – en qué libro les apuntaron los pajes de los Reyes Magos anoche cuando vinieron a preguntar qué tal se habían portado durante el día. Decido seguir pensando con ilusión en mi carta a los Reyes Magos. Decido seguir apuntándome a todas las comidas – y ya con la ayuda de Dios, el ejercicio y algún tratamiento de belleza de los de velas y música relajante que pienso retomar, perderemos los kilos de más el año que viene. Decido disfrutar encendiendo el “alumbrao” de mi casa cada noche y disfrutar haciendo galletas con forma de abeto, corazones, estrellitas y renos…porque así es mi Navidad. Y no te estoy preguntando qué tal te parece, así que ahórrate tus sermones antinavideños porque no me interesan, querido Grinch.

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«Regreso al futuro II» y cosas de niños.

reloj regreso al fut

Podría dedicar este post a comentar que esta semana empiezo con mi nueva década, la “década prodigiosa” de los 40, pero no…Lo que de verdad ha llegado esta semana, es ese famoso 21 de octubre de 2015 que, hace más de veinticinco años, visualizábamos todos a través de una de las películas más famosas de mi infancia – madre mía, ¡si es que ya cumplo cuarenta! Estoy hablando de lo mismo que comentan hoy todos los medios, de “Regreso al futuro II”.

Cuando nuestro querido Michael J.Fox se aventuró a ver el futuro a través de los ojos de Marty McFly, llegó también a mis ojos un futuro muy diferente al que vivo hoy. Coches que volaban, zapatillas que se ajustaban solas, patinetes sin ruedas…Aunque son muchas las relaciones que existen con el mundo de hoy cuando vuelves a ver la película ahora – videoconferencias, imágenes 3D, detectores de huellas dactilares…- es cierto que muchas cosas que hace casi treinta años se veían como futuristas hoy se siguen viendo igual de lejanas.

Recuerdo que de pequeña, cada vez que hacía un dibujo futurista, aparte de ser bastante mediocre porque siempre he dibujado fatal, en él aparecían coches voladores, personas con zapatillas voladoras, supermercados en el espacio…

Hoy, cuando iba con la tropa – cuatro niñas y yo – camino del colegio, les he preguntado a ellas cómo se imaginaban el futuro. El resultado ha sido que justo lo veían igualito que Marty McFly, que yo y probablemente que los hijos que tengan ellas – dentro de otra veintena de años como mínimo, espero. Una hablaba de coches voladores; otra de zapatillas con cohetes y alas; todas estaban de acuerdo en que sería un robot quien recogería los juguetes; entre la mayor y yo dotábamos a la ropa de aptitudes para hablar y decirte qué ponerte cada día…

He disfrutado mucho comprobando cómo su visión del mundo futurista era muy similar a la que tenía yo a su edad, viendo como volaba su imaginación y empezaban a soñar cosas que ellas están convencidas de que pasarán en unos años y de las que yo tengo mis dudas. No hay nada como la cabeza de un niño para soñar e imaginar cosas aparentemente inalcanzables y que de repente un día uno consigue. Mentes libres de prejuicios y pensamientos guiados pero que, poco a poco, van llenándose de barreras y bloqueos.

Quizá si nos acostumbramos a pensar más como niños para dejar volar nuestra imaginación, podemos ser capaces de llegar más lejos, de lograr cosas que aparentemente nos puedan resultar inalcanzables; capaces de llegar a un futuro que, aunque no tenga coches voladores, sea el futuro con el que sueña cada uno de nosotros.

Y para eso, dos consejos. El primero, que hables mucho con los niños; con los tuyos y con los de los demás. Pero no hables sólo para dar órdenes y organizar, “pierde el tiempo con ellos”, pídeles opinión sobre cómo harían ellos las cosas o trata de averiguar qué punto de vista te pueden aportar ante una circunstancia determinada.

El otro consejo es que dejes de lado tu sentido del ridículo y los imites; no en el sentido de cogerte una pataleta y liarla en el súper porque no te compren chocolate. Imítalos en el sentido de no ver el miedo a la hora de aprender y evolucionar.

Yo creo que escuchar e imitar a los niños cuando somos mayores nos ayuda a seguir creciendo. Tenemos la ventaja de poder ser niños pero con la sabiduría de las experiencias vividas con el paso de los años.

Quien tiene hijos, en algún momento ha dicho la famosa frase “este sabe más que Lepe”…Pues bien, si eso es cierto y tienes niños a tu alrededor, estás perdiendo una gran oportunidad de aprender si no te acercas mucho a ellos.saben mas que lepe

El mundo está lleno de futbolistas que deseaban serlo desde niños; médicos que por vocación pasaron años aferrados a un sueño hasta aprobar el MIR; cantantes que pese a fracasar con la entrega de muchas de sus maquetas, por fin llegaron a vivir el soñado día en que alguien se interesó por ellos. Mi suegra decidió estudiar inglés con sesenta años; mi madre maneja su Tablet y su Smartphone perfectamente porque cuando vio que sus hijos compartían un chat de Whatsapp, ella también quiso formar parte de eso; mi marido no tuvo miedo cuando hace dieciséis años decidió abandonar un país donde su futuro era incierto, para aventurarse a probar suerte cruzando el charco; Toñi decidió un día que trabajar en la televisión no era lo suyo y buscó otra salida laboral volviendo a estudiar; Paco empezó a correr para retomar el deporte hace tres años y ya ha superado su tercer Ironman; Angélica decidió un día reinventarse para volver al mercado laboral y se sacó su carrera mientras criaba a sus dos gemelos para poder volver a formar parte de una empresa, que además la contrató (después de volver a ser becaria a los treinta y tantos); mi amiga Alicia, a sus cuarenta años, acaba de cumplir su sueño de ser madre…Y así podría seguir contando los logros de todas las personas que conozco, amigos y familiares hasta llegar a escribir mi segundo libro…

Tú, que estás leyendo esto, sé que también te has sentido orgulloso u orgullosa en algún momento, porque un día pensaste romper las barreras y bloqueos mentales que tenías para conseguir hacer algo que hasta ese momento creías imposible: coser, correr, pintar, estudiar, emprender tu propio negocio…

Todos en algún momento de nuestra vida – y espero que sea muy a menudo – hemos soñado con algo como si fuéramos niños; hemos sido capaces de vencer nuestro miedo, olvidar nuestra vergüenza y superar las cuestas del camino hasta conseguir disfrutar del sabor del éxito cuando alcanzamos ese sueño.

Como “Regreso al futuro 2”, ha habido y habrá multitud de películas futuristas, pero sólo tú, escuchando a tu niño y sabio interiores, tienes la suerte de escribir sobre el futuro que formará parte de tu película.

Y ahora sí, te dejo disfrutar de nuevo de la película completa, pero con un video de sólo trece minutos de duración…¡cosas del futuro!

video regreso al futuro

Hoy me ha vuelto a pasar…

meme julio

Hoy me he vuelto a sentir “súpermegamalamadre”.

Ya estamos en Year3 en el cole – no es por hacerme la pija, es que realmente no sé a qué curso de primaria (o quizás es infantil) corresponde el Year3 al que va mi Bicho, y mira que me lo dijo Eva cuando fui a apuntarla a catequesis el otro día.

Year3 y poco a poco las matemáticas van cogiendo su nivel. Sí, puede que te suene triste, pero teniendo en cuenta mi habilidad para cálculo, lo de los niños de siete años para mí ya es nivel. Si yo – que soy de las que se valen de las manos para sumar y restar – soy negada para los números, que tenga que empezar ahora a utilizar la lógica para adaptarme a los métodos que le enseñan a mi Bicho en el cole, ya me parece la repera. Y con estas hemos empezado el curso, desempolvando las “guías para padres poco avispados” que afortunadamente nos ha preparado el colegio para que seamos capaces de aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir con ellos. Siendo positiva, en la recta final para llegar a mis 40, ¡este puede ser un buen reto!

El caso es que el domingo perdí la paciencia con mi Bicho…Eso sí, tengo que decir a mi favor que estaba en esos días del mes en los que perder la paciencia es cosa fácil para mí. Aun así sé que no tengo excusa para la bronca que le eché a la pobre mía, porque no era capaz de explicarme el método que utilizaba para restar…Y ahí estábamos los tres, padre, madre y “el Espíritu Santo de mi Bicho”, que a veces creo que tiene el cielo ganado conmigo: que si tú no pones la raya, que si el de al lado le presta un número al otro, que si no disgregas las cifras entre centenas, decenas y unidades…Y nada, que la niña no era capaz de decirnos cómo lo hacía en el cole – y claro, cómo lo iba a hacer si para ella el razonamiento que hace ya es tan lógico que no necesita ni explicación. Y ahí estaba yo, vociferando a lo Mélody – manos arriba y manos abajo – lo mal que íbamos.

Toda digna, el lunes pedí tutoría con la profesora, quien muy amablemente me ha recibido esta mañana para decirme que la niña es un encanto, que va bien en matemáticas y que de hecho está en el grupo de los avanzados…¡¡¡De los avanzados y yo regañándola en casa hace tres días!!! De repente me he sentido llena de “orgullo y…remordimiento,”. Orgullosa de oír lo buena que es mi Bicho y con el remordimiento de haberle echado una bronca monumental que la pobre no se merecía…En fin, gajes del oficio. Agradecida quedo a la profesora por sus palabras, a mi hija por su sonrisa y a mi marido por no haberme echado la mirada de “te pasaste veinte pueblos…y lo sabes”.

El caso es que no es la primera vez que “la cago” – siento la expresión, pero no encuentro término más apropiado para la ocasión – ni será la última.

Hay quien piensa que me creo perfecta, cuando yo sé que estoy llena de defectos, imperfecciones y limitaciones. Pero si hay alguien a quien no le importa eso es a mis Bichos…”No importa mami”, “eres la mejor madre del mundo”, “de mayor quiero ser como tú”, “no sé si yo sabría vivir sin ti”, “qué buena eres y qué guapa estás hoy”…Estas y otras muchas expresiones, de las que no me creo merecedora en ocasiones, son las flores que mi Bicho de siete añitos no se cansa de echarme. Lo sé, llegará un día, en unos años en los que seré un estorbo para ella y no me pasará ni una, pero también sé que cuando se le pase ese “pavazo” volverá a perdonármelo todo…

No importa que hayamos tenido que salir a comprar leche en pijama alguna noche; ni que me haya olvidado de ella un día cuando a las 16:30, saliendo de una reunión, recibí una llamada del colegio para recordarme que mi hija seguía allí esperándome; no importa que confundiese el día de Halloween y la vistiese un día antes de “Catwoman”; no importa que le haya echado unas broncas inmerecidas; no importa que ayer no me apeteciese bailar con ella y que yo fuera sólo la espectadora de su show…Haga lo que haga, ahí está ella resaltando siempre lo bueno que tengo. ¡Si es que no me la merezco!

Seguro que si eres madre, padre o las dos cosas a la vez, te sientes bastante identificado con todo esto…O eso espero, porque mal de muchos, consuelo de tontos.

Hace unos años bautizaron el Club de las #Malasmadres en defensa a esa madre defectuosa que muere de amor por sus hijos y que no renuncia a seguir manteniendo su propio espacio. Yo creo que el auge y la gran divulgación que ha tenido dicho club obedecen, entre otras cosas, a que todas, de una u otra manera, nos sentimos identificadas con los defectos de las demás. Somos madres, pero también somos personas con vida propia y seres humanos que se equivocan con sus maridos, sus amistades, sus compañeros de trabajo y cómo no, con sus hijos.

Y además, te diré que no importa cuántas veces nos equivoquemos en nuestro papel de madres o padres, porque si nos equivocamos, eso también significa que al menos lo estamos intentando y sólo por eso, porque estamos haciendo todo lo posible por estar presentes en sus vidas, nuestros #buenoshijos siempre nos estarán agradecidos…o al menos hasta que llegue la edad del pavo.

Así que equivócate las veces que haga falta, aprende de tus errores y no sólo crecerás tú como persona, sino que además estarás ayudando a crecer a tus hijos.

Hoy le he pedido perdón a mi Bicho y ella me ha dicho: “no te preocupes mami, no pasa nada”…Así sin más, sin rencor ni enfado, sólo con una sonrisa y un abrazo que me han emocionado y me han hecho sentir, una vez más, que la faceta de madre es la que más me enriquece, la que más me pone los pies en la tierra y a la que más miedo al fracaso tengo…

Después hemos bailado juntas mientras Bichito “aporreaba” el piano, y con mi beso de buenas noches, mi Bicho me ha regalado otro “eres la mejor madre del mundo” mientras mi Bichito me susurraba un «eres la mejor madre y te voy a comprar muchas chuches».

Igual no lo estamos haciendo tan mal…Mira este anuncio de Coca Cola.

anuncio referencias

UN PALO Y UN CUMPLEAÑOS: VOLVEMOS A LA CARGA

cumple

Ahora que Antonio Banderas y yo hemos decidido volver a ser estudiantes, no sólo por ampliar nuestros conocimientos y crecer como personas, sino para demostrarnos ante nuestras respectivas “no crisis” de los cuarenta y cincuenta y cinco, que el que tuvo retuvo… Ahora que mis bichos han vuelto al colegio. Ahora que una servidora está terminando de hacer su último trabajo de bolillos y ha sacado tiempo para desempañar los moldes y tejer otra manta… Ahora que las semanas están más o menos organizadas en lo que es un intento, no sabemos aún si fallido o exitoso, de conciliación de vida laboral con familiar, deportiva, marital y ocio…Ahora, justo ahora, toca volver a la carga con los festejos cumpleañeros de los niños de esta, la Generación Z.

Y digo yo: ¿qué tenían de malo los cumpleaños de los niños de la Generación X? ¿Es que ya nadie recuerda lo que molaba el griterío que se armaba cuando esa madre era atacada por los enanos cuando aparecía en el salón de la casa – convertido por unas horas en leonera – con una bandeja repleta de sándwiches de nocilla?

Seamos honestos señores. Con el tema de los cumpleaños de nuestros niños SE NOS HA IDO la pinza, la perola, hemos perdido el norte, el rumbo o como queramos llamarlo.

Tengo la suerte de hablar desde la experiencia, porque yo, miembro en activo de la Generación X, he sido portadora del gen mutante de las celebraciones de cumpleaños a través de mis dos bichos, que son de la Generación Z.

Pero vamos a olvidarnos de generaciones y vamos a centrarnos en dos situaciones:

SITUACIÓN A:

Pablito invita a su cumpleaños a sus mejores amigos…En la clase son casi 30 niños, así que su mamá le ha dicho que puede invitar a aquellos con los que se lleve mejor, porque claro, toda la clase en el salón de casa no cabe, y si después de soplar la vela deciden bajar un rato a jugar al parque, ella junto con la tía Mari – que como siempre iría con los primos y de paso le echaría una mano – no iban poder controlar a tantos. Pablito lo tiene claro y decide, sin ninguna presión, invitar a aquellos con los que juega a diario en el recreo. Los demás niños de la clase también le caen bien, pero no son sus “mejores amigos” (y punto, no por eso vamos a acusar al pobre Pablito de hacer “bullying” con el resto).

Llega el viernes, día de la fiesta y mamá lo tiene todo preparado. Cuando llegan todos del colegio, los niños están muertos de hambre y literalmente atacan la mesa del comedor – porque además sus madres ya les han advertido que esa será la cena del día. Medias noches de chorizo, paté La Piara, jamón y queso…Gusanitos, patatas y ¡Fanta para todos! Unos hacen el gamberro mientras otros empiezan a mezclar en uno de los vasos de plástico cualquier ingrediente de los que encuentran a su alrededor para darle el cambiazo al vaso de Fanta del de al lado…jajajajaja. Mami, que hoy está guapa de más y que se ha dado una buena paliza para que la merienda sea exquisita, aparece con la tarta que lleva dos chocolatinas de chocolate blanco con letras escritas con chocolate negro que versan un delicioso “Felicidades Pablo”.

Pablo sopla las velas, sus amigos le cantan el «cumpleaños feliz» – que por suerte ahora es gratis– y el “porque es un chico excelente” y después de comerse la tarta bajan al parque. Pero eso sí, no sin antes abrir los regalos que le traen sus amigos: pequeños detalles como un estuche, unos cuadernos, algún muñeco…

Bajan al parque con mamá y la tía Mari y después de jugar, poco a poco, van llegando los padres de cada uno – después de haber dado varias vueltas por el barrio buscando la casa – con el tiempo justo de darle un beso a Pablito y llevarse a su respectivo hijo a casa. Al final Pablo ha podido jugar un rato más con Jaime, su mejor amigo y cuyos padres han pasado a recogerle más tarde y de paso han sido invitados a cenar.

SITUACIÓN B:

Es lunes, y Pablito llega al cole con 30 invitaciones en su mochila que tiene que repartir a todos y cada uno de los niños de la clase – a pesar del esfuerzo económico que tienen que hacer para la celebración, ni se le pasa por la cabeza a sus padres que sólo invite a unos cuantos, no vaya a ser que el resto empiece a acusarlos de discriminación y acoso escolar. Su madre ya ha dado la noticia en el grupo de «whatsapp» que comparte con los padres de la clase, pero aun así a él le hacía ilusión repartir las invitaciones.

Es sábado por la mañana, y los padres de los 30 niños, ansiosos por poder holgazanear un poco durante el fin de semana y no tener que salir corriendo de casa como hacen cada día de lunes a viernes, un día más han tenido que ponerse el despertador para llegar a tiempo a la fiesta de Pablito en el parque de bolas que inauguraron la semana pasada cerca del colegio y que cuenta con el último modelo de castillo hinchable– al fin y al cabo han tenido la suerte de que no fuese a la hora de la siesta ni en domingo. Además hoy tienen comida familiar, por lo que toda la familia, que también ha sido invitada al evento de Pablito se desplaza hasta el lugar. Una vez allí son recibidos por monitoras que etiquetan los zapatos de todos los niños con una sonrisa agria – entendible, porque ellas también piensan que donde deberían estar un sábado por la mañana a esas horas es en la cama. A partir de ahí, mientras los niños se «desalman» entre el griterío de la jungla de bolas mientras los padres se relacionan entre si, sustituyendo su desayuno familiar por un temprano almuerzo de cervezas, empanadillas, frutos secos y tortilla de patatas.

Después de una «merienda» compuesta por un par de sándwiches, un trozo de pizza gomosa y unos 10441027_283178715202229_6484386968331834199_ndiez gusanitos por niño, se anuncia por la megafonía del centro que “el niño que se llama Pablo va a soplar las velas”. Los padres, apurados por tomar alguna foto del evento, que casi se han perdido por completo mientras tomaban sus cañas al otro lado de la pecera, salen corriendo para compartir el momento con Pablito. El anfitrión, sopla las velas de una tarta con forma de Bob Esponja entrando por la puerta de su casa con forma de piña que han tardado una semana y pico en preparar y le da un mordisco a la tarta para, acto seguido,  dejarla de lado al comprobar que tanto fondant no le gusta. Además, la megafonía anuncia de nuevo su nombre para la entrega de regalos.

Y así, con los 30 niños dispuestos alrededor del trono, sobre el que se sienta como un rey, da comienzo el besamanos para que uno a uno y al grito de “qué bonito, qué bonito” o “qué será, qué será” sus amigos le vayan entregando los 30 paquetes. Aunque cada niño le da su regalo siguiendo el orden que impone la monitora, cuando Pablito está abriendo el quinto, su cara es un poema…Ya no sabe quién le regaló qué y aún tiene veinticinco más por abrir…Al final terminan todos los regalos amontonados en una bolsa enorme de basura que la madre guarda a buen recaudo para intentar después dosificarlos en dosis coherentes – si es que no decide dejarlos para los Reyes Magos.

Pasadas las tres horas contratadas con el parque de bolas, los padres recogen zapatos, las monitoras entregan chuches y, con sus hijos encantados, todos abandonan el lugar.

Dos generaciones, dos cumpleaños, dos dimensiones, dos diversiones…En ambas los niños se lo pasan pipa, ¿pero no estás de acuerdo conmigo en que se nos ha ido un poco la pinza?

Queremos que cada cumpleaños sea más especial que el anterior, buscamos superarnos y nos dejamos llevar por la moda del momento, cuando con una simple celebración – que incluya sándwiches de nocilla, eso sí – se lo pasan igual de bien. ¿Acaso no eran todos tus cumpleaños iguales? ¿y en ese caso, no te lo pasabas siempre fantásticamente?

Hace un par de años tuvo un gran impacto la campaña publicitaria de Limón y Nada en la que un niño se mostraba eufórico al recibir como regalo de cumpleaños un palo con el que jugar. Y es que a menudo olvidamos que las cosas más simples son las que más felices hacen a nuestros pequeños. También ocurre que a veces lo más simple resulta no ser lo más cómodo para nosotros, pero al fin y al cabo los protagonistas de ese día son ellos y por eso puede que valga la pena darnos la paliza ese día preparando una merendola de las de toda la vida, aunque lo hagamos pensando en lo cómodos que estaríamos tomando la cerveza al otro lado de la pecera del parque de bolas…

palo

Cambio “Chiringuito” por “Beach Club”

todo cambia

Qué buenos recuerdos tengo de mis vacaciones veraniegas, cuando nos metíamos seis o siete personas en el Citroen CX palas de mi padre, por supuesto, sin cinturones ni sillas para niños homologadas. Mis hermanos y yo jugábamos a encontrar el lugar más estratégico y chulo del coche donde apoyar nuestras posaderas durante las ocho horas de viaje que teníamos, aproximadamente, hasta llegar a Fuengirola, nuestro lugar de destino durante muchos años…

Allí nos pasábamos las vacaciones de verano, entre nuestro Hotel las Pirámides y nuestro Chiringuito El Copo…¡Al rico bombón helado, señora! – tarareaban los vendedores ambulantes de antes, que ahora hacen lo mismo con frutas, mojitos y conjuntos de verano.

Luego llegó la casa de la playa, las pandillas de verano y las salidas…Una iba creciendo a la vez que el mundo cambiaba a su alrededor. Y así hasta ahora, que descubro que los Chiringuitos ya no se llaman así, sino Beach Clubs. Quizá sea porque han tardado años en encontrar la traducción al inglés de la palabra chiringuito…Pero no, lo cierto es que el encanto que tenían estos lugares se ha ido transformando con el paso de los años, no para olvidarnos de ellos, sino para encontrar la manera de seguir manteniendo su glamour, moldeándose para adaptarse a las nuevas tendencias que marcan el paso de los años.

Otro ejemplo de adaptación al cambio del tiempo lo tenemos en los gimnasios, que ahora se han transformado en Gyms, Sport Centres, Fitness Centres…Y eso por no hablar de su oferta de clases, que atrás quedaron las abarrotadas salas de aerobic, step, y sevillanas para dar paso a Zumba, Body Pump, Body Jump, Body Power, otros cientos de modalidades de “Body…” y como no, mi odiado y a la vez querido Crossfit. Los gimnasios de ahora han tenido que adaptarse al cambio del tiempo, han tenido que aprender a transformarse para seguir manteniendo su esencia y seguir enganchando al público más exigente.

El caso es que todos queremos sentirnos sorprendidos cuando vamos a conocer un Beach Club, un nuevo restaurante o un Gym…queremos teléfonos con mejores aplicaciones, televisiones que sean capaces de grabarse a ellas mismas y conectarse hasta con «el más alla», aspiradores que al ritmo de “roomba” se paseen por la casa limpiando un suelo que antes nos costaba horas dejar impoluto…

Pero ¿y tú? ¿Qué haces para adaptarte al cambio? ¿Te preocupas por evolucionar?

Que conste que respeto todas las decisiones, pero a la vez me sorprende taaaaaaaanto ver cómo hay gente que pierde el interés por evolucionar…

Busco en Mr. Google el significado de la palabra evolucionar y esto es lo primero que me encuentro:

evolucionar

verbo intransitivo

  1. 1. Hacer [una persona o una cosa] una evolución o cambio gradual, especialmente de conducta, de actitud, de ideas, etc.

Todos evolucionamos en nuestra vida. Pero a medida que pasan los años, veo que para unos cuantos es fácil caer en una rutina que, poco a poco, les va introduciendo en un estado de letargo que les deja estancados mientras siguen viendo la vida pasar. Y de lo que no se dan cuenta es que no sólo pasa la vida, sino que el tiempo de “bailar” con ella también.

Otros preferimos seguir “evolucionando como los pokemon y la barbie» – que por cierto, ya no sé si los mellizos que tuvo son de Ken o finalmente decidió ser madre soltera -. Evolucionamos para  adaptarnos a ese cambio constante, para probar cosas nuevas, para enfrentarnos a un nuevo reto después de haber superado otro. No es tan importante conseguirlo como intentarlo, porque lo más probable, es que si lo intentas con todas tus ganas, lo consigas.

Los primeros, no sólo seguirán quietos, sino que incluso intentarán parar a los segundos. Y estos, que son fuertes de voluntad, harán caso omiso a las “vocecillas” de su alrededor, que intentan asustarlos con sus: estás loco, ya tienes bastante, no vas a poder sacar tiempo, eso no te va a servir de nada…

Dicen que lo único que no cambia en la vida es el cambio, que siempre es cambio. Así que está en las manos de cada uno de nosotros el decidir si intentar “bailar” con el cambio o quedarse aletargado mientras mira la vida pasar.

El caso es que si los chiringuitos evolucionan para convertirse en Beach Clubs, los gimnasios se tornan en Fitness Centres, y hasta el Corte Inglés es capaz de cambiar sus políticas de precios y devoluciones, ¿por qué hay gente que se niega en rotundo a evolucionar? Y dado el caso, vale, acepto que alguien no quiera evolucionar, pero que tampoco intente parar al que lo hace. Que el cambio es duro para todos, y más que desánimo, lo que nos viene bien a los que intentamos evolucionar es que nos animen.

Y dicho esto, me despido compartiendo con vosotros la canción «Todo cambia» de la folklórica argentina Mercedes Sosa, quien desde 1965 ya advertía con su canto que todo cambia en esta vida…Una canción que me encanta y que casualmente le viene como anillo al dedo a este post.

Ah! Eso y “guardar cambios” en mi archivo antes de salir para poder editar mi entrada 😉

todo cambia

Las patatas fritas engordan y mi «whatsapp» miente

no linea

No señores, por mucho que lo diga mi whatsapp “no estoy en línea”. Después de haber tenido la oportunidad de participar en un importante estudio científico durante mis quince días de vacaciones, puedo corroborar y corroboro, que las patatas fritas engordan – por favor, el gracioso de turno que esté pensando en decir eso de que no engordan las patatas sino el que se las come, que se ahorre la gracia, que no está el horno para bollos… quien pillara ahora un bollito con mi café en vez de esta tortita de avena…

Vamos a repasar la lista:

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Tal y como temía, queda confirmado que las patatas fritas engordan…y la cerveza, el vino, el gin-tónic, la hueva con almendra, las hamburguesas, los M&Mms, los Jelly Belly…¡CONFIRMADO QUE CASI TODO LO QUE HE COMIDO ENGORDA!

Pero que no cunda el pánico. En una semana mis bichos empezarán el colegio y podré ver cómo, un año más y después del ajetreo del verano, todo vuelve a su sitio…Bueno, todo menos mi cintura, que otra vez me toca empezar a buscarla. Mira que pierdo cosas: las llaves del coche, el DNI, joyas, papeles, la paciencia…Pero nada que tarde y me cueste tanto recuperar como la cintura.

He decidido que la próxima vez que se gasten las pilas de la báscula no voy a esperar a que venga el “duendecillo de las pilas” a cambiarlas, porque esta vez no sólo ha tardado meses en venir, sino que cuando lo ha hecho, la báscula ya estaba rota…Total, que he terminado comprando una báscula de última generación que me cae inmensamente peor que la que tenía…Qué necesidad tendré yo de tanta información: que si el agua de mi cuerpo, mis huesos, mis músculos…Si al final todo se reduce a que peso 3kg más que la última vez que me pesé allá por el final del invierno…En fin, no me voy a dejar llevar por la crisis de ansiedad que me está merodeando y me lo voy a tomar con calma.

De momento, el corte de pelo parece que es favorecedor, o al menos es lo bastante radical como para que la gente, cuando me vea, me diga antes eso de “vaya corte de pelo” que lo de “te ha sentado bien el verano, ¿eh?”. Con eso ganaré alguna semanita de ventaja para perder algún kilillo antes de que alguien me venga con eso de “se te ve mejor cara así, que hace unos años te quedaste fea de flaca que estabas” – cegatos…

Ya está puesta en marcha toda la artillería pesada: nevera llena de proteínas, verduras, algo de fruta y lácteos; avena para intentar innovar con algún postre acalórico; infusiones y….y poco más, la verdad. Pero bueno, voy a ser fuerte, porque tengo dos estupendos meses, con sus días y sus noches, sus fines de semana y festivos, para llegar a los cuarenta estupenda. Sí, mi madre me dice que ya lo estoy y mi padre más, pero yo me quedo con el «ni tanto ni tan calvo«, y con que siempre se puede mejorar algo.

Alimentándome en condiciones y volviendo a mi entrenamiento de alta intensidad, mis carreritas y mi «ciclo indoor» – todo ello endulzado con altas dosis de paciencia y buen humor – seguro que puedo conseguir el reto….¡¡¡pero cuaaaaaaaanto me va a costar!!!

¡Ay! mis copitas de vino después de acostar a mis bichos…Volveremos a encontrarnos, de eso estoy segura, pero de momento, tendremos que dejar nuestra relación durante un tiempo. Necesitamos un respiro.

Y mientras me tomo ese respiro de comida supuestamente insana pero que a mí me da la vida, seguiré buscando distracciones para no caer en el capricho de “malalimentarme” durante un tiempo.

Está claro que una servidora se ceba sobre todo cuando se relaja, así que procuraré no relajarme mucho y mantenerme lo más ocupada posible: es hora de retomar el punto, los estudios y la escritura. Así sé que podré ser fuerte y evitar caer en la tentación, que aunque Oscar Wilde dijera que la mejor manera de librarse de la tentación era cayendo en ella, yo lo voy a evitar a toda costa…Y si de aquí a mis cuarenta no me queda más remedio que caer en ella algún fin de semana, lo haré de manera que parezca un accidente…

Y mientras piensas en cómo te vas a mantener tú distraído, aquí te dejo una receta milenaria para adelgazar, eso sí, en modo de rumbita, que mover las carnes también nos va a venir bien a todos…

Typic

Vuelta al tajo y una técnica para mejorar

exitoblog

Shhhh…aún está todo en silencio esperando a que, a partir de la semana que viene, la marabunta vuelva a su sitio. Poco a poco se van viendo signos de que las vacaciones se están acabando. Barrigas y mofletes hinchados; caras de saturación después de compartir tanto tiempo con nuestros seres queridos, y buscando algún momento de soledad; gente negra como tizones; y escaparates que ya intentan engatusarnos con sus propuestas para el otoño que se avecina.

Aunque por un lado estoy deseando quedarme en ese estado de letargo eterno en el que soy capaz de entrar en vacaciones, por otro espero con ganas el inicio del nuevo curso escolar y con él, la llegada del frescor que durante este verano ha decidido serme más infiel que el “rexona, que nunca te abandona”

Otra de las sensaciones que me encanta con el final de las vacaciones, es la de pensar en nuevos proyectos y objetivos para lo que queda de año. Aún tengo cuatro “mesecicos” por delante para hacer cosas este año, para cumplir objetivos nuevos con los que seguir mejorando personal y profesionalmente…Así que, como me encantan las libretas, ya estoy dándole duro a las listas…¡a ver qué se me va ocurriendo!

De momento, y sin innovar nada, ya he retomado trabajo, dieta y gimnasio…Con un poco de suerte, después de estos cuatro días de dieta cogeré un poco de colchón para el darme el homenaje con las celebraciones varias que tengo este fin de semana. Y la semana que viene, ya sí que sí, a tope con la proteína y la verdura…Fuera cervecita con su hueva y sus almendricas, fuera gin-tonics, fuera frutos secos, fuera marraneo y bienvenida vida sana…Aunque reconozco que, igual que el frescor me ha sido infiel a mí, yo también haré lo mismo con la montaña de vegetales y proteína a la plancha de vez en cuando, que este cuerpo serrano y la fuerza de voluntad que tiene una, también se merecen algún premio de vez en cuando.

El post de hoy, aparte de utilizarlo para retomar el hábito de seguir compartiendo contigo mis reflexiones, es para invitarte a que tú también cojas papel y lápiz y empieces a meditar sobre las cosas que vas a hacer de aquí a que acabe el año…Seguro que hay algo nuevo que puedas hacer y que te de vidilla. Eso sí, sé realista y comprometido. Ya sabes que somos débiles para abandonar un proyecto, un sueño o un objetivo a la primera de cambio, así que a la hora de hacer esa lista, procura no ser utópico y proponte cosas realistas. Cosas realistas, pero que desees de verdad, porque solo así serás capaz de superar los obstáculos y bajones con los que te encontrarás en el intento. Por lo tanto, dejaremos la utopía de nuestros sueños al azar de la lotería de Navidad, que también está cerca y nos centraremos en nuestra realidad. Y una vez tengamos nuestros objetivos claros, ¡a por ellos con todas nuestras ganas y entusiasmo!

Creo que el mayor enemigo de cualquier meta que uno quiera alcanzar es la excusa de la falta de tiempo. Casi siempre, cuando alguien desea conseguir y no hace nada para lograr algo, termina diciendo aquello de: «es que me encantaría, pero me es imposible porque no tengo nada de tiempo libre, e intentarlo para luego dejarlo…no. Mejor esperaré a tener más tiempo» – seguro que te suena el diálogo…

tecnica media horaPero para que la falta de tiempo no sea un problema para ti, voy a compartir contigo la “técnica de la media hora” de la que hablo en mi libro “Un poto, dos niñas y un blog”. No, no he inventado nada, ni tengo la panacea contra la falta de tiempo, pero sí es cierto que en un momento en el que necesitaba salir de mi estancamiento, se me ocurrió este método para aprovechar más y mejor el tiempo. Espero que si te sirve de algo, compartas conmigo tu éxito.

Suelo tener por costumbre terminar mis entradas con algún video relacionado con el tema que trato. Hoy, aunque me ha costado decidirme a hacerlo, termino esta entrada compartiendo contigo uno de los booktrailers que, no sé si por vergüenza o por modestia, tengo guardado en la recámara desde que me lo regalaron los de la editorial Círculo Rojo al publicar el libro. Pero lo cierto es que  me siento tan orgullosa de haber alcanzado este objetivo, que si te pido que compartas tus éxitos conmigo, no voy a hacer yo menos contigo. Así que aquí va uno de mis logros, conseguido entre otras cosas porque un día me comprometí con mi lista de objetivos, porque fui fuerte y no caí en las garras de ninguna excusa para abandonar y porque creo que uno puede conseguir cualquier cosa que se proponga.

booktrailer

Donde las dan, las toman o #truthordrink

comer gallina

Por fin tengo a mis dos Titanes bajo el mismo techo durante unos días…Qué a gusto se está con los padres cuando todo lo que recibe una son mimos, alabanzas y alegorías.

Atrás quedó aquella época adolescente en la que mis cómplices de la infancia se convirtieron en el mayor de mis tormentos…Ya lo dicen las estadísticas: las modas, la economía, el diseño, los cánones de estética, nuestra talla y casi todo en esta vida, es cíclico. De ahí que las mujeres guardemos bolsas y bolsas de ropa en nuestros armarios y trasteros, porque sabemos que lo que se deja de llevar hoy, tarde o temprano estará de moda otra vez.

Y si hay algo que tampoco se escapa de ser cíclico, es la relación que uno tiene con sus padres.

Durante la infancia los adoramos, los admiramos…los idolatramos. Esa es la época que estoy viviendo yo ahora con mis bichos. Que si mami que guapísima estas con ese pijama – cuando llevo una camiseta vieja de Daisy que ha ido creciendo conmigo con el paso de los años; que si mami que culete tan bonito tienes – cuando lo que veo yo en el espejo es algo parecido a un paisaje lunático lleno de cráteres…que ya firmaba yo por una piel de naranja; que si mami que bien cantas – aquí reconozco que tienen algo de razón. En fin, por peloteo o por lo que sea, mis bichos no hacen más que elevar mi ego a dosis tan altas de autoestima que si no es porque mi espejo no es como el de Blancanieves y se encarga de ponerle cara a mis imperfecciones, yo viviría eternamente en “Los mundos de Yupi”.

Yo también viví esa época en la que me pegaba al brazo del sofá de mi padre hecha una zalamera y en la que si oía a mi madre gritar que un día iba a coger la puerta de casa para irse donde nadie la encontrase, caía en depresión profunda.

Después, cuando llega la edad del pavo y una empieza a creerse más lista que nadie son todo molestias y estorbos…Que si todos los padres son geniales y los míos unos antiguos, que si para qué me tienen que preguntar tanto…Durante esos años, cada vez que mi madre entraba con voz dulce y buena cara en mi habitación mientras cerraba la puerta a sus espaldas, mi cara se incendiaba temiendo el tipo de conversación al que estaba a punto de enfrentarme. Y eso era cuando todo iba de buen rollo, que cuando empezábamos con los “tira y afloja”, no te quiero ni contar…

Aún me faltan unos cuantos años para revivir esos “tira y afloja” desde el otro lado de la barrera, pero ya sólo de pensarlo se me ponen los pelos como escarpias: historias para recordar…

Historia 1: niña quiere salir ir a una discoteca y madre dice que ni hablar, mientras padre dice que lo que diga madre está bien. Niña enfurece, se cabrea y se encierra en su habitación pensando en lo que molan los padres de las otras. Madre pasa del tema y dice que como encima te pongas chula te la vas a llevar…Conclusión: la niña no sale y tiene que terminar tragándose su orgullo porque el plato en la mesa siguen poniéndolo madre y padre…Total, a la semana siguiente lo volverá a intentar y algún día, aunque sea por plasta, lo conseguirá.

Historia 2: niña ya ha conseguido salir…Sale los miércoles a bailar salsa, y jueves, viernes y sábado de cañas y copas, quedándose a dormir en casa de alguna amiga en piso de estudiantes donde los padres no molestan por la mañana. Madre, que ya no le queda otra que aceptarlo, acostumbra a llamar a las cinco de la mañana para saber si todo va bien y, si duermes en casa, te pregunta si te falta mucho por llegar, para irte preparando el zumo de naranja que terminas tomándote con las pupilas dilatadas por el alcohol, mientras piensas que efectivamente no se ha dado cuenta de la moña que llevas. Conclusión: te acuestas tan a gustito después de ese desayuno que te ha sentado de lujo, duermes a pierna suelta y cuando abres los ojos y le plantas el beso de buenos días/tardes, madre te mira con buena cara al son de “ahora cuando termines de comer, cariño, hazte el armario que lo tienes muy desordenado” – para mis bichos, que como ya he dicho, dentro de unos años pasarán por todo esto, especifico que “hacerse el armario” significa que tienes que sacar toda la ropa, la colgada y la que está en cajones, vaciar zapatero y después de limpiarlo todo “con un trapo húmedo y lo secas bien con otro antes de volver a guardarlo todo” tienes que procurar dejarlo impoluto antes de que pase la ITV de madre.

Y junto a estas historias, otras cientos de ellas acompañadas de miles de coletillas del tipo “como vaya yo y lo encuentre, te vas a enterar”, “no salgas así que hace frío y te vas a resfriar”, “y si fulanita se tira por un puente, tu ¿también lo haces?”, o «si eres mayorcito para trasnochar, también lo eres para madrugar”…

Lo cierto es que, pasada esa etapa, vuelve un ciclo en el que de nuevo idolatras a tus padres. Todos vuelven a ser guapos y están “fenomenal para la edad que tienen”. Y tu admiración hacia ellos es incluso mayor, porque cuando eres consciente de lo que han tenido que sufrir para soportarte y además sabes que te va a tocar pasar por lo mismo con tus hijos, esa admiración se transforma en auténtica devoción.

Y en esas estoy yo. Ahora que llega el mes de agosto, tengo la suerte de pasar con ellos unos días. Sin ir más lejos, este fin de semana ya ha sido todo un homenaje de: “comidas favoritas de mi Natalia”…Y también me he vestido con unos trapitos que le hacía a mi madre ilusión que me probase porque, después de casi 40 años encerrados en una de esas bolsas de ropa que guarda ella y aunque sabe que cuando se pongan de nuevo de moda, no le entrarán, le gusta recordar de vez en cuando que vivió un tiempo pasado con un tipo mejor.

El domingo fue el día de los abuelos y el de mis padres, que también lo son. Y este post se lo dedico a ellos. Mis héroes, mis bastones y mis ídolos.

Y mientras el resto nos seguimos preparando para llegar a ser un día abuelos tan molones como los de nuestros hijos, aquí os dejo un divertido juego de preguntas y respuestas incómodas entre padres e hijos (mayorcitos…): #truthordrink. Acabo de encontrarlo por internet y agradezco que mis padres no lo hayan descubierto antes, porque hay cosas que mejor dejarlas para uno mismo…

truhordrinkvideo

¿Dónde está mi glamour?

autentica

Sicilia, 1929…Así comenzaba una de las frases de aquella Sophía Pettrilo de la serie ¨Las chicas de oro” con la que cada vez siento más sintonía.

Murcia, cuarta ola de calor del 2015…Y casi cuatro semanas sin escribir… No sé si lo que tengo es el “síndrome de la hoja en blanco” o que mi mente, ansiosa de vacaciones, realmente ya no da para más. En octubre habrán pasado doce primaveras y veranos desde que me trasladé a esta maravillosa provincia que tanto me ha dado. Pero si hay algo que este año me ha dado la Región y parece que no piensa quitarme, son los sofocos.

¿¡¿¡Pero de donde puede salir tanto calor?!?! Y no sólo eso, sino que ¿¡¿¡cómo es posible sudar tanto y tener la sensación de no perder ni un solo gramo!?!? Más que cuatro olas de calor, señores del tiempo, convendría decir que hace un mes entramos en bucle con la primera y que de ahí no salimos.

Nada menos que desde el mes de septiembre del año pasado, aquí una servidora – que por aquel entonces ya podía presumir de ser deportista por llevar un año corriendo – decidió, como casi siempre procura hacer, dar un pasito más y ser de las que dicen ser “deportistas de fondo y no de sprint final”. Total, que empecé a asistir religiosamente al gimnasio. Descubrí el mundo del “Spining”, el del “Interval”, y ahora, el del “Cross-fit” – lo siento por mi amiga Eva que siempre critica mis anglicismos, pero todos sabemos que suena más glamuroso dicho así que en castellano. Todo ello con la intención de llegar al verano con un cuerpo explosivo, y no para explosionar como me está pasando de repente.

En cuanto al cuerpo, me doy con un canto en los dientes por poder decir que también entré en bucle y ahí me mantengo en peso, eso sí, con las carnes más prietas. En realidad me baso en sensaciones para decir que debo pesar lo mismo, porque la señora báscula decidió acabar con la pila hace meses y aún no ha llegado “el duendecillo de las pilas” a cambiarlas.

Total, que así pensaba llegar yo al verano del 2015, toda prieta y a ser posible con algún kilo menos. Llegada la fecha, estaba convencida de que invirtiendo parte de la extra de verano en la compra de algunos trapitos, ¡¡¡este verano yo iba a ser todo un derroche de glamour!!!

Pero ahora resulta que se nos ha plantado aquí el “megacaloret” y no hago más que sudar y sudar…y venga a sudar y a sudar más…No hay máscara de pestañas que aguante semejante sopor, ni vaquero prieto que suba más allá de la rodilla sin haber superado los cien saltos comba.

Desde que nos comemos el último polvorón del año nos dejamos engatusar por el mundo de las dietas; nos invaden campañas publicitarias que nos muestran súper modelos disfrutando de la brisa marina desde un yate de tropecientos metros de eslora; y el Corte Inglés y Loreal nos saturan con sus “te lo mereces” y “porque yo lo valgo” mientras nos convencemos de que si hay una época del año en la que una debe derrochar glamour por los cuatro costados, es el verano.

Al final estoy llegando al mes de agosto y sigo sin encontrar mi glamour. Estoy planteándome dejar de beber los tres o cuatro litros de agua diarios recomendados por la OMS (Organización Murciana de la Salud) en esta época del año, porque no puedo más con la retención de líquidos. Voy a dejar de usar perfume porque la citronela y el After-bite se han convertido en mis mejores aliados contra los mosquitos – aunque claro, me da a mí que después de las cinco picaduras que me han salido de ayer a hoy, los mosquitos le han ganado la batalla a estos también. Dejaré de consultar los consejos de belleza del verano, porque el pelo, cuanto más recogido en el cogote, menos calor me dará, y claro, una ya no gana para kleenex para limpiar chorretes de maquillaje y rímel.

Así que he decidido ser de los de la tendencia que pasa por decir que el verano es para relajarse, disfrutar y desconectar. Adiós vaqueros prietos y bienvenidos a mi armario los caftanes y pantalones anchos, vestidos vaporosos y cualquier trapo que una vez puesto, casi ni me roce la piel. Adiós maquillaje para disimular ojeras y potenciar cara sana; bienvenida cara lavada, sombrero y gafas de sol. Adiós al lavar y marcar con el secador de pelo y ¡bienvenidas las canas al viento!

Visto lo visto, podría decir que me he pasado parte del otoño, el invierno y la primavera entera preparándome para el verano…y que todo para nada.

Pero no, en realidad me he preparado para darme cuenta de que el mejor glamour con el que puede ir una por ahí es con el de ser natural…¡como la vida misma! Al final la gente que me cautiva es la que es más natural, la que se rodea de menos artificios y la que menos tonterías tiene en la cabeza. No es que haya descubierto esto ahora, pero sí que es cierto que según pasan los años una se va dando cuenta de cuánta tontería hay por ahí y de lo a gusto que se está rodeada de gente auténtica.

Y bueno, de cara al verano que viene, seguiré trabajando para transformar mi tableta de chocolate fundido en algo más parecido a una de las de verdad, seguiré repasándome las uñas para no llevarlas descascarilladas y llevando tacón aunque empiece a doler el juanete, que como decía aquella eurovisiva canción, “antes muerta que sencilla”…Pero sobre todo, ¡pienso seguir trabajando para ser la versión más auténtica de mí misma!

all natural

Dentro de ti y una foto viral

Sí, podría tratarse del título de la nueva trilogía erótica que intenta aprovechar la ola de calor para calentarnos más y alcanzar el título de bestseller. Pero mientras maduro esa idea – en principio descartada – voy a quedarme con el sentido más figurativo de la expresión.

De momento, con el título es probable que haya conseguido atraer tu atención, y ahora que ya te he dicho que no pienso hablarte de erotismo, espero que te quedes conmigo compartiendo las próximas 931 palabras.

A finales del año pasado iba en el coche con mi Bicho – si has leído ya mi libro (Un poto, dos niñas y un blog) sabrás quién es y si no te aclaro que mis Bicho y Bichito son mis hijas, las que me dan y me quitan la vida, en ocasiones, incluso varias veces al día. El caso es que mientras iba cambiando de emisora, en busca de una melodía de esas con las que me gusta desgañitarme mientras mis bichos se mean de la risa y aprenden a disfrutar de lo bueno que es hacer el payaso, me quedé atónita formando parte del siguiente diálogo con una niña de seis años, mi Bicho:

Bicho (B): ¿Mami, al final La Pantoja va a ir a la cárcel?

Mami Perpleja (MP): Sí, hija. ¿Pero tú sabes quién es La Pantoja?

B: Es una señora que ha salido en la televisión, en el programa de la Tia Carmen.

(Aclararé que la Tía Carmen no es mi hermana y tía de mi Bicho, sino mi tía. Aunque ambas comparten nombre, la segunda no es seguidora de la tonadillera ni de Sálvame y responde al título de Mayca).

MP: Pues sí cariño, al final va a la cárcel.

B: ¡Pues qué pena, mami!

MSP (Mami Súper Perpleja): Bueno, es que la gente, cuando hace cosas muy malas, como robar, va a la cárcel…(tampoco era plan de entrar en detalle…)

B: Ya mami, pero ella estará muy triste, y su hija también. Porque tiene una hija, ¿sabes mamá? – como para no saberlo, pensé yo. Y si su mamá se va a la cárcel no van a poder darse besos y abrazos durante mucho tiempo. Y eso es muy triste mamá.

MSP: Tienes razón cariño, es muy triste…

Y ahí quedó la cosa. Una madre súper perpleja – y te diría que casi indignada porque mi Bicho conociese a La Pantoja y sus líos – y una niña intentando digerir el sentimiento de tristeza que estaba teniendo al pensar cómo se sentirían Chabelita y Pantoja sin los abrazos y besos de una a la otra.

Mi Bicho, desde su inocencia, pero muy inteligentemente, supo llamar mi atención utilizando un recurso, La Pantoja, que me dejó atónita para darme toda una lección de empatía.image1

Estoy casi segura de que tú también sabes lo que es empatía: la capacidad de percibir lo que el otro está sintiendo; el saber ponerse en el pellejo del otro; el meterse en los zapatos del otro…Pero una cosa es que sepamos lo que es y otra muy diferente es que la practiquemos.

Profesionalmente, son muchas las ocasiones en las que he oído hablar y he hablado de empatía, y sé que es un recurso, o mejor dicho, una virtud, que cuando es trabajada, aporta muchísimo. La empatía me aporta el saber entender las reacciones de la gente, me aporta facilidad para perdonar, me ayuda a abrirme a los demás, me ayuda a ser solidaria…me ayuda a estar, como decía en el titular, Dentro de ti. Pero no sólo me ayuda a estar dentro de ti para entender cómo te puedes sentir, sino que también me ayuda a conocer tus preferencias de comportamiento.

George Bernard Shaw, escritor irlandés y Premio Nobel de literatura en 1925 lo dijo muy clarito con una frase que me encanta y me acompaña desde hace mucho tiempo: “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti – ellos podrían tener gustos diferentes”. Así la empatía no se limita a ponerse en el lugar del otro para entender sus sentimientos y punto de vista, sino que trasciende en descubrir sus preferencias.

El caso es que leemos y releemos la palabra empatía montones de veces, somos conocedores del poder que tiene, pero no siempre la ponemos en práctica. Yo te digo que si te comprometes y te esfuerzas en trabajarla, es fácil que te enganches a ella.

No se trata de que pierdas tu personalidad para actuar como a otros les gustaría. Se trata de comprender cómo es el otro, con sus virtudes, sus defectos, sus acciones y sus reacciones.

Esta entrada me la ha inspirado una foto viral que está recorriendo el mundo a través de las redes sociales y la historia que hay detrás de ella. Se trata de la historia de un agente de policía de Colorado, Nick Struck. En la imagen, que comparto contigo en este post, puedes ver cómo el agente sostiene en brazos a una niña de dos años que sobrevivió a un accidente de tráfico en el que murió su padre. La cogió en brazos y se colocó de espaldas al siniestro mientras cantaba canciones para que no se asustara. El padre de la pequeña había muerto. El policía, en el video que acompaña a la imagen – si no entiendes inglés activa los subtítulos en youtube, eligiendo la opción de traducirlos al castellano en la rueda de herramientas – dice que sólo hizo lo que le gustaría que hicieran con su hija si la víctima fuera él; pura empatía…

No cómo La Pantoja, pero sí como Nick Struck, seamos empáticos. Empecemos por observarnos. Dedícate unos minutos a pensar cómo eres de empático, piensa en cuándo fue la última vez que fuiste consciente de que estabas poniéndote los zapatos del otro, sintiendo cómo se camina desde su perspectiva.

Es buena costumbre crearte un ritual, al acostarte, en el que pienses en tres cosas por las que estés agradecido al final del día, visionar un día positivo para cuando vuelvas a abrir los ojos y por qué no, también pensar en lo empático que has sido. Ser consciente de ello ya es un paso.

Nick Struck